Derecho al Árbol de la Vida

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Apocalipsis 22:14

Solo en el primero y el último libro de la Biblia se habla acerca del árbol de la vida. Apocalipsis 22:14 dice: Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Aquí se da el requisito que nos da derecho al árbol de la vida: lavar nuestras ropas. ¿Qué significa lavar nuestras ropas? Cuando lavamos nuestra ropa, ésta se siente limpia, pura y fresca. En el lenguaje bíblico, lavar la ropa implica pureza y santidad.

En la época en la cual vivimos, la filosofía predominante es la coexistencia y la tolerancia. En tal sentido, se impone el respeto por las minorías y la libre expresión de sus pensamientos. Eso no estuviera mal si, a quienes tienen ideas menos liberales y más apegadas a la moral bíblica se les permitiera el mismo derecho y pudieran expresarse de la misma manera. Por influencia de esta tendencia sociopolítica, la propia iglesia ha suavizado los mensajes que se predican hasta el punto de casi excluir por completo temas como el pecado y la santidad.

Hay pastores que piensan que si predican sobre tales temas, la congregación disminuirá en el número de feligreses afectando negativamente sus finanzas. Es por eso que prefieren predicar acerca de los temas que resulten atractivos para la gente. Entre esos temas están incluidos: que serán prósperos y felices; que todos sus problemas se resuelven al convertirse, que somos hijos de un Rey quien es dueño del oro y la plata; que Dios odia el pecado, pero ama al pecador; que Dios nos ama tal como somos, etc.

La predicación del evangelio por parte de Jesucristo, sus discípulos y los verdaderos ministros por dos mil años nunca ha estado basada en temas que resulten agradables para los oyentes. Las primeras dos palabras del evangelio verdadero no son prosperidad y felicidad sino: Arrepiéntete y conviértete. Arrepentirnos significa dejar de hacer lo que hemos estado haciendo toda la vida, es decir el pecado, para cambiar nuestro rumbo en 180 grados. Convertirnos quiere decir que de ahora en adelante nuestra vida debe parecerse a la de Cristo, es vivir en santidad.

El tiempo se está agotando, el día del Señor, grande y terrible, está cada vez más próximo. Hay que estar consciente de que el deterioro moral y material de las sociedades modernas es algo que no tiene marcha atrás. No nos engañemos a nosotros mismos, las cosas jamás serán como antes. El cambio climático es irreversible y el planeta va a pasarnos la factura. La economía no tiene una garantía de que mejorará. Que no nos extrañe que en algún momento la homosexualidad se declare obligatoria. ¿Qué viene luego de todo esto? ¿Se quedará Dios de brazos cruzados?

La Biblia, nuestra guía por excelencia, la Palabra inspirada por Dios tiene la respuesta a todo eso. El mensaje de alerta a través de toda la Escritura está ahí, disponible para todos, unos oirán este mensaje y, como Noé o Lot, escaparán de la destrucción; otros continuarán sus vidas como si todo fuera normal y la catástrofe que se avecina les sorprenderá y no tendrán tiempo ya de ponerse a salvo. El tiempo de abandonar el pecado, vivir en santidad y dejar de prestarle atención a las cosas del mundo es hoy. Lavemos nuestras ropas para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén. Dios te bendiga.

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