Confiar en Dios, no en Nosotros

Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte.

2 Corintios 1:9-10

La mayoría de las personas que se definen a sí mismas como exitosas tienen su autoestima muy alta. El mundo ve eso como normal e incluso lo aplaude. Se enseña que debemos tener actitud mental positiva y creer en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades. Y mientras el mundo fomenta la autoconfianza, la Biblia nos insta a dejar de confiar en nosotros para depositar nuestra confianza en Dios. Es más, 2 Corintios 1:9-10 afirma que confiar en nosotros mismos es una sentencia de muerte.

La autoconfianza se define como un sentimiento basado en la fuerte conciencia del propio poder para afrontar las posibles dificultades. Según el punto de vista del mundo, uno de los pasos más importantes para lograr nuestros propósitos en la vida, es desarrollar un fuerte sentido de autoconfianza. Se trata de desarrollarse y mejorar a nivel personal. Se trata de quererse uno mismo y aceptarse tal y como se es.

La autoconfianza es el convencimiento íntimo de que uno es capaz de realizar con éxito una determinada tarea o misión, o bien elegir la mejor alternativa cuando se presenta un problema, es decir, tomar la mejor decisión. Es confiar en que en general uno va a salir airoso de una situación, por difícil que parezca. Eso implica visualizarnos a nosotros mismos como la persona que deseamos ser y utilizar frases como esta: “Sé que tengo la habilidad de lograr las más grandes metas en mi vida, por tanto hoy demando de mi mismo, persistencia y acción con miras a lograr lo que me propongo.”

Y mientras el mundo nos anima a aumentar la confianza en nosotros mismo para alcanzar el éxito basado en nuestra fuerza, nuestra inteligencia, nuestra valentía o nuestras riquezas, la Biblia dice todo lo contrario. Jeremías 9:23-24 dice: Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

Nuestra seguridad no está en lo sabio, valiente, rico o fuerte que seamos, sino en entender y conocer al Dios en quien hemos confiado. Está bien conocernos a nosotros mismos y saber cuáles son nuestras fortalezas y debilidades; pero aún el mejor boxeador del mundo puede ser derribado por un golpe de suerte de un peleador más débil, el hombre más inteligente pudiera errar en sus cálculos y las riquezas pueden evaporarse de la noche a la mañana por el colapso del sistema financiero.

Por muchos años de mi vida, yo fui un hombre con mucha autoconfianza. Yo conocía muy bien mis fortalezas y las usaba para alcanzar mis metas siguiendo la corriente del mundo. Pero cuando me vi humillado en mis propias fortalezas, fue que vi mi sentencia de muerte como la define 2 Corintios 1:9-10. Hoy deposito toda mi confianza para cada cosa que hago en el Todopoderoso, quien es mi Padre y me libra de todo mal que me amenace. Dios te bendiga.

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