Dios Nos Confirma y Nos Unge

Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

2 Corintios 1:21-22

La tendencia natural del ser humano es recibir la afirmación y confirmación sobre lo que hace. Sin embargo, no siempre nos dan reconocimiento por nuestra labor. La ingratitud está presente tanto en el hogar como en el lugar de trabajo. No siempre nuestra familia, nuestros amigos o nuestro jefe reconocen lo que hacemos. Pero con Dios las cosas funcionan de manera distinta. Cuando Él nos llama, nos confirma en Cristo y nos unge a través de Su Espíritu Santo. Y la unción es nuestra capacitación para llevar a cabo nuestro trabajo para el Reino con poder.

Cuando andamos en la búsqueda de un empleo, generalmente vemos el anuncio y enviamos una solicitud. En esa solicitud anexamos nuestra hoja de vida, résumé o curriculum vitae, como se le llama en diferentes países a las credenciales académicas y laborales. Nuestra esperanza es que nos llamen a una entrevista porque eso significa que estamos entre los candidatos potenciales al puesto solicitado. Si nos entrevistan y pasamos la prueba, lo siguiente es que recibamos la oferta de empleo donde nos digan las condiciones laborales y su remuneración.

Una vez aceptamos nuestra oferta de empleo, llegamos al acuerdo de la fecha en la cual vamos a reportarnos a la empresa que nos está contratando. Ese primer día de trabajo recibimos nuestro nombramiento o confirmación de que somos parte de la compañía. Llenamos una serie de formularios sobre los beneficios marginales y las declaraciones de impuestos; se nos entrega nuestra credencial para entrar a las instalaciones; se nos presenta a nuestros compañeros de trabajo y la línea de mando a la cual debemos reportarnos.

Pero, no quiere decir que desde el primer día de labor vamos a asumir nuestras responsabilidades al cien por ciento. Antes de que eso suceda, seremos capacitados conforme a las políticas de la empresa y las habilidades requeridas para nuestra posición específica. Esa capacitación va a continuar durante toda nuestra permanencia a fin de que estemos debidamente entrenados en todo lo concerniente a nuestro trabajo y lo desarrollemos con la excelencia que se requiere de nosotros.

El proceso del llamado del Señor se puede comparar con el de adquirir un nuevo empleo. Por el evangelio, Dios nos envía la convocatoria de que hay posiciones abiertas para ser pescadores de hombres. Nuestra hoja de vida es un corazón dispuesto a decirle a Él: Heme aquí, envíame a mí. En intimidad con Dios, somos entrevistados y se nos da nuestra oferta de “empleo” conforme a Mateo 28:19-20: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Recibimos la confirmación por parte de Dios en Cristo Jesús de que somos llamados a ser obreros de Su Reino. Somos sellados en el Espíritu Santo, esta es nuestra credencial. A través de Su Palabra; pero sobre todo, por la unción del mismo Espíritu, recibimos la capacitación que nos faculta a hacer la obra del Señor con poder. Así, la predicación del evangelio vendrá acompañada de milagros, prodigios y señales para la honra y la gloria de nuestro Padre Celestial. Después de todo, Él es nuestro jefe en nuestra labor como pescadores de hombres. Dios te bendiga.

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