Dos Clases de Olores

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

2 Corintios 2:14-16

El olfato es uno de nuestros cinco sentidos y con él podemos distinguir una amplia gama de olores. Unos olores son agradables y otros no lo son. En el mundo espiritual estamos mucho más familiarizados con otros dos sentidos: la vista y el oído. Así hemos escuchado hablar de nuestros ojos espirituales o nuestros oídos espirituales. En 2 Corintios 2:14-16 se está hablando de lo que podríamos llamar la nariz espiritual de Dios, la cual es capaz de distinguir a los que se salvan de los que se pierden.

Aunque en el mundo existen miles de olores distintos, los científicos han determinado que el olfato humano es capaz de distinguir diez tipos diferentes de olores. Los diez tipos de olores son: fragante o floral; leñoso o resinoso, propio de madera o resina; frutal, exceptuando las frutas cítricas; químico; mentolado o refrescante, como menta/pimienta; dulce; quemado o ahumado, como las palomitas de maíz; cítrico o limón; podrido o putrefacto y acre o rancio. De estos olores, los ocho primeros van desde agradables a neutrales, los dos últimos son desagradables.

La nariz espiritual de Dios distingue un olor grato de aquel que no lo es. Los sacrificios que eran agradables a Dios en el Antiguo Testamento, Él los percibía igual que un olor grato. Un ejemplo es Génesis 8:20-21: Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

Tal como este sacrificio de Noé después del diluvio fue percibido por Dios como olor fragante, así eran los sacrificios que Él mandaba a Su pueblo cuando ofrecían animales en expiación por los pecados de Israel. Pero cuando el sacrificio no agradaba a Dios, para Él el olor no era grato. Vemos lo que dice Levítico 26:31: Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume. Apartarnos del camino de Dios es equivalente a convertir un olor floral en putrefacto.

De todos los sacrificios, el mejor olor para la nariz espiritual de Dios fue en sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario. Efesios 5:2 dice: Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Cuando decidimos creer en Jesús y entregar nuestra vida a Él, quedamos impregnados del olor fragante que percibe Dios porque ahora olemos a Cristo, olemos a vida eterna, olemos a salvación, poseemos olor al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Pero cuando decidimos buscar nuestra salvación según nuestro propio criterio y rechazamos al Hijo de Dios, la nariz espiritual de Dios percibe en nosotros un olor putrefacto, un olor a muerte, olor podrido, acre y rancio. Es el olor de la perdición perpetua, es el olor a azufre del lago de fuego. Hagamos que el olfato divino perciba en nosotros el mejor olor. Dios te bendiga.

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