Nuestra Competencia Proviene de Dios

Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

2 Corintios 3:4-6

Muchas personas se sienten competentes porque poseen un vasto expediente académico. Eso sucede en todos los campos del saber humano e incluso en el estudio de la Palabra de Dios. He visto a personas que ridiculizan a otros porque no alcanzaron un doctorado en su campo y solo se quedaron con una maestría. También he visto a personas que se sienten con gran autoridad en conocimiento divino porque poseen un doctorado en teología y otro en divinidades. En realidad, quien hace competentes nuestros ministerios es el propio Dios y no un alto grado académico.

Los apóstoles, los 12 discípulos que Jesús llamó y envió a predicar el evangelio mayormente eran pescadores, hombres sencillos y muy probablemente sin altas credenciales académicas. Se sabe que Mateo era recaudador de impuestos y Judas Iscariote pudo haber tenido conocimientos sobre administración y finanzas ya que era el tesorero del ministerio de Jesús. De los demás se dice que Bartolomé o Natanael procedía de cierta escala social más alta, por lo que dice Juan 1:47: Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.

Si bien hubo personas instruidas entre los ministros del evangelio, tales como Pablo o Lucas, el médico griego, la mayor parte de quienes fueron llamados a predicar por Jesús pudieron ser vistos por el mundo como individuos incompetentes para la tarea de llevar las buenas nuevas de salvación a las naciones. Pero la competencia no se la daba su formación o sus estudios. Es bueno recordar que Saulo de Tarso, antes de tener su encuentro personal con Jesucristo que lo convirtió en Pablo, apóstol de los gentiles, ya había estudiado ampliamente bajo la tutela de uno de los mejores maestros de Jerusalén, Gamaliel, y sin embargo no conocía la verdad.

Los métodos de Dios para escoger a sus ministros no van acorde al reclutamiento empresarial del mundo. Veamos lo que dice 1 Corintios 1:26-29: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.

Lo que para el mundo no tiene sentido, para Dios tiene un gran propósito. El mundo te puede decir que debes tener mínimo una maestría y cinco años de experiencia; pero Dios te llama sin que hayas terminado la escuela secundaria. El mundo te puede probar con una batería de pruebas y rechazarte si tu coeficiente intelectual es inferior a 120 y tienes menos de 100 en inteligencia emocional. Pero Dios lo que prueba es tu corazón y, si lo ve dispuesto, te hace competente por medio de Su Santo Espíritu.

Si has recibido un llamado del Señor para ser ministro del evangelio, no te sientas inferior al que ya posee los dos doctorados. Dios sabe por qué y para qué te escogió y hará competente tu ministerio y toda la gloria será para Él, después de todo, trabajarás para Él. Dios te bendiga.

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