Las Cosas que no se Ven Son Eternas

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

2 Corintios 4:17-18

El mundo nos dice que hay que ver para creer. Basado en ese principio, la gente piensa que la realidad solo es lo que podamos ver con nuestros propios ojos. Sin embargo, hay cosas reales que no vemos. En primer lugar, existe un mundo microscópico el cual no vemos; pero que es la base de toda la materia. En los seres vivos, las células son invisibles al ojo humano y, más pequeñas aún son las moléculas que forman las células, y todavía menores son los átomos, los cuales están formados por partículas subatómicas infinitamente más pequeñas aún.

Además del mundo microscópico, existe una gran parte de un universo macroscópico, la cual solo observamos a medias con nuestros propios ojos. Esas estrellas que vemos pequeñitas por las noches, son en realidad gigantescos cuerpos celestes alrededor de los cuales giran planetas que pueden ser incluso mayores que el nuestro. Son planetas y satélites que aún no hemos descubierto; pero que han estado allí desde la fundación del mundo. Siempre han existido desde la creación, sin importar que la humanidad haya sido ajena a su existencia.

La ciencia ha ayudado a conocer mejor tanto el mundo microscópico como el espacio exterior por medio de instrumentos que magnifican el tamaño de los objetos que no podemos ver. Por medio del microscopio óptico se pueden ver las células y seres del tamaño mil veces menor que un milímetro. Los microscopios electrónicos nos hacen “ver” partículas moleculares y atómicas, mil veces más pequeñas que las células, es decir, un millón de veces menores que un milímetro. Los telescopios y naves espaciales nos han acercado a las estrellas que están a millones de km.

Pero hay cosas que no vemos ni con nuestros ojos, ni con microscopios ni con telescopios, las cuales son tan reales como las que pueden palpar nuestros sentidos directa o indirectamente. Existe un mundo espiritual mucho más real que lo que aceptamos como realidad. Esto que hoy damos por cierto dejará de existir en algún momento. Escrito está en Mateo 24:35: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. La Palabra de Dios es eterna y ella nos habla de un mundo espiritual eterno.

Dios mismo, de quien muchos niegan Su existencia, es eterno y de ello da testimonio la Escritura en Isaías 40:28: ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Y hay algo eterno después de esta vida terrenal, como nos dice Daniel 12:2: Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Y aunque damos mayor credibilidad al mundo físico que al espiritual, escrito está que todo lo que hemos conocido va a desaparecer algún día. Apocalipsis 21:1 lo dice: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Procuremos, pues, prestar mayor atención a las cosas eternas que a las temporales que vemos. El reloj profético está avanzando y el fin es cada vez más cercano. Es tiempo de ponernos a cuentas con Dios y enfocarnos en nuestra eternidad en lugar de esta efímera vida. Dios te bendiga.

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