Nuestra Habitación Celestial

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.

2 Corintios 5:1-3

En 2 Corintios 5:1-3, el apóstol Pablo compara nuestra morada terrestre con la morada celestial que nos espera. Pero hay que destacar que Pablo utiliza el edificio en sentido figurado y no se está refiriendo a una casa sino a nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo terrenal algún día desaparecerá, será simplemente polvo. Pero para el que ha creído en Jesucristo existe la gran esperanza de que moraremos con Él y tendremos un cuerpo glorificado semejante al suyo.

Al resucitar, Jesús no dejó de tener un cuerpo físico y, para no dejar duda de eso, les pidió de comer a Sus discípulos y comió delante de ellos, como dice Lucas 24:41-43: Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Jesús no necesitaba estas cosas para sobrevivir porque Su cuerpo glorificado ya no estaba sujeto a las leyes naturales; pero lo hizo para demostrarle que había resucitado.

Este cuerpo de Jesús es el modelo del cuerpo que tendremos cuando estemos con Él. Nos dice 1 Juan 3:2: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucitó de entre los muertos.

Nuestra morada terrestre, nuestro cuerpo actual no es perfecto y sufre deterioro con el tiempo. En Filipenses 3:20-21 nos dice el apóstol Pablo: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Pablo se refiere a nuestros cuerpos actuales marcados por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental.

Ciertamente tendremos una habitación celestial, un nuevo cuerpo, el cual será imperecedero, incorruptible, glorioso, honroso, poderoso, libre de vergüenza, fuerte y espiritual al estar completamente sujeto al Espíritu Santo. Sin duda habrá una transformación impresionante en nuestros cuerpos. Pablo la describe en 1 Corintios 15:51-54: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Dios te bendiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s