Dios Es Nuestro Padre

Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

2 Corintios 6:18

Es muy difícil crecer careciendo de una figura paterna. Para algunos de nosotros, el progenitor falleció durante nuestra infancia o nunca estuvo presente en el hogar. Otros nacieron y fueron abandonados o dados en adopción sin conocer nunca a sus padres biológicos. Carecer de un padre, especialmente para los hombres, significa crecer sin un modelaje varonil, lo cual puede ser causante de trastornos en el comportamiento futuro. Sea cual sea nuestra historia, hay una hermosa promesa en 2 Corintios 6:18: Dios será nuestro Padre.

Hay mucha evidencia bíblica acerca de la paternidad de Dios hacia nosotros. Todo empieza en la manera en la cual nos convertimos en hijos de Dios. Juan 1:12-13 explica cómo nos convertimos en hijos de Dios: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Dios muestra mayor interés en ser nuestro Padre que nosotros en ser sus hijos. El requisito es tan simple: recibir a Jesucristo y rehusamos hacerlo.

Dios no está obligado a reconocer Su paternidad sobre nosotros. Él nos hace voluntariamente Sus hijos y nos adopta como tales. Romanos 8:15 dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Recibiendo a Jesucristo nos convertimos en hijos de Dios y Él se vuelve nuestro Padre. Siendo Sus hijos, podemos acercarnos confiadamente a Él sin temor a ser rechazados. Como buen Padre, Él siempre estará dispuesto a recibirnos.

Nuestro Padre Celestial siempre está interesado en darles a Sus hijos todo lo mejor. Santiago 1:17 dice: Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Y entre todas esos regalos buenos y perfectos que descienden de lo alto y nos obsequia nuestro Padre están el Espíritu Santo (Mateo 7:11) y Su Reino (Lucas 12:32). Quizás pensaría que un regalo bueno y perfecto es que te dé un millón de dólares para resolver tus problemas; pero el Reino y el Espíritu Santo son más que un millón.

Lo que consideramos bueno no siempre lo es; pero Dios, nuestro Padre no se equivoca y sabe qué es lo mejor para Sus hijos. Y siempre va a hacer esto porque nos ama. 2 Tesalonicenses 2:16 dice: Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia. Y tan grande es Su amor que no escatimó en entregar a Su Hijo para darnos la oportunidad de ser salvos y pasar a formar parte de Su familia.

Nuestro Señor hace una grave advertencia en cuanto llamar Padre a alguien distinto de nuestro Dios. Mateo 23:9 dice: Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Así que ningún ser humano tiene la autorización divina de usar el nombre padre, aparte de nuestro progenitor por supuesto, y de ocupar la representación de Dios sobre la tierra. Así que no hay tal cosa como santo padre o padre espiritual.

Como hijos de Dios estamos llamados a obedecer a nuestro Padre (Hebreos 12:9), a ser perfectos como Él (Mateo 5:48) y a ser misericordiosos como Él (Lucas 6:36). Si así hacemos, veremos que se hace realidad lo que dice Efesios 4:6: un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Dios te bendiga.

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