Dios Provee y Multiplica

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

2 Corintios 9:10-11

Muchas veces he escuchado la predicación de estos dos versículos y, generalmente he visto gente a mi alrededor a quienes se le hace la boca agua cuando los escuchan. Estos dos versículos son parte de la artillería pesada de quienes atraen a la gente hacia Cristo prometiéndoles prosperidad. Es cierto, Dios da semilla al que siembra, y pan al que come y nos promete provisión y multiplicación. De eso no hay duda, la pregunta es ¿para qué nos provee y multiplica Dios? ¿Para alimentar nuestras ambiciones o para que repartamos con los demás?

La respuesta a las dos preguntas anteriores la da el versículo 11: para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Al estar enriquecido en todo es para toda liberalidad, no para toda tacañería y avaricia. Liberar es soltar, no agarrar. Dios no nos provee y multiplica para que amasemos fortuna y nos bañemos en los billetes como Rico MacPato. Si Dios nos da el privilegio de ser prosperados en lo material es para que seamos un canal de bendición de aquellos que no poseen nada.

Volvamos de nuevo a donde dice que Dios da semilla al que siembra, y pan al que come. Dios da semilla al que siembra no al que se come la semilla o la guarda. Toda semilla que da Dios es para ser sembrada. Y el proceso de multiplicación se da cuando esta semilla es sembrada en una buena tierra y produce abundante cosecha. La ley de la siembra y la cosecha de la que tanto se habla hoy día no se trata solamente de una semilla y un fruto abundante. Para haber cosecha, es necesario también una buena tierra y tener cuidado de la planta hasta que produzca fruto.

¿Cómo le da Dios pan al que come? Antes de contestarnos a esta pregunta, sería mucho mejor hacernos esta otra, ¿quiénes comen? Todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres deben comer. Así que si Dios da pan al que come, Él suple las necesidades de alimentación de cada persona. Algunas veces la provisión vendrá a nuestras manos y nos saciaremos; pero si Dios nos da de más, será para darle de comer al que no tiene.

Las palabras de Jesús que más me impactan están en Mateo 25:34-40: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Si Dios nos ha provisto y multiplicado y vemos a un hermano en necesidad, no digamos que vamos a orar por el hermano que está en prueba. También estamos en prueba para ver si somos capaces de administrar la multiplicación que nos ha sido dada para suplir las necesidades de nuestros hermanos en desventaja. No seamos los de Mateo 25:41-46. Dios te bendiga.

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