Su Gracia Es Suficiente

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

2 Corintios 12:9

Los métodos de Dios son totalmente contrarios a los del mundo. Cualquiera puede llegar a pensar que Dios va a usarnos en donde somos fuertes y donde nuestras capacidades sobresalen. Y, aunque eso no sea descartable, no es la norma. Dios, quien no comparte Su gloria con nadie, no va a usarnos en nuestras fortalezas a menos que nos rindamos a Él. Es mucho más probable que Él utilice Su gracia en nuestras debilidades para que Su poder lo glorifique. Por eso, Su gracia es suficiente.

Lo peor que le puede pasar a un siervo de Dios es creerse dotado de poderes sobrenaturales por cuenta propia. Pretender que somos capaces de sanar enfermos con solo una mirada, que nuestra unción es tan poderosa que la gente se cae a nuestro paso o que hasta el diablo sale corriendo de nosotros son actos de orgullo si no reconocemos que cuando tales cosas están en nosotros es porque el Espíritu Santo de Dios las ha puesto allí y, por lo tanto, la obra es Suya y no nuestra. De ninguna manera se trata de nosotros sino de la gracia que Dios nos ha dado.

De la misma manera, es un grave error autoproclamarnos apóstoles y profetas, y creernos dotados de la única revelación de Dios y que todo lo que predican los demás consiervos está en error. Lo cierto es que la verdad de Dios es tan inmensamente grande que es imposible ubicarla en una sola persona. Por eso, Dios reparte su gracia como Él quiere entre Sus siervos y ministros de tal manera que siempre la gloria y la honra solo sean para Él y Su gracia sea la que nos da la oportunidad de servirle de instrumentos.

Pedro pasó de ser un simple pescador a predicar la Palabra de Dios con tal denuedo que miles de personas se convertían. El libro de los Hechos de los Apóstoles reseña que los enfermos se curaban con su sombra. Sin embargo, el propio Pedro no pretendía echarse la gloria para sí y dice lo siguiente en 1 Pedro 4:10-11: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.

En el verso 10, Pedro explica que recibimos de Dios un don y que ese don es para ministrar a otros. Somos mayordomos, administradores de la gracia que Dios ha puesto en nosotros, no somos seres superdotados por nosotros mismos. Es importante notar que la gracia de Dios no es una fórmula única y estrecha sino que es multiforme. Por lo tanto, la revelación de una parte del conocimiento de Dios que nos ha sido dada en forma individual no es la única verdad sino solo una parte de ella, la cual debemos compartir con el cuerpo de Cristo.

De la misma manera, debemos recibir con humildad la gracia que Dios ha puesto en nuestro hermano y consiervo, la cual, junto con la nuestra y la de todos los demás miembros del cuerpo de Cristo hace la unidad perfecta de la revelación de Dios para Su iglesia. Su gracia es suficiente y el poder de Cristo se manifestará en nuestras debilidades para Su gloria. Dios te bendiga.

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