El Amor que Excede a Todo Conocimiento

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Efesios 3:14-19

En un mundo como el nuestro, donde se fomenta el individualismo, es muy difícil entender el amor de Cristo. Vivimos en sociedades que ven con buenos ojos y aplauden que busquemos servirnos primero antes que a los demás. Se nos dice que si no nos amamos primero a nosotros mismos no seremos capaces de amar a nadie. Se nos enseña que debemos procurar ser felices sobre todas las cosas. Por todo esto, en un mundo donde el fin justifica los medios, Efesios 3:14-19 cobra más vigencia porque el amor de Cristo excede a todo conocimiento.

La filosofía del mundo nos dice que nacimos para ser felices. Según esta premisa, cada persona debe procurar alcanzar la felicidad a fin de cumplir con su propósito en la vida. Esa felicidad que presenta el mundo no toma en cuenta que otras personas pudieran resultar perjudicadas en pos de alcanzar la plenitud individual de uno mismo. Pero lo que nos indica el mundo es que no podemos dar lo que no tenemos, entonces, si no somos felices, no podemos hacer feliz a nadie más. Así que el mundo nos insta a satisfacernos primero antes que satisfacer a otros.

Lamentablemente, muchos que piensan de este modo pasan una vida infeliz. La razón es muy simple, a su alrededor hay gente que piensa de la misma manera. Y cuando todos están luchando egoístamente por alcanzar su propia felicidad, ninguno cede terreno al otro y la frustración es el resultado final para todos. En tal sentido, el amor nunca se logra demostrar en la forma correcta y predomina el egoísmo y el desamor. ¿Te imaginas que Dios hiciera lo mismo? ¿Qué sería de la humanidad si Dios procurase amarse primero antes de darnos amor a nosotros?

Afortunadamente para todos, la forma de amar de Dios es la que presenta 1 Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Esa forma de amar es muy distinta a la que pregona el mundo, en lugar de buscar lo suyo, el amor que excede todo conocimiento es sinónimo de entrega.

Para entender un poco mejor cómo es el amor de Cristo, veamos lo que el propio Señor dice en Juan 15:13-15: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. La mayor demostración de amor de Cristo es la cruz.

Somos demandados a amar de la misma manera. Juan 13:34 dice: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. La única opción de amar es de la forma que Cristo nos amó y así lo manda Él. Dios te bendiga.

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