Somos Coherederos

Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio.

Efesios 3:6

No existe un pueblo más envidiado y odiado por tanta gente como el pueblo de Israel. Sin embargo, para muchos otros, Israel es un pueblo digno de admiración. Y aunque para quien no tiene conocimiento de la Biblia, Israel no es visto como un pueblo singular, no deja de llamarle la atención su forma particular que lo distingue de los demás. La verdad es que Israel es un pueblo único porque fue escogido por Dios para heredar la promesa que le hizo a Abraham. Pero el gran amor de Dios por la humanidad es tan grande que puso en marcha un plan para que los demás pueblos del mundo fueran coherederos.

Los cristianos debemos de ser muy cuidadosos a la hora de relacionarnos con el pueblo de Israel. El hecho de que la mayoría de los judíos hayan rechazado a Jesucristo no significa que Dios haya sustituido a Su pueblo por nosotros. Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre, por lo tanto, Sus promesas nunca cambiarán. Pablo lo expresa de esta manera en Romanos 11:28: Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Israel será eternamente el pueblo escogido por Dios.

Hay que recalcar que adoramos al Dios de Israel, así que los gentiles hemos sido introducidos al culto del mismo Dios que adoran los hijos de Abraham, Isaac y Jacob. Efesios 2:11-13 explica esto muy claramente: Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Está claro que por la sangre de Cristo, los gentiles hemos sido acercados hacia Israel y su Dios. No es que Israel haya sido desechado para que nosotros ocupemos su lugar, sino que nosotros hemos sido hechos parte del pueblo de Dios. Romanos 11:17-18 lo explica en una forma muy gráfica: Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

El pacto que Dios hizo a Abraham permanece intacto, Israel sigue siendo heredero de la promesa y nosotros hemos sido injertados en ese pacto por medio de la sangre de Cristo. Un cristiano de verdad no se vanagloria de ser heredero único de la promesa ni presume diciendo que Dios rechazó a Israel y nos colocó a nosotros en su lugar. Mira lo que dice Romanos 11:24: Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

De lo que si debemos alegrarnos es que Dios nos ha nombrado coherederos juntos con Israel de las promesas dadas a Abraham. Efesios 2:19 dice: Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Demos gracias a nuestro Señor y Rey Jesucristo por nuestra adopción y naturalización. Dios te bendiga.

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