Dios Pone el Querer como el Hacer

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Filipenses 2:13

La naturaleza humana, por causa del pecado, no permite que nuestras obras sean buenas. Desde nuestra infancia tendemos a ser egoístas y manipuladores. Nadie nos enseña a ser así, es algo que viene en nuestros genes. Si algo bueno queremos y lo hacemos, no viene de forma automática de nosotros mismos, sino que es como dice Filipenses 2:13: Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Es, pues, Dios el autor de todo lo bueno que lleva a cabo el ser humano.

Hay tanta gente en el mundo que pasa por la vida creyéndose buenas personas. Se engañan a sí mismos al compararse con los peores criminales de la historia para presentarse como palomas mansas. Sin embargo, la comparación para saber si somos buenos o no es no usar al malo como la referencia, sino usar al bueno. ¿Quién es bueno? En Marcos 10:18, el Señor Jesús nos da la respuesta: Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Por tanto, Dios mismo es el estándar de bondad.

Si solo hay uno bueno y es Dios, entonces todos los seres humanos, sin excepción no somos buenos. Pablo lo describe muy bien en Romanos 7:14-23: Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

De Romanos 7:14-23 podemos extraer los impedimentos que tenemos para querer y hacer el bien: somos carnales, estamos vendidos al pecado, no entendemos lo que hacemos, no hacemos lo que queremos, hacemos lo que aborrecemos, quien hace las cosas es el pecado que mora en nosotros, en nuestra carne no mora el bien, hacer el bien no está en nosotros y la ley del pecado está en nuestros miembros. En tal sentido, al estar dominado por el pecado según nuestra propia naturaleza, solo la intervención de Dios nos conduce a querer y hacer el bien.

Incluso somos incapaces por nosotros mismos de darnos cuenta de que estamos equivocados y estamos obrando mal. Otra vez, es la intervención de Dios la que nos convence de nuestro error. Juan 16:7-8 dice: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

Solo el Espíritu de Dios pone en nosotros la convicción de que somos pecadores. Una vez que en nuestro interior nos convencimos de nuestra inmundicia, el Espíritu Santo pone en nosotros el querer arrepentirnos de nuestros pecados y hacer el paso de fe de buscar la justicia de Dios al convertirnos a Jesucristo, aceptando la gracia y haciéndolo nuestro Señor. Dios te bendiga.

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