La Herencia de los Santos en Luz

Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

Colosenses 1:11-13

Quien no se sentiría feliz al recibir la noticia que un tío lejano le ha dejado una voluminosa herencia. Estoy seguro de que la mayoría de las personas gritarían de alegría ante tal anuncio. Y cualquier herencia terrenal es de ínfimo valor comparada con las herencias que tenemos los que hemos confiado en el Señor. He aquí una herencia más que nos promete nuestro Padre Celestial: nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.

Las cosas en esta vida pudieran irnos mal; pero siempre tendremos un gran motivo de sentirnos gozosos por lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Colosenses 1:13 nos dice este gran motivo: el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. No cabe duda de que andábamos en tinieblas y Dios nos envió la luz. Isaías 9:2 dice: El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.

La gran luz que vimos se llama Jesucristo, la luz del mundo, como dice Juan 8:12: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Cuando vivíamos apartados de Dios y siguiendo la corriente del mundo, éramos como ciegos espirituales. Nuestra vida era de tinieblas, como si caminásemos por una cueva oscura. La luz apareció cuando nos arrepentimos y entregamos nuestra vida a Jesucristo, Él, como luz que es, nos abrió los ojos.

Para salir de las tinieblas es necesario creer en Jesucristo. Juan 12:46 dice: Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. La primera venida de nuestro Señor al mundo fue para rescatarnos de las tinieblas del pecado, de la inmundicia en la cual habíamos vivido y darnos la oportunidad de llegar a la luz admirable que es Él. Creyendo en aquel que dio Su vida por nosotros, tendremos vida eterna, como dice Juan 3:16. Recibir a Jesús nos convierte en hijos de Dios, como dice Juan 1:12.

Tener vida eterna y ser un hijo o una hija de Dios trae consigo muchos beneficios adicionales. Es salir de las garras del diablo para caer en los amorosos brazos de nuestro Padre Celestial. Ese es el deseo de Dios para cada ser humano. Hechos 26:18 dice: para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. La herencia de los santos en luz es parte del paquete que viene con nuestra redención.

¿En qué consiste esa herencia de los santos en luz? Veamos lo que nos dice 1 Pedro 2:9-10: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. No somos cualquier cosa, vivamos, pues, agradecidos por ser llamados santos en luz. Dios te bendiga.

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