Santificados por Completo

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.

1 Tesalonicenses 5:23-24

Cuando vamos a participar de algún evento importante, siempre nos preparamos con esmero. Y más si tenemos una participación activa en el mismo. Procuramos estar limpios, bien bañados, con nuestro cabello bien peinado, usamos un buen perfume, vestimos nuestras mejores galas y calzamos zapatos que brillan de limpieza. Los cristianos seremos partícipes del evento más importante de la historia humana: el regreso triunfal y glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Para esta ocasión, debemos lucir más impecables que nunca, estando completamente santificados.

Está claro que para ver al Señor debemos ir a su encuentro vestidos completamente de santidad. Esa pureza total y completa es imposible de lograr en nuestra corrupta humanidad. El esfuerzo propio resulta inútil porque nuestra naturaleza es pecaminosa y el pecado es lo opuesto a la santidad. Y de la misma manera que nuestra salvación la recibimos por gracia y no por nuestras obras, nuestra santificación necesita la intervención divina. 1 Tesalonicenses 5:23-24 lo dice: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo.

Dios tiene varios recursos disponibles para llevarnos hasta nuestra completa santificación. En 2 Corintios 7:1 leemos: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Temor de Dios no significa salir atemorizados corriendo de Él, sino tener miedo de estar lejos de Él. El temor de Dios es obedecerle y respetarle, es reconocer su señorío y majestad sobre nuestras vidas. Cuando nos sometemos a Dios, hasta el diablo huye de nosotros.

En el temor de Dios, debemos poner de nuestra parte y eso significa doblegar nuestra voluntad y someternos a la de Él. Entonces, viene la respuesta amorosa de Dios que nos ayuda a alcanzar la santificación. 1 Corintios 6:11 dice: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Nuestros pecados fueron emblanquecidos en la sangre de Jesús y, en Su nombre, somos justificados y santificados por el Espíritu de Dios.

El mismo Espíritu Santo que nos da convicción de pecados para que nos arrepintamos y estemos listos para recibir la gracia, actúa en el proceso de nuestra santificación. En 2 Tesalonicenses 2:13 leemos: Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Nuestra parte en este proceso es aportar la fe, es creerle a Dios que podremos superar los obstáculos y alcanzar la meta.

Vemos que la santificación debe ser de todo nuestro ser: y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. No es pensar que solo debemos de tener limpio nuestro espíritu porque Dios es Espíritu. Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y lo santo no habita en lugar inmundo ni mugriento. Nuestra alma, la cual incluye nuestras emociones y nuestra voluntad, también debe de ser descontaminada por completo para recibir a nuestro Señor y Rey Jesucristo en Su gloriosa venida. Dios te bendiga.

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