Toda Buena Dádiva Viene de Dios

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas.

Santiago 1:17-18

Es imposible que Dios nos dé cosas malas. Los dones, los regalos, las dádivas procedentes de Dios siempre serán buenos. Hay numerosas promesas de Dios en la Biblia, las cuales están destinadas a los que le aman, los que siguen Su Palabra y le creen. Si esas buenas dádivas no llegan a nuestras manos no es porque Dios cambió de idea, sino porque nosotros no hacemos nuestra parte. Siempre será la voluntad de Dios el bienestar de Sus hijos.

El primer buen regalo que viene de Dios es la salvación, de lo cual dice Efesios 2:8: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,  pues es don de Dios. La salvación es algo que no podemos lograr por nosotros mismos, sino una dádiva que procede de Dios. Y este don nos abre las puertas hacia los demás dones, como el don de la justicia del cual nos habla Romanos 5:17: Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

Siendo injustos por causa de nuestros pecados, Dios nos justifica por medio de la fe en Su Hijo. Y nos hace partícipe de la comunión con Él mismo al darnos el don del Espíritu Santo, como nos dice Hechos 2:38: Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Y teniendo en nosotros el Espíritu Santo, nos llegan con Él los dones espirituales que son descritos en detalle en 1 Corintios 12:1-11.

Dios no cambia, tal como dice Santiago sobre Él: en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Así que Él espera que cuando recibamos Su llamado y los dones que nos da, nosotros los aceptemos y caminemos en esa dirección desde ese momento en adelante. De eso da testimonio la Palabra en Romanos 11:29: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Si hemos sido liberados de la esclavitud del pecado, hechos salvos y dotados de dones espirituales, no es para que renunciemos a todo eso y regresemos a la antigua vida.

Pablo dice en 1 Timoteo 4:14 que no debemos descuidar el don perfecto que desciende de lo alto: No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. En lugar de descuidar el don de Dios, es nuestro deber avivarlo, como dice 2 Timoteo 1:6: Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

Los dones de Dios no son para que los descuidemos ni para que los usemos de forma egoísta, sino que son para utilizarlos dentro del cuerpo de Cristo. Dice la Escritura en 1 Pedro 4:10: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Así los dones recibidos sirven para edificar la iglesia como dice 1 Corintios 14:12: Así también vosotros;  pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. Si somos bendecidos con los dones espirituales, que estos no nos sirvan de excusas para que se infle nuestro ego, sino para que reconozcamos que son dados por Dios para capacitarnos en la obra de la expansión de Su Reino. Dios te bendiga.

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