Ricos en Fe

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman?

Santiago 2:5

Es curioso que en las últimas décadas se haya desatado una oleada de nuevos “creyentes” que andan más en busca de riquezas que del rostro de Dios. Y lo más curioso es que uno de los nombres de ese movimiento tiene que ver con la fe. Y me pregunto, ¿fe en qué o en quién? ¿Para qué es esa fe? ¿Fe para las promesas eternas o solo para las temporales? Es bueno meditar en lo que nos dice Santiago 2:5: Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

Cuando alguien publica en las redes sociales algún versículo bíblico sobre las promesas de Dios, inmediatamente decenas de personas le dan “Me gusta” o contestan con un amén. Sin embargo, cuando el versículo publicado nos confronta, nos habla de alejarnos del pecado o de vivir en santidad, son contadas las personas que reaccionan. Y lo más probable es que algunos de los que reaccionan lo harán para decir que no juzguemos o que debemos de respetar el pensamiento de los demás.

Hace un tiempo, hice un enlace en Facebook a uno de mis videos de YouTube en el cual hablaba sobre los falsos siervos de Jesucristo. Una hermana en la fe, a quien conozco y le tengo un gran aprecio me corrigió duramente llegando incluso a decirme que me enfocara y que mejor prestara atención a mi llamado. Mi última respuesta a la hermana fue de que lo que yo había publicado era precisamente mi llamado y que en eso estaba plenamente enfocado sin desviarme hacia cosas contrarias a las verdades bíblicas.

Coincido al ciento por ciento con lo expresado por el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Hoy en las iglesias hablan de dinero, autos, casas, ropa, fama… ¿No es suficiente que Cristo murió por nosotros? ¡Qué importa si somos pobres toda la vida! ¡Qué importa si sufrimos por Él toda la vida! Cristo murió por mí, es suficiente, le voy a servir, le voy a adorar, voy a trabajar para Su Reino. Cristo murió por nosotros, ¡no necesitamos otra motivación!” Lo mejor que Dios tiene para darnos no son las riquezas efímeras sino la salvación de nuestra alma.

Nuestra motivación de buscar a Dios no debe ser por las cosas terrenales que algún día van a desaparecer o salir de nuestras manos. Como dice Santiago 2:5: ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman. El Reino de Dios no es de este mundo, por lo tanto esas riquezas no son el dinero, los autos, las casas ni las joyas que podemos ver sino tesoros imperecederos e incorruptibles. Es de tonto conformarse con lo que creemos bueno y perdernos de lo mejor de todo.

Santiago no dice que Dios ha elegido a los ricos sino a los pobres de este mundo. Los ricos se sienten seguros de sí mismos; pero la seguridad de los más desventajados no está puesta en los bienes materiales sino solamente en la fe. Porque como dice 2 Corintios 5:7: porque por fe andamos, no por vista. Es tiempo de que los que dicen amar a Dios, lo amen por quien es Él, no por lo que pueda darnos aquí y ahora. Nuestros mayores tesoros deben de estar seguros en los cielos y no basados en esta tierra donde todo es incierto y perecedero. Y ese gran tesoro es la herencia de nuestro Padre Celestial, el dueño de todo, quiere darnos todo. Dios te bendiga.

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