Dios Da Gracia a los Humildes

Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Santiago 4:6

Estamos viviendo tiempos muy difíciles. Cada día, las noticias no son nada agradables. En muchos lugares del mundo es cada vez más frecuente escuchar de actos terroristas, desastres naturales y conflictos político-sociales. Ante tales noticias mucha gente dice que Dios nos ha abandonado y por eso ocurren tales cosas. Lo cierto es que lo que ocurre en el mundo no es culpa de Dios sino de nosotros mismos. Y nuestra actitud ante estos trágicos eventos debe ser la de humillarnos delante de Dios y pedir perdón por nuestras culpas. Sin duda que Dios va a dar gracia a los humildes.

Hay dos características de la época en la cual vivimos, tanto el pecado como el orgullo se han incrementado en grado sumo. Hoy día, la humanidad considera aceptable conductas que están en franca contradicción con lo que Dios condena en Su Palabra. Incluso hay quienes pretenden que la Biblia sea “actualizada” a los tiempos modernos para que excluya de la lista de pecados todo lo que ahora es legal en el mundo. Y si algún predicador valiente trata de confrontar el pecado, lo consideran un ser anacrónico y desfasado, un legalista que no se ajusta al tiempo actual.

Por otro lado, cuando alguna catástrofe les toca de cerca, hay quienes se acuerdan vagamente de Dios y piden auxilio, oración para que Dios tenga misericordia; pero, en ningún momento se humillan y reconocen que le han fallado a Él. Al contrario, una vez superada la crisis, todo el mundo regresa a su antigua práctica y se olvida de que Dios existe. Y no estoy solamente hablando de impíos que no conocen de Dios, muchos que se autodenominan cristianos actúan de la misma manera.

¿Cuál es la respuesta que Dios espera de nosotros cuando nos confronta con nuestro pecado? La propia Palabra de Dios nos da la clave en 2 Crónica 7:14: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Aunque suene incómodo a muchos, hemos pecado, estamos en falta con Dios y las advertencias que Él nos manda no es para que oremos por misericordia sino por arrepentimiento.

¿Habrá alguien que no necesite agachar su cabeza delante de Dios? ¡Por supuesto que no! Ni siquiera nosotros, los que hemos sido hechos hijos de Dios lo podemos hacer. Al contrario, los propios cristianos debemos ser los primeros que oremos, buscando el rostro de Dios, dejando atrás el mal camino de las falsas doctrinas, rostro en tierra, humillados delante de Él. Y nuestra oración debe continuar intercediendo por el arrepentimiento de quienes no conocen a Dios, a fin de que el Espíritu Santo los convenza de sus propios pecados y se vuelvan a Él.

Llegar ante Dios con una oración llena de orgullo, decretando, declarando y ordenando como si fuéramos los jefes de Dios, no es la actitud correcta para alcanzar el favor de nuestro Padre. Así no es la oración bíblica. Ni Moisés, ni David, ni Pablo, ni siquiera Jesús oraron de esa manera. En Salmo 51:17 dice la Escritura: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Seamos humildes delante de Dios y no solamente alcanzaremos Su favor, Su perdón y Su misericordia, sino que Él pondrá gracia en nosotros ante quienes lo rechazan a fin de que intercedamos para su salvación. Dios te bendiga.

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