Humillados ante Dios

Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

Santiago 4:8-10

No cabe duda que Dios está esperando que en este tiempo, nos humillemos delante de Él y reconozcamos nuestros pecados. No podemos negar que el mundo está convulsionado y la desgracia puede tocarnos a cualquiera. Ningún país está exento de que una mente criminal lleve a cabo un acto terrorista que mate decenas de personas y destruya monumentos y lugares simbólicos apreciados por sus ciudadanos. Nuestra respuesta ante Dios por un suceso de esta naturaleza no debe ser una de orgullo y autosuficiencia, sino de humillarnos y buscar Su rostro de todo corazón.

El libro de Jonás nos puede servir de ejemplo para lo que dice Santiago 4:8-10. Dice Jonás 1:1-2: Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. La respuesta del profeta, en lugar de cumplir con su misión, fue irse en sentido contrario. Jonás 1:3 dice: Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Jonás no era un incrédulo sino un siervo de Dios actuando con doble ánimo. Como no le satisfizo la encomienda, prefirió ignorarla y huir. Por supuesto, es imposible huir de la presencia de Dios. Así que al barco donde iba Jonás le sorprendió una gran tormenta, él fue arrojado al mar y fue tragado por un enorme pez. Todo eso puede leerse en el resto del capítulo 1 de su libro. Dentro del pez, Jonás recapacitó, reconoció su pecado, y oró una hermosa oración que se encuentra en el capítulo 2 de su libro. Como resultado, el profeta pudo salir ileso de las entrañas del pez.

En el capítulo 3 de Jonás se ve al profeta cumpliendo con la misión encomendada. Jonás 3:1-4 dice: Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.

El mensaje de advertencia llegó a los habitantes y al rey de la ciudad, quienes lo tomaron muy en serio. Jonás 3:5-9 dice: Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?

Y he aquí la respuesta de Dios en Jonás 3:10: Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Dios te bendiga.

 

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