La Oración de Fe

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:15-16

La razón por la cual muchas oraciones no reciben la respuesta esperada es que no son hechas con fe. Santiago 5:15-16 nos dice: Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Una oración de fe es una oración eficaz y es también una oración de poder. El poder de la oración de fe sana enfermos y perdona los pecados. Pero hay un ingrediente importante en esta oración, es el reconocimiento de nuestras ofensas.

Hoy muchos cristianos piensan que la oración de fe es aquella en la cual gritan, decretan, declaran palabras positivas y ordenan con autoridad a los demonios que salgan fuera. Yo no me atrevería a llamar a ese tipo de oración como de fe. Lo primero es que no va de acuerdo a lo que dice Santiago 5:15-16. Lo segundo es que no encuentro en ningún lugar de la Biblia ese tipo de oración, ni entre los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento ni entre los apóstoles o Jesús en el Nuevo Testamento.

Santiago menciona la palabra pecado dentro de lo que él define la oración de fe. Y de acuerdo a lo que está escrito, la oración de fe no solo salva al enfermo de su mal físico sino de su mal espiritual, ya que le perdona sus pecados. Sin duda que muchas de nuestras enfermedades tienen un origen espiritual; pero no necesariamente el tipo de influencia espiritual que muchos tienden a creer. Aunque ciertamente el enemigo puede estar detrás de nuestras enfermedades, otras veces, el origen viene de nuestra carne y de nuestros propios pecados.

No podemos olvidar nunca lo que dice Romanos 3:23: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; lo cual quiere decir que nadie puede llenarse la boca diciendo que está libre de pecado. Y aunque todos sabemos que el contexto de Romanos 3:23 estuvo dirigido hacia inconversos, no es menos ciertos que los creyentes continuarán recibiendo las tentaciones y están expuestos a caer en pecado. Y de la misma manera que confesamos nuestros pecados para salvación, si fallamos ahora, debemos ponernos a cuenta con Dios también.

Es imposible pretender engañar a Dios. Podemos estar llevando una doble vida ante los demás; pero Dios conoce muy bien lo que hacemos tras bastidores. Ser un hijo de Dios nos convierte en amigo de lo que nuestro Padre ama y enemigo de lo que Él aborrece. El pecado es incompatible con Dios, por lo tanto, es imposible permanecer fiel a Dios mientras comulgamos con las cosas del mundo. Para que nuestra oración sea considerada de fe y eficaz, debemos renunciar de forma irrevocable al pecado y abrazarnos a la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

El resultado de este cambio en nuestra vida y en nuestra manera de orar será notable. Santiago lo dice de esta manera: La oración eficaz del justo puede mucho. El poder de esta oración no tiene límites. Los enfermos serán sanados, los ciegos podrán ver, los muertos se levantarán. Ese es el poder de la oración que nuestro Señor Jesucristo nos ha otorgado. Aprendamos a orar en la forma correcta y los prodigios, milagros y señales de los que creen nos seguirán. Dios te bendiga.

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