Tener Paciencia y Orar

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

Santiago 5:7-8

Quienes esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor debemos de esta conscientes de que no tenemos una fecha señalada. Escrito está que solo el Padre conoce el día y la hora, así que nadie puede afirmar cuándo será. Lo mismo podría ser hoy que en unos días, meses o años. En tal sentido, no debemos de estar ansiosos, sino revestidos de paciencia y velando en oración. Estemos listos para ese grandioso día como si fuera a ocurrir esta noche; pero sin desesperarnos. Está claro que el tiempo solo corre en una dirección, y ese momento está cada vez más próximo.

¿Cómo debe ser nuestra paciencia? Santiago lo expresa de esta manera: Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Es probable que para quienes siempre hemos vivido en las ciudades nos resulte difícil entender la paciencia que tienen los agricultores hasta que logran cosechar el fruto de la tierra. El proceso agrícola ocurre por un período de tiempo que puede tardar desde varios meses hasta varios años, dependiendo del tipo de planta que se ha sembrado.

En todo caso, antes incluso de depositar la semilla en el suelo, el agricultor debe preparar el terreno a fin de acondicionarlo para la siembra. No todas las semillas son fértiles, de ahí que sea necesario seleccionarlas. Luego se siembra y viene toda una serie de etapas de cuidar de la planta, lo cual incluye aplicar abonos, pesticidas y el agua adecuada, podar las hojas para que crezca la planta en el sentido correcto y produzca el fruto deseado. Mientras el labrador espera por el fruto, es probable que sus recursos financieros escaseen.

Al final, cuando llega la cosecha abundante, el agricultor recibirá la alegría de tener en sus manos el fruto de su paciencia. De igual manera, los creyentes que aguardamos la gloriosa venida de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, cuando lo veamos descender de las nubes con Sus santos ángeles, podremos decir que valió la pena tener paciencia para ver tan magno momento.  Y así como el labriego dedicó tiempo para velar por el bienestar de su sembradío, los creyentes debemos dedicar tiempo velando en oración hasta que Cristo venga.

En lo natural, el labrador no siempre alcanza lo que esperaba. Ocurre algunas veces que, a pesar de que él ponga todo su empeño para obtener el fruto de su trabajo, eventos que se escapan de su control se lo pudieran impedir. La naturaleza puede obrar en contra del agricultor, sea por una sequía, exceso de lluvia o plagas que destruyan su plantación. Incluso, el fruto pudiera no ser del tamaño adecuado o su calidad sea deficiente, lo cual haga que su precio en el mercado disminuya y este hombre deje de ganar y hasta pierda lo que invirtió.

Sin embargo, en lo espiritual, nuestra espera por la venida de Cristo no traerá pérdidas. No importa lo que ocurra en el mundo natural o que las huestes espirituales de maldad se opongan. El Señor vendrá sin lugar a dudas, en el tiempo correcto, el cual no lo sabemos; pero de que viene no hay duda. Esperemos por Él con paciencia y velando en oración, ya que vendrá como ladrón en la noche y el gran momento se acerca cada vez más. Dios te bendiga.

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