Quitando el Estorbo a Nuestra Oración

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:7

El tema de hoy es uno que confronta a cada hombre, incluyéndome a mí mismo. Y es que 1 Pedro 3:7 dice lo siguiente: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Habrá quien se llene la boca diciendo que siempre ha llevado al pie de la letra todo lo que dice 1 Pedro 3:7. Para ser honesto, yo no puedo hacer esta afirmación sino, por el contrario, admitir que la he fallado muchas veces.

Como dije al principio, este mensaje nos confronta a todos los hombres. Y, en lugar de buscar de justificar nuestra conducta, es tiempo de asumir nuestra responsabilidad, admitir nuestros errores y enmendar el camino. Si hoy en día, en todo el mundo, se implantan leyes que establecen fuertes obligaciones a los hombres mientras minan sus derechos, es porque nosotros mismos no hemos sabido ejercer nuestras funciones varoniles o hemos abusado por generaciones de nuestra posición. El resultado es la distorsión radical del plan de Dios para la humanidad.

Hagamos lo que nos toca primero. Cierto que no existe garantía de que nos respondan de la misma manera; pero nuestra prioridad debe ser obedecer lo que Dios establece y Él se encargará del resto. Vivir sabiamente con la mujer y tratarla como vaso más frágil implica no ser un oso gruñón. Escrito está en Colosenses 3:19 lo siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Y si nos faltare sabiduría para lidiar con la situación, pidámosla a Dios en oración y Él responderá favorablemente.

Seguro de que Dios nos dirigirá hacia Su Palabra y nos dirá algo semejante a lo que está escrito en Efesios 5:25-28: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Ciertamente que la Palabra de Dios da también el mandamiento a las mujeres de lo que deben hacer y cómo comportarse con sus maridos. Y sería pecar de tonto afirmar que la mayoría de ellas cumplen su parte. Pero que eso no te detenga, hombre, a cumplir la tuya. Recuerda que el mandamiento lo ha dado Dios, no tu esposa. Así que ante quien vas a responder por violarlo es ante Dios. Si ella cumple o no lo que le toca, eso no te da derecho a que hagas lo mismo. Sé, pues, responsable por lo que es tu parte y deja en manos de Dios lo demás.

Mira bien la comparación que hace Pablo en Efesios 5:25-28, te compara a ti, hombre, con Cristo y a tu mujer la compara con la iglesia. Mira bien que Jesucristo no esperó a que todos nos arrepintiéramos de nuestros pecados para morir en la cruz. Él dio el primer paso, Él se entregó antes que la primera persona diera muestra de arrepentimiento. Ese es nuestro ejemplo, varones, el primer paso nos toca a nosotros. Luego de eso, doblemos rodillas y, sin ninguna duda, nuestras oraciones carecerán de estorbo y serán respondidas favorablemente. Dios te bendiga.

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