La Corona Incorruptible de Gloria

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:4

Cuando solo leemos lo que dice 1 Pedro 5:4, podríamos estar muy felices de ver que un glorioso galardón nos espera cuando regrese el Señor. Es una hermosa promesa escuchar esto: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Ahora bien, ¿quiénes recibirán esta corona? La Biblia dice que Dios dará la corona incorruptible de gloria a quienes lleven Su Palabra a otros. Eso podría llevarnos a pensar que entonces los pastores ya la tienen garantizada. Sin tomarlo tan a la ligera, es preciso meditar en detalle todo el contexto de 1 Pedro 5:4.

Para ello, veamos lo que dicen los versículos anteriores, es decir, 1 Pedro 5:1-3: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Las ovejas son del Señor, no nuestras. Él las pone bajo nuestro cuidado, no para que saquemos provecho de ellas. Voy a contar cómo Dios me hizo comprender esa gran verdad. A finales de 2005, yo había vendido mi casa y comprado otra, la cual quedaba el doble de lejos de la iglesia a donde me congregaba. En mi antigua casa, yo era líder de un grupo celular bastante exitoso. Por dos años se había levantado en ese grupo una nueva generación de discípulos con capacidad de liderazgo. Mi mayor preocupación era que mi nueva casa les quedaría muy lejos a todos.

Fue entonces cuando salió de mi boca la pregunta ¿qué voy a hacer con mi grupo? La respuesta de Dios no se hizo esperar. Sentí una voz dentro de mí que me decía: “¿Tu grupo? No es tu grupo, las ovejas son mías, no tuyas.” En ese momento me di cuenta de la terrible imprudencia de mis palabras. Entendí que ese grupo celular no era mi posesión sino que Dios había puesto esas personas bajo mi cuidado por un tiempo y que ya ese tiempo se había terminado. Mi casa había sido comprada por otro líder de la iglesia y le entregué el grupo a él.

En mi nueva casa, me di a la tarea de iniciar un nuevo grupo celular desde cero. Haber obedecido a Dios trajo la bendición de que en muy poco tiempo, el nuevo grupo superó en tamaño y calidad al primero. Estuve con ellos hasta el momento en que Dios me movió de la iglesia donde estaba hacia nuevas responsabilidades. Como ya había aprendido la lección la primera vez. En ningún momento pensé llevarme conmigo a las ovejas. Simplemente me despedí de todos los miembros del grupo y los dejé en manos de su nuevo líder.

Pedro es muy claro en el requisito que debemos cumplir para alcanzar la corona incorruptible de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Recordemos que nuestra misión es la de servir, no que nos sirvan a nosotros. Nuestro mayor galardón no es material sino la corona incorruptible de gloria que nos dará el Príncipe de los pastores. Dios te bendiga.

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