Confianza en Dios

Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.

1 Juan 3:21-22

En esta vida no existe un ser más confiable que nuestro Padre Celestial. Dios no nos fallará nunca y todas Sus promesas son fieles y verdaderas. Cuando le oramos con fe, Él ha prometido conceder nuestras peticiones. Pero además de la fe, hay otro requisito para alcanzar ver hechas realidad tales peticiones, nuestra obediencia. De la misma manera que un padre o una madre no se sentirán motivados a complacer las peticiones de un hijo desobediente, no pensemos que Dios, nuestro Padre, haría lo contrario.

Estos dos versículos de la primera carta del apóstol Juan tienen mucha tela por donde cortar. Lo primero es meditar en este condicional: si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. ¿Cómo nos reprendería nuestro corazón? Aquí Juan no se está refiriendo con la palabra corazón al órgano que bombea la sangre sino a nuestra conciencia. En tal sentido, si nuestra conciencia nos reprende es porque nos está haciendo ver que no actuamos en la forma correcta. Tratándose de nuestra relación con Dios, nuestra conciencia nos dice que le estamos fallando.

Fallarle a Dios, entrar en desobediencia contra Él, disminuye nuestra confianza en Él. Y no es porque Dios va a incumplir Sus promesas, sino porque estamos conscientes de que nuestros actos no les son agradables y, por lo tanto, nos pudieran incapacitar de recibir lo que pedimos. ¿Va a cambiar el carácter de Dios por nuestra infidelidad? De ninguna manera, el carácter de Dios es inmutable y Él será siempre fiel. Nuestra actitud no es la de huir de Dios por darnos cuenta de que le fallamos, sino reconciliarnos con Él confesando nuestros pecados.

Dios jamás va a traicionar la confianza que depositamos en Él. Y, como nuestro Padre amoroso, Su deseo no es vernos tristes ni en necesidad, sino suplirnos todo lo que nos haga falta. Pero debemos entender que si no recibimos lo que esperamos, antes de enojarnos con Dios, es mejor que revisemos nuestra conducta frente a Él y comparar sinceramente si estamos como nos dice Juan: porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y de nuevo, si estamos mal, no nos justifiquemos, sino reconozcamos nuestra culpa.

Ahora bien, es posible que nuestra conciencia nos diga que andamos en el camino correcto y aun así no estamos recibiendo lo que le pedimos a Dios en oración. Eso tampoco debe minar nuestra confianza en Él. El predicador inglés Matthew Henry (1662-1714) dijo: “Las aflicciones extraordinarias no son siempre el castigo de los pecados extraordinarios, sino a veces la prueba de gracias extraordinarias. Las aflicciones santificadas son promociones espirituales. El silencio de Dios puede ser motivado porque estamos siendo sometidos a pruebas.

Nuestra confianza en Dios debe permanecer inalterable, de la misma manera que es inalterable Su fidelidad. No importa si se retarda en ser concedida nuestra petición por nuestro pecado o por causa de la prueba. En cada caso, hagamos lo correcto. Si hemos sido desobedientes, es tiempo de humillarnos arrepentidos delante de Dios y pedir perdón por nuestros pecados. Si estamos bajo la prueba, sigamos orando en fe, confiando en Él, alabándole, adorándole y dando gracias en todo tiempo. Él el fiel y bueno todo el tiempo. Jamás fallará a Sus promesas. Dios te bendiga.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s