La Simiente de Dios

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 3:9

Muchos cristianos se sienten orgullosos de ser llamados hijos de Dios. Y he escuchado a algunos manifestar ese orgullo al sentirse príncipes por ser hijos del Rey de reyes. También se sienten con derecho a ser ricos por ser herederos del dueño del oro, la plata y todo lo que existe. Pero Dios también es Santo y Su santidad es incompatible con el pecado. No en vano dice 1 Juan 3:9: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Si la simiente de Dios permanece en nosotros, debemos de demostrarlo con nuestra dedicación a lo que representa a nuestro Padre y no a lo que representa al mundo. Hoy día, muchas iglesias han dejado de tratar el tema del pecado. Algunas veces esa omisión se debe a que la sociedad actual ha redefinido al pecado para excluir ciertas prácticas que han sido legalizadas en casi todo el mundo. Dado que ahora es legal pecar, predicar en contra del pecado es una acción ilegal, lo cual, en ciertos casos incluye la cárcel para el predicador.

¿Existe alguna diferencia con el pasado? Claro que no, los apóstoles y muchos otros siervos a lo largo de la historia han sido encarcelados y hasta ejecutados por predicar contra las prácticas pecaminosas, llamar al arrepentimiento y la conversión a Jesucristo. Nada de eso debe llegar a sorprendernos porque eso es algo que el propio Señor nos había advertido en Mateo 24:9: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Como cristianos debemos de tener en cuenta de que el pecado que antes nos dominó debe de cederle el paso ahora a la santidad. El gran predicador inglés Charles H. Spurgeon (1834-1892) dijo: El nuevo nacimiento nos ha descalificado para el contentamiento con el mundo.” Tener contentamiento con el mundo es lo mismo que ser partícipes de las cosas que el mundo ama, muchas de las cuales, aunque las leyes humanas las autoricen, Dios continúa llamándole es Su Santa Palabra con el calificativo de pecados.

Lamentablemente, lo que dijo el predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) es una cruda realidad: “Una generación entera de nuevos cristianos se ha levantado creyendo que es posible ‘aceptar’ a Cristo sin dejar el mundo.” Y de nuevo, si no dejan al mundo, es obvio que continuarán practicando las cosas del mundo, y por supuesto, el pecado es una de ellas. La actitud correcta debe ser lo que dice John R. Stott (1921-2011): “El pecado y el hijo de Dios son incompatibles. Ocasionalmente pueden encontrarse; pero no pueden vivir juntos en armonía.”

Es hora de que se levanten predicadores que les recuerden a los cristianos que son la simiente de Dios para vivir en santidad, no para continuar conviviendo con y consintiendo el pecado. Es muy cierto lo que dice el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Un verdadero cristiano será sensible al pecado en su vida lo que les llevará a la ruptura y la confesión genuina, pero las personas que dicen que son cristianos y no son sensibles al pecado, esto no les llevará a la confesión, una persona que es de esa manera no es cristiana. Demostremos que somos simiente de Dios permaneciendo en Él y renunciando por completo al pecado. Dios te bendiga.

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