Dios Hace Brotar la Alabanza

Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones.

Isaías 61:11

Los atributos de Dios son tan excelsos que, de solo recordarlos, brotará alabanza de nuestros labios. Dios es bueno, santo, digno, misericordioso, todopoderoso, justo, soberano, entre otras muchas cualidades que lo hacen merecedor de toda la alabanza. Pero Isaías 61:11 va más allá que todo eso. La alabanza brota del mismo Dios, quien pone en nosotros tanto el querer como el hacer la obra de darle loor, gloria y honor a Él, quien vive para siempre.

Hay otros atributos y cualidades de Dios que hacen brotar la alabanza en los labios de quienes los toman en cuenta. Dios es glorioso, sabio, grande, majestuoso, fuerte, omnisciente, omnipotente, omnipresente, autoexistente, protector, vencedor, clemente, altísimo, creador, eterno, proveedor y sanador, entre muchas características excepcionales. Sobran motivos para alabar a Dios.

Isaías 61:11 señala otra de las cualidades de Dios que Él hace brotar conjuntamente con la alabanza, Su justicia. Dios es justo y este es un gran motivo para alabarle. Salmos 45:6 dice: Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de Tu Reino. El salmista está alabando el trono de Dios, al cual llama cetro de justicia. Mientras que Salmos 71:19 dice: Y Tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como Tú?

La justicia de Dios hace brotar la alabanza. De hecho, los salmos 98 y 146 llevan por título “Alabanza por la justicia de Dios.” No en vano nuestro Señor Jesucristo dijo en Mateo 6:33: Mas buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Busquemos la justicia de Dios antes que cualquiera de las demás cosas, alabemos a quien es justo y hace brotar la alabanza junto con Su justicia delante de las naciones de la misma manera que brota la semilla de la tierra.

Del salmo 98 aprendemos cómo la alabanza por la justicia de Dios se manifiesta. Salmos 98:4 dice: Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. De esa manera nos acercamos a nuestro justo Dios, de quien Salmos 98:9 dice lo siguiente: Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

Que nuestra alabanza sea como lo expresó David en Salmos 35:28: Y mi lengua hablará de Tu justicia y de Tu alabanza todo el día. Sin lugar a duda que la justicia de Dios y Su alabanza van tomadas de la mano. Gracias a Su justicia, quienes hemos respondido a Su plan de salvación hemos sido justificados. Eso hace llenar nuestros labios de alabanza por Su amor, por Su perdón, por Su gracia y Su salvación.

La parte final de la oración de Pablo por los creyentes está en Filipenses 1:9-11 y dice así: Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. Llenémonos de frutos de justicia para Su alabanza. Dios te bendiga.

Dios no Comparte Su Alabanza con Esculturas

Yo Jehová; este es Mi nombre; y a otro no daré Mi gloria, ni Mi alabanza a esculturas.

Isaías 42:8

Dios es celoso y no comparte ni Su gloria ni Su alabanza con esculturas. La Biblia establece muy claramente el rechazo de Dios hacia todo culto a imágenes y esculturas. No es necesario ser un genio superdotado para entender esto porque todo está escrito en un lenguaje llano que no requiere de la interpretación de un erudito. La Escritura no deja duda de que Dios y las imágenes son incompatibles. Hay quienes se engañan a sí mismos diciendo que no adoran imágenes sino que las veneran. Por Isaías 42:8, queda establecido que un simple elogio a una escultura es ya rechazado por Dios.

La prohibición de todo tipo de culto, alabanza y adoración a imágenes y esculturas queda establecida en el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Dice Éxodo 20:4-6: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos.

Para Dios toda imagen y escultura es una abominación. Deuteronomio 7:25-26 dice al respecto: Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema. Anatema es maldito, eso quiere decir que incluso tener imágenes y esculturas en nuestra casa es maldición.

En Miqueas 5:13 otra vez se nos manda a no inclinarnos ante las imágenes: Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos. Las esculturas e imágenes no sirven para nada, tal como dice Habacuc 2:18: ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? Y si las esculturas y las imágenes no sirven, ¿para qué rendirle culto?

Las imágenes le producen enojo y celo a Dios. Salmo 78:58 dice: Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Si amamos de verdad a Dios, ¿para qué hacerlo enojar practicando lo que Él aborrece? Pero si eso no te importa, mira lo que dice Levítico 26:30 sobre lo que sucederá con los adoradores de imágenes: Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.

Servir a las imágenes es una vergüenza, tal como dice el Salmo 97:7: Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a Él todos los dioses. Solo ante Dios debemos postrarnos y solo a Él alabaremos, Él que no comparte Su alabanza con esculturas. No seamos confundidos, conforme a lo que dice Isaías 42:17: Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. No perdamos tiempo guardando honor a objetos que no tienen absolutamente nada de sagrado según la Biblia. Dios te bendiga.

Dios Habita en Medio de la Alabanza

Pero Tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

Salmos 22:3

Salmos 22:3 dice textualmente: Pero Tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. Y cuando Su pueblo escogido le alaba, Dios hace morada con Su pueblo. ¿Quiere decir que si los pueblos gentiles le alaban, Dios no se hace presente? De ninguna manera, Dios siempre habitará en medio de la alabanza, sea dada por Israel, por los gentiles que han creído en Él, por la iglesia o por cualquiera que tenga un corazón dispuesto para tributarle alabanza.

Cuando nuestra casa se llena de alabanza, también se llena de Dios. Al rodearnos con alabanza, nos rodeamos con la Presencia de Dios. Eso lo he percibido todas las veces que celebraba noches de alabanza y adoración en mi hogar cuando vivía en Florida, Estados Unidos de América. La atmósfera de la casa se transformaba y se podía sentir intensamente la presencia de Dios.

Dios está presente y Su presencia se manifiesta por la fuerte exhibición de Su poder. Esta postura es premeditada, sin pretender una presencia mística, sino profundizando en la realidad de quién es verdaderamente Dios. No estamos hablando de la simple alabanza que nos toca el alma y nos eriza la piel, sino de aquella en la cual Dios está aquí y Su Reino ha venido. Así es como Dios se revela a Sí mismo mientras escoge descender y habitar en Su iglesia.

La palabra que se traduce como alabanza en Salmo 22:3 es Tehillah (הלָהִתְֶ, H8416), que significa elogio; himno: alabada, alabanza, alegría, canto, loor, maravillosas hazañas, gloria; canción de loor; acciones loables. Tehillah aparece 57 veces durante todos los períodos de la historia bíblica hebrea. Primero, el término denota una cualidad o atributo de alguna persona o cosa; significa gloria o loable.

Dios es y debe ser nuestro principal motivo de alabanza. Cuando cada uno mira lo que Dios ha hecho por nosotros, de nuestros labios no puede sino salir palabras de alabanzas para Él. Israel es la gloria de Dios cuando existe en un estado de exaltación y de bendición divina. La exaltación de Dios es alabanza, es reconocer quien es Él, Sus atributos y Sus maravillosas obras por Su pueblo. Cuando Israel exalta a su Dios, la presencia del Altísimo se deja sentir y el lugar donde Él es exaltado se llena de Su gloria.

Hace unos años asistí a un servicio donde predicaba un pastor africano. Me llamó mucho la atención algo que dijo con respecto a la forma en que alaban en las iglesias africanas. Este pastor nos decía que en África muchos de los feligreses deben caminar hasta 3 horas para llegar al templo y que, por lo tanto, no se iban a satisfacer con solo escuchar cuatro o cinco canciones. En tal sentido, dijo que el tiempo de alabanza a Dios no era limitado y podía durar varias horas. Durante ese tiempo las personas permanecían extasiados buscando la presencia de Dios.

El pastor africano decía que al final del tiempo de alabanza, generalmente continuaba con una larga fila de personas dando testimonio de las sanidades y milagros que ocurrieron en sus vidas mientras alababan. Sin duda que Dios hace habitación entre este pueblo africano en medio de su alabanza. Y lo hará dondequiera que sea alabado sin límites. Si realmente queremos que Él habite entre nosotros, alabémosle de todo corazón. Dios te bendiga.

Alabanza Delante de Él

Alabanza y magnificencia delante de Él; poder y alegría en Su morada.

1 Crónicas 16:27

Llegar hasta la presencia de Dios y no tributarle alabanza es como llegar a un banquete con mucha hambre y no probar bocado alguno. Tan solo llegar hasta la presencia del Altísimo y ver Su grandeza, es motivo más que suficiente para que nuestros labios se desborden en alabanzas hacia Él. Es imposible presentarnos delante de Dios y no admirar Sus atributos y elogiarlo por ellos. Si las maravillas terrenales nos asombran y nos llevan a pronunciar palabras de admiración, ¡cuánto más nos hará alabar al Dios Altísimo al llegar delante de Él!

Lo que dice 1 Crónicas 16:27 es similar a lo que leemos en Salmos 96:6: Alabanza y magnificencia delante de Él; poder y gloria en Su santuario. La palabra que se traduce como alabanza en ambos textos bíblicos es Jod (הוֹד; H1935), grandeza (que tiene forma y apariencia imponentes): alabanza, dignidad, gloria, glorioso, grandeza, honor, honra, magnificencia, majestad, noble, potente. Jod es una de las nueve palabras usadas en el Antiguo Testamento que son traducidas como alabanza.

La grandeza y la majestad de Dios son motivos más que suficientes para alabarlo continuamente. Nadie, ni ser humano, ni bestia, ni espíritu, ni astro celestial podrían alcanzar la estatura inmensa de nuestro Dios, Señor y Rey para siempre. La apariencia de Dios es imponente, incomparable. Solo imaginar la extensión del universo, la cual es imposible de medir, y conocer que Su Creador es mucho mayor que eso, nos debe impulsar a no dejar de alabarle ningún día de nuestra vida.

Pero el significado del texto hebreo original de 1 Crónicas 16:27 y Salmos 96:6 implica, además de grandeza y majestad, otros atributos de Dios. Él es digno de toda alabanza, todo honor y toda honra. Quien cree puede ver la gloria de Dios de acuerdo a la Escritura, ¡Él es glorioso! Y junto con Su alabanza, podemos ver la magnificencia delante de Él. Dios es noble en todo el sentido de la palabra. Él es noble porque actúa de buena fe, sin ninguna maldad o doble intención. Él también es noble por Su majestad y realeza.

Jod también se refiere a otra cualidad de Dios, Su potencia. Salmos 89:13 dice: Tuyo es el brazo potente; fuerte es Tu mano, exaltada Tu diestra. Y también Salmos 140:7 dice lo siguiente: Jehová Señor, potente salvador mío, Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla. La potencia de Dios es insuperable y nos lleva a la victoria cuando Él pelea las batallas por Sus hijos y por Su pueblo. Nuestro potente salvador merece ser alabado todo el tiempo, día a día y en cada momento.

Pero Dios es mucho más que potente, ¡Él es Omnipotente! En Éxodo 6:3 dice Dios a Moisés: Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en Mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos. La palabra que se traduce como Omnipotente es El Shadday (שׁדּי; H7706) que significa Todopoderoso. Uno de los pasajes más conocidos de los Salmos también utiliza esta palabra, Salmos 91:1 dice: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

¿Quién no rendirá alabanza cuando se encuentre delante de El Shadday, el Omnipotente, el Todopoderoso, el grande, el digno, quien está lleno de gloria? Suya es la honra, suyo es el honor por siempre. Alabamos Su grandeza, Su majestad, Su magnificencia y Su nobleza. Dios te bendiga.

Llegar hasta Su Presencia con Alabanza

Lleguemos ante Su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos.

Salmos 95:2

Si buscamos el favor de alguien y llegamos ante esa persona con exigencia, ¿estaría ella en disposición de ayudarnos? Probablemente no lo haría y más bien se sentiría molesta y ofendida. En cambio, si usamos palabras agradables que les suenen a elogios, las posibilidades de alcanzar el favor que buscamos aumenta considerablemente. Con Dios sucede de la misma manera. Si llegamos ante Su presencia con una lista de demandas, Él lo vería con menos agrado que si fuésemos con alabanzas.

Destacar los atributos de Dios mediante la alabanza es la mejor manera de llegar ante Su presencia. En Salmos 95:2 leemos lo siguiente: Lleguemos ante Su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Dios está esperando que nos acerquemos a Él alabándoles y no como muchas veces hacemos, con un largo pliego de peticiones. Escudriñemos las Escrituras para aprender a alabar a Dios a Su manera.

No es de la forma que mejor nos parezca sino como lo ha establecido el propio Dios. Lo mejor de todo es que el mismo Dios se encargó de dejarnos las instrucciones correctas plasmadas en un hermoso documento escrito que conocemos como la Biblia. Solo en ella encontraremos la correcta revelación que nos conducirá a acatar el más profundo anhelo de Dios para alabarlo. La respuesta de Dios, cuando hacemos las cosas a Su modo, siempre nos traerá la bendición.

Lo segundo que dice Salmos 95:2 es: aclamémosle con cánticos. Indudablemente que la música se puede utilizar en la alabanza a Dios. Los cristianos hemos escuchado muchas veces las palabras alabanza y adoración y las asociamos regularmente a música y canciones. Por lo general, muchos cristianos relacionan la alabanza a canciones movidas y alegres, mientras que califican como adoración a aquellas canciones más lentas. La realidad bíblica es otra muy distinta y si queremos conocer a fondo sobre alabanza, debemos ir a la Biblia.

En realidad, el estilo de la música no pone la etiqueta a lo que es alabanza o lo que se conoce como adoración. Si analizáramos las canciones que escuchamos cada domingo en la mayoría de las iglesias cristianas de acuerdo a los parámetros bíblicos sobre alabanza y adoración, tal vez muchas de ellas quedarían descalificadas y no pasarían de ser hermosas canciones que impresionan el alma humana; pero no ministran a Dios. La alabanza que agrada a Dios se centra en Su persona, no en el ser humano.

Nuestra intención con estos mensajes es traer luz a la iglesia sobre la alabanza que Dios está esperando de Su pueblo. Para conocer ese deseo de Dios, la guía correcta la encontraremos en Su Palabra y en la revelación de la misma que nos da Su Espíritu Santo. Y la mejor fuente para aprender sobre alabanza es el libro de los Salmos. El nombre hebreo para el libro de Salmos es sencillamente el equivalente del vocablo alabanzas. Tiene un sentido más apropiado que Salmos, lo cual proviene del griego y tiene que ver con cánticos acompañados por algún instrumento de cuerda.

Demostrémosle a Dios que le buscamos porque lo amamos, no por Sus bendiciones. Lleguemos hasta Su presencia con una alabanza genuina. Dios te bendiga.

Entrar por Sus Atrios con Alabanza

Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre.

Salmo 100:4

Muchas veces llegamos ante la presencia de Dios de la manera incorrecta. Salmo 100:4 nos da la fórmula perfecta para acercarnos a Él: Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre. Este verso bíblico indica las tres cosas que debemos tomar en cuenta al acercarnos a Dios: acción de gracias, alabanza y bendecir Su nombre. Cualquier otra forma de llegar hasta Su presencia distinta de esta no sería de Su agrado.

Dios estará más dispuesto a escucharnos si le damos gracias por lo que ya nos dio, le alabamos por quien es Él y bendecimos Su santo nombre. Existe mucha gente es el mundo, incluyendo algunos que se autodenominan cristianos, quienes se levantan cada día sin agradecerle nada a Dios, sino más bien quejándose por todo. Si no agradecemos la infinita misericordia de Dios hacia nosotros, poco hacemos para alabarlo. La misma acción de gracias es otra manera de alabarle y reconocer Su obra de amor hacia nosotros.

Cuando visitamos la casa de alguien, generalmente no tocamos la puerta para hacerle exigencia al dueño de la casa cuando nos abre, sino que primeramente saludamos y, por lo general damos un elogio de lo que vemos al entrar. De igual manera debemos hacer con Dios y la alabanza debe comenzar desde el momento que pisamos Sus atrios. Toda oración y toda reunión en la cual se invocará el nombre de Dios le será más agradable a Él si la iniciamos con alabanza.

Si queremos aprender a hacer las cosas de Dios en forma que les resulten agradables a Él, debemos escudriñar en la Escritura cuál es esa forma. Dice Ruth Ward Heflin: “La iglesia ha tratado por mucho tiempo hacer la obra de Dios con los métodos del mundo. Hemos tratado de hacer la obra de Dios con los métodos del hombre. Hemos tratado de hacer la obra de Dios con nuestro propio entendimiento. Pero, cuando nosotros hacemos la obra de Dios a la manera de Dios, obtenemos los resultados de Dios.”

Aprendamos la lección que nos trae Salmo 100:4: Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre. Y a partir de hoy, demos inicio a cada una de nuestras oraciones dando gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, por lo que ha hecho por nosotros y por lo que hará. Agradezcamos la salvación y recordemos la santidad, la majestad, la dignidad de Dios, entre muchas cosas más, para rendirle alabanza a Él.

Su nombre es santo, y debe ser bendecido cada vez que lleguemos ante Él. La oración modelo que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo comienza como dice Mateo 6:9: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Este modelo de oración va de acuerdo al Salmo 100:4 porque bendice el nombre del Señor, lo cual es también, al igual que la acción de gracias, otra forma de alabarle.

Hagamos de la alabanza a Dios un estilo de vida y no meramente un preámbulo dominical al sermón que vamos a escuchar. La presencia de nuestro Padre Celestial se manifestará gloriosamente cuando entramos por Sus atrios con alabanza. De esta manera estamos demostrando que le buscamos a Él por quien es, no por lo que nos pueda dar. Dios te bendiga.

Tendremos Reposo

Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de Su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en Sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

2 Tesalonicenses 1:6-10

Muchos se preguntan por qué la vida de quienes se han comprometido más firmemente con Jesucristo es tan difícil. No te asombres por lo que te digo, así es, no es nada cierto que se van a resolver todos y cada uno de tus problemas como por acto de magia por el simple hecho de hacerte cristiano. Yo te podría decir que posiblemente tendrás muchos más problemas que antes. Entonces podrías preguntarme, ¿es que no vale la pena seguir a Cristo? Te digo que, a pesar de las dificultades, es lo único que vale la pena en la vida.

El verdadero Evangelio de Jesucristo no se fundamenta en ser la panacea universal de los problemas terrenales. Las primeras palabras del evangelio son arrepiéntete y conviértete. Estas palabras demuestran que el camino que hemos llevado antes de encontrarnos con Jesucristo no es el correcto, eso implica que debemos dejar de lado todo eso, es lo que el propio Señor llama negarse a uno mismo. En el llamado a seguirle, además de nuestra propia negación, Jesucristo nos invita a tomar nuestra cruz cada día, y eso nos muestra que el camino no será fácil.

Mientras estamos en el mundo, somos participantes de las cosas del mundo; pero para seguir a Cristo, debemos dejar todas esas cosas. Es obvio que nuestros antiguos compañeros en las obras del mundo y de la carne van a dejar de ser nuestros amigos y nos atribularán. Nosotros tenemos dos opciones, o nos aferramos a Jesucristo y le creemos o sucumbimos ante la presión social y practicamos un cristianismo ligero y permisivo para quedar bien con todo el mundo. La última opción no va a agradarle a Dios de ningún modo; pero muchos la están usando hoy día.

Los valientes que prefieren sufrir tribulaciones antes que claudicar frente a la corriente del mundo, no serán olvidados por Dios, sino todo lo contrario. Y los atormentadores serán pagados adecuadamente conforme a la justicia de Dios. Para esos valientes, titanes de Cristo, la promesa es darle reposo en la presencia de nuestro Señor y Rey, Jesucristo, el cual será glorificado en Sus santos y admirado en todos los que creyeron. La Palabra está muy clara, el Señor será glorificado en Sus santos, en los que creyeron en Él y aguantaron tribulación.

¿Qué pasará con quienes nos atormentaron? La propia Palabra da la respuesta: Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan. Digamos que es una especie de ojo por ojo y diente por diente ejecutado por Dios mismo. Y continúa diciendo: para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder. Estas palabras dicen dos cosas, primero sentimos el alivio de que Dios va a tomar en cuenta y cobrará la afrenta a Sus hijos. Lo segundo es una advertencia muy grave para los burladores del evangelio, quienes, de no arrepentirse, sufrirán las consecuencias. Dios te bendiga.

Todo Es para Alabanza de Su Gloria

En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de Su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de Su gloria.

Efesios 1:11-14

Cuando nos damos cuenta de que Dios nos concede mucho más que lo que merecemos, la alabanza a Él se convierte en algo natural. Aunque nos creamos buenos, ciertamente no lo somos. Nuestro pecado nos hace unos fuera de ley frente a Dios y eso nos hace culpables frente a un juicio divino. Solo la gracia de Dios nos condona la deuda y, si algo bueno sale de nosotros es para Su gloria. Por lo tanto, debemos agradecerle cada día la gracia, ese favor inmerecido de salvarnos y alabar Su gloria derramada en nosotros.

He escuchado mucho a la gente decir que merecen mejor suerte cuando las cosas no le salen de la forma que quisieran. Algunos incluso culpan a Dios de sus situaciones adversas. En verdad, Dios no es responsable de nuestros problemas ni que el mundo ande patas arribas. La causa de los males individuales y colectivos es el pecado y de eso, nadie puede declararse inocente. Y con respecto al pecado, Romanos 6:23 dice: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Entonces, si algo merecemos por naturaleza, es pagar por nuestros pecados, y la justa condena por el pecado es la muerte. Si no llegamos a morir por nuestros pecados es porque Dios nos regaló el perdón, ha sido Su gracia, ha sido Su gloria que levantó de los muertos a Jesucristo dándonos la misma esperanza de resurrección. Por lo tanto, no nos merecemos nada, no somos dignos de ser exaltado sino de sufrir la humillación mayor; pero Dios ha sido misericordioso con nosotros, así que solo Él merece ser alabado, solo Él merece la gloria y el honor.

No nos quejemos de nuestra suerte sintiendo que somos tratados injustamente. Si la justicia de Dios nos fuera aplicada como debiera ser, sin duda que nadie se salvaría de la condena eterna. Lo mejor que podemos hacer cada día es levantarnos alabando a nuestro Dios y Padre de la gloria, quien nos ha hecho partícipes de pertenecer a Su familia mediante nuestra redención por la sangre de Su Amado Hijo Jesucristo. Que nuestra salvación sea para alabanza de Su gloria en cada día de los que nos resta por vivir y luego en la eternidad junto a Él.

No importa si nuestro caminar por este mundo sea un constante sufrimiento. Recordemos a Pablo quien, a pesar de consagrarse al servicio a Dios, sufrió persecución, azotes, encarcelamiento y muchas otras tribulaciones hasta terminar siendo ejecutado por el nombre de Jesús. A pesar de todos sus padecimientos, Pablo fue capaz de levantar su alabanza al Dios Todopoderoso en medio de su prisión y, no solo sus cadenas fueron rotas, sino que su liberación sirvió para que su carcelero obtuviera salvación y vida eterna.

Que las circunstancias no dirijan nuestro rumbo. Caminemos dando honra y honor a quien nos ha salvado del castigo eterno. Llenemos nuestros labios de alabanzas a Él, en lugar de llenarlos de quejas. Que todo lo que hagamos sea para alabanza de Su gloria. Dios te bendiga.

 

Cantando un Cántico Nuevo

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Apocalipsis 19:1-2

Las Escrituras nos afirman que en la eternidad alabaremos a Dios continuamente y el cántico nuevo será parte importante de nuestra alabanza. Es tiempo de que la iglesia comience a practicar lo que será parte de nuestro trabajo eterno y nos gozaremos todos de la manifestación poderosa de la gloria de Dios en las diferentes congregaciones. Cada miembro del cuerpo de Cristo es llamado a cantar al Señor un cántico nuevo que salga de nuestro corazón todos los días.

De nuevo voy a compartir una de mis vivencias en mi búsqueda de la presencia de Dios. Esta vez voy a compartir una visión que experimenté hace ya varios años. Vi el cielo muy negro, pero totalmente cubierto de estrellas. Parecía como si yo estuviera observando desde cierta altura. Vi bajar del cielo una luz muy poderosa, como jamás había visto antes en mi vida. Lo que en la primera visión era oscuro, se llenó por completo de esa luz brillante y muy blanca, la cual me dejaba ciego, por lo que tuve que cerrar mis ojos en la visión. Escuché truenos muy fuertes y entendí que estaba presenciando la manifestación de la gloria de Dios.

En medio de la potente luz, escuché primero como el estruendo de muchas aguas, como una inmensa catarata. Luego la luz se tornó menos intensa y vi descender del cielo a millones de ángeles en medio del ruido de trompetas y de las muchas aguas. Todos los ángeles cantaban un cántico nuevo al Dios Todopoderoso. Había mucho ruido, pero todo era armónico y musical. Me sentí en medio de la alabanza celestial descrita en el libro de Apocalipsis.

Un cántico nuevo es uno de reciente y original composición que prorrumpe en alabanza y adoración a Dios y a Jesucristo a causa de la gloria de Su salvación; y que solo es pronunciada en los labios de los redimidos por Cristo. Es un canto que se renueva para la ocasión presente, que no haya sido entonado en otras ocasiones. Todo lo que hagamos para el Señor debe ser ejecutado con excelencia, por lo tanto, nuestro nuevo cántico no puede ser algo mediocre. Salmo 33:3 dice: Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.

Muchas personas podrían decir: “no tengo talento musical”, “no soy compositor ni escritor”, “la música no es mi fuerte”, o algo parecido. Otras personas podrían sentirse temerosas de abrir sus bocas para cantar algo diferente y desconocido, sobre todo si, como dice el Salmo 33:3, estamos obligados a hacerlo bien. Pero debemos de entender que quien pondrá en nosotros la inspiración del cántico nuevo es el propio Espíritu de Dios, así que no hay nada que temer, solo abrir nuestras bocas para dejar salir la melodía y las letras perfectas que el propio Espíritu Santo nos ha dado. Dios te bendiga.

El Tonificador del Alma

Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día.

Salmo 35:28

Si ya limpiaste tu cara y le aplicaste un humectante, el próximo paso es tonificarla. De la misma manera sucede con tu alma limpia por el perdón e hidratada con la oración, la cual necesita ser tonificada con la alabanza. Cuando alabas a Dios y vuelves a Él tus pensamientos, cuando te olvidas de ti mismo, sin egoísmo en tu corazón, quedas libre para que Dios ponga en ti Su gozo.

Los tonificadores de piel se refieren a un producto para su cuidado que garantiza que la misma va a estar completamente limpia. El tonificador restaura el equilibrio del pH de la piel. El uso de un tonificador debe ser parte de la rutina diaria de limpieza facial, de acuerdo con los expertos.  El tonificador elimina cualquier resto de aceite o maquillaje. Para obtener mejores resultados, debe elegirse un tonificador sin alcohol.

Un tonificador de piel puede ser un líquido o loción y algunas veces también recibe el nombre de tonificante, astringente, loción clarificante o refrescante. El tonificador de piel se utiliza para reducir el tamaño de los poros y eliminar el exceso de grasa. Aunque se cree algunas veces que los tonificadores secan la piel, las fórmulas modernas vienen en diferentes presentaciones que hacen más que solo reducir el tamaño de los poros. Los tonificadores refrescan, dan tono, limpian y humectan la piel para obtener un brillo saludable.

De la misma manera que los tonificadores actúan en nuestro cutis, la alabanza garantiza que nuestra alma va a estar limpia de egoísmo porque nos concentramos únicamente en el Dios que adoramos. La alabanza elimina también el temor y la angustia y nos trae la paz y el gozo del Señor. Al alabar, debemos elegir alabanzas sin el alcohol del humanismo para concentrarnos en la figura de nuestro amado Padre Celestial.

Nuestra alabanza, como tonificador del alma puede ser el líquido de una canción conocida o la loción de un cántico nuevo que salga de nuestro corazón. El tonificador del alma, reduce el tamaño de los poros de nuestros temores porque nos refugiamos en los brazos poderosos del Señor. Y aunque hay quienes piensan que la alabanza seca nuestra alma porque nos olvidamos de nosotros mismos, la verdad es que nos sirve para dejar de pensar en nuestros problemas para concentrarnos en el Dios que los resuelve todos.

David fue, sin lugar a dudas, el más grande rey del pueblo de Israel. Pero la vida de David no fue siempre tranquila y sin problemas, al contrario, la mayor parte del tiempo se vio obligado a luchar contra muchos enemigos. Tampoco fue perfecto y llegó a cometer pecados muy graves. Sin embargo, David es recordado como un hombre conforme al corazón de Dios porque supo confesar sus fallas y arrepentirse, pero sobre todo, fue un hombre que le rindió alabanzas a Dios todo el tiempo.

Al igual que David, tonifica tu alma con tu alabanza al que es digno de recibir la gloria y el honor. Te aseguro que si deseas llevar una vida plena, conviértela en una de alabanza en lugar de levantarte cada día entre quejas y lamentos. Alaba a Dios en la alegría, en el llanto, en el triunfo y en la prueba. Él siempre te responderá. Dios te bendiga.