La Alabanza Precede la Victoria

Con mucha frecuencia ocurre que mientras estamos alabando a Dios, Su Espíritu nos dirigirá a entonar cantos de guerra espiritual. Como nuestra lucha no es contra carne ni sangre, nunca debemos de obviar la voz del Espíritu, si nos insta a guerrear en la alabanza, hagámoslo sin dudar.

Salmo 149:6-9: Exalten a Dios con sus gargantas, y con espada de dos filos en sus manos, para tomar venganza de las naciones y dar castigo a los pueblos, para aprisionar a los reyes con grilletes y a sus nobles con cadenas de hierro, para ejecutar en ellos la sentencia escrita. El será esplendor para todos sus fieles. ¡Aleluya!

En la guerra espiritual, no solo ganamos a medida que la espada de doble filo de la Palabra de Dios sale por nuestras bocas, sino que también se ganan grandes victorias en el ámbito espiritual mientras se cantan las alabanzas de Dios. Esto no solamente lo encontramos en la Biblia, sino que lo podemos experimentar en nuestras propias vidas.

Isaías 30:31-32: Porque Asiria será hecha pedazos a causa de la voz de Jehová; con un palo la golpeará. Y sucederá que cada pasada de la vara de corrección que Jehová descargará sobre ella será al son de panderos y de liras. Blandiendo el brazo combatirá contra ella.

La música de alabanza tiene una parte importante en ganar toda batalla espiritual.

Relación entre Alabanza, Profecía y Guerra

En el libro de Apocalipsis, el apóstol Juan nos describe nos describe una escena de alabanza impresionante que habrá de ocurrir al final de los tiempos:

Apocalipsis 19:6-8: Oí como la voz de una gran multitud, como el ruido de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, diciendo: “¡Aleluya! Porque reina el Señor nuestro Dios Todopoderoso. Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su novia se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio. Porque el lino fino es los actos justos de los santos.

En la actualidad, hay un nuevo sonido de alabanza y adoración que está llegando a la Iglesia, el cual a menudo llega como un sonido ensordecedor, similar al que producen las grandes cataratas, y fuertes expresiones que suenan como truenos y potentes gritos de victoria. En el sonido rugiente, Jesús, quien antes nos había sido revelado como el Cordero de Dios, ahora se nos revela como el León de la tribu de Judá.

Apocalipsis 19:10-11: Yo me postré ante sus pies para adorarle, pero él me dijo: “¡Mira, no lo hagas! Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús. ¡Adora a Dios! Pues el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero. Y con justicia él juzga y hace guerra.

Más adelante, Juan, describe la gran batalla final, cuando Satanás será encadenado aquí en la tierra.

Apocalipsis 19:19-21: Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.

Hay tres aspectos importantes de esta gran batalla espiritual: adoración, profecía y guerra. A menudo, mientras practicamos la alabanza y la adoración, un “espíritu de profecía” se manifiesta en una “canción espiritual” de guerra. Cuando sucede esto, se ganan grandes batallas en el mundo espiritual porque son atados principados, potestades y gobernadores de las tinieblas.

Salmo 149:8: para aprisionar a los reyes con grilletes y a sus nobles con cadenas de hierro.

Apocalipsis 19 proporciona una descripción de Jesús y Sus santos regresando en esta gran batalla de triunfo sobre el diablo y sus poderes demoníacos.

Apocalipsis 19:12-16: Sus ojos son como llama de fuego. En Su cabeza tiene muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él mismo. Está vestido de una vestidura teñida en sangre, y Su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS. Los ejércitos en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y limpio. De Su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las guiará con cetro de hierro. Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. En Su vestidura y sobre Su muslo, tiene escrito el nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Llave para Liberar el Poder Milagroso de Dios

El sacrificio alabanza se lo ofrecemos a Dios independientemente de las circunstancias y de lo que sentimos.  Cuando nosotros enfrentamos alguna situación crítica o desesperada, la alabanza abre el camino para que Dios venga a nuestro favor y nos libere. Muchos miembros del cuerpo de Cristo están necesitados hoy de una intervención sobrenatural de parte Dios en sus vidas, sus familias o sus ministerios, y la alabanza es la llave maestra para que ellos alcancen el poder milagroso de Dios para liberar sus vidas.

Salmo 50:23: El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios.

En las Escrituras encontramos algunos ejemplos de esta verdad:

Jonás 2:9-10: Más yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.

Todos hemos escuchado la historia de Jonás, quien estuvo durante tres días y tres noches en el vientre del pez.  Para muchas personas, incluso gran parte de los cristianos, Jonás es como la Cenicienta entre los profetas. Se nos ha presentado a este personaje de la Biblia como un siervo desobediente que antepuso su desprecio hacia Nínive al mandato de Dios. Sin embargo, el capítulo 2 del libro de Jonás es una oración, una invocación de angustia, tras la cual el profeta termina diciendo: “más yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios, Dios le respondió liberándole y salvándole la vida: “y mando Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”. Este es un ejemplo muy claro del que el sacrificio de alabanza condujo a la liberación del poder sobrenatural de Dios en la vida de una persona.

Siempre que las sombras de oscuridad vienen sobre nuestra vida, familia o ministerio, tal como si estuviésemos en el vientre de un pez, alabemos a Dios con todo nuestro corazón, y Su gloria vendrá cambiando todas las circunstancias.

En lo personal puedo testificar del poder oculto tras el sacrificio de alabanza. Hace varios años, fui diagnosticado con la pérdida de la audición de mi oído derecho. Para ese tiempo yo formaba parte del coro de la iglesia donde me congregaba y me había dado cuenta de que no oía del lado derecho porque cuando usaba el monitor de audífono solo escuchaba sonido del lado izquierdo. Para quien practica la música, el oído es el más importante de los sentidos y yo estaba consciente que oyendo de un solo lado no podría servirle al Señor con la excelencia que merece. Los médicos me dijeron que la sordera es irreversible y que la única solución era utilizar aparatos amplificadores en mi oído afectado. Yo nunca dejé de servirle al Señor en lo que me había llamado a hacer, sino que continué participando de la alabanza sin importarme mi condición. Dios me respondió con el milagro creativo de devolverme la audición completamente, desafiando el veredicto de la ciencia médica. No cabe duda que el favor de Jehová romperá todas las tinieblas.

He aquí otro ejemplo:    

Juan 6:11-13: Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.

El ambiente se presentaba de esta manera: una gran multitud había venido para oír a Jesús. No obstante, la gente estaba en un lugar desierto y con hambre. Delante de toda una multitud hambrienta había muy pocos recursos, tan solo cinco panes de cebada y dos pececillos que pertenecían a un muchacho. La clave para desatar un milagro de multiplicación estuvo en el acto de Jesús “haber dado gracias”. Su actitud de alabanza hizo que no solamente fuese suficiente para alimentar aquella muchedumbre, sino que hubo en exceso, llegando a sobrar doce canastas llenas de pedazos de panes.

Si usted está viviendo ahora un tiempo de penuria financiera, o se siente subyugado por ciclos constantes de necesidad, su reacción no debe ser una de queja sistemática. Todo lo contrario, entre en un nivel de alabanza profética, dando gracias a Dios, como hizo Jesús, y el Señor transformará su carencia o escasez en algo más que suficiente, vendrá sobre usted el poder de la provisión de Dios trayendo una unción de multiplicación, y entonces tendrá no solamente lo que necesita, si no que tendrá mucho más, será fecundo. La alabanza quiebra los viejos períodos de escasez y nos lleva a un nuevo tiempo de abundancia.

Si reconoce que existen cadenas espirituales que están atando su vida, su familia, su negocios o su ministerio, entre en batalla, alabando a Dios intensamente y el Señor romperá estas cadenas. En la actualidad  hay muchas personas en la iglesia quienes se hallan condenadas a limitaciones, no consiguen ir más allá, otras están sujetadas por las ataduras de la religiosidad y no consiguen experimentar la manifestación fresca del mover del Espíritu.

Quiero exhortar a todos los lectores a que practiquen el sacrificio de alabanza como una ofrenda agradable a Jehová. El resultado ya está probado: las limitaciones serán franqueadas, los tiempos de esterilidad verán su fin y habrá un nuevo tiempo de cambio de vestiduras, las vendas en los ojos producidas por el espíritu religioso serán quitadas y el Señor dará el manto de Su presencia.

Bendiciones para todos.

Sacrificio de Alabanza

El sacrificio de alabanza es una alabanza continua. El sacrificio de alabanza es una alabanza audible. David dijo: Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca (Salmo 34:1).

Diferencia entre Alabanza y Sacrificio de Alabanza

Existe una diferencia fundamental entre alabar a Dios y el sacrificio de alabanza. La alabanza fluye muy fácilmente cuando estamos en una “relación correcta” con Dios, es decir, cuando las cosas parecen estar yendo bien en todos los aspectos de nuestras vidas y sentimos que Dios está atento a todas nuestras necesidades. Es un desbordamiento espontáneo que nos conduce a pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros.

Por su parte, el sacrificio de alabanza se lo damos a Dios cuando las cosas no parecen ir bien, es la alabanza que ofrecemos sin importar la manera en que vemos las cosas, la cual brindamos en fe y obediencia a Dios por quien es Él.

Hebreos 13:15: Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre (BAD).

Veamos dos ejemplos bíblicos de sacrificio de alabanza tomados tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Pablo y Silas

Mientras Pablo y Silas estaban en la prisión, alabaron a Dios cantando y el resultado fue milagroso.

Hechos 16:22-26: Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.

Pablo y Silas habían sido atacados y perseguidos por causa de Jesucristo. Sus atacantes  rompieron sus ropas, los azotaron y los confinaron en la parte más interna de la prisión, en donde estaban los peores criminales. Además de mantenerlos prisioneros en el peor calabozo, los ataron a cepos para restringir sus movimientos.

Durante el tiempo que estuvieron en prisión, se mantuvieron orando y cantando himnos. No estaban expresándole a Dios quejas a causa de su condición física o del maltrato recibido. Al contrario, cantaron alabanzas y sus compañeros de prisión los escucharon.

El resultado fue que Pablo y Silas fueron liberados de sus cadenas y de la cárcel. El carcelero y toda su casa recibieron salvación y vida eterna. Todos en la prisión, tanto los prisioneros como sus carceleros, recibieron el testimonio de Jesús. Los demás creyentes de Filipos recibieron consolación tras la libertad de sus consiervos. Con frecuencia se liberan una gran autoridad espiritual y poder en expresiones musicales de alabanza a Dios, tal como este caso de Pablo y Silas sucediendo que mientras cantaban canciones de alabanza; llegó la liberación por medio de un gran temblor.

Josafat

Otro ejemplo bíblico de sacrificio de alabanza es Josafat, quien siguió los mandamientos de Dios y experimentó victorias milagrosas. Josafat enseñó la Palabra de Dios al pueblo y continúo las reformas religiosas y judiciales iniciadas por su padre instituyendo un cuerpo judicial en Jerusalén para actuar como suprema corte del país.

2 Crónicas 17:3-6: Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de su padre David, y no acudió a los Baales. Más bien, buscó al Dios de su padre, andando según sus mandamientos y no según las obras de Israel. Por eso Jehová afirmó el reino en su mano. Todo Judá daba presentes a Josafat, y él tuvo riquezas y gloria en abundancia. Elevó su corazón hacia los caminos de Jehová, y quitó otra vez de Judá los lugares altos y los árboles rituales de Asera.

Durante el reinado de Josafat, los amonitas, moabitas y edomitas se unieron para invadir Judá desde el sur. Por años, los pueblos vecinos le temieron y dejaron a la nación en paz, pero en esta ocasión se unieron para venir en contra de él. Josafat vino ante la asamblea y oró. Josafat oró en tiempo de problemas. Su oración comenzó con alabanza.

2 Crónicas 20:6-9: y dijo: “Oh Jehová, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, que gobiernas en todos los reinos de las naciones y que tienes en tu mano fuerza y poder, de modo que nadie te pueda resistir? ¿No fuiste tú, oh Dios nuestro, el que echaste a los habitantes de esta tierra de la presencia de tu pueblo Israel y la diste a la descendencia de tu amigo Abraham para siempre? Ellos han habitado en ella y han edificado allí un santuario a tu nombre, diciendo: ‘Si el mal viniese sobre nosotros (espada de juicio, peste o hambre), nos presentaremos delante de este templo y delante de ti, porque tu nombre está en este templo. A ti clamaremos en nuestra tribulación, y tú nos escucharás y librarás.

Josafat buscó a Dios pidiendo liberación y el Señor atendió su oración. Dios le contestó a través de un profeta.

2 Crónicas 20:15-18: y dijo: Oíd, todo Judá y habitantes de Jerusalén, y tú, oh rey Josafat, así os ha dicho Jehová: ‘No temáis ni desmayéis delante de esta multitud tan grande, porque la batalla no será vuestra, sino de Dios. Descended mañana contra ellos. He aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los encontraréis en el extremo del valle, frente al desierto de Jeruel. En esta ocasión, vosotros no tendréis que luchar. Deteneos, estaos quietos y ved la victoria que Jehová logrará para vosotros. ¡Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis! ¡Salid mañana a su encuentro, y Jehová estará con vosotros! Entonces Josafat inclinó su rostro a tierra. Del mismo modo, todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.

En la preparación para la batalla, Josafat, designó hombres para cantar y alabar al Señor. La vanguardia del ejército de Judá era el batallón de alabadores, cuyas armas no eran espadas y escudos, sino instrumentos musicales y sus propias gargantas para cantarle a Dios.

2 Crónicas 20:21-22: Después de consultar con el pueblo, designó a algunos de ellos para que cantasen a Jehová y le alabasen en la hermosura de la santidad, mientras iban delante del ejército, diciendo: “¡Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia!” Cuando comenzaron el canto y la alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

El sacrificio de alabanza de Josafat y el pueblo de Judá les dio la victoria sobre sus enemigos y Dios se glorificó al derrotarlos. Los enemigos empezaron a pelear entre sí y en una sangrienta lucha se destruyeron mutuamente, hasta el punto que ninguno escapó.

2 Crónicas 20:23: Los hijos de Amón y de Moab se levantaron contra los de la región montañosa de Seír, para destruirlos por completo y aniquilarlos. Cuando habían acabado con los de la región montañosa de Seír, cada cual contribuyó a la destrucción de su compañero.

Dios no solo liberó a Josafat y al pueblo de Judá de sus enemigos, sino que además les entregó un enorme botín de guerra.

2 Crónicas 20:24-26: Cuando los de Judá llegaron a cierta altura que domina el desierto, miraron hacia la multitud; y he aquí que ellos yacían muertos en tierra. Ninguno había escapado. Entonces Josafat y su gente fueron para despojarlos, y entre los cadáveres hallaron muchas riquezas, tanto vestidos como objetos preciosos, los que arrebataron para sí en tal cantidad que les era imposible llevar. Tres días duró el despojo, porque era mucho. Al cuarto día se congregaron en el valle de Berajá. Allí bendijeron a Jehová; por eso llamaron el nombre de aquel lugar valle de Berajá, hasta hoy.

Josafat y el pueblo de Judá estaban siendo atacados por los ejércitos de tres naciones. Sus enemigos eran numéricamente superiores varias veces, haciendo prácticamente imposible que Josafat y su pueblo obtuvieran la victoria basándose tan solo en sus propias fuerzas.

Josafat y su pueblo sabían lo que la Palabra de Dios decía. Su primera acción fue ofrendar alabanzas, no después que el enemigo fuera derrotado, sino mientras estaban siendo rodeados por todos lados y cuando todo se veía sin esperanza. Ofrecieron un sacrificio de alabanza.

Para Josafat y el pueblo de Judá la victoria fue completa porque sus enemigos se mataron sí y el pueblo recibió un gran botín. Cuando Josafat designó hombres para cantar y alabar al Señor y salieron delante del ejército, obtuvo una gran victoria. Ellos usaron las poderosas armas espirituales y mientras estaban alabando a Dios, se manifestaron gran poder y autoridad espiritual.

En esta historia de Josafat encontramos cinco pasos que nos conducen hacia la victoria:

  1. Conocer la Palabra. Cuando conocemos las Escrituras, sabemos cuáles son las promesas que Dios tiene reservadas para cada situación en la vida de Su pueblo, Sus hijos, Su iglesia.
  2. Buscar la Presencia de Dios. Esto significar buscar el rostro de Dios y no solamente sus manos, es llenarnos de Su fortaleza y Su poder.
  3. Escuchar al Señor. Dios siempre nos dará una respuesta cuando le pedimos algo. Lo que muchas sucede es que nuestros oídos no le prestan atención a Sus palabras.
  4. Creer la Palabra y adorar a Dios. Cuando Dios nos da una palabra rhema, debemos de recibirla con amor y corresponderle en igual proporción a Su amor incondicional.
  5. Actuar en fe. Esto significa alabar a Dios antes de obtener la victoria.

Sacrificio de Alabanza a Través de Jesús

Solamente a través de Jesús puede ofrecerse sacrificio de alabanza. Siendo Jesús el camino, la verdad y la vida, el único a través del cual podemos llegar hasta el Padre, nada que hagamos para Dios puede hacerse sin Él y el sacrificio de alabanza no es la excepción.

Hebreos 13:15: Así que, por medio de Él, ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre.

El sacrificio de alabanza implica dar gracias a Dios en el nombre de Jesús por ser quien es Él y por lo que ha hecho.

Efesios 5:20: Dando gracias siempre por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Debemos dar gracias bajo todas circunstancias, no solo por las cosas que consideramos buenas, no solo cuando recibimos de Dios lo que le pedimos, sino también cuando nos dice NO e incluso cuando pareciera que no nos quiere responder.

1 Tesalonicenses 5:16-18: Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.

Podemos hacer esto cuando nos damos cuenta por completo de la manera en que Dios hace que todas las cosas obren para bien en nuestras vidas. Los planes de Dios para nuestras vidas son perfectos, no importa si los comprendemos o no, Él siempre sabe lo que más nos conviene en cada situación.

Romanos 8:28: Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.

El sacrificio de alabanza trae gloria a Dios. Como sabemos, Dios no comparte Su gloria con nadie y todo lo que hacemos debe de glorificarle a Él. Cuando hacemos sacrificio de alabanza nos estamos despojando de nuestro ego, dejando atrás el egoísmo y el afán personal, para exaltarlo solo a Él.

Salmo 50:23: El que ofrece sacrificio de alabanza me glorificará (VM).

¿Cómo Ofrecer Sacrificio de Alabanza?                           

  • Hay que tomar la decisión. Debemos establecer de antemano que vamos a alabar a Dios en todo tiempo y bajo todas las circunstancias. Dios no nos obliga a alabarlo en época de crisis, es la crisis misma quien debe llevarnos a decidir alabarlo.
  •  El momento de empezar es ahora. Alabemos a Dios cada día y todo el día. Practiquemos la alabanza como un estilo de vida. Como pudimos ver en los dos ejemplos bíblicos, la alabanza empezó antes de que viniera la victoria. En la medida que actuamos en obediencia a Su Palabra y nos disponemos a alabarlo, estamos ofreciendo el verdadero sacrificio de alabanza a Dios y esto es agradable a Él.
  •  Cuando vengan los problemas. Hay que recordar que hemos tomado una decisión, hay que perseverar en nuestro hábito de alabar y recordar que la alabanza en los momentos difíciles permite a Dios obrar en nuestro favor. La alabanza en tiempo de prueba trae gloria al Padre. En los momentos en que las circunstancias no nos instan a alabar a Dios, es justamente el tiempo cuando más necesitamos alabarlo.
  •  Dar el paso de fe. Comenzamos a ofrecer el sacrificio de alabanza por fe. Alabémoslo por ser quién es y por lo que Él ha hecho. Entonces, ofrezcamos acción de gracias a Dios por la situación, aunque no la entendamos. Alabémoslo porque Él abrirá un camino de liberación, aun cuando no podamos ver la salida al problema o la luz al final del túnel. Alabemos a Dios por ser quien es y fijemos nuestros pensamientos en Él y en las promesas que nos ha dado en Su Palabra. Una vez que hayamos comenzado a hacer el sacrificio de alabanza, no paremos. Declaremos en voz alta la Palabra de Dios que proclama victoria y liberación. Primero, estaremos ofreciendo alabanza en obediencia. Al hacer esto, estaremos poniendo nuestra mente en Él y no en las circunstancias.

A medida que continuemos comparando Su poder y Su gloria con nuestra circunstancia, veremos cuan pequeño es en realidad nuestro problema comparado con el Dios al cual servimos. Cuando llenamos nuestra mente con la Palabra de Dios y nos concentramos en Su poder y Sus promesas, un espíritu de alabanza substituirá las dudas y las preocupaciones.

En los momentos de pruebas, cuando se nos hace difícil alabar, si nos disponemos a levantar nuestra alabanza a Dios en obediencia, comenzaremos a ser empapados por el Espíritu de alabanza. Entonces nos encontraremos entrando llenos de gozo en la completa dimensión de Su Presencia en la medida en que liberemos nuestro espíritu en el sacrificio de alabanza. Cantemos a Él, dancemos ante Él, glorifiquemos y exaltemos Su nombre. ¡Y Él abrirá una vía de salvación y liberación para nosotros!

Bendiciones para todos.

¿Cómo Debemos Alabar a Dios?

Con lo que Decimos

De nuestra boca deben salir siempre palabras de alabanzas a Dios. No debemos unirnos a los coros de quejas de aquellos que le echan a Dios la culpa de todas sus desgracias porque todo lo que Él hace por nosotros es bueno y digno de alabanza.

Salmo 145:4-7: Cada generación celebrará Tus obras y proclamará Tus proezas. Se hablará del esplendor de Tu gloria y majestad, y yo meditaré en Tus obras maravillosas. Se hablará del poder de Tus portentos, y yo anunciaré la grandeza de Tus obras. Se proclamará la memoria de Tu inmensa bondad, y se cantará con júbilo Tu Victoria (BAD).

Con Todo el Corazón

Nuestra alabanza no puede ser fingida sino que exprese lo más profundo de nuestro corazón. A Dios no podemos engañarlo porque Él tiene la capacidad de escudriñar lo más íntimo de nuestro ser descubriendo nuestras intenciones.

Salmo 9:1: Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas Tus maravillas.

Salmo 111:1: Alabaré a Jehová con todo el corazón en la compañía y congregación de los rectos.

Con un Corazón Recto

Las intenciones de nuestro corazón deben de estar alineadas con Dios al momento de alabarle. Nuestra ofrenda de alabanza debe ser agradable al Señor.

Salmo 119:7: Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios.

Con Cantos

Aunque la alabanza no es solamente música, los cantos son parte importante de la misma, en especial aquellos que salen de nuestro propio corazón. Es bueno aprenderse los salmos, himnos y canciones que se interpretan durante los servicios. Sin embargo, es mucho mejor aprovechar el momento oportuno para entonar un cántico nuevo inspirado por el Espíritu santo.

Salmo 92:1: Bueno es alabarte,  oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre,  oh Altísimo.

Salmo 104:33-34: A Jehová cantaré en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva.

Salmo 147:1: Alabad a Yahvé, porque es bueno; cantad salmos a nuestro Dios, porque es complaciente, es digno de alabanza (N-C).

Con Inteligencia

Cuando cantemos a Dios, prestemos atención a lo que cantamos y meditemos en las letras de la canción. De esta manera nos daremos cuenta si estamos realmente cantando para el Señor o para ministrarnos a nosotros mismos.

Salmo 47: 6-7: Cantad a Dios, cantad; cantad a nuestro Rey, cantad; porque Dios es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia. .

Batiendo las Manos

Nuestras manos, al igual que nuestra voz, puede ser un instrumento de alabanza a Dios. Cuando batimos las manos, es decir, al moverlas de un lado hacia otro, estamos ofreciendo aclamación a Dios.

Salmo 47:1: ¡TODAS las naciones, batid las manos! ¡Aclamad a Dios con voz de triunfo! (VM).

Con Instrumentos

La Biblia menciona numerosos instrumentos de cuerda (arpa, salterio, decacordio, lira, cítara), de viento (bocina, flauta, órgano, trompeta) y de percusión (pandero, campanilla, címbalo, tambor, tímpano o tamboril) que fueron usados para alabar a Dios.

Éxodo 39:25-26: Hicieron también campanillas de oro puro, y pusieron campanillas entre las granadas en las orillas del manto, alrededor, entre las granadas; una campanilla y una granada, otra campanilla y otra granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar, como Jehová lo mandó a Moisés.

1 Samuel 10:5: Después de esto, llegarás a Gabaa de Dios, donde hay una guarnición de Filisteos; y sucederá que luego que llegares allá a la ciudad, encontrarás una compañía de profetas bajando del alto, precedidos de salterio, y tambor y flauta y arpa, y ellos profetizando. (VM)

1 Crónicas 13:8: Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.

Job 30:31: Y mi arpa se tornó en luto, y mi órgano en voz de lamentantes. (RV1865)

Salmo 33:2: Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio.

Salmo 57: 8: ¡Despierta, gloria mía! ¡Despertad, arpa y lira! ¡A la aurora despertaré! (LBLA)

Salmo 71:22: y yo alabaré, ¡Dios mío! al sonido del arpa, tu fidelidad; te salmodiaré a la cítara, ¡oh Santo de Israel!

Salmo 81:3: Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.

Salmo 150:3-6: Alabadle a son de bocina; alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.

Salmo 33:1-3: Alegraos, oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien,  tañendo con júbilo.

Isaías 30:29: Vosotros tendréis cántico como de noche en que se celebra pascua, y alegría de corazón, como el que va con flauta para venir al monte de Jehová, al Fuerte de Israel.

Con Danza

La danza es otra expresión de alabanza. Nosotros, los que hemos recibido el regalo de la vida eterna, hemos visto como Dios cambió el lloro y el crujir de dientes de los condenados por la celebración gloriosa de quienes han sido librados de la muerte eterna. La sangre preciosa del Cordero nos vistió con ropa de lino fino, ropa de fiesta, ropas para danzar.

Éxodo 15:20: Y Miriam la profetisa, hermana de Aarón, tomó en su mano el pandero, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas (LBLA).

Salmo 150:4: ¡Alábenlo danzando al son de panderos! ¡Alábenlo con flautas e instrumentos de cuerda! (DHH)

Con Alegría, Gozo y Júbilo

La alabanza debe llevarse a cabo con alegría, gozo y júbilo porque la alabanza es una celebración no un duelo. Al alabar, si lloramos, que sea de alegría.

Salmo 32:11: Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.

Salmo 81:1: Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; al Dios de Jacob aclamad con júbilo.

Salmo 95:1-3: Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses.

Aplaudiendo

Aplaudir es una expresión de alegría, regocijo y aprobación. Cuando aplaudimos a nuestro Dios, estamos reconociendo sus obras y sus atributos.

Salmo 98:4-6: Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Jehová con arpa; con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del rey Jehová.

Alzando las Manos

Cuando levantamos nuestras manos al alabar le estamos diciendo a Dios que nos rendimos ante Su majestad y Su poder.

Salmo 63:3-4: Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos.

Salmo 134:1-2: Mirad, bendecid a Jehová, vosotros todos los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová estáis por las noches. Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová.

Bendiciones para todos.

¿Dónde Debemos Alabar a Dios?

En la Congregación

Cuando nos congregamos en un templo o en algún otro lugar con el propósito de realizar un servicio de celebración o una reunión de célula o grupo en las casas, nuestra primera acción debe ser alabar al Señor. No es bueno llegar al lugar de reunión cuando haya terminado el momento de ministrarle a Dios porque nos estamos perdiendo de un momento especial en el cual se puede manifestar Su presencia poderosa y además estamos dando el mensaje de que solo nos interesa ir para recibir, pero que no estamos dispuesto a aportar nada.

Salmo 22:22,25: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré. Tuya es mi alabanza en la gran congregación. Mis votos pagaré delante de los que le temen.

Salmo 107:32: Exáltenlo en la congregación del pueblo, y alábenlo en la reunión de los ancianos.

Salmo 149:1: ¡Aleluya! Cantad a Jehová un cántico nuevo; sea su alabanza en la congregación de los fieles.

En el Santuario

El santuario es un lugar de alabanza y adoración al Señor. No es correcto llegar a la casa de Dios con las manos extendidas para recibir, más bien debemos levantar nuestras manos primero para exaltar Su santo nombre.

Salmo 150:1: ¡Aleluya! ¡Alabad a Dios en su santuario! ¡Alabadle en su poderoso firmamento!

Entre las Naciones

Los que vivimos en lugares donde residen personas de diferentes nacionalidades, al visitar iglesias multiétnicas, hemos podido disfrutar del privilegio de alabar a Dios entre las naciones. De igual manera, cuando se va en misiones a otros países, también se da la oportunidad de alabarle entre los pueblos y las naciones.

Salmo 57:9: Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; a ti cantaré salmos entre las naciones.

En Sus Atrios

Cuando visitamos la casa de alguien, generalmente no tocamos la puerta para hacerle exigencia al dueño de casa cuando nos abre, sino que primeramente saludamos y, por lo general damos un elogio de lo que vemos al entrar. De igual manera debemos hacer con Dios y la alabanza debe comenzar desde el momento que pisamos Sus atrios.

Salmo 100:4: Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias; bendecid su nombre.

Entre las Multitudes

La alabanza a Dios debe hacerse tanto en privado como en público. Nunca debiéramos sentir vergüenza de exaltar Su nombre ante un grupo numeroso de personas. Nuestro loor a Él y nuestro agradecimiento deben de ser escuchados por todo el mundo para testimonio de aquellos que aún no creen.

Salmo 109:30: Agradeceré a Jehová en gran manera con mi boca; en medio de muchos le alabaré.

Bendiciones para todos.

¿Cuándo Debemos Alabar a Dios?

De la Mañana a la Noche

Hay personas que, cuando escuchan cada mañana la alarma de su despertador, quisieran permanecer dormidos en lugar de levantarse. Esas personas se levantan quejándose porque el tiempo de sueño no fue suficiente, porque tienen que ir a su pesado trabajo a aguantar a un jefe más gruñón que ellos mismos y de esa manera salen de su casa. En el camino a su trabajo, continúan con su queja de que el tráfico está pesado, se pelean y maldicen a los choferes que le cruzan o se interponen en su camino y llegan a su trabajo con una mala actitud. De esta misma manera pasan sus horas de trabajo y regresan a su casa con las mismas quejas, las cuales, al final del día son pasadas a la familia. Sin embargo, aquellas personas que empiezan a alabar al Señor desde el primer momento que abren sus ojos y no terminan de hacerlo sino hasta la hora de dormirse, pasan su día llenas del gozo de Dios.

Salmo 113:3: Desde el nacimiento del sol y hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.

Todo el Día

Si debemos alabar desde que salga el sol hasta el ocaso, eso significa que todo el día nuestra boca debe de estar llena de alabanza hasta que el alabar se convierta en nuestro estilo de vida.

Salmo 71:8: Esté llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.

Mientras Vivamos

Mientras podamos respirar, debemos de alabar a Dios y cuando Él nos lleve a su morada, continuaremos alabándole por la eternidad. Tener vida es un motivo para alabar a Dios; pero tener la certeza de que, al abandonar este mundo disfrutaremos de la presencia del Señor para siempre, es una razón mayor para exaltar Su santo nombre.

Salmo 146:2: Alabaré a Jehová en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva.

Continuamente

La alabanza a Dios no debe parar, debe ser continua, inagotable, perenne, permanente, fecunda, inextinguible y abundante.

Salmo 34:1: Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca.

Cuando Estemos Abatidos

La mejor manera de vencer la depresión es alabar a Dios. En los momentos de las pruebas más difíciles, la alabanza nos ayuda a salir adelante porque nos olvidamos de nuestras circunstancias y nos enfocamos en nuestro Hacedor, quien nos dará soporte y ayuda, como nos dice Hebreos 4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Salmo 42:11: ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera a Dios, porque aún le he de alabar. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!

Siempre

Siempre habrá un motivo para alabar a Dios. Con solo recordar sus atributos, sus maravillosas hazañas, su infinita misericordia y su amor, no hay nada que nos inhiba de darle exaltación.

Efesios 5:20: Dando gracias siempre por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

En Todo Tiempo

Como la alabanza debe ser de la mañana a la noche, todo el día, mientras vivamos, continuamente y siempre, no habrá momento que no sea para exaltar al Señor. Por eso, la alabanza ha de ser en todo tiempo.

Salmo 34:1: Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca.

Salmo 119:62: A medianoche me levanto para alabarte por Tus justos juicios.

Bendiciones para todos.

¿Quién Debe Alabar a Dios?

Todo Mortal

Si todo mortal debe alabar a Dios, tal como dice el Salmo 145:21, ninguna boca habrá de permanecer callada, ningún cuerpo habrá de permanecer estático y ninguna mano quedará cruzada al momento de exaltarlo a Él.

Salmo 145:21: ¡Bendiga todo mortal su santo nombre, eternamente y para siempre!

Mi Alma

Mi alma ha recibido tantos beneficios de Dios que no tiene ningún motivo para no alabarle. ¿Qué hubiese sido de mi alma si Jesús no hubiese muerto en la cruz? El destino de las almas de quienes no han sido redimidos por la sangre del Cordero es la muerte eterna; pero las almas de los redimidos obtuvieron en la cruz la victoria sobre la muerte, eso solamente es un motivo para alabar.

Salmo 103:1-2: Bendice, oh alma mía, a Jehová. Bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, oh alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Todo lo que Respira

La respiración es el aliento de la vida y todo ser muere cuando no puede respirar. Recuerdo la triste muerte de la esposa de mi mejor amigo. Ella era asmática y murió de un paro respiratorio camino al hospital, tenía tan solo 33 años. Por eso, mientras nuestros pulmones continúen recibiendo aire, alabemos a Dios porque no sabemos el momento en el cual suspiraremos nuestro último aliento. Tan solo el hecho  de respirar es un motivo suficiente para alabar al Señor por permitirnos disfrutar un día más de las maravillas de Su creación.

Salmo 150:6: ¡Todo lo que respira alabe a Jehová! ¡Aleluya!

Todos los Pueblos

Dios escogió un pueblo, los descendientes de Abraham. Sin embargo, Jesús murió en la cruz para salvar a toda la humanidad, sin importar su raza, lengua o linaje. Por eso, no hay un solo pueblo en el mundo que pueda sentirse exento de alabar a Dios.

Salmo 67:3,5: ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben! ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben!

Salmo 78:4: No las encubriremos a sus hijos. A la generación venidera contaremos las alabanzas de Jehová, y de su poder y de las maravillas que hizo.

Salmo 79:13: Entonces nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu prado, te confesaremos para siempre; por generación y generación contaremos de tus alabanzas.

Los Justos

Dice Romanos 3:23-24: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Todos los que hemos sido justificados por la sangre del Cordero ahora somos justos ante los ojos de Dios quien no ve nuestra inmundicia humana sino la imagen de Su Hijo amado. Siendo ahora justos, nos toca rendirle alabanza al Señor.

Salmo 140:13: Ciertamente los justos darán gracias a tu nombre; los rectos morarán en tu presencia.

Los Santos

En Hebreos 10:10 leemos: En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. A través de la sangre derramada por Jesús en la cruz hemos sido hechos santos, separados para Dios y ahora, como santos que somos, es nuestro deber alabarle.

Salmo 145:10: Te alaben,  oh Jehová,  todas tus obras, y tus santos te bendigan.

Los Redimidos

Dice la Palabra de Dios en Isaías 62:12: Y les llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada, no desamparada. Nosotros, la iglesia somos un pueblo santo, somos los redimidos del Señor, somos tierra deseable y, por lo tanto, tenemos un motivo especial para vivir eternamente agradecido de nuestro Dios y rendirle toda la alabanza a quien todo lo merece.

Salmo 107:1-2: ¡Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia! Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo.

Los que Temen Al Señor

El apóstol Pablo nos dice en 2 Corintios 7:1: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Hemos sido santificados mediante el sacrificio vicario de Jesús en la cruz; pero esa santidad la debemos perfeccionar día a día en el temor de Dios, es decir en respetar Su palabra y obedecerlo en todo. Como ya habíamos visto antes, la alabanza es un mandato y, como tenemos temor de Dios, lo alabamos.

Salmo 22:23: Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, todos los descendientes de Jacob. Temedle vosotros, todos los descendientes de Israel.

Los Siervos de Dios

¡Qué gran promesa nos enseña Pablo en Romanos 6:22!: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. No solo hemos sido redimidos, justificados y santificados, sino que Dios nos hizo Sus siervos y, como tales, disponibles para rendirle toda la alabanza.

Salmo 113:1: ¡Aleluya! ¡Alabad, oh siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová!

Salmo 134:1: He aquí, bendecid a Jehová, vosotros, todos los siervos de Jehová, que estáis en la casa de Jehová por las noches.

Salmo 135:1: ¡Aleluya! ¡Alabad el nombre de Jehová! Alabadle, oh siervos de Jehová.

Todos Sus Ángeles

Los ángeles entiende muy bien su función y le rinden eterna y constante alabanzas a Dios pues no cesan de expresar Su santidad y Su grandeza.

Salmo 148:2: ¡Alabadle, vosotros todos sus ángeles! ¡Alabadle, vosotros todos sus ejércitos!

Toda la Naturaleza

La naturaleza misma le rinde honor y gloria a su creador a cada instante. Algunas veces nos sentimos sobrecogidos ante la belleza de la creación, la cual nos invita a darle toda la alabanza al que vive para siempre.

Salmo 148:7-10: Alabad a Jehová desde la tierra, los grandes animales acuáticos y todos los océanos, el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento tempestuoso que ejecuta su palabra, los montes y todas las colinas, los árboles frutales y todos los cedros, los animales y todo el ganado, los reptiles y las aves que vuelan.

Reyes y Pueblos

Como vimos antes, todos los pueblos deben alabar al Señor y con ellos, también sus gobernantes habrán de hacerlo. No habrá nadie lo suficientemente poderoso sobre la tierra que no haya de alabar al Cordero, tal como nos dice Pablo en Filipenses 2:10-11: para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Salmo 148:11,13: Los reyes de la tierra y todas las naciones, los príncipes y todos los jueces de la tierra, Alaben el nombre de Jehová, porque solo su nombre es sublime; su majestad es sobre tierra y cielos.

Bendiciones para todos.

¿Por qué Debemos Alabar a Dios?

Tan pronto aprendemos a hablar, una de las primeras palabras que pronunciamos es “por qué”. Cada niño y cada niña de tres años, independientemente de su raza o idioma materno, le pregunta a sus padres el por qué de las cosas que mira a diario. Cuando preguntamos “por qué”, estamos requiriendo más información, solicitamos de nuestro interlocutor que nos explique mejor lo que nos acaba de decir, estamos indagando el motivo o la razón para ejecutar una acción.

A continuación, vamos a descubrir juntos los motivos y las razones para alabar a Dios. Quizás algunos de esos motivos sean lo suficientemente obvios que no necesiten de mucha explicación. A lo mejor, pueda que ya sepamos uno o dos de ellos. Pero para estar seguros de que estamos alabando a Dios a Su manera, la mejor fuente de información para encontrar los motivos para alabarlo es Su Santa Palabra, el legado escrito que el mismo Dios nos ha provisto.

Porque Él es Digno de Alabanza

¿Cómo no hemos de alabar al que nos redimió? Pero Dios no es solo digno de ser alabado por lo que ha hecho por nosotros, Él tiene además atributos suficientes para merecer toda la alabanza por los siglos de los siglos.

2 Samuel 22:4: Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré librado de mis enemigos.

Salmo 96:4: Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza.

Porque Él es Digno de Recibir las Gracias

Dios ha hecho tanto por nosotros que merece nuestro continuo agradecimiento. Cuando miramos del lugar de dónde nos sacó, cuando entendemos que Él nos ha dado la vida eterna, cuando recordamos el alto precio que costó nuestra redención, la conclusión es clara y contundente: Dios es digno de que le demos las gracias en cada instante de nuestra vida.

Salmo 107:1,2,8: ¡Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia! Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo ¡Den gracias a Jehová por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos del hombre!

Porque Él es Grande

Nadie es mayor que Dios. Si observamos detenidamente los cielos y la enorme cantidad de astros que lo componen y luego miramos lo minúsculo que es nuestro planeta comparado con la inmensidad del universo, la pregunta obligada es la siguiente ¿será el universo mayor que su creador? La respuesta es definitivamente NO, Dios es más grande que todo lo que ha creado y, por Su grandeza, merece nuestra alabanza.

Salmo 48:1: ¡Grande es Jehová y digno de suprema alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en el monte de su santuario!

Salmo 96:4: Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza. Él es temible sobre todos los dioses.

Porque Él es Poderoso en Proezas

Dios es la autoridad final, el poder más alto que existe. Él existió antes que todas las cosas y es más grande que todas ellas. Sus hazañas son poderosas: abrió las aguas del Mar Rojo y del Río Jordán para que Su pueblo cruzara, derribó las fuertes murallas de Jericó, Jesús resucitó venciendo a la muerte y muchas otras proezas más.

Salmo 150:2: ¡Alabadle por sus proezas! ¡Alabadle por su inmensa grandeza!

Porque Él Nos Escogió para Glorificarlo

¡Qué honroso privilegio! ¡El Dios Todopoderoso nos ha escogido para glorificarlo! Poseer tan honrosa distinción nos invita a alabarlo todos los días de nuestra vida.

Lucas 10:20: Sin embargo, no os regocijéis de esto, de que los espíritus se os sujeten; sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos.

Salmo 50:23: El que ofrece sacrificio de acción de gracias me glorificará, y al que ordena su camino le mostraré la salvación de Dios.

Salmo 69:30: Alabaré con cánticos el nombre de Dios; lo exaltaré con acciones de gracias.

Porque Es un Mandato Alabar

Alabar a Dios es una de nuestras responsabilidades, está en nuestra descripción de tareas. La alabanza no es opcional, es una obligación de nuestra parte, es parte de nuestro compromiso con Dios, es lo que nos toca hacer del pacto con Él.

Salmo 149:1: ¡Aleluya! Cantad a Jehová un cántico nuevo; sea su alabanza en la congregación de los fieles.

Efesios 5:19: Hablando entre vosotros con salmos, himnos y canciones espirituales; cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.

Apocalipsis 19:5: Entonces salió del trono una voz que decía: “¡Load a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, tanto pequeños como grandes!” (RV1989)

Porque es Bueno

Dios es bueno y no nos mandaría a hacer nada que no sea bueno porque estaría negando Su propia naturaleza. Entonces, si alabarle es un mandato, alabarlo es bueno.

Salmo 92:1-2: Bueno es alabar a Jehová, cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo. Bueno es anunciar por la mañana tu misericordia y tu verdad en las noches.

Porque es Agradable

Aunque la alabanza sea un acto sacrificial, este hecho no la convierte en algo desagradable. Al contrario, veremos cuán agradable es la alabanza cuando entendamos que Dios se complace en ella.

Salmo 147:1: ¡Aleluya! Ciertamente es bueno cantar salmos a nuestro Dios; ciertamente es agradable y bella la alabanza.

Porque es Hermoso

La alabanza no solo buena y agradable sino también hermosa porque cuando alabamos a Dios es como si le estuviésemos presentando un regalo precioso.

Salmo 33:1: Alegraos, oh justos, en Jehová; a los rectos es hermosa la alabanza.

Ciertas personas tienen temor de alabar a Dios, porque no consideran que sea algo digno. Esto es totalmente contrario a lo que dice la Palabra de Dios.

2 Samuel 6:14-16,21-23: David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová, y David estaba vestido con un efod de lino. David y toda la casa de Israel subían el arca de Jehová, con gritos de júbilo y sonido de corneta. Sucedió que cuando el arca de Jehová llegó a la Ciudad de David, Mical hija de Saúl miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y danzando delante de Jehová, lo menospreció en su corazón.

David respondió a Mical: – Fue delante de Jehová, que me eligió en lugar de tu padre y de toda su casa, para constituirme como el soberano del pueblo de Jehová, de Israel. Por tanto, me regocijaré delante de Jehová. Y aún me haré más vil que esta vez y me rebajaré ante mis propios ojos. Pero con las criadas que has mencionado, ¡junto con ellas seré honrado! Y Mical hija de Saúl no tuvo hijos hasta el día de su muerte.

Porque Dios Habita en la Alabanza

Cuando nuestra casa se llena de alabanza, también se llena de Dios. Al rodearnos con alabanza, nos rodeamos con la Presencia de Dios. Eso lo hemos percibido cada vez que celebramos las noches de alabanza y adoración en nuestro hogar.

Salmo 22:3: Pero tú eres santo. ¡Tú, que habitas entre las alabanzas de Israel! Si nuestro corazón está lleno de alabanza, está lleno de Dios.

Porque la Alabanza Libera Fortaleza

Cuando estamos enfocados en nuestros problemas, nos sentimos abrumados, débiles e impotentes, especialmente al comprender que la solución está muy por encima de nuestras posibilidades. Pero cuando alabamos a Dios, en lugar de quejarnos y lamentarnos, nos sentimos más fuertes porque la fe sustituye a la duda y a la incertidumbre. Entonces, entendemos que no es en nuestras fuerzas sino que Dios pelea por nosotros.

Nehemías 8:10: No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza.

Salmo 28:7: Jehová es mi fuerza y mi escudo; en él esperó mi corazón. Fui ayudado, y se gozó mi corazón; con mi canción le alabaré.

Porque la Alabanza Trae Satisfacción

El alma de quien alaba disfruta estar con el Señor y Dios le corresponde concediéndole los deseos de su corazón. Es bueno hacer notar que la alabanza tiene que venir primero, antes que recibamos la recompensa o la bendición. La razón es que la alabanza pone nuestras prioridades en orden y entonces Dios puede concedernos los deseos de nuestro corazón porque, al ocuparnos primero de lo suyo, Él tomará para sí nuestros anhelos y los concederá.

Salmo 37:4: Deléitate en Jehová, y él te concederá los anhelos de tu corazón.

Porque la Alabanza Trae Victoria

En las luchas diarias de la vida, la alabanza nos lleva a la victoria. En las Escrituras hay varios ejemplos de victorias obtenidas tras la alabanza, como por ejemplo Josafat y el pueblo de Judá (2 Crónicas 20:21-26) o la liberación de Pablo y Silas (Hechos 16:22).

Salmo 18:3: Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré librado de mis enemigos.

2 Crónicas 20:21-22: Después de consultar con el pueblo, designó a algunos de ellos para que cantasen a Jehová y le alabasen en la hermosura de la santidad, mientras iban delante del ejército, diciendo: “¡Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia!” Cuando comenzaron el canto y la alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

Porque Él nos creó para alabarlo

Dios nos creó con el propósito de que le alabemos. Pero no pensemos que Dios es un ser egoísta y egocéntrico que solamente anda buscando la satisfacción personal sin pensar en nadie más. Al contrario, aunque muchas veces le desobedecemos y nos alejamos de Sus caminos, Él siempre espera por nuestro arrepentimiento para perdonarnos y acogernos de nuevo junto a sí. Su amor es tan grande que reconoce nuestras rebeliones y debilidades y nunca deja de darnos oportunidades para que cambiemos de rumbo.

Isaías 43:21: Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.

1 Pedro 2:9: Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz (BJ).

Porque la Alabanza nos Ayuda a Recordar Sus Obras en Nuestras Vidas

Cuando alabamos a Dios, nuestro espíritu está pasando la película de todas las maravillosas cosas que Él nos ha dado. Cada quien tiene razones particulares para alabar a Dios: salvación y vida eterna, sanidad, liberación, restauración familiar, etc.

2 Samuel 22:4: Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos.

Salmo 71:8-16: Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza. No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas. Porque mis enemigos murmuran contra mí; los que me acechan se confabulan. Y dicen: «¡Dios lo ha abandonado!¡Perseguidlo y agarradlo, que nadie lo rescatará!» Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, ven pronto a ayudarme. Que perezcan humillados mis acusadores; que se cubran de oprobio y de ignominia los que buscan mi ruina. Pero yo siempre tendré esperanza, y más y más te alabaré. Todo el día proclamará mi boca tu justicia y tu salvación, aunque es algo que no alcanzo a descifrar. Soberano Señor, relataré tus obras poderosas, y haré memoria de tu justicia, de tu justicia solamente (BAD).

Porque la Alabanza da Testimonio a los Incrédulos

Pablo y Silas fueron liberados después de alabar a Dios y fue un gran testimonio para su carcelero, quien después de esto creyó. En nuestro diario caminar, si nosotros continuamente alabamos a Dios en medio de las pruebas, en lugar de ser participantes de los lamentos por las crisis, muchos serán los que desearán tener lo que tenemos: al Rey de reyes y señor de señores.

Hechos 16:25: Cerca de la media noche, Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios, mientras los otros prisioneros escuchaban (BLS).

Bendiciones para todos.

Obstáculos para la Alabanza

La incapacidad para entrar en alabanza y adoración es una iseñal de que hay un problema substancial entre Dios y nosotros. Lo primero que debemos hacer es identificar el problema o los problemas (si son más de uno) y entonces enfrentarlos adecuadamente. Las mismas barreras que nos impiden alabar a Dios, pueden frenar el avance en nuestra relación con Él, detener que nuestras oraciones sean contestadas o impedir que seamos sanados. Entre las excusas más frecuentes se encuentran:

• “¡Soy introvertido!”
• “¡Soy muy tímido; me da vergüenza!”
• “¡No soy muy expresivo!”
• “¡No va con mi personalidad!”
• “¡No me siento motivado para hacerlo!”

¡Pero, la alabanza es un mandamiento de Dios y ninguna excusa es válida!

Salmo 150:6: ¡Todo lo que respira alabe a Jehová! ¡Aleluya!

Todas las excusas anteriores y muchas más que no se han presentado aquí son solo pretextos que pretenden ocultar las verdaderas barreras que impiden nuestra alabanza a Dios. A continuación se exponen esos obstáculos.

Pecado

El Problema. El pecado destroza nuestra amistad y nuestra comunión con Dios. El pecado nos coarta ante la Presencia de Dios. Nos sentimos sucios y creemos que no es apropiado acercarnos a Él conociendo Su santidad y Su pureza. Ciertamente, Dios es incompatible con el pecado y Él nos invita a ser santos como Él. Algunos están tan acostumbrados al pecado que se hacen insensibles a identificarlo como la razón que los separa de Dios. Es como las personas que se acostumbra a sus propios olores y no distinguen cuando huelen mal.

Salmo 66:18: Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Isaías 59:2: pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

La solución. Afortunadamente, Dios no actúa de la misma manera que nosotros. Por supuesto que todo pecado es una ofensa contra Dios; pero lo que nos toca hacer es confesar nuestro pecado o pecados, y aceptar Su perdón. Dios, al igual que el padre del hijo pródigo, nos esperará con los brazos abiertos para darnos nuevamente todo Su amor y Su amistad. Él nunca rechazará un corazón contrito y humillado.

Salmo 51:1-3 : Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.

Salmo 51:17: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

1 Juan 1:9: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Condenación

El Problema. La condenación nunca proviene de Dios, es impuesta por Satanás quien nos incrimina y sentencia. El enemigo es el fiscal que nos acusa delante de Dios y quien ataca nuestra mente recordándonos nuestras fallas mientras nos hace creer que de ninguna manera Dios nos perdonaría. Sin embargo, tan pronto le hayamos pedido perdón a Dios, el siguiente paso es perdonarnos a nosotros mismos. La autocondenación nos produce un sentido de indignidad que nos conmina a “hundir nuestras cabezas” de vergüenza en la Presencia de Dios y a estar tan conscientes de ser indignos que nos olvidamos de la misericordia y la gracia de Dios. Creamos conciencia de nuestra propia naturaleza en lugar de entender el carácter Dios.

Juan 3:19: Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Romano 13:2: De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

1 Timoteo 3:6: no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

La solución. Dios mismo nos da la respuesta a la condenación en Su Palabra: No hay condenación para los que están en Jesús. Debemos dejar de pensar en nosotros mismos y poner nuestros pensamientos en Él. Mientras más tiempo pasemos pensando en Jesús, más desearemos alabarlo. Definitivamente que Su sacrificio en la cruz no fue en vano sino para liberarnos de la condenación causada por el pecado. Recordar que Él tomó nuestro lugar en la cruz y nos salvó es motivo suficiente para alabarlo.

Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Romanos 8:1: Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Hebreos 12:2: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Mundanalidad

El Problema. La mundanalidad no es otra cosa que tener nuestras mentes y pensamientos centrados en las cosas de este mundo. Significa desear “dignidad” o “decoro” más que ministrar a Dios en la alabanza y la adoración. Muchas personas están más pendientes de lo que puedan pensar los demás que de expresarse con libertad en alabanza.

Mateo 16:26: Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Efesios 2:1-2: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Colosenses 2:8: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

La solución. La Palabra de Dios nos dice al respecto lo siguiente:

1 Pedro 5:7: Echad sobre él toda vuestra ansiedad, porque él tiene cuidado de vosotros.

Filipenses 4:8: En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto pensad.

1 Juan 2:15-17: No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Romanos 12:2: No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Los versículos anteriores se explican por sí mismos, antes de pensar en las cosas del mundo y en lo que el mundo nos demanda, pensemos en Dios y actuemos en consecuencia obedeciéndole a Él y no al mundo. El mundo podrá imponernos reglas y costumbres; pero ninguna de ellas nos llevan a salvación porque sus valores son contrarios a los valores de Dios.

Indiferencia

El Problema. Ser tibio o indiferente hacia el Señor nos impide frecuentemente entrar en alabanza y adoración. La indiferencia o apatía nos impide manifestar nuestro amor hacia Dios. Si somos indiferentes estamos mostrando que poco nos importa alabar y honrar a Dios. He visto muy a menudo como muchas personas permanecen indiferentes a la alabanza congregacional. Algunos parecen encontrarse mentalmente ausentes del templo en esos momentos, otros soportan con fastidio el momento de ministrar a Dios.

Apocalipsis 2:4: Sin embargo, tengo contra ti que has dejado tu primer amor.

Apocalipsis 3:15-16: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

La solución. La respuesta es regresar a Dios en total arrepentimiento y entonces como un acto de obediencia, comenzar a alabarlo. Dios siempre nos tiene paciencia y esperará que nos acerquemos arrepentidos a Él, Su amor es eterno y Su misericordia se renueva cada día.

Malaquías 3:7: Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes y no las habéis guardado. ¡Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros!, ha dicho Jehová de los Ejércitos.

Rebelión

El Problema. Rebelarnos hacia Dios, hacia los padres o hacia la autoridad que Dios ha puesto en la iglesia, es un gran impedimento para la alabanza. El rebelde no reconoce las reglas porque hace las suyas propias o las interpreta a su manera. En estos tiempos en que las libertades del mundo moderno se han convertido en libertinaje, es muy común encontrar personas que se rebelan contra todo y protestan por todo. Muchas de esas personas podrían estar pensando cosas como estas durante el período del servicio dedicado a alabar y adorar a Dios:

• ¿Por qué tengo que levantar las manos o aplaudir?
• ¿Quién es este músico para decirme lo que tengo que hacer?
• ¡Yo alabo a mi manera!
• ¡Nadie me dice a mí lo que tengo que hacer!
• ¿En dónde dice que tengo que danzar?
• Creo que Dios me dio la libertad para alabarlo como mejor me parezca.

1 Samuel 15:22,23: Entonces Samuel preguntó: – ¿Se complace tanto Jehová en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Jehová sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros. Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra de Jehová, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey.

La solución. Someternos a la autoridad y arrepentirnos de la rebelión. De esta manera, tomamos de nuevo el camino de la obediencia. De la misma manera que aceptamos el sermón que nos trae el predicador como inspirado por Dios, debemos aceptar que la persona a cargo de dirigir la alabanza está siendo guiado por el Espíritu Santo para conducir a la congregación hacia la ministración que Dios espera y anhela.

Hebreos 13:17: Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse, pues esto no os sería provechoso.

Desánimo

El Problema. Muchas personas arrastran sus problemas personales hasta la iglesia. Si nuestros corazones no están dispuestos para alabar a Dios, se levantará un muro de contención, el cual imposibilitará la alabanza. Todos pasamos por situaciones adversas que nos afectan negativamente: en el trabajo, en la familia, enfermedades, etc. No es necesario que llevemos esas cargas tan pesadas sobre nuestras espaldas sin dejarlas a los pies de la cruz.

2 Corintios 4:8,9: Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.

La solución. A medida que nos involucremos en alabar y adorar a Dios en obediencia, todo el desánimo se irá de nuestros corazones. La alabanza y la adoración a nuestro Señor son el mejor antídoto contra el desánimo y el aburrimiento porque nuestro Dios nunca es aburrido, Él es un Dios de acción. Por lo tanto, nuestra actitud debe ser una de gozo en el Señor.

Isaías 51:11: Los rescatados de Jehová volverán y entrarán en Sión con cánticos. Y sobre sus cabezas habrá alegría perpetua. Alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

Enojo

El Problema. Resulta totalmente imposible que lleguemos a Dios en alabanza y adoración, si estamos guardando en nuestros corazones resentimiento hacia otros, hacia nosotros mismos, o hacia Dios. El enojo oscurece la mente y nos impide disfrutar de la alegría de exaltar al que vive para siempre.

Santiago 1:19,20: Sabed, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira; porque la ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios.

La solución. Perdonar a quienes nos han ofendido y no permitir que el enojo se anide en nuestro corazón. Lo mismo que el desánimo, el enojo, la ira y el resentimiento deben de quedar afuera del lugar donde se reúne la congregación a alabar y adorar a Dios. Nosotros no estamos por encima de Dios, quien ya perdonó todos nuestros pecados. Entonces, ¿qué nos impide perdonar a nuestro prójimo?

Salmo 37:8: Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo.

Eclesiastés 7:9: No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

Efesios 4:31,32: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad. Más bien, sed bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Colosenses 3:8: Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.

Preocupación

El Problema. La preocupación es una demostración de duda e incredulidad, es lo opuesto a la fe. Es imposible entrar en alabanza y adoración si nuestros pensamientos están sumergidos en nuestros problemas personales. Una de las frases que más repitió Jesús en su ministerio fue “hombres de poca fe”. Eso demuestra que a muchas personas les entra el miedo escénico en los momentos de pruebas. Se olvidan del historial de Dios para con sus vidas y piensan que no hay una solución posible para su problema.

Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La solución. En la medida en que nuestros ojos se enfoquen en Jesús y las promesas de Su Palabra y en vez de preocuparnos, nos ocupemos de darle gracias por lo que ha hecho y por ser quien es, nuestros corazones serán inundados de paz y la alabanza comenzará a fluir de nuestro interior hacia Dios. Pedro pudo caminar sobre las aguas todo el tiempo que miraba a Jesús; pero empezó a hundirse tan pronto como sus ojos encararon el ambiente que le rodeaba. La preocupación es otro ingrediente que debe quedar fuera del ambiente de alabanza y adoración a Dios.

Mateo 6:25: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Filipenses 4:6-7: Por nada estéis afanosos; más bien, presentad vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.

Depresión

El Problema. Cuando somos vencidos por un espíritu de depresión a causa de nuestras propias circunstancias, estamos deteniendo el fluir de la alabanza en nuestras vidas. Nos pasaría igual que a Elías (1 Reyes 19:1-14), quien cayendo en depresión huyó y se metió en una cueva. La tendencia natural de la persona deprimida es encerrarse en sí misma, es la actitud del avestruz de esconder la cabeza en la arena para no enfrentar la realidad.

1 Pedro 4:12,13: Amados, no os sorprendáis por el fuego que arde entre vosotros para poneros a prueba, como si os aconteciera cosa extraña. Antes bien, gozaos a medida que participáis de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con regocijo.

La solución. Ofrecer sacrificio de alabanza y comenzar a regocijarnos. Esto es como un acto de obediencia a Dios, a través del cual nos vestimos con un manto de alabanza. Alabemos a Dios en la prueba y la victoria vendrá como consecuencia directa de nuestra alabanza.

Isaías 61:3: Para proveer a favor los que están de duelo por Sión y para darles diadema en lugar de ceniza, aceite de regocijo en lugar de luto y manto de alabanza en lugar de espíritu desalentado. Ellos serán llamados robles de justicia, plantío de Jehová, para manifestar su gloria.

Bendiciones para todos.

Expresiones Físicas de la Alabanza

La alabanza no solamente implica la voz para entonar canciones que honren los atributos de Dios, sino que también conlleva el uso de lenguaje corporal adicional. Entre las expresiones físicas de la alabanza están:

  • Estar de pie
  • Aplaudir
  • Marchar
  • Danzar
  • Reír

Veamos cada una de ellas a la luz de la Palabra de Dios.

Estar de Pie

De la misma manera que en todos los países del mundo la gente se pone de pie cuando se entona el himno nacional como una señal de respeto a los símbolos patrios, mostramos nuestro respeto hacia Dios cuando le alabamos en posición vertical, es decir, parados sobre nuestros pies.

2 Crónicas 20:19: y los levitas de los hijos de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar al Señor a voz en grito (BAD).

Apocalipsis 7:9,10: Después de esto miré, y he aquí una gran multitud de todas las naciones y razas y pueblos y lenguas, y nadie podía contar su número. Están de pie delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y llevando palmas en sus manos. Aclaman a gran voz diciendo: “¡La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero!”

Aplaudir

Cuando un artista o atleta tiene una actuación destacada, lo celebramos aplaudiendo. El acto de aplaudir es una expresión de alegría, regocijo y aprobación. Muchos músicos y cantantes consideran el aplauso del público como su mejor premio o trofeo. Cuando aplaudimos a Dios, les estamos manifestando nuestra satisfacción por sus hazañas maravillosas.

Salmo 47:1: Aplaudid, pueblos todos; aclamad a Dios con gritos de alegría (BAD)

Isaías 55:12: Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

Marchar

Marchar es parte de la rutina de entrenamiento militar usada como una expresión física de victoria. Cuando el pueblo de Israel, bajo el mando de Josué marchó alrededor de Jericó alabando a su Dios, como fue ordenado, el resultado fue la victoria completa.

Josué 6:2-5: Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

Danzar

La danza es la más demostrativa de las expresiones físicas de la alabanza. Requiere el uso de todo el cuerpo. Implica un total y completo abandono de nuestras propias inhibiciones y vergüenza a medida que obedecemos a Dios y danzamos ante Él con toda nuestra fuerza. Si nos deleitamos bailando al son de la música de nuestro grupo musical o cantante favorito y nos enloquecemos, ¿por qué no hacerlo para Dios con la misma intensidad?

Salmo 149:3: ¡Alaben su nombre con danzas! ¡Con pandero y arpa, canten alabanzas a Él! (VM)

2 Samuel 6:14: Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.

Reír

Cuando alabamos a Dios nos invade una expresión tan grande de gozo en el Señor, que la única manera de expresarla es a través de la risa. Cuando practicamos la risa santa ante la presencia de Dios, podemos obtener sanidad y liberación. La risa verdadera es una genuina manifestación de nuestro gozo interno.

Salmo 126:2: Entonces nuestra boca se llenó de risa; y nuestra lengua, de cantos de alegría. Entonces decían entre las naciones: “Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.”

Job 8:20,21: He aquí, Dios no rechaza al íntegro ni sostiene la mano de los malhechores. Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo.

Bendiciones para todos.

Beneficios de la Alabanza

En el Salmo 95:2 leemos lo siguiente: Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Dios está esperando que nos acerquemos a Él alabándoles y no como muchas veces hacemos, con un largo pliego de peticiones. El Salmo 100:4 aclara un poco más este concepto de alabanza al decir: ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre! (BJ) Existe mucha gente es el mundo, incluyendo algunos que se autodenominan cristianos, quienes se levantan cada día sin agradecerle nada a Dios, sino más bien quejándose por todo. Si no agradecemos la infinita misericordia de Dios hacia nosotros, poco hacemos para alabarlo.

Si tan solo supiéramos los múltiples beneficios de la alabanza, probablemente la tomaríamos más en cuenta. La Biblia nos muestra al menos seis beneficios de la alabanza, los cuales son:

  • Desata el poder de Dios.
  • La tierra produce fruto.
  • Trae la victoria.
  • Atrae salud.
  • Produce paz.
  • Nos cambia.

Veamos lo que dice la Palabra de Dios sobre cada uno de esos seis beneficios de la alabanza.

Desata el poder de Dios

Hechos 16:25,26: Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos les escuchaban. Entonces, de repente sobrevino un fuerte terremoto, de manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante, todas las puertas se abrieron, y las cadenas de todos se soltaron.

Al igual que Pablo y Silas, personalmente he visto desatarse el poder de Dios tras la alabanza. Cada mes, mi esposa y yo organizamos una noche de alabanza y adoración en la casa que Dios nos ha permitido administrar y disfrutar. En cada una de esas noches, el poder de Dios se ha manifestado de múltiples formas. Una de esas noches yo venía de tener un fuerte dolor en la parte baja de mi espalda por más de una semana. El dolor era tan fuerte que me impedía doblarme. Sin embargo, no utilicé el dolor como excusa para no participar en la alabanza a mi Rey. Al contrario, sin tomar en cuenta la condición de mi espalda, dancé, salté y me moví como si nada estuviese afectando mi cuerpo. El resultado fue que al final de la noche mi dolor desapareció por completo y desde ese día no lo he sentido jamás para la gloria de Dios.

La Tierra Produce Fruto

Salmo 67:5,6: ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben! La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.

Dios nos bendecirá en la misma medida en que lo obedezcamos y nos ajustemos a Sus métodos. Las bendiciones son uno de los resultados de alabarle a Él. Un pueblo bendecido es aquel que constantemente le rinde honor y gloria al Rey porque si Dios se complace con nuestra alabanza, nos dará todo lo que necesitamos.

Trae la Victoria

2 Crónicas 20:21-22: Después de consultar con el pueblo, designó a algunos de ellos para que cantasen a Jehová y le alabasen en la hermosura de la santidad, mientras iban delante del ejército, diciendo: “¡Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia!” Cuando comenzaron el canto y la alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

Si Josafat hubiese salido con su ejército a pelear contra tres adversarios mejor armados y con una tropa mucho mayor que la suya, probablemente hubiese sido derrotado. Como hombre temeroso de Dios, Josafat prefirió consultar con el profeta de Jehová y escuchó la voz de Dios ordenándole a alabar en lugar de enfrentar al enemigo en sus propias fuerzas. En obediencia, Josafat y el reino de Judá alabaron al Altísimo, quien se encargó de pelear por ellos y darle la victoria.

De igual manera, Dios espera que cada día nosotros descansemos en Él, ofreciéndole nuestra continua alabanza para permitir que Él actúe en consecuencia otorgándonos la victoria en cada una de nuestras batallas diarias.

Atrae Salud

Proverbios 17:22: El corazón alegre es una buena medicina; mas el espíritu quebrantado reseca los huesos (VM).

Las personas que viven quejándose día a día, además de no sentirse felices, repelen con sus actitudes la buena salud atrayendo hacia sí mismas todo tipo de enfermedades. Muchas veces, estas personas visitan los médicos y los hospitales en donde le hacen todo tipo de análisis los cuales nunca le detectan nada anormal, mas sin embargo se siguen sintiendo enfermas. No se dan cuenta de que los modernos instrumentos de diagnósticos aún no son capaces de identificar el origen de una enfermedad que no provenga de lo físico, de lo tangible. Una vida de alabanza y de acción de gracias a Dios es la respuesta correcta para aliviar mucho de nuestros males físicos.

Produce Paz

Isaías 60:18: Nunca más se oirá de violencia en tu tierra, ni de destrucción y ruina en tus territorios. Más bien, a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.

Dice Filipenses 4:7-8: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Cuando nuestros pensamientos se enfocan en lo que Dios espera que meditemos y nuestros labios se abren para alabar a aquel que nos amó, esa paz tan diferente a la que ofrece el mundo, el cual es incapaz de entenderla, va a inundar nuestros corazones y nuestros pensamientos. Es imposible vivir en alabanzas a Dios y estar en zozobra, mas bien, la alabanza misma nos trae la paz.

Nos Cambia

2 Corintios 3:18: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

1 Juan 3:1-2: Mirad cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo somos! Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que cuando él sea manifestado, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Somos transformados a la imagen de la misma gloria del Dios que adoramos. ¡Qué hermoso privilegio! Dios nos premia transformándonos a su propia imagen cuando le expresamos nuestro amor y agradecimiento por medio de nuestra alabanza y nuestra adoración.

Bendiciones para todos.