Dios Hace Brotar la Alabanza

Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones.

Isaías 61:11

Los atributos de Dios son tan excelsos que, de solo recordarlos, brotará alabanza de nuestros labios. Dios es bueno, santo, digno, misericordioso, todopoderoso, justo, soberano, entre otras muchas cualidades que lo hacen merecedor de toda la alabanza. Pero Isaías 61:11 va más allá que todo eso. La alabanza brota del mismo Dios, quien pone en nosotros tanto el querer como el hacer la obra de darle loor, gloria y honor a Él, quien vive para siempre.

Hay otros atributos y cualidades de Dios que hacen brotar la alabanza en los labios de quienes los toman en cuenta. Dios es glorioso, sabio, grande, majestuoso, fuerte, omnisciente, omnipotente, omnipresente, autoexistente, protector, vencedor, clemente, altísimo, creador, eterno, proveedor y sanador, entre muchas características excepcionales. Sobran motivos para alabar a Dios.

Isaías 61:11 señala otra de las cualidades de Dios que Él hace brotar conjuntamente con la alabanza, Su justicia. Dios es justo y este es un gran motivo para alabarle. Salmos 45:6 dice: Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de Tu Reino. El salmista está alabando el trono de Dios, al cual llama cetro de justicia. Mientras que Salmos 71:19 dice: Y Tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como Tú?

La justicia de Dios hace brotar la alabanza. De hecho, los salmos 98 y 146 llevan por título “Alabanza por la justicia de Dios.” No en vano nuestro Señor Jesucristo dijo en Mateo 6:33: Mas buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Busquemos la justicia de Dios antes que cualquiera de las demás cosas, alabemos a quien es justo y hace brotar la alabanza junto con Su justicia delante de las naciones de la misma manera que brota la semilla de la tierra.

Del salmo 98 aprendemos cómo la alabanza por la justicia de Dios se manifiesta. Salmos 98:4 dice: Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. De esa manera nos acercamos a nuestro justo Dios, de quien Salmos 98:9 dice lo siguiente: Delante de Jehová, porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

Que nuestra alabanza sea como lo expresó David en Salmos 35:28: Y mi lengua hablará de Tu justicia y de Tu alabanza todo el día. Sin lugar a duda que la justicia de Dios y Su alabanza van tomadas de la mano. Gracias a Su justicia, quienes hemos respondido a Su plan de salvación hemos sido justificados. Eso hace llenar nuestros labios de alabanza por Su amor, por Su perdón, por Su gracia y Su salvación.

La parte final de la oración de Pablo por los creyentes está en Filipenses 1:9-11 y dice así: Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. Llenémonos de frutos de justicia para Su alabanza. Dios te bendiga.

Dios no Comparte Su Alabanza con Esculturas

Yo Jehová; este es Mi nombre; y a otro no daré Mi gloria, ni Mi alabanza a esculturas.

Isaías 42:8

Dios es celoso y no comparte ni Su gloria ni Su alabanza con esculturas. La Biblia establece muy claramente el rechazo de Dios hacia todo culto a imágenes y esculturas. No es necesario ser un genio superdotado para entender esto porque todo está escrito en un lenguaje llano que no requiere de la interpretación de un erudito. La Escritura no deja duda de que Dios y las imágenes son incompatibles. Hay quienes se engañan a sí mismos diciendo que no adoran imágenes sino que las veneran. Por Isaías 42:8, queda establecido que un simple elogio a una escultura es ya rechazado por Dios.

La prohibición de todo tipo de culto, alabanza y adoración a imágenes y esculturas queda establecida en el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Dice Éxodo 20:4-6: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos.

Para Dios toda imagen y escultura es una abominación. Deuteronomio 7:25-26 dice al respecto: Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema. Anatema es maldito, eso quiere decir que incluso tener imágenes y esculturas en nuestra casa es maldición.

En Miqueas 5:13 otra vez se nos manda a no inclinarnos ante las imágenes: Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos. Las esculturas e imágenes no sirven para nada, tal como dice Habacuc 2:18: ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? Y si las esculturas y las imágenes no sirven, ¿para qué rendirle culto?

Las imágenes le producen enojo y celo a Dios. Salmo 78:58 dice: Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Si amamos de verdad a Dios, ¿para qué hacerlo enojar practicando lo que Él aborrece? Pero si eso no te importa, mira lo que dice Levítico 26:30 sobre lo que sucederá con los adoradores de imágenes: Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.

Servir a las imágenes es una vergüenza, tal como dice el Salmo 97:7: Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a Él todos los dioses. Solo ante Dios debemos postrarnos y solo a Él alabaremos, Él que no comparte Su alabanza con esculturas. No seamos confundidos, conforme a lo que dice Isaías 42:17: Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. No perdamos tiempo guardando honor a objetos que no tienen absolutamente nada de sagrado según la Biblia. Dios te bendiga.

Dios Habita en Medio de la Alabanza

Pero Tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

Salmos 22:3

Salmos 22:3 dice textualmente: Pero Tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. Y cuando Su pueblo escogido le alaba, Dios hace morada con Su pueblo. ¿Quiere decir que si los pueblos gentiles le alaban, Dios no se hace presente? De ninguna manera, Dios siempre habitará en medio de la alabanza, sea dada por Israel, por los gentiles que han creído en Él, por la iglesia o por cualquiera que tenga un corazón dispuesto para tributarle alabanza.

Cuando nuestra casa se llena de alabanza, también se llena de Dios. Al rodearnos con alabanza, nos rodeamos con la Presencia de Dios. Eso lo he percibido todas las veces que celebraba noches de alabanza y adoración en mi hogar cuando vivía en Florida, Estados Unidos de América. La atmósfera de la casa se transformaba y se podía sentir intensamente la presencia de Dios.

Dios está presente y Su presencia se manifiesta por la fuerte exhibición de Su poder. Esta postura es premeditada, sin pretender una presencia mística, sino profundizando en la realidad de quién es verdaderamente Dios. No estamos hablando de la simple alabanza que nos toca el alma y nos eriza la piel, sino de aquella en la cual Dios está aquí y Su Reino ha venido. Así es como Dios se revela a Sí mismo mientras escoge descender y habitar en Su iglesia.

La palabra que se traduce como alabanza en Salmo 22:3 es Tehillah (הלָהִתְֶ, H8416), que significa elogio; himno: alabada, alabanza, alegría, canto, loor, maravillosas hazañas, gloria; canción de loor; acciones loables. Tehillah aparece 57 veces durante todos los períodos de la historia bíblica hebrea. Primero, el término denota una cualidad o atributo de alguna persona o cosa; significa gloria o loable.

Dios es y debe ser nuestro principal motivo de alabanza. Cuando cada uno mira lo que Dios ha hecho por nosotros, de nuestros labios no puede sino salir palabras de alabanzas para Él. Israel es la gloria de Dios cuando existe en un estado de exaltación y de bendición divina. La exaltación de Dios es alabanza, es reconocer quien es Él, Sus atributos y Sus maravillosas obras por Su pueblo. Cuando Israel exalta a su Dios, la presencia del Altísimo se deja sentir y el lugar donde Él es exaltado se llena de Su gloria.

Hace unos años asistí a un servicio donde predicaba un pastor africano. Me llamó mucho la atención algo que dijo con respecto a la forma en que alaban en las iglesias africanas. Este pastor nos decía que en África muchos de los feligreses deben caminar hasta 3 horas para llegar al templo y que, por lo tanto, no se iban a satisfacer con solo escuchar cuatro o cinco canciones. En tal sentido, dijo que el tiempo de alabanza a Dios no era limitado y podía durar varias horas. Durante ese tiempo las personas permanecían extasiados buscando la presencia de Dios.

El pastor africano decía que al final del tiempo de alabanza, generalmente continuaba con una larga fila de personas dando testimonio de las sanidades y milagros que ocurrieron en sus vidas mientras alababan. Sin duda que Dios hace habitación entre este pueblo africano en medio de su alabanza. Y lo hará dondequiera que sea alabado sin límites. Si realmente queremos que Él habite entre nosotros, alabémosle de todo corazón. Dios te bendiga.

Alabanza Delante de Él

Alabanza y magnificencia delante de Él; poder y alegría en Su morada.

1 Crónicas 16:27

Llegar hasta la presencia de Dios y no tributarle alabanza es como llegar a un banquete con mucha hambre y no probar bocado alguno. Tan solo llegar hasta la presencia del Altísimo y ver Su grandeza, es motivo más que suficiente para que nuestros labios se desborden en alabanzas hacia Él. Es imposible presentarnos delante de Dios y no admirar Sus atributos y elogiarlo por ellos. Si las maravillas terrenales nos asombran y nos llevan a pronunciar palabras de admiración, ¡cuánto más nos hará alabar al Dios Altísimo al llegar delante de Él!

Lo que dice 1 Crónicas 16:27 es similar a lo que leemos en Salmos 96:6: Alabanza y magnificencia delante de Él; poder y gloria en Su santuario. La palabra que se traduce como alabanza en ambos textos bíblicos es Jod (הוֹד; H1935), grandeza (que tiene forma y apariencia imponentes): alabanza, dignidad, gloria, glorioso, grandeza, honor, honra, magnificencia, majestad, noble, potente. Jod es una de las nueve palabras usadas en el Antiguo Testamento que son traducidas como alabanza.

La grandeza y la majestad de Dios son motivos más que suficientes para alabarlo continuamente. Nadie, ni ser humano, ni bestia, ni espíritu, ni astro celestial podrían alcanzar la estatura inmensa de nuestro Dios, Señor y Rey para siempre. La apariencia de Dios es imponente, incomparable. Solo imaginar la extensión del universo, la cual es imposible de medir, y conocer que Su Creador es mucho mayor que eso, nos debe impulsar a no dejar de alabarle ningún día de nuestra vida.

Pero el significado del texto hebreo original de 1 Crónicas 16:27 y Salmos 96:6 implica, además de grandeza y majestad, otros atributos de Dios. Él es digno de toda alabanza, todo honor y toda honra. Quien cree puede ver la gloria de Dios de acuerdo a la Escritura, ¡Él es glorioso! Y junto con Su alabanza, podemos ver la magnificencia delante de Él. Dios es noble en todo el sentido de la palabra. Él es noble porque actúa de buena fe, sin ninguna maldad o doble intención. Él también es noble por Su majestad y realeza.

Jod también se refiere a otra cualidad de Dios, Su potencia. Salmos 89:13 dice: Tuyo es el brazo potente; fuerte es Tu mano, exaltada Tu diestra. Y también Salmos 140:7 dice lo siguiente: Jehová Señor, potente salvador mío, Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla. La potencia de Dios es insuperable y nos lleva a la victoria cuando Él pelea las batallas por Sus hijos y por Su pueblo. Nuestro potente salvador merece ser alabado todo el tiempo, día a día y en cada momento.

Pero Dios es mucho más que potente, ¡Él es Omnipotente! En Éxodo 6:3 dice Dios a Moisés: Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en Mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos. La palabra que se traduce como Omnipotente es El Shadday (שׁדּי; H7706) que significa Todopoderoso. Uno de los pasajes más conocidos de los Salmos también utiliza esta palabra, Salmos 91:1 dice: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

¿Quién no rendirá alabanza cuando se encuentre delante de El Shadday, el Omnipotente, el Todopoderoso, el grande, el digno, quien está lleno de gloria? Suya es la honra, suyo es el honor por siempre. Alabamos Su grandeza, Su majestad, Su magnificencia y Su nobleza. Dios te bendiga.

Llegar hasta Su Presencia con Alabanza

Lleguemos ante Su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos.

Salmos 95:2

Si buscamos el favor de alguien y llegamos ante esa persona con exigencia, ¿estaría ella en disposición de ayudarnos? Probablemente no lo haría y más bien se sentiría molesta y ofendida. En cambio, si usamos palabras agradables que les suenen a elogios, las posibilidades de alcanzar el favor que buscamos aumenta considerablemente. Con Dios sucede de la misma manera. Si llegamos ante Su presencia con una lista de demandas, Él lo vería con menos agrado que si fuésemos con alabanzas.

Destacar los atributos de Dios mediante la alabanza es la mejor manera de llegar ante Su presencia. En Salmos 95:2 leemos lo siguiente: Lleguemos ante Su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Dios está esperando que nos acerquemos a Él alabándoles y no como muchas veces hacemos, con un largo pliego de peticiones. Escudriñemos las Escrituras para aprender a alabar a Dios a Su manera.

No es de la forma que mejor nos parezca sino como lo ha establecido el propio Dios. Lo mejor de todo es que el mismo Dios se encargó de dejarnos las instrucciones correctas plasmadas en un hermoso documento escrito que conocemos como la Biblia. Solo en ella encontraremos la correcta revelación que nos conducirá a acatar el más profundo anhelo de Dios para alabarlo. La respuesta de Dios, cuando hacemos las cosas a Su modo, siempre nos traerá la bendición.

Lo segundo que dice Salmos 95:2 es: aclamémosle con cánticos. Indudablemente que la música se puede utilizar en la alabanza a Dios. Los cristianos hemos escuchado muchas veces las palabras alabanza y adoración y las asociamos regularmente a música y canciones. Por lo general, muchos cristianos relacionan la alabanza a canciones movidas y alegres, mientras que califican como adoración a aquellas canciones más lentas. La realidad bíblica es otra muy distinta y si queremos conocer a fondo sobre alabanza, debemos ir a la Biblia.

En realidad, el estilo de la música no pone la etiqueta a lo que es alabanza o lo que se conoce como adoración. Si analizáramos las canciones que escuchamos cada domingo en la mayoría de las iglesias cristianas de acuerdo a los parámetros bíblicos sobre alabanza y adoración, tal vez muchas de ellas quedarían descalificadas y no pasarían de ser hermosas canciones que impresionan el alma humana; pero no ministran a Dios. La alabanza que agrada a Dios se centra en Su persona, no en el ser humano.

Nuestra intención con estos mensajes es traer luz a la iglesia sobre la alabanza que Dios está esperando de Su pueblo. Para conocer ese deseo de Dios, la guía correcta la encontraremos en Su Palabra y en la revelación de la misma que nos da Su Espíritu Santo. Y la mejor fuente para aprender sobre alabanza es el libro de los Salmos. El nombre hebreo para el libro de Salmos es sencillamente el equivalente del vocablo alabanzas. Tiene un sentido más apropiado que Salmos, lo cual proviene del griego y tiene que ver con cánticos acompañados por algún instrumento de cuerda.

Demostrémosle a Dios que le buscamos porque lo amamos, no por Sus bendiciones. Lleguemos hasta Su presencia con una alabanza genuina. Dios te bendiga.

Entrar por Sus Atrios con Alabanza

Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre.

Salmo 100:4

Muchas veces llegamos ante la presencia de Dios de la manera incorrecta. Salmo 100:4 nos da la fórmula perfecta para acercarnos a Él: Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre. Este verso bíblico indica las tres cosas que debemos tomar en cuenta al acercarnos a Dios: acción de gracias, alabanza y bendecir Su nombre. Cualquier otra forma de llegar hasta Su presencia distinta de esta no sería de Su agrado.

Dios estará más dispuesto a escucharnos si le damos gracias por lo que ya nos dio, le alabamos por quien es Él y bendecimos Su santo nombre. Existe mucha gente es el mundo, incluyendo algunos que se autodenominan cristianos, quienes se levantan cada día sin agradecerle nada a Dios, sino más bien quejándose por todo. Si no agradecemos la infinita misericordia de Dios hacia nosotros, poco hacemos para alabarlo. La misma acción de gracias es otra manera de alabarle y reconocer Su obra de amor hacia nosotros.

Cuando visitamos la casa de alguien, generalmente no tocamos la puerta para hacerle exigencia al dueño de la casa cuando nos abre, sino que primeramente saludamos y, por lo general damos un elogio de lo que vemos al entrar. De igual manera debemos hacer con Dios y la alabanza debe comenzar desde el momento que pisamos Sus atrios. Toda oración y toda reunión en la cual se invocará el nombre de Dios le será más agradable a Él si la iniciamos con alabanza.

Si queremos aprender a hacer las cosas de Dios en forma que les resulten agradables a Él, debemos escudriñar en la Escritura cuál es esa forma. Dice Ruth Ward Heflin: “La iglesia ha tratado por mucho tiempo hacer la obra de Dios con los métodos del mundo. Hemos tratado de hacer la obra de Dios con los métodos del hombre. Hemos tratado de hacer la obra de Dios con nuestro propio entendimiento. Pero, cuando nosotros hacemos la obra de Dios a la manera de Dios, obtenemos los resultados de Dios.”

Aprendamos la lección que nos trae Salmo 100:4: Entrad por Sus puertas con acción de gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre. Y a partir de hoy, demos inicio a cada una de nuestras oraciones dando gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, por lo que ha hecho por nosotros y por lo que hará. Agradezcamos la salvación y recordemos la santidad, la majestad, la dignidad de Dios, entre muchas cosas más, para rendirle alabanza a Él.

Su nombre es santo, y debe ser bendecido cada vez que lleguemos ante Él. La oración modelo que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo comienza como dice Mateo 6:9: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Este modelo de oración va de acuerdo al Salmo 100:4 porque bendice el nombre del Señor, lo cual es también, al igual que la acción de gracias, otra forma de alabarle.

Hagamos de la alabanza a Dios un estilo de vida y no meramente un preámbulo dominical al sermón que vamos a escuchar. La presencia de nuestro Padre Celestial se manifestará gloriosamente cuando entramos por Sus atrios con alabanza. De esta manera estamos demostrando que le buscamos a Él por quien es, no por lo que nos pueda dar. Dios te bendiga.

The Last Will Be First

So the last will be first, and the first last. For many are called, but few chosen.

Matthew 20:16

The logic of God does not coincide with the human one. For us, the natural tendency is to prefer the order of the first to the last. Certainly many would be upset if someone jumps over their turn and everyone approves that the last one goes to the end of the line. But the Lord tells us the first will be last, and the last, first, contradicting completely the human preference. Before God, a Christian who has been converted for 50 years does not take advantage of who receives Jesus Christ in his heart on this day.

I believe that a biblical example of what the Lord says in Matthew 20:16 is the apostle Paul. Peter, John and the other apostles walked for three and a half years with Jesus Christ. They followed Him step by step during His earthly ministry and were His first disciples. Instead, Saul of Tarsus was originally a staunch persecutor of the Christians until he had a supernatural encounter with the Lord. Paul is a last apostle; but it is first among all of them as to the fruits which he gave in his ministry. Half of the New Testament came out of its pen.

Why does God put first those who came last? The answer is given in the second part of Matthew 20:16: For many are called, but few chosen. The Lord’s call to repent and follow Him is universal, but not all respond to that call. Many decide to ignore the call and continue on the path of perdition that marks the world. On the other hand, there are those who respond to the call to salvation, but do not respond to the call to service and prefer to continue fattening spiritually, but doing nothing else.

You could say that you have 30, 40 or 50 years in Christianity and religiously attend every service in the same church that you received the Lord Jesus. And if I asked you if you gave the gospel message to someone during all those years and you said no, would you feel ashamed to be placed in a last place and not be among the chosen ones? Would you be angry if you see that a man full of numerous sins who converted last month already see you preaching to people in the streets and is thinking to dedicate himself to pastor?

If it bothers you to see that former drug dealers, murderers, prostitutes, homosexuals, adulterers and rapists are ministers of the Word today, look at what it says 1 Corinthians 1:26-28, For you see your calling, brethren, that not many wise according to the flesh, not many mighty, not many noble, are called. But God has chosen the foolish things of the world to put to shame the wise, and God has chosen the weak things of the world to put to shame the things which are mighty; and the base things of the world and the things which are despised God has chosen, and the things which are not, to bring to nothing the things that are.

They will first those who respond to God: “Here I am, send me,” not those who think that it is their turn for seniority. It is impossible for God to choose to serve anyone who does not have a heart willing to deny himself, take up his cross every day and follow Him. To arrive last and to be called first by the Lord does not have to do with our merits or with our past. Of whom we are going to preach is of Jesus Christ, He is the true protagonist, is not our fame but His. It is not about us, it is about Him and nothing else. God bless you.

Los Últimos Serán Primeros

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

Mateo 20:16

La lógica de Dios no coincide con la humana. Para nosotros, la tendencia natural es a preferir el orden del primero hasta el último. Ciertamente que muchos se molestarían si alguien salta por encima de su turno y todos aprueban que el último se vaya al final de la cola. Pero el Señor nos dice los primeros serán postreros, y los postreros, primeros, contradiciendo por completo la preferencia humana. Ante Dios, un cristiano que lleva 50 años de convertido no le lleva ventaja a quien recibe a Jesucristo en su corazón en este día.

Creo que un ejemplo bíblico de lo que dice el Señor en Mateo 20:16 es el apóstol Pablo. Pedro, Juan y los demás apóstoles anduvieron durante tres años y medio con Jesucristo. Le siguieron paso a paso durante Su ministerio terrenal y fueron Sus primeros discípulos. En cambio, Saulo de Tarso, originalmente fue un perseguidor acérrimo de los cristianos hasta que tuvo un encuentro sobrenatural con el Señor. Pablo es un apóstol postrero; pero es primero entre todos ellos en cuanto a los frutos que dio en su ministerio. La mitad del Nuevo Testamento salió de su pluma.

¿Por qué Dios coloca primero a los que llegaron de último? La respuesta la da la segunda parte de Mateo 20:16: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. El llamado del Señor a arrepentirnos y seguirlo es universal, pero no todos responden a ese llamado. Muchos deciden ignorar el llamado y continuar por el camino de perdición que les marca el mundo. Por otra parte, hay quienes responden al llamado a la salvación, pero no responden el llamado al servicio y prefieren seguir engordando espiritualmente, pero sin hacer nada más.

Me podrías decir que llevas 30, 40 ó 50 años en el cristianismo y asistes religiosamente a cada servicio en la misma iglesia que te convertiste. Y si te preguntara si le has dado el mensaje del evangelio a alguien durante todos esos años y me dijeras que no, ¿te sentirías avergonzado de ser colocado en un lugar postrero y no estar entre los escogidos? ¿Te enojaría si ves que un hombre lleno de numerosos pecados que se convirtió el mes pasado ya hasta lo ves predicándole a la gente en las calles y está pensando dedicarse a pastor?

Si te molesta ver que antiguos narcotraficantes, sicarios, prostitutas, homosexuales, adúlteros y violadores hoy son ministros de la Palabra, mira lo que dice 1 Corintios 1:26-28: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia.

Serán primeros los que le respondan a Dios: “Heme aquí, envíame a mí,” no los que piensen que les toca ese turno por antigüedad. Es imposible que Dios escoja para servirle a quien no tenga un corazón dispuesto a negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle. Llegar postrero y ser llamado primero por el Señor no tiene que ver con nuestros méritos ni con nuestro pasado. De quien vamos a predicar es de Jesucristo, es Él el verdadero protagonista, no es nuestra fama sino la suya. No se trata de nosotros, se trata solamente de Él y nada más. Dios te bendiga.

Confianza en Dios

Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.

1 Juan 3:21-22

En esta vida no existe un ser más confiable que nuestro Padre Celestial. Dios no nos fallará nunca y todas Sus promesas son fieles y verdaderas. Cuando le oramos con fe, Él ha prometido conceder nuestras peticiones. Pero además de la fe, hay otro requisito para alcanzar ver hechas realidad tales peticiones, nuestra obediencia. De la misma manera que un padre o una madre no se sentirán motivados a complacer las peticiones de un hijo desobediente, no pensemos que Dios, nuestro Padre, haría lo contrario.

Estos dos versículos de la primera carta del apóstol Juan tienen mucha tela por donde cortar. Lo primero es meditar en este condicional: si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. ¿Cómo nos reprendería nuestro corazón? Aquí Juan no se está refiriendo con la palabra corazón al órgano que bombea la sangre sino a nuestra conciencia. En tal sentido, si nuestra conciencia nos reprende es porque nos está haciendo ver que no actuamos en la forma correcta. Tratándose de nuestra relación con Dios, nuestra conciencia nos dice que le estamos fallando.

Fallarle a Dios, entrar en desobediencia contra Él, disminuye nuestra confianza en Él. Y no es porque Dios va a incumplir Sus promesas, sino porque estamos conscientes de que nuestros actos no les son agradables y, por lo tanto, nos pudieran incapacitar de recibir lo que pedimos. ¿Va a cambiar el carácter de Dios por nuestra infidelidad? De ninguna manera, el carácter de Dios es inmutable y Él será siempre fiel. Nuestra actitud no es la de huir de Dios por darnos cuenta de que le fallamos, sino reconciliarnos con Él confesando nuestros pecados.

Dios jamás va a traicionar la confianza que depositamos en Él. Y, como nuestro Padre amoroso, Su deseo no es vernos tristes ni en necesidad, sino suplirnos todo lo que nos haga falta. Pero debemos entender que si no recibimos lo que esperamos, antes de enojarnos con Dios, es mejor que revisemos nuestra conducta frente a Él y comparar sinceramente si estamos como nos dice Juan: porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y de nuevo, si estamos mal, no nos justifiquemos, sino reconozcamos nuestra culpa.

Ahora bien, es posible que nuestra conciencia nos diga que andamos en el camino correcto y aun así no estamos recibiendo lo que le pedimos a Dios en oración. Eso tampoco debe minar nuestra confianza en Él. El predicador inglés Matthew Henry (1662-1714) dijo: “Las aflicciones extraordinarias no son siempre el castigo de los pecados extraordinarios, sino a veces la prueba de gracias extraordinarias. Las aflicciones santificadas son promociones espirituales. El silencio de Dios puede ser motivado porque estamos siendo sometidos a pruebas.

Nuestra confianza en Dios debe permanecer inalterable, de la misma manera que es inalterable Su fidelidad. No importa si se retarda en ser concedida nuestra petición por nuestro pecado o por causa de la prueba. En cada caso, hagamos lo correcto. Si hemos sido desobedientes, es tiempo de humillarnos arrepentidos delante de Dios y pedir perdón por nuestros pecados. Si estamos bajo la prueba, sigamos orando en fe, confiando en Él, alabándole, adorándole y dando gracias en todo tiempo. Él el fiel y bueno todo el tiempo. Jamás fallará a Sus promesas. Dios te bendiga.

La Simiente de Dios

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 3:9

Muchos cristianos se sienten orgullosos de ser llamados hijos de Dios. Y he escuchado a algunos manifestar ese orgullo al sentirse príncipes por ser hijos del Rey de reyes. También se sienten con derecho a ser ricos por ser herederos del dueño del oro, la plata y todo lo que existe. Pero Dios también es Santo y Su santidad es incompatible con el pecado. No en vano dice 1 Juan 3:9: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Si la simiente de Dios permanece en nosotros, debemos de demostrarlo con nuestra dedicación a lo que representa a nuestro Padre y no a lo que representa al mundo. Hoy día, muchas iglesias han dejado de tratar el tema del pecado. Algunas veces esa omisión se debe a que la sociedad actual ha redefinido al pecado para excluir ciertas prácticas que han sido legalizadas en casi todo el mundo. Dado que ahora es legal pecar, predicar en contra del pecado es una acción ilegal, lo cual, en ciertos casos incluye la cárcel para el predicador.

¿Existe alguna diferencia con el pasado? Claro que no, los apóstoles y muchos otros siervos a lo largo de la historia han sido encarcelados y hasta ejecutados por predicar contra las prácticas pecaminosas, llamar al arrepentimiento y la conversión a Jesucristo. Nada de eso debe llegar a sorprendernos porque eso es algo que el propio Señor nos había advertido en Mateo 24:9: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Como cristianos debemos de tener en cuenta de que el pecado que antes nos dominó debe de cederle el paso ahora a la santidad. El gran predicador inglés Charles H. Spurgeon (1834-1892) dijo: El nuevo nacimiento nos ha descalificado para el contentamiento con el mundo.” Tener contentamiento con el mundo es lo mismo que ser partícipes de las cosas que el mundo ama, muchas de las cuales, aunque las leyes humanas las autoricen, Dios continúa llamándole es Su Santa Palabra con el calificativo de pecados.

Lamentablemente, lo que dijo el predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) es una cruda realidad: “Una generación entera de nuevos cristianos se ha levantado creyendo que es posible ‘aceptar’ a Cristo sin dejar el mundo.” Y de nuevo, si no dejan al mundo, es obvio que continuarán practicando las cosas del mundo, y por supuesto, el pecado es una de ellas. La actitud correcta debe ser lo que dice John R. Stott (1921-2011): “El pecado y el hijo de Dios son incompatibles. Ocasionalmente pueden encontrarse; pero no pueden vivir juntos en armonía.”

Es hora de que se levanten predicadores que les recuerden a los cristianos que son la simiente de Dios para vivir en santidad, no para continuar conviviendo con y consintiendo el pecado. Es muy cierto lo que dice el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Un verdadero cristiano será sensible al pecado en su vida lo que les llevará a la ruptura y la confesión genuina, pero las personas que dicen que son cristianos y no son sensibles al pecado, esto no les llevará a la confesión, una persona que es de esa manera no es cristiana. Demostremos que somos simiente de Dios permaneciendo en Él y renunciando por completo al pecado. Dios te bendiga.