The Last Will Be First

So the last will be first, and the first last. For many are called, but few chosen.

Matthew 20:16

The logic of God does not coincide with the human one. For us, the natural tendency is to prefer the order of the first to the last. Certainly many would be upset if someone jumps over their turn and everyone approves that the last one goes to the end of the line. But the Lord tells us the first will be last, and the last, first, contradicting completely the human preference. Before God, a Christian who has been converted for 50 years does not take advantage of who receives Jesus Christ in his heart on this day.

I believe that a biblical example of what the Lord says in Matthew 20:16 is the apostle Paul. Peter, John and the other apostles walked for three and a half years with Jesus Christ. They followed Him step by step during His earthly ministry and were His first disciples. Instead, Saul of Tarsus was originally a staunch persecutor of the Christians until he had a supernatural encounter with the Lord. Paul is a last apostle; but it is first among all of them as to the fruits which he gave in his ministry. Half of the New Testament came out of its pen.

Why does God put first those who came last? The answer is given in the second part of Matthew 20:16: For many are called, but few chosen. The Lord’s call to repent and follow Him is universal, but not all respond to that call. Many decide to ignore the call and continue on the path of perdition that marks the world. On the other hand, there are those who respond to the call to salvation, but do not respond to the call to service and prefer to continue fattening spiritually, but doing nothing else.

You could say that you have 30, 40 or 50 years in Christianity and religiously attend every service in the same church that you received the Lord Jesus. And if I asked you if you gave the gospel message to someone during all those years and you said no, would you feel ashamed to be placed in a last place and not be among the chosen ones? Would you be angry if you see that a man full of numerous sins who converted last month already see you preaching to people in the streets and is thinking to dedicate himself to pastor?

If it bothers you to see that former drug dealers, murderers, prostitutes, homosexuals, adulterers and rapists are ministers of the Word today, look at what it says 1 Corinthians 1:26-28, For you see your calling, brethren, that not many wise according to the flesh, not many mighty, not many noble, are called. But God has chosen the foolish things of the world to put to shame the wise, and God has chosen the weak things of the world to put to shame the things which are mighty; and the base things of the world and the things which are despised God has chosen, and the things which are not, to bring to nothing the things that are.

They will first those who respond to God: “Here I am, send me,” not those who think that it is their turn for seniority. It is impossible for God to choose to serve anyone who does not have a heart willing to deny himself, take up his cross every day and follow Him. To arrive last and to be called first by the Lord does not have to do with our merits or with our past. Of whom we are going to preach is of Jesus Christ, He is the true protagonist, is not our fame but His. It is not about us, it is about Him and nothing else. God bless you.

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Los Últimos Serán Primeros

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

Mateo 20:16

La lógica de Dios no coincide con la humana. Para nosotros, la tendencia natural es a preferir el orden del primero hasta el último. Ciertamente que muchos se molestarían si alguien salta por encima de su turno y todos aprueban que el último se vaya al final de la cola. Pero el Señor nos dice los primeros serán postreros, y los postreros, primeros, contradiciendo por completo la preferencia humana. Ante Dios, un cristiano que lleva 50 años de convertido no le lleva ventaja a quien recibe a Jesucristo en su corazón en este día.

Creo que un ejemplo bíblico de lo que dice el Señor en Mateo 20:16 es el apóstol Pablo. Pedro, Juan y los demás apóstoles anduvieron durante tres años y medio con Jesucristo. Le siguieron paso a paso durante Su ministerio terrenal y fueron Sus primeros discípulos. En cambio, Saulo de Tarso, originalmente fue un perseguidor acérrimo de los cristianos hasta que tuvo un encuentro sobrenatural con el Señor. Pablo es un apóstol postrero; pero es primero entre todos ellos en cuanto a los frutos que dio en su ministerio. La mitad del Nuevo Testamento salió de su pluma.

¿Por qué Dios coloca primero a los que llegaron de último? La respuesta la da la segunda parte de Mateo 20:16: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. El llamado del Señor a arrepentirnos y seguirlo es universal, pero no todos responden a ese llamado. Muchos deciden ignorar el llamado y continuar por el camino de perdición que les marca el mundo. Por otra parte, hay quienes responden al llamado a la salvación, pero no responden el llamado al servicio y prefieren seguir engordando espiritualmente, pero sin hacer nada más.

Me podrías decir que llevas 30, 40 ó 50 años en el cristianismo y asistes religiosamente a cada servicio en la misma iglesia que te convertiste. Y si te preguntara si le has dado el mensaje del evangelio a alguien durante todos esos años y me dijeras que no, ¿te sentirías avergonzado de ser colocado en un lugar postrero y no estar entre los escogidos? ¿Te enojaría si ves que un hombre lleno de numerosos pecados que se convirtió el mes pasado ya hasta lo ves predicándole a la gente en las calles y está pensando dedicarse a pastor?

Si te molesta ver que antiguos narcotraficantes, sicarios, prostitutas, homosexuales, adúlteros y violadores hoy son ministros de la Palabra, mira lo que dice 1 Corintios 1:26-28: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia.

Serán primeros los que le respondan a Dios: “Heme aquí, envíame a mí,” no los que piensen que les toca ese turno por antigüedad. Es imposible que Dios escoja para servirle a quien no tenga un corazón dispuesto a negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle. Llegar postrero y ser llamado primero por el Señor no tiene que ver con nuestros méritos ni con nuestro pasado. De quien vamos a predicar es de Jesucristo, es Él el verdadero protagonista, no es nuestra fama sino la suya. No se trata de nosotros, se trata solamente de Él y nada más. Dios te bendiga.

Confianza en Dios

Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.

1 Juan 3:21-22

En esta vida no existe un ser más confiable que nuestro Padre Celestial. Dios no nos fallará nunca y todas Sus promesas son fieles y verdaderas. Cuando le oramos con fe, Él ha prometido conceder nuestras peticiones. Pero además de la fe, hay otro requisito para alcanzar ver hechas realidad tales peticiones, nuestra obediencia. De la misma manera que un padre o una madre no se sentirán motivados a complacer las peticiones de un hijo desobediente, no pensemos que Dios, nuestro Padre, haría lo contrario.

Estos dos versículos de la primera carta del apóstol Juan tienen mucha tela por donde cortar. Lo primero es meditar en este condicional: si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. ¿Cómo nos reprendería nuestro corazón? Aquí Juan no se está refiriendo con la palabra corazón al órgano que bombea la sangre sino a nuestra conciencia. En tal sentido, si nuestra conciencia nos reprende es porque nos está haciendo ver que no actuamos en la forma correcta. Tratándose de nuestra relación con Dios, nuestra conciencia nos dice que le estamos fallando.

Fallarle a Dios, entrar en desobediencia contra Él, disminuye nuestra confianza en Él. Y no es porque Dios va a incumplir Sus promesas, sino porque estamos conscientes de que nuestros actos no les son agradables y, por lo tanto, nos pudieran incapacitar de recibir lo que pedimos. ¿Va a cambiar el carácter de Dios por nuestra infidelidad? De ninguna manera, el carácter de Dios es inmutable y Él será siempre fiel. Nuestra actitud no es la de huir de Dios por darnos cuenta de que le fallamos, sino reconciliarnos con Él confesando nuestros pecados.

Dios jamás va a traicionar la confianza que depositamos en Él. Y, como nuestro Padre amoroso, Su deseo no es vernos tristes ni en necesidad, sino suplirnos todo lo que nos haga falta. Pero debemos entender que si no recibimos lo que esperamos, antes de enojarnos con Dios, es mejor que revisemos nuestra conducta frente a Él y comparar sinceramente si estamos como nos dice Juan: porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y de nuevo, si estamos mal, no nos justifiquemos, sino reconozcamos nuestra culpa.

Ahora bien, es posible que nuestra conciencia nos diga que andamos en el camino correcto y aun así no estamos recibiendo lo que le pedimos a Dios en oración. Eso tampoco debe minar nuestra confianza en Él. El predicador inglés Matthew Henry (1662-1714) dijo: “Las aflicciones extraordinarias no son siempre el castigo de los pecados extraordinarios, sino a veces la prueba de gracias extraordinarias. Las aflicciones santificadas son promociones espirituales. El silencio de Dios puede ser motivado porque estamos siendo sometidos a pruebas.

Nuestra confianza en Dios debe permanecer inalterable, de la misma manera que es inalterable Su fidelidad. No importa si se retarda en ser concedida nuestra petición por nuestro pecado o por causa de la prueba. En cada caso, hagamos lo correcto. Si hemos sido desobedientes, es tiempo de humillarnos arrepentidos delante de Dios y pedir perdón por nuestros pecados. Si estamos bajo la prueba, sigamos orando en fe, confiando en Él, alabándole, adorándole y dando gracias en todo tiempo. Él el fiel y bueno todo el tiempo. Jamás fallará a Sus promesas. Dios te bendiga.

La Simiente de Dios

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 3:9

Muchos cristianos se sienten orgullosos de ser llamados hijos de Dios. Y he escuchado a algunos manifestar ese orgullo al sentirse príncipes por ser hijos del Rey de reyes. También se sienten con derecho a ser ricos por ser herederos del dueño del oro, la plata y todo lo que existe. Pero Dios también es Santo y Su santidad es incompatible con el pecado. No en vano dice 1 Juan 3:9: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Si la simiente de Dios permanece en nosotros, debemos de demostrarlo con nuestra dedicación a lo que representa a nuestro Padre y no a lo que representa al mundo. Hoy día, muchas iglesias han dejado de tratar el tema del pecado. Algunas veces esa omisión se debe a que la sociedad actual ha redefinido al pecado para excluir ciertas prácticas que han sido legalizadas en casi todo el mundo. Dado que ahora es legal pecar, predicar en contra del pecado es una acción ilegal, lo cual, en ciertos casos incluye la cárcel para el predicador.

¿Existe alguna diferencia con el pasado? Claro que no, los apóstoles y muchos otros siervos a lo largo de la historia han sido encarcelados y hasta ejecutados por predicar contra las prácticas pecaminosas, llamar al arrepentimiento y la conversión a Jesucristo. Nada de eso debe llegar a sorprendernos porque eso es algo que el propio Señor nos había advertido en Mateo 24:9: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Como cristianos debemos de tener en cuenta de que el pecado que antes nos dominó debe de cederle el paso ahora a la santidad. El gran predicador inglés Charles H. Spurgeon (1834-1892) dijo: El nuevo nacimiento nos ha descalificado para el contentamiento con el mundo.” Tener contentamiento con el mundo es lo mismo que ser partícipes de las cosas que el mundo ama, muchas de las cuales, aunque las leyes humanas las autoricen, Dios continúa llamándole es Su Santa Palabra con el calificativo de pecados.

Lamentablemente, lo que dijo el predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) es una cruda realidad: “Una generación entera de nuevos cristianos se ha levantado creyendo que es posible ‘aceptar’ a Cristo sin dejar el mundo.” Y de nuevo, si no dejan al mundo, es obvio que continuarán practicando las cosas del mundo, y por supuesto, el pecado es una de ellas. La actitud correcta debe ser lo que dice John R. Stott (1921-2011): “El pecado y el hijo de Dios son incompatibles. Ocasionalmente pueden encontrarse; pero no pueden vivir juntos en armonía.”

Es hora de que se levanten predicadores que les recuerden a los cristianos que son la simiente de Dios para vivir en santidad, no para continuar conviviendo con y consintiendo el pecado. Es muy cierto lo que dice el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Un verdadero cristiano será sensible al pecado en su vida lo que les llevará a la ruptura y la confesión genuina, pero las personas que dicen que son cristianos y no son sensibles al pecado, esto no les llevará a la confesión, una persona que es de esa manera no es cristiana. Demostremos que somos simiente de Dios permaneciendo en Él y renunciando por completo al pecado. Dios te bendiga.

Esperando Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

2 Pedro 3:13-14

El día del regreso triunfal de nuestro Señor Jesucristo debería ser el anhelo más ferviente de todo cristiano. En lugar de pedirle a Dios que arregle las cosas en este mundo corrupto, el creyente debiera orar para que la segunda venida del Señor se materialice pronto. Tenemos la promesa de cielos nuevos y tierra nueva, entonces, ¿por qué nos aferramos tanto a lo viejo? Así que nuestra actitud debe enfocarse en prepararnos para recibirle a Él como dice Pedro: sin mancha e irreprensibles, en paz.

En la actualidad, el mundo sufre convulsiones. Cada día, las noticias nos hablan de conflictos, desastres naturales y enfermedades. Casi en todos los continentes existe algún tipo de violencia, sea guerra, pandillas, narcotráfico, terrorismo o delincuencia común. Casi a diario ocurren sismos de magnitud apreciable en diferentes lugares del mundo. En otros lugares, las tormentas o las sequías ponen en vilo a la población. La aparición de potenciales brotes epidémicos como el ébola o el zika, también causan alarma entre la población del mundo.

Se suman a todo eso las desigualdades sociales que existen entre países pobres y ricos o entre los diferentes grupos étnicos de un mismo país. Y muchos reclaman frenar la injusticia en el mundo. En tal sentido, hacen esfuerzo por mejorar o exigir que se mejoren las condiciones del planeta en el cual vivimos. Quien no ha depositado su confianza en Dios, probablemente ignora que existe algo distinto y mejor. Entonces se puede entender la preocupación de este tipo de personas al respecto porque su única esperanza es lo que conocen.

Incluso los incrédulos acuden a los creyentes para que oren a Dios en los momentos de crisis. Lo que me parece poco congruente es la posición de muchos cristianos de seguir el juego de quien es responsable de que las cosas anden mal. ¿Por qué orar para que se arreglen las cosas en un mundo que está dominado por el maligno? ¿Por qué establecer amistad con el mundo cuando eso significa ser enemigo de Dios? Escrito está que todas esas cosas pasarían. La gente del mundo puede estar asustada; pero los cristianos ya habíamos sido advertidos al respecto.

No sigamos cayendo en la trampa del enemigo, el tiempo se termina, velemos y oremos en la forma correcta, la que va conforme a la voluntad de Dios. Oremos, primero que nada, porque los que no conocen las buenas nuevas del evangelio se arrepientan de sus pecados y reciban en sus corazones a Jesucristo. Oremos para que Dios nos permita mantenernos alejados de las cosas del mundo y viviendo en santidad para prepararnos para la gloriosa venida de nuestro Salvador y Rey. Oremos para que regrese pronto y velemos mientras lo esperamos.

Las injusticias de este mundo no acabarán mientras el maligno sea quien lo domine. La única forma de detener su dominio es cuando venga el Rey de reyes y Señor de señores. Entendamos eso de una vez por toda. Recordemos esta gran promesa: cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Y en los cielos nuevos y la tierra nueva reinará la justicia porque el Rey justo, el Rey de gloria gobernará con Sus santos. Que ese sea nuestro enfoque de ahora en adelante y hasta que Él regrese triunfante y victorioso. Dios te bendiga.

Partícipes de la Naturaleza Divina

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

2 Pedro 1:3-8

Como hijos de Dios somos partícipes de Su naturaleza divina. Eso es parte de las preciosas y grandísimas promesas que menciona el apóstol Pedro. Pero si vamos a participar de la naturaleza divina, debemos huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Debemos actuar diligentemente en tal sentido. En lugar de participar de las cosas del mundo, nuestro deber es participar de las cosas de Dios. Pedro menciona las cosas que debemos añadir a nuestra fe: virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor.

La Biblia reitera varias veces la incompatibilidad entre las cosas de Dios y las del mundo. Los que han sido tocados por la gracia y hechos hijos de Dios no pueden continuar participando de las cosas mundanas. No es posible ser partícipe simultáneamente de las naturalezas divina y mundana. Escrito está que el mundo entero está bajo el maligno, como hijos de luz, somos llamados a ser partícipes de la luz, no a ser cómplices de las tinieblas. Así que, el cristiano debe mantenerse firme frente a las actuales tendencias mundiales que se oponen a la Palabra de Dios.

Para poder participar de la naturaleza divina, es necesario vivir en el Espíritu y no en la carne. Cuando vivimos en el Espíritu, el resultado será el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 nos dice en qué consiste el fruto del Espíritu: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,  benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Tan solo con vivir en el Espíritu, tenemos varias de las cosas que debemos agregar para participar de la naturaleza divina. Recordemos que templanza y dominio propio son sinónimos.

En cuanto a la virtud, la benignidad, la bondad y la mansedumbre son virtudes que vienen dentro del paquete del fruto del Espíritu. Así que llevamos varios pasos adelantados cuando vivimos en el Espíritu para participar de la naturaleza divina. ¿Y qué pasa con los demás? ¿Cómo añadimos el conocimiento, la piedad y el afecto fraternal? El propio Espíritu nos lleva al conocimiento de Dios y de Su Hijo Jesucristo. Juan 14:26 dice: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho.

Y entre las cosas que dijo el Señor Jesucristo y que el Espíritu Santo nos recordará está lo que dice en Juan 13:34-35: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. He ahí el afecto fraternal. También nos recordará las palabras de Mateo 25:34-40 para que aprendamos sobre compasión y piedad. Dios es Espíritu, vivamos en el Espíritu y seremos partícipes de la naturaleza divina. Dios te bendiga.

 

La Corona Incorruptible de Gloria

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:4

Cuando solo leemos lo que dice 1 Pedro 5:4, podríamos estar muy felices de ver que un glorioso galardón nos espera cuando regrese el Señor. Es una hermosa promesa escuchar esto: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Ahora bien, ¿quiénes recibirán esta corona? La Biblia dice que Dios dará la corona incorruptible de gloria a quienes lleven Su Palabra a otros. Eso podría llevarnos a pensar que entonces los pastores ya la tienen garantizada. Sin tomarlo tan a la ligera, es preciso meditar en detalle todo el contexto de 1 Pedro 5:4.

Para ello, veamos lo que dicen los versículos anteriores, es decir, 1 Pedro 5:1-3: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Las ovejas son del Señor, no nuestras. Él las pone bajo nuestro cuidado, no para que saquemos provecho de ellas. Voy a contar cómo Dios me hizo comprender esa gran verdad. A finales de 2005, yo había vendido mi casa y comprado otra, la cual quedaba el doble de lejos de la iglesia a donde me congregaba. En mi antigua casa, yo era líder de un grupo celular bastante exitoso. Por dos años se había levantado en ese grupo una nueva generación de discípulos con capacidad de liderazgo. Mi mayor preocupación era que mi nueva casa les quedaría muy lejos a todos.

Fue entonces cuando salió de mi boca la pregunta ¿qué voy a hacer con mi grupo? La respuesta de Dios no se hizo esperar. Sentí una voz dentro de mí que me decía: “¿Tu grupo? No es tu grupo, las ovejas son mías, no tuyas.” En ese momento me di cuenta de la terrible imprudencia de mis palabras. Entendí que ese grupo celular no era mi posesión sino que Dios había puesto esas personas bajo mi cuidado por un tiempo y que ya ese tiempo se había terminado. Mi casa había sido comprada por otro líder de la iglesia y le entregué el grupo a él.

En mi nueva casa, me di a la tarea de iniciar un nuevo grupo celular desde cero. Haber obedecido a Dios trajo la bendición de que en muy poco tiempo, el nuevo grupo superó en tamaño y calidad al primero. Estuve con ellos hasta el momento en que Dios me movió de la iglesia donde estaba hacia nuevas responsabilidades. Como ya había aprendido la lección la primera vez. En ningún momento pensé llevarme conmigo a las ovejas. Simplemente me despedí de todos los miembros del grupo y los dejé en manos de su nuevo líder.

Pedro es muy claro en el requisito que debemos cumplir para alcanzar la corona incorruptible de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Recordemos que nuestra misión es la de servir, no que nos sirvan a nosotros. Nuestro mayor galardón no es material sino la corona incorruptible de gloria que nos dará el Príncipe de los pastores. Dios te bendiga.