Buenos Administradores de la Gracia de Dios

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

1 Pedro 4:7-10

El apóstol Pedro empieza diciendo en 1 Pedro 4:7-10 que el fin de todas las cosas se acerca. Y en verdad que la segunda venida de nuestro Señor y el juicio a las naciones se aproximan cada día más. Pero también los creyentes estaremos ante el tribunal de Cristo donde seremos evaluados como administradores de la gracia de Dios. Debemos tener presente que vamos a rendir cuenta de lo que hicimos con el don recibido, si hemos compartido la gracia, el regalo de salvación con otros y nos hemos mantenido obedientes a Sus palabras.

Lo segundo que nos advierte Pedro es: sed, pues, sobrios, y velad en oración. Actualmente, pasamos mucho más tiempo usando nuestros teléfonos inteligentes que de rodillas ante el Señor. Generalmente solo nos acordamos que Dios existe cuando alguna catástrofe nos toca de cerca. Muchos se preocupan más por estar conectados a las redes sociales o jugar Pokémon Go que estar en sintonía continua con los cielos. Y si se le menciona que el fin está cerca, entonces su mayor preocupación para orar es para que Dios nos otorgue tiempo extra.

Lo siguiente que dice Pedro se está volviendo cada vez menos común: Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Ya lo había dicho el Señor que pasaría en los postreros tiempos. De acuerdo a Mateo 24:12: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Hoy el amor de muchos se ha enfriado y muy pocos son hospitalarios o intentan ayudar a los hermanos en necesidad. Es más común escuchar de cristianos decir; “Voy a orar por ti.” Teniendo en sus manos la forma de ayudar, se escudan en la hipocresía religiosa.

La parte final de 1 Pedro 4:7-10 nos dice: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. No todos hemos recibido el mismo don, ni tampoco Dios les ha dado la misma revelación de Su verdad a todos Sus siervos. Pretender que la gracia que Dios haya puesto individualmente en nosotros es lo único importante para Él es, al mismo tiempo, minimizar al tamaño humano a un Dios infinito y elevar a lo sumo nuestro propio valor.

El apóstol Pablo lo dice muy claramente en 1 Corintios 12:4-7: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Hay diversidad de dones, ministerios y operaciones dentro del cuerpo de Cristo. Todos ellos vienen de Dios y todos ellos son igualmente importantes y han sido dados para provecho de la iglesia.

Somos buenos administradores de la gracia multiforme de Dios cuando usamos nuestros dones para ministrar a nuestros hermanos en la fe. De igual manera, debemos mostrar mansedumbre y humildad, dejándonos ministrar por nuestros consiervos que tienen dones distintos al nuestro. De no hacerlo así, nos perderíamos gran parte de la gracia multiforme. Dios te bendiga.

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Quitando el Estorbo a Nuestra Oración

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:7

El tema de hoy es uno que confronta a cada hombre, incluyéndome a mí mismo. Y es que 1 Pedro 3:7 dice lo siguiente: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Habrá quien se llene la boca diciendo que siempre ha llevado al pie de la letra todo lo que dice 1 Pedro 3:7. Para ser honesto, yo no puedo hacer esta afirmación sino, por el contrario, admitir que la he fallado muchas veces.

Como dije al principio, este mensaje nos confronta a todos los hombres. Y, en lugar de buscar de justificar nuestra conducta, es tiempo de asumir nuestra responsabilidad, admitir nuestros errores y enmendar el camino. Si hoy en día, en todo el mundo, se implantan leyes que establecen fuertes obligaciones a los hombres mientras minan sus derechos, es porque nosotros mismos no hemos sabido ejercer nuestras funciones varoniles o hemos abusado por generaciones de nuestra posición. El resultado es la distorsión radical del plan de Dios para la humanidad.

Hagamos lo que nos toca primero. Cierto que no existe garantía de que nos respondan de la misma manera; pero nuestra prioridad debe ser obedecer lo que Dios establece y Él se encargará del resto. Vivir sabiamente con la mujer y tratarla como vaso más frágil implica no ser un oso gruñón. Escrito está en Colosenses 3:19 lo siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Y si nos faltare sabiduría para lidiar con la situación, pidámosla a Dios en oración y Él responderá favorablemente.

Seguro de que Dios nos dirigirá hacia Su Palabra y nos dirá algo semejante a lo que está escrito en Efesios 5:25-28: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Ciertamente que la Palabra de Dios da también el mandamiento a las mujeres de lo que deben hacer y cómo comportarse con sus maridos. Y sería pecar de tonto afirmar que la mayoría de ellas cumplen su parte. Pero que eso no te detenga, hombre, a cumplir la tuya. Recuerda que el mandamiento lo ha dado Dios, no tu esposa. Así que ante quien vas a responder por violarlo es ante Dios. Si ella cumple o no lo que le toca, eso no te da derecho a que hagas lo mismo. Sé, pues, responsable por lo que es tu parte y deja en manos de Dios lo demás.

Mira bien la comparación que hace Pablo en Efesios 5:25-28, te compara a ti, hombre, con Cristo y a tu mujer la compara con la iglesia. Mira bien que Jesucristo no esperó a que todos nos arrepintiéramos de nuestros pecados para morir en la cruz. Él dio el primer paso, Él se entregó antes que la primera persona diera muestra de arrepentimiento. Ese es nuestro ejemplo, varones, el primer paso nos toca a nosotros. Luego de eso, doblemos rodillas y, sin ninguna duda, nuestras oraciones carecerán de estorbo y serán respondidas favorablemente. Dios te bendiga.

El Pueblo de Dios

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

1 Pedro 2:9-10

Quien ha entregado su vida a Jesucristo, aunque el mundo piense lo contrario, se ha convertido en una persona muy importante delante de Dios. Ante el mundo, especialmente en la actualidad, podemos carecer de valor; pero para Dios somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Solamente estas cuatro características del creyente son suficientes para no sentirnos menos ante el mundo y poder caminar cumpliendo con nuestro propósito: anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

El pueblo de Dios sufre hoy, en casi todas las naciones de la tierra, una persecución velada que se hace ver como si fuera para facilitar el libre pensamiento y la igualdad de derechos. El temor de Dios se ha perdido por completo y hay quienes se atreven a desafiar a Dios mismo y a Su Ley. Es notable ver como se limitan y coartan las expresiones de adoración a nuestro Padre Celestial o mencionar el nombre de Jesús, mientras se toleran y fomentan conductas que son contrarias a lo que dice la Biblia.

Y aunque el mundo vea a los hijos de Dios como ciudadanos de segunda clase, para Él seguimos siendo linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Como linaje escogido, es una honrosa distinción saber que Dios ha puesto Sus ojos sobre nosotros entre tantos otros habitantes de esta tierra. Ser un escogido significa haber sobresalido sobre los candidatos probables. Y esa elección no tuvo que ver por nuestros méritos ya que, en eso, somos iguales a los demás, sino que a Dios le plació escogernos, así la gloria es solo Suya.

Y somos escogidos para llevar a cabo un real sacerdocio. Somos sacerdotes del Rey Altísimo y es nuestro deber anunciar las virtudes de nuestro Señor y Rey. Somos llamados a pregonar y propagar las buenas nuevas del evangelio a toda criatura hasta el último confín de la tierra. No importa que coarten nuestra predicación, no tenemos que cambiar el mensaje para complacer al mundo, somos real sacerdocio, sacerdotes de Dios, no del mundo, por lo cual nuestro mensaje debe ajustarse a lo que dice Dios no a lo que quiera escuchar el mundo.

Somos una nación santa y como tal, estamos apartados para Dios. No estamos supuestos a estar contaminados con las cosas del mundo. En el pasado, fuimos parte de las tinieblas; pero ahora hemos sido llevados a la luz. Entonces debemos caminar conforme a lo que dice la Santa Palabra de Dios no conforme a lo que quieran imponer las modas del momento. Somos llamados a darle luz al mundo y no a unirnos a sus tinieblas. Si complacemos al mundo en lugar de Dios, estamos negando nuestra propia esencia como pueblo de Dios.

Finalmente, somos pueblo adquirido por Dios, antes fuimos esclavos del pecado y sujeto al dios de este mundo; pero el Altísimo nos compró por un alto precio y pagó nuestro rescate con la sangre preciosa de Su Hijo. Si nos humillan o nos quieren obligar a aceptar las modas mundanas, pensemos primero en la cruz, en la preciosa vida que costó nuestro rescate y digamos no a las cosas del mundo. Vivamos agradecidos de Su infinita misericordia. Dios te bendiga.

Sacerdocio Santo

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

1 Pedro 2:5

El tema de la santidad ha sido puesto detrás de la cortina en la predicación moderna. Dado que la santidad implica la renuncia a las cosas del mundo y apartarnos para Dios, hay predicadores que temen tratar el tema para no ofender a sus feligreses. Por eso prefieren hablar de cosas que resulten más agradables a sus oídos. 1 Pedro 2:5 nos conmina a ser un sacerdocio santo que ofrece sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Un sacerdocio santo está opuesto a los valores del mundo porque éstos se oponen a los valores de Dios. Por lo tanto, como sacerdocio santo, no solamente debemos procurar nuestra propia santidad, sino que debemos convertirnos en voceros de la misma. Es imposible ser parte de un sacerdocio santo sin predicar acerca del pecado, el arrepentimiento y la santidad. Los tiempos finales se aproximan irremediablemente y los ministros y siervos de Jesucristo somos llamados a presentarles estos temas tanto a los incrédulos como a la iglesia dormida.

Como un sacerdocio santo, debemos predicar recordando a todos lo que dice Hebreos 12:14: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Esta es una predicación bíblica, la cual presentaron los apóstoles y todos los que se han ajustado a la Biblia en todas las épocas. Por ejemplo, el predicador inglés John Charles Ryle (1816-1900) dijo lo siguiente: “Debemos ser santos, porque esta es la única prueba sana de que tenemos una fe salvadora en nuestro Señor Jesucristo.”

Otros siervos de Jesucristo se han expresado en términos similares. El norteamericano Jerry Bridges dijo: “La santidad implica más que meras acciones. Nuestras motivaciones deben ser santas, o sea, deben brotar de un deseo de hacer algo sencillamente porque es la voluntad de Dios.” Por su parte, otro norteamericano, Paul D. Washer dijo: “La evidencia de la justificación por la fe es el trabajo en curso de la santificación a través del Espíritu Santo.” Ambos coinciden con lo que había dicho Ryle más de un siglo antes.

Muchos son atraídos hacia Cristo con la idea de que Dios tiene un “plan maravilloso” para ellos. Y se imaginan que ese plan de Dios implica hacerlos prósperos y felices. Ciertamente que el plan maravilloso de Dios nos va a dar tesoros incalculables en los cielos y el gozo de tener vida eterna junto a Él. El norteamericano Iain Duguid ha dicho al respecto: “El ‘maravilloso plan’ de Dios para nuestras vidas no se limita a llevarnos al cielo; también incluye en poner el cielo dentro de nosotros reformándonos en un pueblo santo.”

Y con respecto a lo que dijo Duguid, 1 Pedro 2:9 dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Somos un sacerdocio real y santo, somos un pueblo santo, una nación santa. Dios no nos rescató de la esclavitud del pecado, pagando tan alto precio como la sangre de Su Hijo, para que continuemos en el cautiverio de la inmundicia.

Somos llamados a ser santos. El predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) dijo una vez: “El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo.” No nos dejemos engañar con las mentiras del enemigo y ejerzamos dignamente nuestro sacerdocio santo. Dios te bendiga.

Una Esperanza Viva

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

1 Pedro 1:3-5

Todo lo que dice 1 Pedro 1:3-5 merece la mayor atención por parte del creyente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Meditemos profundamente sobre esa esperanza viva que nos aguarda.

Pedro dice primero lo siguiente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. La esperanza viva que nos aguarda no es algo que hayamos ganado por nosotros mismos. Ni tampoco viene porque la merecemos. Ha sido la gran misericordia de Dios, quien nos hizo renacer para esta esperanza. Si Él nos hizo renacer, es decir, nacer de nuevo, es porque nuestro primer nacimiento nos impedía tener acceso a esta esperanza. Juan 3:3 nos dice: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

La esperanza viva viene por lo que dice a continuación el apóstol Pedro: por la resurrección de Jesucristo de los muertos. La gran diferencia entre el cristianismo y las religiones humanas es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los líderes de las diferentes religiones mundiales murieron y se quedaron en sus tumbas; pero Jesucristo se levantó de los muertos y hoy está sentado a la diestra del Padre y prometió volver con gloria y poder para reinar con los que han creído en Él. Y porque Cristo resucitó, quien verdaderamente cree tiene esa misma esperanza viva.

Juan 11:25-26 dice: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo nos da la garantía de resucitar para vivir eternamente junto con Él. Y esa vida eterna es la herencia de la que habla Pedro: para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Ese tiempo postrero está cada vez más próximo: el día glorioso de la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y no importa si estamos vivos o no para entonces, porque para todo creyente existe la esperanza viva que nos narra 1 Tesalonicenses 4:16-17: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Dios te bendiga.

La Oración de Fe

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:15-16

La razón por la cual muchas oraciones no reciben la respuesta esperada es que no son hechas con fe. Santiago 5:15-16 nos dice: Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Una oración de fe es una oración eficaz y es también una oración de poder. El poder de la oración de fe sana enfermos y perdona los pecados. Pero hay un ingrediente importante en esta oración, es el reconocimiento de nuestras ofensas.

Hoy muchos cristianos piensan que la oración de fe es aquella en la cual gritan, decretan, declaran palabras positivas y ordenan con autoridad a los demonios que salgan fuera. Yo no me atrevería a llamar a ese tipo de oración como de fe. Lo primero es que no va de acuerdo a lo que dice Santiago 5:15-16. Lo segundo es que no encuentro en ningún lugar de la Biblia ese tipo de oración, ni entre los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento ni entre los apóstoles o Jesús en el Nuevo Testamento.

Santiago menciona la palabra pecado dentro de lo que él define la oración de fe. Y de acuerdo a lo que está escrito, la oración de fe no solo salva al enfermo de su mal físico sino de su mal espiritual, ya que le perdona sus pecados. Sin duda que muchas de nuestras enfermedades tienen un origen espiritual; pero no necesariamente el tipo de influencia espiritual que muchos tienden a creer. Aunque ciertamente el enemigo puede estar detrás de nuestras enfermedades, otras veces, el origen viene de nuestra carne y de nuestros propios pecados.

No podemos olvidar nunca lo que dice Romanos 3:23: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; lo cual quiere decir que nadie puede llenarse la boca diciendo que está libre de pecado. Y aunque todos sabemos que el contexto de Romanos 3:23 estuvo dirigido hacia inconversos, no es menos ciertos que los creyentes continuarán recibiendo las tentaciones y están expuestos a caer en pecado. Y de la misma manera que confesamos nuestros pecados para salvación, si fallamos ahora, debemos ponernos a cuenta con Dios también.

Es imposible pretender engañar a Dios. Podemos estar llevando una doble vida ante los demás; pero Dios conoce muy bien lo que hacemos tras bastidores. Ser un hijo de Dios nos convierte en amigo de lo que nuestro Padre ama y enemigo de lo que Él aborrece. El pecado es incompatible con Dios, por lo tanto, es imposible permanecer fiel a Dios mientras comulgamos con las cosas del mundo. Para que nuestra oración sea considerada de fe y eficaz, debemos renunciar de forma irrevocable al pecado y abrazarnos a la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

El resultado de este cambio en nuestra vida y en nuestra manera de orar será notable. Santiago lo dice de esta manera: La oración eficaz del justo puede mucho. El poder de esta oración no tiene límites. Los enfermos serán sanados, los ciegos podrán ver, los muertos se levantarán. Ese es el poder de la oración que nuestro Señor Jesucristo nos ha otorgado. Aprendamos a orar en la forma correcta y los prodigios, milagros y señales de los que creen nos seguirán. Dios te bendiga.

Tener Paciencia y Orar

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

Santiago 5:7-8

Quienes esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor debemos de esta conscientes de que no tenemos una fecha señalada. Escrito está que solo el Padre conoce el día y la hora, así que nadie puede afirmar cuándo será. Lo mismo podría ser hoy que en unos días, meses o años. En tal sentido, no debemos de estar ansiosos, sino revestidos de paciencia y velando en oración. Estemos listos para ese grandioso día como si fuera a ocurrir esta noche; pero sin desesperarnos. Está claro que el tiempo solo corre en una dirección, y ese momento está cada vez más próximo.

¿Cómo debe ser nuestra paciencia? Santiago lo expresa de esta manera: Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Es probable que para quienes siempre hemos vivido en las ciudades nos resulte difícil entender la paciencia que tienen los agricultores hasta que logran cosechar el fruto de la tierra. El proceso agrícola ocurre por un período de tiempo que puede tardar desde varios meses hasta varios años, dependiendo del tipo de planta que se ha sembrado.

En todo caso, antes incluso de depositar la semilla en el suelo, el agricultor debe preparar el terreno a fin de acondicionarlo para la siembra. No todas las semillas son fértiles, de ahí que sea necesario seleccionarlas. Luego se siembra y viene toda una serie de etapas de cuidar de la planta, lo cual incluye aplicar abonos, pesticidas y el agua adecuada, podar las hojas para que crezca la planta en el sentido correcto y produzca el fruto deseado. Mientras el labrador espera por el fruto, es probable que sus recursos financieros escaseen.

Al final, cuando llega la cosecha abundante, el agricultor recibirá la alegría de tener en sus manos el fruto de su paciencia. De igual manera, los creyentes que aguardamos la gloriosa venida de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, cuando lo veamos descender de las nubes con Sus santos ángeles, podremos decir que valió la pena tener paciencia para ver tan magno momento.  Y así como el labriego dedicó tiempo para velar por el bienestar de su sembradío, los creyentes debemos dedicar tiempo velando en oración hasta que Cristo venga.

En lo natural, el labrador no siempre alcanza lo que esperaba. Ocurre algunas veces que, a pesar de que él ponga todo su empeño para obtener el fruto de su trabajo, eventos que se escapan de su control se lo pudieran impedir. La naturaleza puede obrar en contra del agricultor, sea por una sequía, exceso de lluvia o plagas que destruyan su plantación. Incluso, el fruto pudiera no ser del tamaño adecuado o su calidad sea deficiente, lo cual haga que su precio en el mercado disminuya y este hombre deje de ganar y hasta pierda lo que invirtió.

Sin embargo, en lo espiritual, nuestra espera por la venida de Cristo no traerá pérdidas. No importa lo que ocurra en el mundo natural o que las huestes espirituales de maldad se opongan. El Señor vendrá sin lugar a dudas, en el tiempo correcto, el cual no lo sabemos; pero de que viene no hay duda. Esperemos por Él con paciencia y velando en oración, ya que vendrá como ladrón en la noche y el gran momento se acerca cada vez más. Dios te bendiga.