La Venida del Señor

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:13-17

El tema tratado por Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-17 ha sido objeto de muchas discusiones doctrinales dentro de la iglesia cristiana durante los últimos 200 años. Quien no escudriña la Palabra de Dios ni estudia la historia de la iglesia, podría pensar que lo que la mayoría de los cristianos creen hoy día sobre la venida del Señor era exactamente lo que creía la iglesia primitiva y la cristiandad por dos mil años. Ciertamente, para todos los cristianos, la venida de nuestro amado Señor Jesucristo debiera ser el evento más esperado de nuestra vida terrenal.

Una gran parte de la iglesia cristiana actual cree firmemente que, antes de que surjan los eventos terribles, que la Biblia llama la gran tribulación, el Señor vendrá en secreto por Su iglesia, en lo que muchos llaman el rapto. Y como la palabra rapto, tal como se interpreta hoy no aparece en la Biblia, quienes justifican de todos modos este acontecimiento le dicen arrebatamiento, en una clara referencia a lo que dice 1 Tesalonicenses 4:13-17: seremos arrebatados. La pregunta es si la iglesia siempre tuvo esa creencia o no.

En verdad, de la misma manera que muchos católicos piensan erróneamente que su iglesia siempre ha creído en la infalibilidad del papa, la inmaculada concepción de María o su papel de corredentora, muchos cristianos piensan que siempre se ha creído en el rapto. Sin embargo, el principio de esta doctrina data del año 1830, cuando una jovencita de 15 años de nombre Margaret McDonald, en Port Glasgow, Irlanda, recibió una “revelación” especial según la cual la Segunda Venida de Cristo tendría lugar en dos etapas; la primera para recoger a un grupo de creyentes “preparados y selectos” que serían llevados al cielo para ir al encuentro del Señor antes de la aparición del Anticristo, o sea antes de la Gran Tribulación.

Ahora bien, la Biblia no dice en ninguna parte que Jesucristo volverá en dos etapas. Y Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2:1-3: Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición. Por 2 Tesalonicenses 2:1-3 vemos que antes de la venida del Señor vendrán la apostasía y el Anticristo.

Finalmente, Apocalipsis 1:7 desmiente la venida en secreto de Jesucristo: He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Esperemos su venida, consciente de que será de victoria, seamos o no parte de los decapitados de la gran tribulación. Dios te bendiga.

La Multiplicación de la Maldad

Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Mateo 24:12

Con solo ver las noticias diarias nos podemos dar cuenta de que cada día se multiplica la maldad en el mundo. La organización terrorista denominada Estado Islámico acostumbra publicar en videos los crueles métodos que utiliza para ejecutar a sus prisioneros. Hordas de violadores en India o Brasil publican videos de cómo abusan de mujeres, algunas de las cuales son menores de edad. Las calles de algunas naciones centroamericanas se llenan de cadáveres por la guerra entre pandillas. Estos son solo algunos ejemplos de la maldad que nos rodea hoy.

La multiplicación de la maldad no se limita a organizaciones criminales o terroristas, sino que hoy día somos testigos de crímenes atroces cometidos incluso contra los propios hijos por parte de padres y madres. El 19 de septiembre de 2016, un padre arrastró por el cabello a su pequeña hija de unos cinco años. El padre enrolló parte del pelo de su hija al carrito de compra en un supermercado de una ciudad de Texas en los Estados Unidos. El padre justificaba su acción en que castigaba a la niña por algo que había hecho y continuó con el castigo a pesar de todo.

El 20 de febrero de 2016, un hombre de 25 años, Ryan Lawrence, mató a su hija de 21 meses, quemó su cuerpo y lo arrojó a un arroyo en el condado de Onondaga, estado de New York, Estados Unidos. El padre asesino confesó que cometió el horrendo crimen porque sentía celos por la atención mediática que la pequeña recibía tras sobrevivir al cáncer. Lawrence secuestró a su hija, la llevó a una ubicación remota y allí la golpeó en la cabeza con un bate de béisbol hasta matarla.

En Alburquerque, New México, Estados Unidos, Michelle Martens, de 35 años, admitió haber planeado la muerte de su hija Victoria de 10 años. Martens contrató a Fabián Gonzales, de 31 años, quien invitó a su prima Jessica Kelley para cometer el crimen. Juntos drogaron a la niña con metanfetamina y la agredieron sexualmente en el apartamento de la familia Martens. Acto seguido, el hombre la estranguló y su prima la acuchilló. Ambos procedieron a desmembrar el cuerpo, pero no terminaron su trabajo, sino que prendieron fuego a los restos en la bañera. Todo ocurrió ante la mirada complaciente de la madre, el 24 de agosto de 2016.

Estos tres hechos horribles son solo ejemplos de lo que pasa cada día, no solamente en un país, sino en todo el mundo. Ciertamente que todos ellos son un reflejo de la multiplicación de la maldad sobre la tierra. Como consecuencia de ello, el amor de muchos se ha enfriado. Solo así se puede explicar que un padre o una madre asesinen con sus propias manos o contraten asesinos para que terminen con la vida de sus hijos. ¿Dónde está el amor hacia los hijos que fueron procreados por estos padres y madres?

El congelamiento del amor ha llegado a tal grado que hoy llaman hacer el amor a tener sexo con cualquiera aunque no haya amor. Realmente ya la gente no entiende el verdadero significado de la palabra amor. La gran mayoría de la humanidad camina por la vida centrada en sí misma, sin tomar en cuenta al prójimo. Hoy muy pocos están cumpliendo el mandamiento dado en Juan 15:12: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Sin duda que el fin de los tiempos y la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo están cerca. Estemos pendientes de las señales para que no nos tomen por sorpresa. Dios te bendiga.

Los Falsos Profetas

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos.

Mateo 24:11

En los últimos años se ha levantado una cantidad apreciable de llamados profetas que anuncian las cosas terribles que, según ellos, Dios les ha hablado que sucederán. Incluso, algunos son tan osados que dan día, hora y lugar en los cuales ocurrirán terremotos, tsunamis y choques de cometas o asteroides contra la tierra. Las fechas de tales acontecimientos han pasado sin pena ni gloria. No hay que ser un científico espacial para darse cuenta de la falsedad de tales profecías, lo cual confirma Mateo 24:11.

Ya desde el Antiguo Testamento se habla de falsos profetas. El texto de Jeremías 23:9-40 es uno de denuncia sobre los falsos profetas, mientras que Ezequiel 13:1-23 habla sobre la condenación de los falsos profetas. En el Nuevo Testamento, tanto el Señor Jesús, como Pedro y Juan hablaron de los mismos. Además de Mateo 24:11, el Señor Jesús profetiza sobre la aparición de falsos profetas en Mateo 24:24 y Marcos 13:22. Sin lugar a dudas que el enemigo trata de imitar todo lo de Dios con tal de confundir y engañar a los incautos.

¿Qué características tiene un falso profeta? En Mateo 7:15-16 dice el Señor: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Un falso profeta pudiera lucir por fuera de manera muy parecida a uno verdadero. Así que su forma de hablar o su aspecto físico no lo delatarían. De esa forma pueden engañar a muchos. Pero sus frutos lo dan a conocer, si su profecía no se cumple, obviamente es un falso profeta.

Otra característica de un falso profeta la vemos en Lucas 6:26: ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas. La gran capacidad de engañar de un falso profeta le permite tener buena fama entre la gente. Sin duda que un falso profeta dirá a cada uno las palabras que quieren escuchar, lo cual le granjeará la aceptación de muchos. Lo que estos muchos ignoran es que son engañados.

En 2 Pedro 2:1 vemos una tercera característica de un falso profeta: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. La falsa profecía viene acompañada por la predicación de falsas enseñanzas, las cuales Pedro llama herejías destructoras.

Para no caer en la trampa de los falsos profetas, debemos tomar en cuenta lo que nos dice 1 Juan 4:1: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. El espíritu de la verdadera profecía dará testimonio de Jesucristo, como dice Apocalipsis 19:10, si el profeta no da testimonio del Señor, sino que se desvía hacia otro lado, sin duda que es uno falso. Toda profecía debe coincidir al ciento por ciento con lo que ya está escrito.

En Apocalipsis 22:18-19 dice: Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía. Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. No hay nada que quitar o agregar. Dios te bendiga.

Nuestra Habitación Celestial

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.

2 Corintios 5:1-3

En 2 Corintios 5:1-3, el apóstol Pablo compara nuestra morada terrestre con la morada celestial que nos espera. Pero hay que destacar que Pablo utiliza el edificio en sentido figurado y no se está refiriendo a una casa sino a nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo terrenal algún día desaparecerá, será simplemente polvo. Pero para el que ha creído en Jesucristo existe la gran esperanza de que moraremos con Él y tendremos un cuerpo glorificado semejante al suyo.

Al resucitar, Jesús no dejó de tener un cuerpo físico y, para no dejar duda de eso, les pidió de comer a Sus discípulos y comió delante de ellos, como dice Lucas 24:41-43: Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Jesús no necesitaba estas cosas para sobrevivir porque Su cuerpo glorificado ya no estaba sujeto a las leyes naturales; pero lo hizo para demostrarle que había resucitado.

Este cuerpo de Jesús es el modelo del cuerpo que tendremos cuando estemos con Él. Nos dice 1 Juan 3:2: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucitó de entre los muertos.

Nuestra morada terrestre, nuestro cuerpo actual no es perfecto y sufre deterioro con el tiempo. En Filipenses 3:20-21 nos dice el apóstol Pablo: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Pablo se refiere a nuestros cuerpos actuales marcados por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental.

Ciertamente tendremos una habitación celestial, un nuevo cuerpo, el cual será imperecedero, incorruptible, glorioso, honroso, poderoso, libre de vergüenza, fuerte y espiritual al estar completamente sujeto al Espíritu Santo. Sin duda habrá una transformación impresionante en nuestros cuerpos. Pablo la describe en 1 Corintios 15:51-54: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Dios te bendiga.

La Gran Esperanza del Creyente

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.

2 Corintios 4:13-14

La gran esperanza de creer en Jesucristo no es que todos nuestros problemas serán resueltos. Tampoco es que seremos prósperos, ricos y felices. Si fuera así, no habría una gran diferencia entre ser cristiano, ateo o practicante de las religiones orientales. Existen métodos fuera de Jesús para intentar ser feliz, alcanzar riquezas o intentar minimizar los problemas. Pero nuestra gran esperanza la explica 2 Corintios 4:14: sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.

Resulta impactante ver la forma en que los apóstoles y los primeros cristianos no tuvieron temor alguno de recibir el martirio en nombre de Jesús. Me imagino que sus verdugos los verían como loquitos que preferían perder la vida antes que renegar de su fe en Jesucristo. Pero esa actitud de ser martirizados antes que negar a Cristo ha continuado por dos mil años entre los verdaderos cristianos. La razón de esta aparente locura es una sola: quien ha creído y conocido al Cristo resucitado tiene la misma esperanza de resucitar.

Esa gran esperanza del creyente en Jesucristo, la cual lo distingue de los que creen en otras cosas la resumió el propio Señor en Su promesa dada en Juan 11:25-26: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo es sinónimo de tener vida después de la muerte y no cualquier tipo de vida. La vida que Él promete para quienes le creen, es eterna, sin fin y no en un cuerpo de muerte como el actual, sino en uno glorificado.

Quizás esperaba que yo te trajera hoy un mensaje de esperanza de que las cosas en el mundo fueran a mejorar en el futuro. Lamento desilusionarte con eso, pero debo decirte que eso no sucederá. Somos testigos de la sucesión de terremotos en diferentes lugares del mundo casi uno tras otros. Los propios científicos auguran que cada vez está más próximo que ocurran varios terremotos catastróficos con intensidad superior a 8.0 en la escala Richter. Y, como consecuencia del cambio climático, se habla de más tormentas, sequías, nevadas y tornados.

Por su parte, los analistas económicos no vaticinan nada positivo en el mundo financiero, sino todo lo contrario. El sistema bursátil mundial podría colapsar en cualquier momento y mucha gente corre el riesgo de pasar de la abundancia a la indigencia en un abrir y cerrar de ojos. Como si fuera poco, la amenaza de guerras en las cuales se utilicen armas de destrucción masiva es cada vez más creíble a medida que crece el número de miembros del club nuclear y que gente con mentes retorcidas pretenda sembrar el terror.

¿Te asombran y te aterran esas cosas? No deberían asombrarte porque todas y cada una de ellas han sido profetizadas en la Biblia. Y no estoy hablando de los libros del Antiguo Testamento, ve a Mateo 24 y al libro de Apocalipsis y lo verás. Pero si te aterran esas cosas, que Mateo 24:6 dice que es necesario que sucedan, es porque no estás consciente de la gran esperanza del creyente en Jesucristo. Y esta gran esperanza es que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús. Con Cristo, tendremos resurrección y vida eterna. Dios te bendiga.

El Anhelo de Su Venida

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Apocalipsis 22:17

Cuando se ama a alguien, uno anhela fervientemente estar cerca de la persona amada. Si por alguna razón, esa persona está ausente, contamos cada segundo que pasamos sin ella, esperando su regreso con ansias. Por más que otro ser humano nos ame, nadie podría amarnos más que Jesús. Solo Él entregó su vida en una cruz por ti y por mí. Pero Él no permaneció muerto, sino que resucitó, subió al cielo y prometió volver. Si nuestro amor por Jesús es genuino, anhelar Su venida debiera ser una reacción natural en nosotros.

Una de las canciones en inglés más populares del último cuarto del siglo XX es When I need you, lo cual se traduce al español Cuando te necesito. Esta canción fue escrita por Albert Hammond y Carole Bayer Sager y popularizada en 1977 por el cantante británico Leo Sayer. La primera estrofa de la canción se traduce de la siguiente manera: “Cuando te necesito, solo cierro mis ojos y estoy contigo. Y todo lo que yo quiero darte está tan solo a un latido del corazón de distancia. Cuando necesito amor solo extiendo mis manos y toco amor. No sabía que hubiera tanto amor que me mantuviera cálido noche y día.”

La siguiente estrofa de la canción se traduce como: “Millas y millas de espacio vacío entre nosotros. El teléfono no puede tomar el lugar de tu sonrisa, Pero tú sabes que no estaré viajando para siempre. Hace frío afuera, pero aguanta y haz como yo hago.” Esta canción narra la historia de una pareja de enamorados quienes están separados por una gran distancia; pero que anhelan estar juntos. Él le dice a ella lo que hace para sentir su amor de cerca, que no estará viajando por siempre y que el teléfono no puede ocupar el lugar de ella.

Y, como la historia de esa canción, estamos hoy los que amamos a Jesús. Él no está presente físicamente con nosotros. Pero si realmente lo amamos, cuando lo necesitamos, solo cerramos nuestros ojos y estamos con Él. Y todo lo que queremos darle está tan cerca como un latido de nuestro corazón, porque Él vive allí. Cuando necesitamos amor, solo tenemos que levantar nuestras manos al cielo y tocamos Su inmenso amor. Su amor es tan inmenso que nos mantiene cálidos de noche y de día.

Hoy, un inmenso espacio vacío nos separa de nuestro amado Jesús. Él está en el cielo, sentado a la diestra del Padre, mientras nosotros estamos aquí en la tierra. El teléfono para comunicarnos con Él es la oración. Está muy bien conversar con Él continuamente por medio de la oración. Pero ese “teléfono” nunca va a ocupar el lugar de nuestro amado Señor descendiendo del cielo vestido de Rey para reunirse con nosotros. Sabemos que Él ha prometido volver y nuestro mayor deseo ahora debe ser que llegue ese día en que nuestro amado regrese y estemos con Él para siempre.

Es penoso ver que hay personas que dicen ser cristianos y cuando leen en la Biblia sobre todo lo que debe pasar en el mundo para que Cristo venga, les tiemblan las piernas. Es como si no desearan que el amado regrese. Abramos nuestros ojos y oídos y unámonos al coro: Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. No nos cansemos nunca de anhelar que venga nuestro amado Señor Jesucristo. Ven, Señor, ya no tardes más. Te anhelamos. Dios te bendiga.

Derecho al Árbol de la Vida

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Apocalipsis 22:14

Solo en el primero y el último libro de la Biblia se habla acerca del árbol de la vida. Apocalipsis 22:14 dice: Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Aquí se da el requisito que nos da derecho al árbol de la vida: lavar nuestras ropas. ¿Qué significa lavar nuestras ropas? Cuando lavamos nuestra ropa, ésta se siente limpia, pura y fresca. En el lenguaje bíblico, lavar la ropa implica pureza y santidad.

En la época en la cual vivimos, la filosofía predominante es la coexistencia y la tolerancia. En tal sentido, se impone el respeto por las minorías y la libre expresión de sus pensamientos. Eso no estuviera mal si, a quienes tienen ideas menos liberales y más apegadas a la moral bíblica se les permitiera el mismo derecho y pudieran expresarse de la misma manera. Por influencia de esta tendencia sociopolítica, la propia iglesia ha suavizado los mensajes que se predican hasta el punto de casi excluir por completo temas como el pecado y la santidad.

Hay pastores que piensan que si predican sobre tales temas, la congregación disminuirá en el número de feligreses afectando negativamente sus finanzas. Es por eso que prefieren predicar acerca de los temas que resulten atractivos para la gente. Entre esos temas están incluidos: que serán prósperos y felices; que todos sus problemas se resuelven al convertirse, que somos hijos de un Rey quien es dueño del oro y la plata; que Dios odia el pecado, pero ama al pecador; que Dios nos ama tal como somos, etc.

La predicación del evangelio por parte de Jesucristo, sus discípulos y los verdaderos ministros por dos mil años nunca ha estado basada en temas que resulten agradables para los oyentes. Las primeras dos palabras del evangelio verdadero no son prosperidad y felicidad sino: Arrepiéntete y conviértete. Arrepentirnos significa dejar de hacer lo que hemos estado haciendo toda la vida, es decir el pecado, para cambiar nuestro rumbo en 180 grados. Convertirnos quiere decir que de ahora en adelante nuestra vida debe parecerse a la de Cristo, es vivir en santidad.

El tiempo se está agotando, el día del Señor, grande y terrible, está cada vez más próximo. Hay que estar consciente de que el deterioro moral y material de las sociedades modernas es algo que no tiene marcha atrás. No nos engañemos a nosotros mismos, las cosas jamás serán como antes. El cambio climático es irreversible y el planeta va a pasarnos la factura. La economía no tiene una garantía de que mejorará. Que no nos extrañe que en algún momento la homosexualidad se declare obligatoria. ¿Qué viene luego de todo esto? ¿Se quedará Dios de brazos cruzados?

La Biblia, nuestra guía por excelencia, la Palabra inspirada por Dios tiene la respuesta a todo eso. El mensaje de alerta a través de toda la Escritura está ahí, disponible para todos, unos oirán este mensaje y, como Noé o Lot, escaparán de la destrucción; otros continuarán sus vidas como si todo fuera normal y la catástrofe que se avecina les sorprenderá y no tendrán tiempo ya de ponerse a salvo. El tiempo de abandonar el pecado, vivir en santidad y dejar de prestarle atención a las cosas del mundo es hoy. Lavemos nuestras ropas para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén. Dios te bendiga.

El Señor Viene con Nuestro Galardón

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Apocalipsis 22:12

En gran parte del Nuevo Testamento se advierte a quienes siguen a Cristo y le sirven acerca de las dificultades que habrán de pasar en este mundo. Indudablemente que un siervo genuino de Jesucristo enfrentará tribulaciones en esta tierra. Desde el principio, la gran mayoría de Sus discípulos fueron martirizados. Otros, como Juan, murieron en forma natural, pero no sin antes sufrir cárcel, destierros y persecuciones. Y te podrías preguntar, ¿valdrá la pena entonces seguir y servir a Cristo? Pues mira lo que te dice Apocalipsis 22:12 y verás que sí vale la pena.

Cuando se lleva a cabo una labor, es válido esperar algún tipo de recompensa. En el ejercicio de una profesión u oficio, generalmente ofrecemos nuestro tiempo y esfuerzo a cambio de un salario o alguna otra remuneración económica. Los atletas aficionados, quienes no reciben dinero por su labor, entrenan y compiten para ganar una medalla o trofeo. Muchas personas hacen trabajos voluntarios en instituciones sin fines de lucro y, aunque no reciben dinero, su galardón es el reconocimiento de la sociedad por sus servicios.

Dios siempre está dispuesto a galardonar a quienes ama, creen en Él y le sirven. Desde el mismo momento que fue llamado por Dios, Abraham, quien era conocido entonces como Abram, recibió la promesa de un galardón de parte de Dios. Génesis 15:1 dice: Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Dios cumplió Su promesa con Abraham, cuyo galardón es ser llamado amigo de Dios y padre de la fe y del pueblo escogido de Dios.

Ya desde el Antiguo Testamento la Biblia habla de un galardón. En Salmo 58:11 leemos: Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Y ciertamente que somos justificados por gracia, por medio de la fe en Jesús, el Hijo de Dios, y nuestra justificación trae consigo un galardón. También Proverbios 11:18 habla de un galardón: El impío hace obra falsa; Mas el que siembra justicia tendrá galardón firme. Vemos cierta similitud de este proverbio con Apocalipsis 22:12.

Nuestro Señor, nunca prometió un camino tapizado de rosas para sus discípulos y quienes iban a creer en Él. Muchas veces, Él advirtió lo que les esperaba, pero también dio palabras de aliento y promesas, tal como dice Mateo 5:11-12: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Así que trabajar para Cristo no quedará sin recompensa en los cielos y a Su venida. Pero se hace necesario que cuidemos esa recompensa. 2 Juan 1:8 dice: Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. El tiempo de nuestro galardón está cada día más cerca. Apocalipsis 11:18 dice: Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. Preparémonos para Su gloriosa venida. Dios te bendiga.

 

Guardando las Palabras Proféticas

¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Apocalipsis 22:7

17 de los libros del Antiguo Testamento son proféticos. Sin embargo, solo uno de los libros del Nuevo Testamento es considerado profético. Y en Apocalipsis 22:7 leemos: ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. Este versículo nos está advirtiendo que debemos tomar muy en serio las palabras escritas en el último libro de la Biblia. No se trata de broma ni del argumento de una película de ciencia ficción, son las palabras que Dios ha revelado a la humanidad para este tiempo final.

Prácticamente todo el libro de Apocalipsis está repleto de profecías y muchas de ellas aún están por cumplirse. Vamos a darle un vistazo a las profecías contenidas en los capítulos 17 y 18 de este libro. Apocalipsis 17:1-2 dice: Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.

Todo el capítulo 17 da una descripción clara y detallada para identificar, sin lugar a duda a la gran ramera. En el verso 3 dice: vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y el verso 4: Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación. Y dice un nombre en el verso 5: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

En el verso 6 dice: Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús. En el verso 9: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer. El verso 15 dice: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Finalmente, el verso 18 dice: Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra. La gran ramera es pues una ciudad que reina sobre los reyes de la tierra y está construida sobre siete montes, sin duda, esa ciudad es Roma.

En Roma reside un poder supranacional, el cual desde el año 313 de nuestra era ha gobernado sobre todas las naciones de la tierra. Es un poder religioso y político que tiene individuos que le rinden lealtad en todo el planeta. Aunque algunos se sientan aludidos y piensen que los estoy ofendiendo con esto, les recuerdo que yo no escribí Apocalipsis, lleven pues sus quejas a Dios. Pero les aconsejo que les conviene más hacer lo que dice Apocalipsis 22:7: guardar las palabras de la profecía de este libro.

El capítulo 18 dice lo que va a acontecer con la gran ramera, es decir, Roma y lo que representa. Dice Apocalipsis 18:2-5 dice: Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dios advierte a Su pueblo que salga de allí, ¿te piensas quedar? Dios te bendiga.

Muchos Tropezarán

Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Mateo 24:10

Jesús dejó muy claro a todos los que creyeran en Él de que tendríamos tribulaciones y persecuciones por causa de Su nombre. Él también profetizó que no todos iban a aguantar las pruebas sin flaquear, sino que muchos tropezarán, entregarán a sus hermanos en la fe y los aborrecerán. De hecho, el mismo Jesús lo vivió en carne propia: Judas lo entregó, Pedro lo negó y el resto de Sus discípulos salió huyendo cuando lo crucificaron. La Escritura solo menciona a Juan y algunas mujeres que estuvieron al pie de la cruz, los demás tropezaron.

Cuando nos damos cuenta de que las pruebas finales van a ser las más fuertes de todas, podemos entender porque muchos van a tropezar y salir corriendo. Es algo similar a lo que ocurre cuando una carrera universitaria está por terminar, los exámenes a los que son sometidos los estudiantes son, por mucho, los más difíciles. Además, en algunos casos, le requieren la presentación de una tesis que debe ser evaluada por un comité muy exigente. Por eso, vemos a muchos desertar de sus estudios antes de concluirlos.

El Señor estaba muy consciente de que habrían desertores cuando dijo esto: Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Aquellos que esperan estar a salvo antes de que venga el anticristo y la gran tribulación, probablemente sean parte de los que tropezarán. Como no estaban preparados para padecer por causa de Jesucristo, tratarían de salvar el pellejo negando su fe. Incluso, algunos serán capaces de cooperar con el perseguidor delatando a sus hermanos, a quienes odiarán echándoles la culpa de la persecución.

¿Cuáles son las consecuencias de quienes tropiecen? La mejor respuesta la da el propio Señor en Juan 12:25: El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Quien tropieza es porque ama su vida y piensa que renegando de su fe ante la bestia va a salvarse; pero lo que ignora es que, pactando con el anticristo, está escogiendo el mismo destino final que éste, es decir, el lago de fuego y azufre. Quien tal cosa haga, decidió renunciar a Cristo y a todo lo que Él representa, por tanto ha renunciado a la vida eterna.

Me podrías preguntar ¿dónde han quedado el perdón, la misericordia y el amor de Dios? Yo te contesto con otra pregunta: ¿piensas que Dios debe pagarte con perdón, misericordia y amor después que lo hayas traicionado? Hermano, no juguemos con fuego, mira lo que dice Romanos 11:21-22: Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

Quien tropieza entregando al hermano para que sea martirizado, se hace responsable de su sangre derramada. Eso lo convierte en un criminal pecador y, como tal, ha despreciado la gracia, el don inmerecido. Quien tal cosa haga ha rechazado voluntariamente a Jesucristo, es un desertor de Su ejército, ya no puede pretender que su nombre permanezca en el Libro de la Vida. Solo quien permanece firme hasta el fin, no importando que haya puesto en riesgo su propia vida, será contado entre los escogidos. Velemos, pues, y estemos firmes, agarrados de Cristo, sin tropezar para ser hallados dignos de recibirlo en las nubes cuando Él venga. Dios te bendiga.