Obstáculos para la Alabanza

La incapacidad para entrar en alabanza y adoración es una iseñal de que hay un problema substancial entre Dios y nosotros. Lo primero que debemos hacer es identificar el problema o los problemas (si son más de uno) y entonces enfrentarlos adecuadamente. Las mismas barreras que nos impiden alabar a Dios, pueden frenar el avance en nuestra relación con Él, detener que nuestras oraciones sean contestadas o impedir que seamos sanados. Entre las excusas más frecuentes se encuentran:

• “¡Soy introvertido!”
• “¡Soy muy tímido; me da vergüenza!”
• “¡No soy muy expresivo!”
• “¡No va con mi personalidad!”
• “¡No me siento motivado para hacerlo!”

¡Pero, la alabanza es un mandamiento de Dios y ninguna excusa es válida!

Salmo 150:6: ¡Todo lo que respira alabe a Jehová! ¡Aleluya!

Todas las excusas anteriores y muchas más que no se han presentado aquí son solo pretextos que pretenden ocultar las verdaderas barreras que impiden nuestra alabanza a Dios. A continuación se exponen esos obstáculos.

Pecado

El Problema. El pecado destroza nuestra amistad y nuestra comunión con Dios. El pecado nos coarta ante la Presencia de Dios. Nos sentimos sucios y creemos que no es apropiado acercarnos a Él conociendo Su santidad y Su pureza. Ciertamente, Dios es incompatible con el pecado y Él nos invita a ser santos como Él. Algunos están tan acostumbrados al pecado que se hacen insensibles a identificarlo como la razón que los separa de Dios. Es como las personas que se acostumbra a sus propios olores y no distinguen cuando huelen mal.

Salmo 66:18: Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Isaías 59:2: pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

La solución. Afortunadamente, Dios no actúa de la misma manera que nosotros. Por supuesto que todo pecado es una ofensa contra Dios; pero lo que nos toca hacer es confesar nuestro pecado o pecados, y aceptar Su perdón. Dios, al igual que el padre del hijo pródigo, nos esperará con los brazos abiertos para darnos nuevamente todo Su amor y Su amistad. Él nunca rechazará un corazón contrito y humillado.

Salmo 51:1-3 : Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.

Salmo 51:17: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

1 Juan 1:9: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Condenación

El Problema. La condenación nunca proviene de Dios, es impuesta por Satanás quien nos incrimina y sentencia. El enemigo es el fiscal que nos acusa delante de Dios y quien ataca nuestra mente recordándonos nuestras fallas mientras nos hace creer que de ninguna manera Dios nos perdonaría. Sin embargo, tan pronto le hayamos pedido perdón a Dios, el siguiente paso es perdonarnos a nosotros mismos. La autocondenación nos produce un sentido de indignidad que nos conmina a “hundir nuestras cabezas” de vergüenza en la Presencia de Dios y a estar tan conscientes de ser indignos que nos olvidamos de la misericordia y la gracia de Dios. Creamos conciencia de nuestra propia naturaleza en lugar de entender el carácter Dios.

Juan 3:19: Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Romano 13:2: De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

1 Timoteo 3:6: no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

La solución. Dios mismo nos da la respuesta a la condenación en Su Palabra: No hay condenación para los que están en Jesús. Debemos dejar de pensar en nosotros mismos y poner nuestros pensamientos en Él. Mientras más tiempo pasemos pensando en Jesús, más desearemos alabarlo. Definitivamente que Su sacrificio en la cruz no fue en vano sino para liberarnos de la condenación causada por el pecado. Recordar que Él tomó nuestro lugar en la cruz y nos salvó es motivo suficiente para alabarlo.

Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Romanos 8:1: Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Hebreos 12:2: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Mundanalidad

El Problema. La mundanalidad no es otra cosa que tener nuestras mentes y pensamientos centrados en las cosas de este mundo. Significa desear “dignidad” o “decoro” más que ministrar a Dios en la alabanza y la adoración. Muchas personas están más pendientes de lo que puedan pensar los demás que de expresarse con libertad en alabanza.

Mateo 16:26: Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Efesios 2:1-2: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Colosenses 2:8: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

La solución. La Palabra de Dios nos dice al respecto lo siguiente:

1 Pedro 5:7: Echad sobre él toda vuestra ansiedad, porque él tiene cuidado de vosotros.

Filipenses 4:8: En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto pensad.

1 Juan 2:15-17: No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Romanos 12:2: No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Los versículos anteriores se explican por sí mismos, antes de pensar en las cosas del mundo y en lo que el mundo nos demanda, pensemos en Dios y actuemos en consecuencia obedeciéndole a Él y no al mundo. El mundo podrá imponernos reglas y costumbres; pero ninguna de ellas nos llevan a salvación porque sus valores son contrarios a los valores de Dios.

Indiferencia

El Problema. Ser tibio o indiferente hacia el Señor nos impide frecuentemente entrar en alabanza y adoración. La indiferencia o apatía nos impide manifestar nuestro amor hacia Dios. Si somos indiferentes estamos mostrando que poco nos importa alabar y honrar a Dios. He visto muy a menudo como muchas personas permanecen indiferentes a la alabanza congregacional. Algunos parecen encontrarse mentalmente ausentes del templo en esos momentos, otros soportan con fastidio el momento de ministrar a Dios.

Apocalipsis 2:4: Sin embargo, tengo contra ti que has dejado tu primer amor.

Apocalipsis 3:15-16: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

La solución. La respuesta es regresar a Dios en total arrepentimiento y entonces como un acto de obediencia, comenzar a alabarlo. Dios siempre nos tiene paciencia y esperará que nos acerquemos arrepentidos a Él, Su amor es eterno y Su misericordia se renueva cada día.

Malaquías 3:7: Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes y no las habéis guardado. ¡Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros!, ha dicho Jehová de los Ejércitos.

Rebelión

El Problema. Rebelarnos hacia Dios, hacia los padres o hacia la autoridad que Dios ha puesto en la iglesia, es un gran impedimento para la alabanza. El rebelde no reconoce las reglas porque hace las suyas propias o las interpreta a su manera. En estos tiempos en que las libertades del mundo moderno se han convertido en libertinaje, es muy común encontrar personas que se rebelan contra todo y protestan por todo. Muchas de esas personas podrían estar pensando cosas como estas durante el período del servicio dedicado a alabar y adorar a Dios:

• ¿Por qué tengo que levantar las manos o aplaudir?
• ¿Quién es este músico para decirme lo que tengo que hacer?
• ¡Yo alabo a mi manera!
• ¡Nadie me dice a mí lo que tengo que hacer!
• ¿En dónde dice que tengo que danzar?
• Creo que Dios me dio la libertad para alabarlo como mejor me parezca.

1 Samuel 15:22,23: Entonces Samuel preguntó: – ¿Se complace tanto Jehová en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Jehová sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros. Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra de Jehová, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey.

La solución. Someternos a la autoridad y arrepentirnos de la rebelión. De esta manera, tomamos de nuevo el camino de la obediencia. De la misma manera que aceptamos el sermón que nos trae el predicador como inspirado por Dios, debemos aceptar que la persona a cargo de dirigir la alabanza está siendo guiado por el Espíritu Santo para conducir a la congregación hacia la ministración que Dios espera y anhela.

Hebreos 13:17: Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse, pues esto no os sería provechoso.

Desánimo

El Problema. Muchas personas arrastran sus problemas personales hasta la iglesia. Si nuestros corazones no están dispuestos para alabar a Dios, se levantará un muro de contención, el cual imposibilitará la alabanza. Todos pasamos por situaciones adversas que nos afectan negativamente: en el trabajo, en la familia, enfermedades, etc. No es necesario que llevemos esas cargas tan pesadas sobre nuestras espaldas sin dejarlas a los pies de la cruz.

2 Corintios 4:8,9: Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.

La solución. A medida que nos involucremos en alabar y adorar a Dios en obediencia, todo el desánimo se irá de nuestros corazones. La alabanza y la adoración a nuestro Señor son el mejor antídoto contra el desánimo y el aburrimiento porque nuestro Dios nunca es aburrido, Él es un Dios de acción. Por lo tanto, nuestra actitud debe ser una de gozo en el Señor.

Isaías 51:11: Los rescatados de Jehová volverán y entrarán en Sión con cánticos. Y sobre sus cabezas habrá alegría perpetua. Alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

Enojo

El Problema. Resulta totalmente imposible que lleguemos a Dios en alabanza y adoración, si estamos guardando en nuestros corazones resentimiento hacia otros, hacia nosotros mismos, o hacia Dios. El enojo oscurece la mente y nos impide disfrutar de la alegría de exaltar al que vive para siempre.

Santiago 1:19,20: Sabed, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira; porque la ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios.

La solución. Perdonar a quienes nos han ofendido y no permitir que el enojo se anide en nuestro corazón. Lo mismo que el desánimo, el enojo, la ira y el resentimiento deben de quedar afuera del lugar donde se reúne la congregación a alabar y adorar a Dios. Nosotros no estamos por encima de Dios, quien ya perdonó todos nuestros pecados. Entonces, ¿qué nos impide perdonar a nuestro prójimo?

Salmo 37:8: Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo.

Eclesiastés 7:9: No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

Efesios 4:31,32: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad. Más bien, sed bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Colosenses 3:8: Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.

Preocupación

El Problema. La preocupación es una demostración de duda e incredulidad, es lo opuesto a la fe. Es imposible entrar en alabanza y adoración si nuestros pensamientos están sumergidos en nuestros problemas personales. Una de las frases que más repitió Jesús en su ministerio fue “hombres de poca fe”. Eso demuestra que a muchas personas les entra el miedo escénico en los momentos de pruebas. Se olvidan del historial de Dios para con sus vidas y piensan que no hay una solución posible para su problema.

Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La solución. En la medida en que nuestros ojos se enfoquen en Jesús y las promesas de Su Palabra y en vez de preocuparnos, nos ocupemos de darle gracias por lo que ha hecho y por ser quien es, nuestros corazones serán inundados de paz y la alabanza comenzará a fluir de nuestro interior hacia Dios. Pedro pudo caminar sobre las aguas todo el tiempo que miraba a Jesús; pero empezó a hundirse tan pronto como sus ojos encararon el ambiente que le rodeaba. La preocupación es otro ingrediente que debe quedar fuera del ambiente de alabanza y adoración a Dios.

Mateo 6:25: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Filipenses 4:6-7: Por nada estéis afanosos; más bien, presentad vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.

Depresión

El Problema. Cuando somos vencidos por un espíritu de depresión a causa de nuestras propias circunstancias, estamos deteniendo el fluir de la alabanza en nuestras vidas. Nos pasaría igual que a Elías (1 Reyes 19:1-14), quien cayendo en depresión huyó y se metió en una cueva. La tendencia natural de la persona deprimida es encerrarse en sí misma, es la actitud del avestruz de esconder la cabeza en la arena para no enfrentar la realidad.

1 Pedro 4:12,13: Amados, no os sorprendáis por el fuego que arde entre vosotros para poneros a prueba, como si os aconteciera cosa extraña. Antes bien, gozaos a medida que participáis de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con regocijo.

La solución. Ofrecer sacrificio de alabanza y comenzar a regocijarnos. Esto es como un acto de obediencia a Dios, a través del cual nos vestimos con un manto de alabanza. Alabemos a Dios en la prueba y la victoria vendrá como consecuencia directa de nuestra alabanza.

Isaías 61:3: Para proveer a favor los que están de duelo por Sión y para darles diadema en lugar de ceniza, aceite de regocijo en lugar de luto y manto de alabanza en lugar de espíritu desalentado. Ellos serán llamados robles de justicia, plantío de Jehová, para manifestar su gloria.

Bendiciones para todos.

Expresiones Físicas de la Alabanza

La alabanza no solamente implica la voz para entonar canciones que honren los atributos de Dios, sino que también conlleva el uso de lenguaje corporal adicional. Entre las expresiones físicas de la alabanza están:

  • Estar de pie
  • Aplaudir
  • Marchar
  • Danzar
  • Reír

Veamos cada una de ellas a la luz de la Palabra de Dios.

Estar de Pie

De la misma manera que en todos los países del mundo la gente se pone de pie cuando se entona el himno nacional como una señal de respeto a los símbolos patrios, mostramos nuestro respeto hacia Dios cuando le alabamos en posición vertical, es decir, parados sobre nuestros pies.

2 Crónicas 20:19: y los levitas de los hijos de Coat y de Coré se pusieron de pie para alabar al Señor a voz en grito (BAD).

Apocalipsis 7:9,10: Después de esto miré, y he aquí una gran multitud de todas las naciones y razas y pueblos y lenguas, y nadie podía contar su número. Están de pie delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y llevando palmas en sus manos. Aclaman a gran voz diciendo: “¡La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero!”

Aplaudir

Cuando un artista o atleta tiene una actuación destacada, lo celebramos aplaudiendo. El acto de aplaudir es una expresión de alegría, regocijo y aprobación. Muchos músicos y cantantes consideran el aplauso del público como su mejor premio o trofeo. Cuando aplaudimos a Dios, les estamos manifestando nuestra satisfacción por sus hazañas maravillosas.

Salmo 47:1: Aplaudid, pueblos todos; aclamad a Dios con gritos de alegría (BAD)

Isaías 55:12: Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso.

Marchar

Marchar es parte de la rutina de entrenamiento militar usada como una expresión física de victoria. Cuando el pueblo de Israel, bajo el mando de Josué marchó alrededor de Jericó alabando a su Dios, como fue ordenado, el resultado fue la victoria completa.

Josué 6:2-5: Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

Danzar

La danza es la más demostrativa de las expresiones físicas de la alabanza. Requiere el uso de todo el cuerpo. Implica un total y completo abandono de nuestras propias inhibiciones y vergüenza a medida que obedecemos a Dios y danzamos ante Él con toda nuestra fuerza. Si nos deleitamos bailando al son de la música de nuestro grupo musical o cantante favorito y nos enloquecemos, ¿por qué no hacerlo para Dios con la misma intensidad?

Salmo 149:3: ¡Alaben su nombre con danzas! ¡Con pandero y arpa, canten alabanzas a Él! (VM)

2 Samuel 6:14: Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.

Reír

Cuando alabamos a Dios nos invade una expresión tan grande de gozo en el Señor, que la única manera de expresarla es a través de la risa. Cuando practicamos la risa santa ante la presencia de Dios, podemos obtener sanidad y liberación. La risa verdadera es una genuina manifestación de nuestro gozo interno.

Salmo 126:2: Entonces nuestra boca se llenó de risa; y nuestra lengua, de cantos de alegría. Entonces decían entre las naciones: “Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos.”

Job 8:20,21: He aquí, Dios no rechaza al íntegro ni sostiene la mano de los malhechores. Aún llenará tu boca de risa, y tus labios con grito de júbilo.

Bendiciones para todos.

Beneficios de la Alabanza

En el Salmo 95:2 leemos lo siguiente: Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Dios está esperando que nos acerquemos a Él alabándoles y no como muchas veces hacemos, con un largo pliego de peticiones. El Salmo 100:4 aclara un poco más este concepto de alabanza al decir: ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre! (BJ) Existe mucha gente es el mundo, incluyendo algunos que se autodenominan cristianos, quienes se levantan cada día sin agradecerle nada a Dios, sino más bien quejándose por todo. Si no agradecemos la infinita misericordia de Dios hacia nosotros, poco hacemos para alabarlo.

Si tan solo supiéramos los múltiples beneficios de la alabanza, probablemente la tomaríamos más en cuenta. La Biblia nos muestra al menos seis beneficios de la alabanza, los cuales son:

  • Desata el poder de Dios.
  • La tierra produce fruto.
  • Trae la victoria.
  • Atrae salud.
  • Produce paz.
  • Nos cambia.

Veamos lo que dice la Palabra de Dios sobre cada uno de esos seis beneficios de la alabanza.

Desata el poder de Dios

Hechos 16:25,26: Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos les escuchaban. Entonces, de repente sobrevino un fuerte terremoto, de manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante, todas las puertas se abrieron, y las cadenas de todos se soltaron.

Al igual que Pablo y Silas, personalmente he visto desatarse el poder de Dios tras la alabanza. Cada mes, mi esposa y yo organizamos una noche de alabanza y adoración en la casa que Dios nos ha permitido administrar y disfrutar. En cada una de esas noches, el poder de Dios se ha manifestado de múltiples formas. Una de esas noches yo venía de tener un fuerte dolor en la parte baja de mi espalda por más de una semana. El dolor era tan fuerte que me impedía doblarme. Sin embargo, no utilicé el dolor como excusa para no participar en la alabanza a mi Rey. Al contrario, sin tomar en cuenta la condición de mi espalda, dancé, salté y me moví como si nada estuviese afectando mi cuerpo. El resultado fue que al final de la noche mi dolor desapareció por completo y desde ese día no lo he sentido jamás para la gloria de Dios.

La Tierra Produce Fruto

Salmo 67:5,6: ¡Los pueblos te alaben, oh Dios! ¡Todos los pueblos te alaben! La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.

Dios nos bendecirá en la misma medida en que lo obedezcamos y nos ajustemos a Sus métodos. Las bendiciones son uno de los resultados de alabarle a Él. Un pueblo bendecido es aquel que constantemente le rinde honor y gloria al Rey porque si Dios se complace con nuestra alabanza, nos dará todo lo que necesitamos.

Trae la Victoria

2 Crónicas 20:21-22: Después de consultar con el pueblo, designó a algunos de ellos para que cantasen a Jehová y le alabasen en la hermosura de la santidad, mientras iban delante del ejército, diciendo: “¡Alabad a Jehová, porque para siempre es su misericordia!” Cuando comenzaron el canto y la alabanza, Jehová puso emboscadas contra los hijos de Amón, los de Moab y los de la región montañosa de Seír que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

Si Josafat hubiese salido con su ejército a pelear contra tres adversarios mejor armados y con una tropa mucho mayor que la suya, probablemente hubiese sido derrotado. Como hombre temeroso de Dios, Josafat prefirió consultar con el profeta de Jehová y escuchó la voz de Dios ordenándole a alabar en lugar de enfrentar al enemigo en sus propias fuerzas. En obediencia, Josafat y el reino de Judá alabaron al Altísimo, quien se encargó de pelear por ellos y darle la victoria.

De igual manera, Dios espera que cada día nosotros descansemos en Él, ofreciéndole nuestra continua alabanza para permitir que Él actúe en consecuencia otorgándonos la victoria en cada una de nuestras batallas diarias.

Atrae Salud

Proverbios 17:22: El corazón alegre es una buena medicina; mas el espíritu quebrantado reseca los huesos (VM).

Las personas que viven quejándose día a día, además de no sentirse felices, repelen con sus actitudes la buena salud atrayendo hacia sí mismas todo tipo de enfermedades. Muchas veces, estas personas visitan los médicos y los hospitales en donde le hacen todo tipo de análisis los cuales nunca le detectan nada anormal, mas sin embargo se siguen sintiendo enfermas. No se dan cuenta de que los modernos instrumentos de diagnósticos aún no son capaces de identificar el origen de una enfermedad que no provenga de lo físico, de lo tangible. Una vida de alabanza y de acción de gracias a Dios es la respuesta correcta para aliviar mucho de nuestros males físicos.

Produce Paz

Isaías 60:18: Nunca más se oirá de violencia en tu tierra, ni de destrucción y ruina en tus territorios. Más bien, a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza.

Dice Filipenses 4:7-8: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Cuando nuestros pensamientos se enfocan en lo que Dios espera que meditemos y nuestros labios se abren para alabar a aquel que nos amó, esa paz tan diferente a la que ofrece el mundo, el cual es incapaz de entenderla, va a inundar nuestros corazones y nuestros pensamientos. Es imposible vivir en alabanzas a Dios y estar en zozobra, mas bien, la alabanza misma nos trae la paz.

Nos Cambia

2 Corintios 3:18: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

1 Juan 3:1-2: Mirad cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. ¡Y lo somos! Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Pero sabemos que cuando él sea manifestado, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Somos transformados a la imagen de la misma gloria del Dios que adoramos. ¡Qué hermoso privilegio! Dios nos premia transformándonos a su propia imagen cuando le expresamos nuestro amor y agradecimiento por medio de nuestra alabanza y nuestra adoración.

Bendiciones para todos.