Todo Es para Alabanza de Su Gloria

En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de Su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de Su gloria.

Efesios 1:11-14

Cuando nos damos cuenta de que Dios nos concede mucho más que lo que merecemos, la alabanza a Él se convierte en algo natural. Aunque nos creamos buenos, ciertamente no lo somos. Nuestro pecado nos hace unos fuera de ley frente a Dios y eso nos hace culpables frente a un juicio divino. Solo la gracia de Dios nos condona la deuda y, si algo bueno sale de nosotros es para Su gloria. Por lo tanto, debemos agradecerle cada día la gracia, ese favor inmerecido de salvarnos y alabar Su gloria derramada en nosotros.

He escuchado mucho a la gente decir que merecen mejor suerte cuando las cosas no le salen de la forma que quisieran. Algunos incluso culpan a Dios de sus situaciones adversas. En verdad, Dios no es responsable de nuestros problemas ni que el mundo ande patas arribas. La causa de los males individuales y colectivos es el pecado y de eso, nadie puede declararse inocente. Y con respecto al pecado, Romanos 6:23 dice: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Entonces, si algo merecemos por naturaleza, es pagar por nuestros pecados, y la justa condena por el pecado es la muerte. Si no llegamos a morir por nuestros pecados es porque Dios nos regaló el perdón, ha sido Su gracia, ha sido Su gloria que levantó de los muertos a Jesucristo dándonos la misma esperanza de resurrección. Por lo tanto, no nos merecemos nada, no somos dignos de ser exaltado sino de sufrir la humillación mayor; pero Dios ha sido misericordioso con nosotros, así que solo Él merece ser alabado, solo Él merece la gloria y el honor.

No nos quejemos de nuestra suerte sintiendo que somos tratados injustamente. Si la justicia de Dios nos fuera aplicada como debiera ser, sin duda que nadie se salvaría de la condena eterna. Lo mejor que podemos hacer cada día es levantarnos alabando a nuestro Dios y Padre de la gloria, quien nos ha hecho partícipes de pertenecer a Su familia mediante nuestra redención por la sangre de Su Amado Hijo Jesucristo. Que nuestra salvación sea para alabanza de Su gloria en cada día de los que nos resta por vivir y luego en la eternidad junto a Él.

No importa si nuestro caminar por este mundo sea un constante sufrimiento. Recordemos a Pablo quien, a pesar de consagrarse al servicio a Dios, sufrió persecución, azotes, encarcelamiento y muchas otras tribulaciones hasta terminar siendo ejecutado por el nombre de Jesús. A pesar de todos sus padecimientos, Pablo fue capaz de levantar su alabanza al Dios Todopoderoso en medio de su prisión y, no solo sus cadenas fueron rotas, sino que su liberación sirvió para que su carcelero obtuviera salvación y vida eterna.

Que las circunstancias no dirijan nuestro rumbo. Caminemos dando honra y honor a quien nos ha salvado del castigo eterno. Llenemos nuestros labios de alabanzas a Él, en lugar de llenarlos de quejas. Que todo lo que hagamos sea para alabanza de Su gloria. Dios te bendiga.

 

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El Tonificador del Alma

Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día.

Salmo 35:28

Si ya limpiaste tu cara y le aplicaste un humectante, el próximo paso es tonificarla. De la misma manera sucede con tu alma limpia por el perdón e hidratada con la oración, la cual necesita ser tonificada con la alabanza. Cuando alabas a Dios y vuelves a Él tus pensamientos, cuando te olvidas de ti mismo, sin egoísmo en tu corazón, quedas libre para que Dios ponga en ti Su gozo.

Los tonificadores de piel se refieren a un producto para su cuidado que garantiza que la misma va a estar completamente limpia. El tonificador restaura el equilibrio del pH de la piel. El uso de un tonificador debe ser parte de la rutina diaria de limpieza facial, de acuerdo con los expertos.  El tonificador elimina cualquier resto de aceite o maquillaje. Para obtener mejores resultados, debe elegirse un tonificador sin alcohol.

Un tonificador de piel puede ser un líquido o loción y algunas veces también recibe el nombre de tonificante, astringente, loción clarificante o refrescante. El tonificador de piel se utiliza para reducir el tamaño de los poros y eliminar el exceso de grasa. Aunque se cree algunas veces que los tonificadores secan la piel, las fórmulas modernas vienen en diferentes presentaciones que hacen más que solo reducir el tamaño de los poros. Los tonificadores refrescan, dan tono, limpian y humectan la piel para obtener un brillo saludable.

De la misma manera que los tonificadores actúan en nuestro cutis, la alabanza garantiza que nuestra alma va a estar limpia de egoísmo porque nos concentramos únicamente en el Dios que adoramos. La alabanza elimina también el temor y la angustia y nos trae la paz y el gozo del Señor. Al alabar, debemos elegir alabanzas sin el alcohol del humanismo para concentrarnos en la figura de nuestro amado Padre Celestial.

Nuestra alabanza, como tonificador del alma puede ser el líquido de una canción conocida o la loción de un cántico nuevo que salga de nuestro corazón. El tonificador del alma, reduce el tamaño de los poros de nuestros temores porque nos refugiamos en los brazos poderosos del Señor. Y aunque hay quienes piensan que la alabanza seca nuestra alma porque nos olvidamos de nosotros mismos, la verdad es que nos sirve para dejar de pensar en nuestros problemas para concentrarnos en el Dios que los resuelve todos.

David fue, sin lugar a dudas, el más grande rey del pueblo de Israel. Pero la vida de David no fue siempre tranquila y sin problemas, al contrario, la mayor parte del tiempo se vio obligado a luchar contra muchos enemigos. Tampoco fue perfecto y llegó a cometer pecados muy graves. Sin embargo, David es recordado como un hombre conforme al corazón de Dios porque supo confesar sus fallas y arrepentirse, pero sobre todo, fue un hombre que le rindió alabanzas a Dios todo el tiempo.

Al igual que David, tonifica tu alma con tu alabanza al que es digno de recibir la gloria y el honor. Te aseguro que si deseas llevar una vida plena, conviértela en una de alabanza en lugar de levantarte cada día entre quejas y lamentos. Alaba a Dios en la alegría, en el llanto, en el triunfo y en la prueba. Él siempre te responderá. Dios te bendiga.

Obstáculos para la Alabanza

La incapacidad para entrar en alabanza y adoración es una iseñal de que hay un problema substancial entre Dios y nosotros. Lo primero que debemos hacer es identificar el problema o los problemas (si son más de uno) y entonces enfrentarlos adecuadamente. Las mismas barreras que nos impiden alabar a Dios, pueden frenar el avance en nuestra relación con Él, detener que nuestras oraciones sean contestadas o impedir que seamos sanados. Entre las excusas más frecuentes se encuentran:

• “¡Soy introvertido!”
• “¡Soy muy tímido; me da vergüenza!”
• “¡No soy muy expresivo!”
• “¡No va con mi personalidad!”
• “¡No me siento motivado para hacerlo!”

¡Pero, la alabanza es un mandamiento de Dios y ninguna excusa es válida!

Salmo 150:6: ¡Todo lo que respira alabe a Jehová! ¡Aleluya!

Todas las excusas anteriores y muchas más que no se han presentado aquí son solo pretextos que pretenden ocultar las verdaderas barreras que impiden nuestra alabanza a Dios. A continuación se exponen esos obstáculos.

Pecado

El Problema. El pecado destroza nuestra amistad y nuestra comunión con Dios. El pecado nos coarta ante la Presencia de Dios. Nos sentimos sucios y creemos que no es apropiado acercarnos a Él conociendo Su santidad y Su pureza. Ciertamente, Dios es incompatible con el pecado y Él nos invita a ser santos como Él. Algunos están tan acostumbrados al pecado que se hacen insensibles a identificarlo como la razón que los separa de Dios. Es como las personas que se acostumbra a sus propios olores y no distinguen cuando huelen mal.

Salmo 66:18: Si en mi corazón yo hubiese consentido la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Isaías 59:2: pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

La solución. Afortunadamente, Dios no actúa de la misma manera que nosotros. Por supuesto que todo pecado es una ofensa contra Dios; pero lo que nos toca hacer es confesar nuestro pecado o pecados, y aceptar Su perdón. Dios, al igual que el padre del hijo pródigo, nos esperará con los brazos abiertos para darnos nuevamente todo Su amor y Su amistad. Él nunca rechazará un corazón contrito y humillado.

Salmo 51:1-3 : Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.

Salmo 51:17: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

1 Juan 1:9: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Condenación

El Problema. La condenación nunca proviene de Dios, es impuesta por Satanás quien nos incrimina y sentencia. El enemigo es el fiscal que nos acusa delante de Dios y quien ataca nuestra mente recordándonos nuestras fallas mientras nos hace creer que de ninguna manera Dios nos perdonaría. Sin embargo, tan pronto le hayamos pedido perdón a Dios, el siguiente paso es perdonarnos a nosotros mismos. La autocondenación nos produce un sentido de indignidad que nos conmina a “hundir nuestras cabezas” de vergüenza en la Presencia de Dios y a estar tan conscientes de ser indignos que nos olvidamos de la misericordia y la gracia de Dios. Creamos conciencia de nuestra propia naturaleza en lugar de entender el carácter Dios.

Juan 3:19: Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Romano 13:2: De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

1 Timoteo 3:6: no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

La solución. Dios mismo nos da la respuesta a la condenación en Su Palabra: No hay condenación para los que están en Jesús. Debemos dejar de pensar en nosotros mismos y poner nuestros pensamientos en Él. Mientras más tiempo pasemos pensando en Jesús, más desearemos alabarlo. Definitivamente que Su sacrificio en la cruz no fue en vano sino para liberarnos de la condenación causada por el pecado. Recordar que Él tomó nuestro lugar en la cruz y nos salvó es motivo suficiente para alabarlo.

Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Romanos 8:1: Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Hebreos 12:2: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Mundanalidad

El Problema. La mundanalidad no es otra cosa que tener nuestras mentes y pensamientos centrados en las cosas de este mundo. Significa desear “dignidad” o “decoro” más que ministrar a Dios en la alabanza y la adoración. Muchas personas están más pendientes de lo que puedan pensar los demás que de expresarse con libertad en alabanza.

Mateo 16:26: Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Efesios 2:1-2: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Colosenses 2:8: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

La solución. La Palabra de Dios nos dice al respecto lo siguiente:

1 Pedro 5:7: Echad sobre él toda vuestra ansiedad, porque él tiene cuidado de vosotros.

Filipenses 4:8: En cuanto a lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto pensad.

1 Juan 2:15-17: No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Romanos 12:2: No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Los versículos anteriores se explican por sí mismos, antes de pensar en las cosas del mundo y en lo que el mundo nos demanda, pensemos en Dios y actuemos en consecuencia obedeciéndole a Él y no al mundo. El mundo podrá imponernos reglas y costumbres; pero ninguna de ellas nos llevan a salvación porque sus valores son contrarios a los valores de Dios.

Indiferencia

El Problema. Ser tibio o indiferente hacia el Señor nos impide frecuentemente entrar en alabanza y adoración. La indiferencia o apatía nos impide manifestar nuestro amor hacia Dios. Si somos indiferentes estamos mostrando que poco nos importa alabar y honrar a Dios. He visto muy a menudo como muchas personas permanecen indiferentes a la alabanza congregacional. Algunos parecen encontrarse mentalmente ausentes del templo en esos momentos, otros soportan con fastidio el momento de ministrar a Dios.

Apocalipsis 2:4: Sin embargo, tengo contra ti que has dejado tu primer amor.

Apocalipsis 3:15-16: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

La solución. La respuesta es regresar a Dios en total arrepentimiento y entonces como un acto de obediencia, comenzar a alabarlo. Dios siempre nos tiene paciencia y esperará que nos acerquemos arrepentidos a Él, Su amor es eterno y Su misericordia se renueva cada día.

Malaquías 3:7: Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes y no las habéis guardado. ¡Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros!, ha dicho Jehová de los Ejércitos.

Rebelión

El Problema. Rebelarnos hacia Dios, hacia los padres o hacia la autoridad que Dios ha puesto en la iglesia, es un gran impedimento para la alabanza. El rebelde no reconoce las reglas porque hace las suyas propias o las interpreta a su manera. En estos tiempos en que las libertades del mundo moderno se han convertido en libertinaje, es muy común encontrar personas que se rebelan contra todo y protestan por todo. Muchas de esas personas podrían estar pensando cosas como estas durante el período del servicio dedicado a alabar y adorar a Dios:

• ¿Por qué tengo que levantar las manos o aplaudir?
• ¿Quién es este músico para decirme lo que tengo que hacer?
• ¡Yo alabo a mi manera!
• ¡Nadie me dice a mí lo que tengo que hacer!
• ¿En dónde dice que tengo que danzar?
• Creo que Dios me dio la libertad para alabarlo como mejor me parezca.

1 Samuel 15:22,23: Entonces Samuel preguntó: – ¿Se complace tanto Jehová en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Jehová sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros. Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra de Jehová, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey.

La solución. Someternos a la autoridad y arrepentirnos de la rebelión. De esta manera, tomamos de nuevo el camino de la obediencia. De la misma manera que aceptamos el sermón que nos trae el predicador como inspirado por Dios, debemos aceptar que la persona a cargo de dirigir la alabanza está siendo guiado por el Espíritu Santo para conducir a la congregación hacia la ministración que Dios espera y anhela.

Hebreos 13:17: Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse, pues esto no os sería provechoso.

Desánimo

El Problema. Muchas personas arrastran sus problemas personales hasta la iglesia. Si nuestros corazones no están dispuestos para alabar a Dios, se levantará un muro de contención, el cual imposibilitará la alabanza. Todos pasamos por situaciones adversas que nos afectan negativamente: en el trabajo, en la familia, enfermedades, etc. No es necesario que llevemos esas cargas tan pesadas sobre nuestras espaldas sin dejarlas a los pies de la cruz.

2 Corintios 4:8,9: Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.

La solución. A medida que nos involucremos en alabar y adorar a Dios en obediencia, todo el desánimo se irá de nuestros corazones. La alabanza y la adoración a nuestro Señor son el mejor antídoto contra el desánimo y el aburrimiento porque nuestro Dios nunca es aburrido, Él es un Dios de acción. Por lo tanto, nuestra actitud debe ser una de gozo en el Señor.

Isaías 51:11: Los rescatados de Jehová volverán y entrarán en Sión con cánticos. Y sobre sus cabezas habrá alegría perpetua. Alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.

Enojo

El Problema. Resulta totalmente imposible que lleguemos a Dios en alabanza y adoración, si estamos guardando en nuestros corazones resentimiento hacia otros, hacia nosotros mismos, o hacia Dios. El enojo oscurece la mente y nos impide disfrutar de la alegría de exaltar al que vive para siempre.

Santiago 1:19,20: Sabed, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira; porque la ira del hombre no lleva a cabo la justicia de Dios.

La solución. Perdonar a quienes nos han ofendido y no permitir que el enojo se anide en nuestro corazón. Lo mismo que el desánimo, el enojo, la ira y el resentimiento deben de quedar afuera del lugar donde se reúne la congregación a alabar y adorar a Dios. Nosotros no estamos por encima de Dios, quien ya perdonó todos nuestros pecados. Entonces, ¿qué nos impide perdonar a nuestro prójimo?

Salmo 37:8: Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo.

Eclesiastés 7:9: No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

Efesios 4:31,32: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad. Más bien, sed bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Colosenses 3:8: Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.

Preocupación

El Problema. La preocupación es una demostración de duda e incredulidad, es lo opuesto a la fe. Es imposible entrar en alabanza y adoración si nuestros pensamientos están sumergidos en nuestros problemas personales. Una de las frases que más repitió Jesús en su ministerio fue “hombres de poca fe”. Eso demuestra que a muchas personas les entra el miedo escénico en los momentos de pruebas. Se olvidan del historial de Dios para con sus vidas y piensan que no hay una solución posible para su problema.

Juan 14:27: La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

La solución. En la medida en que nuestros ojos se enfoquen en Jesús y las promesas de Su Palabra y en vez de preocuparnos, nos ocupemos de darle gracias por lo que ha hecho y por ser quien es, nuestros corazones serán inundados de paz y la alabanza comenzará a fluir de nuestro interior hacia Dios. Pedro pudo caminar sobre las aguas todo el tiempo que miraba a Jesús; pero empezó a hundirse tan pronto como sus ojos encararon el ambiente que le rodeaba. La preocupación es otro ingrediente que debe quedar fuera del ambiente de alabanza y adoración a Dios.

Mateo 6:25: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Filipenses 4:6-7: Por nada estéis afanosos; más bien, presentad vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.

Depresión

El Problema. Cuando somos vencidos por un espíritu de depresión a causa de nuestras propias circunstancias, estamos deteniendo el fluir de la alabanza en nuestras vidas. Nos pasaría igual que a Elías (1 Reyes 19:1-14), quien cayendo en depresión huyó y se metió en una cueva. La tendencia natural de la persona deprimida es encerrarse en sí misma, es la actitud del avestruz de esconder la cabeza en la arena para no enfrentar la realidad.

1 Pedro 4:12,13: Amados, no os sorprendáis por el fuego que arde entre vosotros para poneros a prueba, como si os aconteciera cosa extraña. Antes bien, gozaos a medida que participáis de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con regocijo.

La solución. Ofrecer sacrificio de alabanza y comenzar a regocijarnos. Esto es como un acto de obediencia a Dios, a través del cual nos vestimos con un manto de alabanza. Alabemos a Dios en la prueba y la victoria vendrá como consecuencia directa de nuestra alabanza.

Isaías 61:3: Para proveer a favor los que están de duelo por Sión y para darles diadema en lugar de ceniza, aceite de regocijo en lugar de luto y manto de alabanza en lugar de espíritu desalentado. Ellos serán llamados robles de justicia, plantío de Jehová, para manifestar su gloria.

Bendiciones para todos.