Retrato del Verdadero Siervo de Jesucristo

Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

1 Corintios 4:9-13

El texto de 1 Corintios 4:9-13 describiendo a un verdadero siervo de Jesucristo podría parecer hoy día igual a una película de ciencia ficción para muchos. La imagen que mucha gente tiene de un servidor de Cristo dicta mucho de ser un sentenciado a muerte, débil, despreciado, padeciendo hambre y sed, desnudo, abofeteado, sin morada fija, fatigado trabajando con sus propias manos, maldecido, padeciendo persecución y soportando todo eso. Y es que muchos que hoy dicen servir al Señor exhiben todo lo contrario a lo que Pablo señala en 1 Corintios 4:9-13.

Desde la pomposidad de las grandes basílicas y catedrales católicas hasta el enorme derroche de lujo de las megas iglesias protestantes, parecen dejar en ridículo al apóstol Pablo. La finura de las vestiduras de los papas, cardenales y obispos o los elegantes trajes de diseñador de los modernos “apóstoles” evangélicos hacen ver que estos “siervos” de Jesucristo no andan ni desnudos ni padeciendo hambre o sed, sino todo lo contrario.

¿Habrán siervos del Señor hoy día tal como los describe Pablo? Definitivamente que sí, aunque lo más probable no sean ni famosos ni populares. He conocido algunos muy de cerca. Es poco probable que los encontremos en las iglesias grandes, más bien están en las calles llevando la Palabra de Dios a los marginados. También son frecuentes en los países donde más se persiguen a los cristianos, como las naciones islámicas de África y Medio Oriente, India, Pakistán o China. Los puedes encontrar entre las tribus de la Selva del Amazonas o en los barrios marginados de las grandes ciudades del mundo.

La constante de cada siervo genuino es que va a enseñar las verdades bíblicas tal como son, sin acomodar el evangelio al gusto de la gente. El verdadero siervo de Jesucristo llamará al pecado por su nombre, predicará el arrepentimiento y será un abanderado de la santidad. El siervo de Dios está comprometido con la verdad y no va a prometer a la audiencia que sus problemas serán resueltos al convertirse a Cristo.

Este siervo va a poner la otra mejilla y lavará los pies de sus discípulos, en lugar de usarlos como escuderos o guardaespaldas. Y como el verdadero siervo no manipula a la congregación con los diezmos y ofrendas, seguramente se ganará el pan por otro lado mientras predica la Palabra.

Y si su dedicación a la expansión del Reino no le permite trabajar secularmente, es probable que con frecuencia se vea padeciendo hambre, sed, desnudez y hasta carencia de un techo. Sus pares que andan en una línea evangelística distorsionada les cerrarán las puertas de sus iglesias por temor a ser descubiertos. También los maldecirán y perseguirán.

La diferencia entre el falso siervo y el verdadero siervo la vemos en 2 Timoteo 3:12-13: Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Dios te bendiga.

 

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Consultando Primero con Dios Antes de Actuar

Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.

Proverbios 16:3

Las cosas deben de ponderarse bien antes de ser ejecutadas. Sin embargo, hay personas tan activas e impacientes que se lanzan a ejecutar sus acciones sin pensarlo. El resultado casi siempre es el fracaso porque no previeron los inconvenientes que se presentarían en el camino. Eso pasa incluso con personas creyentes, quienes hacen las cosas sin antes consultarlas con Dios. Y cuando tienen el agua al cuello, entonces acuden a Dios para que los rescate. Proverbios 16:3 nos dice que el primer paso antes de actuar es poner nuestros planes en las manos de Dios quien afirmará nuestros pensamientos.

Para mí no resulta muy difícil entender lo que dice Proverbios 16:3. Como profesional de la ingeniería, conozco la importancia de la planificación y el diseño como pasos previos a la ejecución de cualquier obra. Sé que todo lo que ha sido construido por el hombre fue primero una idea, un proyecto que fue concebido por alguien, luego pasó por un proceso de análisis hasta finalmente ser aprobado y construido antes de que pudiera ser utilizado. Comprendo también que las personas que no tienen mi trasfondo profesional quizás no lo vean tan fácilmente.

Pero no es necesario ser un ingeniero para darse cuenta de que primero las cosas se piensan, se plantean, se consultan y se analizan antes de ponerse en práctica. Un agricultor también lo sabe. Cuando tiene frente a sí la tierra, este hombre piensa lo que va a sembrar. Y tal vez no va a confiar solo en lo que sabe, sino que le preguntará a quienes sembraron antes que él en los terrenos vecinos acerca de cuál es el cultivo que mejor se ajusta a esa tierra. Seleccionará las semillas, preparará la tierra y hará una serie de pasos previos a la siembra. Una vez ya sembrada la semilla, el fruto no es inmediato ya que requiere dedicar tiempo en el cuidado de la planta antes de que eso suceda.

Hay personas, incluyendo algunos que se autodenominan cristianos, quienes piensan que Dios debe ser excluido de ciertos aspectos de su vida. Este tipo de persona no cree que Dios tenga jurisdicción sobre sus finanzas o en la elección de su pareja. Ellos piensan que está bien que nuestro Padre Celestial intervenga en las cosas espirituales; pero que lo material o relacional es algo que no le incumbe. Quienes piensen así cometen un error muy grave porque no existe nada sobre la tierra en lo cual Dios no tenga injerencia.

Cuando compramos un artefacto que necesite ensamblaje, lo más prudente es seguir al pie de la letra las instrucciones del fabricante. Sería muy tonto no seguir los pasos para armar el aparato o equipo en el orden establecido. Si lo hacemos a nuestro modo, es muy probable que nos sobren piezas o que las coloquemos de manera incorrecta. Dios es el fabricante de todo lo creado y Sus instrucciones son las correctas para llevar a cabo cada detalle de nuestras vidas.

Creemos conciencia de que incluir a Dios en nuestra toma de decisiones nos beneficia en gran manera. La sabiduría de Dios es superior a la de toda la humanidad combinada. Su amor por Sus hijos no tiene límites y siempre procurará el bien para nosotros. Antes de tomar cualquier acción o proyecto, consultemos con Él. Dios te bendiga.

 

El Amor de Dios

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

1 Juan 4:7

La palabra amor está en boca de todo el mundo. Pero la mayoría de las personas ignoran el verdadero significado del amor. Por eso hoy día llaman hacer el amor a tener sexo con cualquiera independientemente de que haya o no amor de verdad. También es común escuchar a alguien llamar a otra persona “mi amor” algunas veces sin ni siquiera conocerle bien. Para poder entender lo que realmente es el amor, hay que conocer primero a Dios porque de Él procede el amor.

La mejor forma de conocer sobre el amor de Dios es leer la Escritura. El versículo mejor conocido de la Biblia, Juan 3:16 nos dice lo siguiente: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,  mas tenga vida eterna. La capacidad de amar de Dios no tiene límites. Entregar a Su propio Hijo para que pagara por la culpa de toda la humanidad es la mayor muestra de Su amor.

Dios ha entregado Su amor sin que nosotros lo mereciéramos. Romanos 5:8 dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Quien peca está ofendiendo a Dios y no existe un solo ser humano que pueda decir que no haya pecado. Por lo tanto, la muerte de Jesucristo fue para sustituir a cada hombre y mujer que ha nacido en la Tierra. Nadie puede sentirse inocente de la sangre de Cristo, la cual fue derramada para pagar el precio de nuestra salvación.

Y mediante Jesucristo, Dios nos da la oportunidad de formar parte de Su familia. 1 Juan 3:1 dice: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Y Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. La grandeza del amor de Dios se manifiesta al adoptarnos como Sus hijos solo por creer y recibir a Su Hijo.

Y ya como Sus hijos, Dios nos imparte Su amor a cada uno de nosotros y lo derrama en nuestros corazones. Romanos 5:5 dice: y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. El Espíritu de Dios mora en cada uno de Sus hijos. Eso nos da la capacidad de amar en la misma manera que Dios ama, sin condición, en entrega total.

1 Juan 4:8 dice: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. Si somos hijos de Dios, debemos de conocer a nuestro Padre. Eso nos debe hacer capaces de amar de la misma manera que Él nos enseña a amar. Sigamos Su ejemplo y amemos como Él nos ama. Si quieres saber cómo es el tipo de amor que Dios espera, sigue las instrucciones de 1 Corintios 13:4-7: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Dios te bendiga.

Dios Nos Ciñe de Poder

Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino.

Salmo 18:32

El poder es una de las cosas más ambicionadas por el hombre. Desde el inicio de la historia, muchos hombres han luchado por ser poderosos. Algunos han llevado su ambición de poder fuera de sus fronteras nacionales. En tal sentido, estos hombres han provocado guerras de conquista donde han muerto millones de personas. En casi todos los casos, esos ambiciosos de poder terminaron mal. Solo cuando nuestro poder viene de Dios, nuestro camino se hace perfecto.

Entre los hombres más ambiciosos de poder en la historia humana se destacan tres: Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte y Adolf Hitler. Todos ellos fueron causantes de guerras terribles en tres épocas distintas: la Edad Antigua, siglos XVIII- XIX y el siglo XX. Cada uno de ellos arrastró a su nación a una lucha por la supremacía mundial. Todos llevaron a cabo la conquista de extensos territorios de otros países.

Alejandro Magno (356-323 AC) fue rey de Macedonia desde 336 AC hasta su muerte. En el 334 AC lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa el cual conquistó. Se hizo con un dominio que se extendía por Grecia, Egipto, Anatolia, Medio Oriente y Asia Central, hasta los ríos Indo y Oxus. Habiendo avanzado hasta la India, la negativa de sus tropas a continuar hacia Oriente le obligó a retornar a Babilonia, donde falleció sin completar sus planes de conquista de la Península Arábiga.

Napoleón Bonaparte (1769-1821) durante un periodo de poco más de una década, adquirió el control de casi toda Europa Occidental y Central y sólo tras su derrota en la batalla de las Naciones, cerca de Leipzig, en octubre de 1813, se vio obligado a abdicar unos meses más tarde. Regresó a Francia y al poder durante el breve periodo llamado los Cien Días y fue decisivamente derrotado en la batalla de Waterloo en Bélgica, siendo desterrado por los británicos a la isla de Santa Elena, donde falleció.

Adolf Hitler (1889-1945) fue el presidente y canciller de Alemania entre 1933 y 1945. Llevó al poder al  Partido Nazi y lideró un régimen totalitario durante el periodo conocido como Tercer Reich o Alemania Nazi. Además, fue quien dirigió a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, iniciada por él con el propósito principal de cumplir sus planes expansionistas en Europa. Hitler y su antigua amante Eva Braun se suicidaron para evitar ser capturados por el Ejército Rojo; posteriormente, sus cadáveres fueron quemados.

En contraste a estos tres funestos personajes de la historia, vemos lo que hizo Dios con el rey Salomón. 1 Crónicas 29:25: Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel. El poder de Salomón había sido dado por Dios y su reinado se mantuvo en paz. Solo cuando Salomón se apartó de Dios adorando dioses extraños condujo a la división de su reino a su muerte. Entendamos lo que escribió el rey David en el Salmo 18:32 de que quien nos ciñe de poder y perfecciona nuestro camino es Dios. Dejemos de andar presumiendo que somos poderosos porque sobre nosotros está el Todopoderoso. Dios te bendiga.

Dios Nos Lleva Siempre en Triunfo

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.

2 Corintios 2:14

A nadie le gusta perder. Cada quien emprende su jornada con la esperanza de alcanzar la victoria. No creo que alguien se disponga a hacer algo a sabiendas de que va a fracasar. Lamentablemente, en la vida se gana y se pierde. Por eso en cada lucha hay vencedores y vencidos. En la mayoría de los deportes no existe el empate, por eso uno de los competidores ganará y el otro recibirá la derrota. En lo espiritual cuando estamos con Dios, el triunfo está asegurado, independientemente del resultado.

Durante mi adolescencia recuerdo que un locutor deportivo de mi ciudad natal repetía la frase que lo importante no es vencer sino participar. Muchos deportistas se molestaban con esa expresión. Realmente no creo que un atleta competitivo se conformaría con menos que alcanzar la victoria. En los Juegos Olímpicos, los atletas de alto rendimiento buscan llevarse la medalla de oro. Cierto que solo hay una medalla de oro y que dos más tendrán que conformarse con la medalla de plata o la de bronce. Sin embargo, el fin que todos persiguen es alzarse con la presea dorada y escuchar el himno nacional de su país.

Lo mismo sucede con la Copa Mundial de fútbol o el Clásico Mundial de Béisbol en los cuales cada equipo lucha por llevarse el trofeo a casa. Por ejemplo, mi país natal se llevó la victoria de forma invicta en el Clásico Mundial de Béisbol de 2013. Recuerdo que al final de cada juego, el lanzador encargado de cerrar los partidos tenía la costumbre de lanzar al cielo una flecha imaginaria como señal de satisfacción al preservar la victoria de su equipo.

Si quieres pertenecer a un equipo campeón, el cual ganará invicto el campeonato de la vida eterna, te recomiendo que te unas al equipo de Jesucristo. 1 Corintios 15:57 dice: Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Con Jesucristo como nuestro director técnico tenemos la victoria asegurada. Él venció a la muerte, al pecado y al mundo mientras dejaba en vergüenza al enemigo al desarticular sus planes de perdición.

No solo tenemos en Él una simple victoria, mira lo que dice Romanos 8:37: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Así pues, no te sientas derrotado nunca porque Dios te llevará siempre al triunfo por medio de Su Hijo Jesucristo quien nos hace más que vencedores. No hay nada que temer, no hay derrota posible, confiemos en quien ya venció al mundo.

Bueno, me podrás decir que eso está muy bien, pero que no entiendes como puedes ser reclutado al equipo campeón. Me podrías preguntar si tienes los méritos suficientes para que te hagan parte del equipo.  Te voy a decir algo, si fuera por mérito, ni tú, ni yo, ni nadie más formaría parte de este equipo de más que vencedores que obtienen siempre el triunfo. Puedes ser parte del equipo de Cristo por la gracia de Dios, no por tus méritos. Solo arrepiéntete de tus pecados y entrega tu corazón a Jesucristo. Él te recibirá gustosamente en su equipo campeón. Dios te bendiga.

Dios Nos Da Valor

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1:7

No sé cómo puede haber personas que dicen creer en Dios y viven llenos de temor. Quien conoce a Dios debiera vivir completamente confiado y sin miedo a nada ni nadie. Lo primero es que debemos darnos cuenta que Dios es Todopoderosos y si está de nuestro lado, absolutamente nada nos dañará. En segundo lugar, si Dios es muestro Padre, Él cuidará de nosotros. Y según 2 Timoteo 1:7, Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, por lo tanto, el creyente debe vivir confiado y sin temor alguno.

Ahora bien, es posible que alguien que lea o escuche el primer párrafo de este mensaje me diga: “Si, Tony, con la boca es muy fácil decirlo; dime si acaso no has sentido temor en tu vida por algo.” Te mentiría si dijera que no y si me preguntaras si he sentido temor después de haberme convertido en un hijo de Dios, te confieso que también es cierto. No es que yo haya vivido lleno de temor todo el tiempo; pero sí he tenido miedo alguna vez. Y te digo algo más, hasta los grandes titanes de la Biblia lo han sentido.

Hablando de la Biblia, lo que me encanta de leerla es ver la autenticidad de sus personajes. Cada hombre o mujer de Dios es presentado en la Escritura en su humanidad con virtudes y defectos. El profeta más poderoso del Antiguo Testamento fue Elías y el capítulo 19 de 1 Reyes habla una historia interesante sobre él. Dice 1 Reyes 19:1: Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.

Elías había hecho una demostración del poder de Dios ante el pueblo del Reino de Israel y avergonzó a los profetas de Baal a quienes mató a espada. La respuesta a este acto de Elías por parte de la reina Jezabel la da 1 Reyes 19:2: Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

¿Qué hizo al respecto el poderoso profeta Elías, quien el día anterior hizo una gran demostración del poder de Dios? Vemos 1 Reyes 19:3-4: Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

Elías, después de haber hecho milagros, maravillas y señales del poder de Dios huyó por la amenaza de una reina impía contra su vida. Él terminó escondido en una cueva en el desierto del Sinaí de donde lo sacó Dios. Dice 1 Reyes 19:13: Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? Hoy Dios te está invitando a salir de la  cueva de tus temores y te dice: “Hijo mío, hija mía, ¿qué haces en esa cueva?” El Espíritu que mora en cada hijo o hija de Dios no es el espíritu del temor o la cobardía. Tu Padre te dice hoy que te levante, salga de la cueva y tengas valor. Dios te bendiga.

En el Amor no Hay Temor

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

1 Juan 4:18

¡Qué triste es ver a hijos e hijas de Dios vivir con temor! Son cristianos, saben que son salvos, han recibido perdón y amor de parte de Dios, sin embargo cuando se encuentran en medio de las pruebas sienten el mismo miedo que las personas del mundo sufren bajos las mismas circunstancias. Si somos la luz del mundo y la sal de la Tierra, entonces nuestra actitud frente a la adversidad debiera ser distinta a la de quienes todavía no han conocido el amor de nuestro Padre Celestial.

Cuando entendemos la grandeza del amor de Dios hacia nosotros, entonces podemos dejar fuera el temor a cualquier circunstancia adversa que se nos presente. El versículo más conocido de la Biblia es Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. En Juan 3:16 se resume la magnitud del amor de Dios hacia a nosotros. Por amor, Dios envió a Su Hijo a morir en una cruz por ti y por mí.

Si ya conocemos que Dios nos ama, debemos comprender que Él tomará cuidado de cada uno de Sus hijos a quienes ama. Hay que entender también quién es Dios. Dice el Salmo 66:3: Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. El poder de Dios no tiene límites, por lo tanto, nadie ni nada podrá contra Él. Eso hace que quienes estén bajo Su divina protección no deben temer a sufrir ningún tipo de daño.

Dios nos ama y está con nosotros, entonces, ¿a qué le tememos? Es imposible que algo o alguien supere a Dios en fuerza y poder. Romanos 8:31 dice: ¿Qué, pues, diremos a esto?  Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El Dios Todopoderoso es nuestro Padre y nos ama, entendamos muy bien eso. Estando bajo Su protección y cuidado, no hay poder en el mundo natural ni en el espiritual que pueda contra Él y, por consecuencia, contra nosotros que somos Sus hijos.

Por Su amor, Dios no nos ha dado temor. En 2 Timoteo 1:7 leemos: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Si ya somos hijos de Dios, tenemos Su Espíritu morando en nosotros, no tenemos al espíritu de temor dentro de nosotros, sino al poderoso Espíritu Santo, quien nos brinda Sus dones y Su fruto. Si eres un hijo de Dios, por favor, no seas pusilánime, sino valiente y camina estando seguro de que tu Padre está contigo todo el tiempo.

Si por algún momento has pensado que puedes perder el amor de Dios, mira lo que nos dice el apóstol Pablo en Romanos 8:38-39: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Por lo tanto, con la seguridad de tener el amor de Dios, caminemos confiados por esta vida sin ningún temor. Su gran amor nos perfecciona y echa fuera el temor que conlleva el castigo. Dios te bendiga.