¿Es Suficiente Aceptar a Jesús para una Conversión Verdadera?

Sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén,  y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Hechos 26:20

Muchos se llaman cristianos porque en algún momento de sus vidas hicieron una oración en la cual reconocían a Jesús como su Señor y Salvador. Y parte de esas personas supuestamente aceptaron a Jesucristo, pero siguieron viviendo la misma vida que tuvieron antes de su encuentro con el Señor. ¿Es esto ser cristiano conforme a la Biblia? En Hechos 26:20, el apóstol Pablo resume la esencia del evangelio y la conversión verdadera: arrepentimiento de pecados, convertirse a Dios y hacer obras dignas de arrepentimiento.

La razón por la cual existen falsas conversiones es que se está atrayendo a la gente hacia Cristo con motivaciones equivocadas. Mucha gente llega a los pies del Señor creyendo que su vida va a mejorar y sus problemas desaparecerán. Mientras las cosas marchen bien, esas personas van a sentirse a gusto siendo cristianos; pero a la hora de las pruebas van a salir corriendo. El pastor norteamericano John Barber ha dicho: “Gran parte del evangelismo contemporáneo está produciendo una abundante cosecha de creyentes no regenerados.”

Pero no siempre la falsa conversión es producto de un mensaje adulterado del evangelio. El evangelista norteamericano David Wilkerson (1931-2011) dijo: “Puedo decirles que en nuestra iglesia no todo el que se llama cristiano es un verdadero convertido, un creyente salvo. Al mismo tiempo, puedo asegurarles que si tales personas vienen aquí y terminan siendo doblemente un hijo del infierno, no será a causa de un mensaje del evangelio incompleto. ¡No! Será porque ellos rechazaron la verdad convencedora del Espíritu Santo.”

El pastor norteamericano John MacArthur ha dicho algo muy fuerte, pero también muy cierto: “¿Escuchó alguna vez a alguien ponerse de pie ante una multitud y decir: ‘Si quieres ser cristiano mátate a ti mismo, niégate a ti mismo todas las cosas que anhela y ansías? ¿Disponte a morir y sumisamente sométete en obediencia a Jesucristo?’ Este mensaje no vende, no es una promoción inteligente. Pero resulta ser exactamente la verdad. El evangelio tiene que ser el evangelio. El principio es: usted llega a su fin, si quiere seguir a Cristo. Es el fin de usted. Usted no existe más.”

Es inconcebible decir que nos hemos convertido a Cristo y continuar practicando el pecado. La verdadera conversión implica el arrepentimiento y la renuncia voluntaria a la vida pasada. No es posible continuar complaciendo al mundo y compartir las cosas del mundo porque todas ellas se oponen a Dios. La verdadera conversión se ve en los frutos, es decir, en lo que Pablo llama las obras dignas de arrepentimiento.

El pastor británico Iain Murray (1931- ) dijo: “Hay algo tan seriamente mal en la naturaleza humana que nada puede corregirla excepto un nuevo comienzo, un segundo nacimiento. Nada más puede cambiar la naturaleza de una persona, ni la educación, ni siquiera unirse a una iglesia. El cambio que necesitan los pecadores es tan grande que solo Dios puede hacerlo porque no es otra cosa que un cambio de muerte a vida.”

Ciertamente, como dice Murray, la verdadera conversión es un cambio de muerte a vida, de la muerte como paga del pecado a la vida eterna que nos brinda la gracia. El Espíritu Santo es quien nos convence de nuestra vida pecaminosa y nos recuerda el juicio y la justicia. Nacer de nuevo del Espíritu es dejar atrás para siempre nuestro pasado. Dios te bendiga.

Amen

Hay que Arrepentirse

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Lucas 13:3

A mucha gente le fascina el Nuevo Testamento porque en él ven el amor de Dios, Su perdón y Su misericordia. Es en el Nuevo Testamento donde se habla de la gracia, de ser salvos por medio de la fe en Jesucristo, quien murió por los pecados de toda la humanidad. Pero hay un detalle que muchas veces se pasa por alto. Antes de recibir misericordia, amor y perdón, es necesario arrepentirse. En Lucas 13:3 el Señor nos dice que sin arrepentimiento, todos pereceremos igualmente. Por lo tanto, es imposible llevarle las buenas nuevas de salvación a quien no está en la disposición de arrepentirse.

El evangelista inglés Arthur W. Pink (1886-1952) dijo: “Presentar el sacrificio vicario de Cristo a aquellos cuya pasión dominante es llenarse de pecado, es dar lo que es santo a los perros.” Definitivamente que el arrepentimiento de pecados es un paso previo a la gracia. Es imposible que la gracia sea aceptada por quien todavía se cree merecedor de la salvación por mérito propio. Realmente, quien aún no se haya arrepentido no será capaz de entender lo que pasó en la cruz del calvario.

Hoy día mucha gente llega a los pies de Cristo por motivos equivocados. Ciertamente que todos tenemos problemas en la vida. Pero la búsqueda del Señor no debe ser para que se resuelvan nuestros problemas temporales sino para resolver el gran problema eterno que tiene cada ser humano. Suena duro, pero es muy cierto lo que dijo el pastor norteamericano Charles Finney (1792-1875): “Cuando los pecadores son descuidados y estúpidos, y hundiéndose en el infierno despreocupados, es hora de que la iglesia despierte a sí misma.”

Lo que dijo Charles Finney hace más de un siglo es una realidad que se vive actualmente. El pecado se ha multiplicado grandemente en el mundo; pero la gente vive sin preocuparse por su destino eterno. En lugar de arrepentimiento, la gente quiere justificar su pecado delante de Dios o exigirle a Él que cambie Su Ley para quedar impunes. Y por su parte la iglesia solo se ajusta a predicar lo que la gente quiere escuchar sin tocar los temas bíblicos que pudieran ofenderles.

Es hora de que se levanten predicadores que les digan a la gente lo que dice el Señor en Lucas 13:3: Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Porque ciertamente sin arrepentimiento del pecador, el destino garantizado es el infierno, la muerte segunda, la perdición perpetua. La iglesia debe despertar de su letargo y dejar de lado las doctrinas desviadas que anuncian un falso evangelio de felicidad y prosperidad.

Ni Jesús, ni los apóstoles ni los grandes evangelistas de todas las épocas han predicado un evangelio que promete resolver los problemas de la gente. Las primeras palabras registradas de Jesús están en Marcos 1:14-15: Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Hoy las primeras palabras del evangelio cobran vigencia. El tiempo se ha cumplido, la segunda venida del Señor está cada día más próxima. Las señales antes del fin las vemos cada día. Y aunque solo el Padre sabe el día y la hora, debemos de estar preparados porque nosotros no lo sabemos, pero vendrá como ladrón en la noche. El Reino de Dios se ha acercado y todos somos llamados al arrepentimiento y a creer en el evangelio para no perecer. ¿Lo ha hecho tú? Si no es así, toma esa decisión hoy, antes que sea tarde. Dios te bendiga.

 

Dios Llama al Arrepentimiento

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

Hechos 17:30-31

Las palabras dichas por Pablo en Hechos 17:30-31 tienen hoy tanta vigencia como el día que fueron pronunciadas. Hoy, como hace dos mil años, Dios llama al arrepentimiento a todo hombre y a toda mujer. Y la Escritura lo dice muy claro, no es una sugerencia sino un mandato, una orden. Algunos se sentirán ofendidos porque la orden le afectaría sus derechos; pero el pasarla por alto es más dañino aún porque habrá un día en el cual Dios juzgará al mundo con justicia.

Voy a compartir lo que dice el pastor norteamericano Richard Owen Roberts: “La primera palabra del evangelio no es ‘amor.’ No es ni siquiera ‘gracia.’ La primera palabra del evangelio es ‘arrepiéntete.’ Desde Mateo hasta Apocalipsis, el arrepentimiento es un tema urgente e indispensable colocado en el frente mismo del mensaje del evangelio.” La prédica moderna ha excluido temas como el arrepentimiento, el pecado y la santidad. La gente está más dispuesta a escuchar hablar sobre el amor, la gracia y el perdón. Lo malo es que ni la gracia ni el perdón son posibles sin un arrepentimiento genuino.

¿Qué significa arrepentimiento genuino? El pastor norteamericano Charles G. Finney (1792-1875) dijo: “El individuo que se arrepiente verdaderamente no solo ve el pecado como detestable y ruin, merecedor de aborrecimiento, sino que realmente lo aborrece, lo odia en su corazón.” El verdadero arrepentimiento implica abandonar por completo la vida de pecado y odiar esa forma de vida. Es hacer lo que dice la escritora norteamericana Rosaria Butterfield (1962- ): “El arrepentimiento requiere mayor intimidad con Dios que con nuestro pecado.”

Mucha gente tiene dificultad con el arrepentimiento porque nuestra definición de pecado puede ser distinta a la de Dios. Sin embargo, en nuestra relación con Dios, debemos hacer las cosas a Su manera, no a la nuestra. El predicador inglés Charles Simeon (1759-1836) dijo: “Una de las marcas más fundamentales del verdadero arrepentimiento es ver nuestros pecados como Dios los ve.” No se trata de acomodar la Palabra de Dios a nuestros gustos y preferencias sino de ajustar nuestra conducta al estándar de Dios.

El arrepentimiento es el primer paso que debemos dar para ser alcanzados por la gracia. Pero la gracia no nos autoriza a volver a la vida pasada llena de pecado. Al contrario, la gracia nos debe guiar hacia una vida de santidad, en la cual el pecado no tiene cabida. Al respecto, el pastor norteamericano David Powlison dice: “El arrepentimiento no es solo la manera en que comenzamos la vida cristiana; el arrepentimiento es la vida cristiana.” Arrepentirse de verdad es haber nacido de nuevo, de lo cual dice Juan 3:3: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Así pues que todo comienza con el arrepentimiento y todo debe continuar de esa manera hasta el fin. Si nacemos de nuevo, es porque somos distintos a lo que fuimos. El evangelio verdadero comienza y continúa con el arrepentimiento. El falso, lo describe el predicador norteamericano Paul D. Washer (1961- ) así: “El falso evangelio hace que el cerdo se sienta cómodo creyéndose oveja mientras se sigue revolcando en el lodo.” Dejemos atrás para siempre el lodo del pecado y abracemos el verdadero arrepentimiento. Dios te bendiga.

 

Arrepentimiento y Conversión

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio

Hechos 3:19

Lo que nos dice Hechos 3:19 es la esencia misma del Evangelio de Jesucristo. Sí, Jesús, le dijo a Nicodemo en Juan 3:3: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nacer de nuevo implica dejar toda la vida anterior atrás y convertirse en algo muy distinto. Para dejar lo viejo atrás, el arrepentimiento es una condición necesaria y para transformarse en algo nuevo, es necesaria la conversión.

Recuerdo que cuando yo era un niño, en mi país natal llamaban “convertidos” peyorativamente a los cristianos nacidos de nuevo. Y resulta que la esposa de mi tío Pedro, el hermano favorito de mi madre, era una de ellos. Mi tío solo tenía un hijo, quien era contemporáneo conmigo por lo que era el primo con quien más me relacionaba. Pero mi madre siempre nos advertía a mi hermano y a mí cuando nos iban a visitar que tuviéramos cuidado con la tía Conga porque ella era una evangélica convertida.

Como mi historia familiar existen muchas otras en cualquier lugar del mundo donde las tradiciones religiosas tienen mayor influencia que la búsqueda de una verdadera relación con Dios. Las tradiciones llevan a la gente a ponerse una etiqueta religiosa porque así ha ocurrido en la familia de generación a generación. Lamentablemente, ninguna de esas costumbres ancestrales que hemos practicado nos da garantía de salvación porque, tal como Nicodemo escuchó de labios del Señor, es necesario nacer de nuevo.

Veamos un poco más en detalle el arrepentimiento. Hay un paso necesario antes del arrepentimiento: reconocer que no estamos bien. De la misma manera que un adicto no puede ser ayudado si no reconoce su condición, es imposible el arrepentimiento si no reconocemos que somos pecadores. Lamentablemente nosotros mismos somos incapaces de convencernos de que somos pecadores, ya que la mayoría de la gente se cree buena y los que saben que son malos tienen la mente tan retorcida que ven el pecado y la maldad como algo natural. Solo Dios, a través de Su Espíritu Santo nos puede convencer de nuestro error: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8).

Una vez el Espíritu de Dios ha obrado en nosotros dándonos convicción de pecado, nos daremos cuenta de lo sucios que estamos. La reacción de una persona al sentirse sucia es buscar la forma de limpiarse. Pero, antes de que ocurra la limpieza, lo normal es sentir vergüenza por nuestra condición. El arrepentimiento implica sentir tristeza, dolor y vergüenza por haber pecado. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte (2 Corintios 7:10).

Una vez arrepentidos, el siguiente paso es cambiar completamente nuestra forma de vivir, lo cual implica convertirnos a Dios, quien nos dice en Joel 2:13: Rasgad vuestro corazón,  y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. Dios te bendiga.