No Hay Peor Ciego que quien no Quiere Ver

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

2 Corintios 4:3-4

No es necesario ser un científico espacial para entender la Palabra de Dios. Si no fuera así, la mayoría de la humanidad quedaría excluida del alcance del conocimiento de Dios. El evangelio solo permanece oculto y encubierto para los que se pierden por tener cegada la mente. Y no se trata de carecer de suficiente inteligencia humana, muchas personas cuyo coeficiente intelectual es bastante elevado son incrédulas. No están ciegos para ver la verdad de Cristo porque no tienen visión, sino porque han sucumbido ante el padre de la mentira.

El mensaje del evangelio es extremadamente sencillo y fácil de entender cuando somos guiados por el Espíritu Santo. Sin embargo, cuando decidimos aplicar la lógica y la razón humanas, se nos hace virtualmente imposible ver la verdad. Vamos a resumir lo que significa la salvación bíblica. Todos los seres humanos hemos pecado contra Dios y estamos excluidos de Su presencia. Solamente somos justificados, es decir, declarados justos, por medio de la fe en Jesucristo, quien derramó Su sangre en la cruz del calvario por nuestra redención.

De acuerdo a Romanos 3:23-26: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

La salvación consiste de la gracia, la reconciliación, la propiciación, la redención y la justificación. Por la gracia, el pecador está delante de Dios como deudor; pero recibe lo que no merece. En lugar de ser castigado por sus delitos y pecados, es perdonado y declarado absuelto. La reconciliación es una unión en donde dos que estaban separados ahora están juntos nuevamente. El pecado separa al hombre de Dios, pero Cristo nos reconcilia con Él.

El pecador está delante de Dios como un enemigo, pero recibe paz. Jesús con Su sangre pagó el precio del pecado y, una vez que el precio es pagado, Dios nos acepta y dejamos de ser sus enemigos. Romanos 5:1-2 dice: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

La demanda justa de la ira de Dios contra el pecador fue satisfecha por la muerte de Jesucristo en la cruz. Esa es la propiciación. Mediante la redención, el pecador está delante de Dios como esclavo del pecado; pero recibe su libertad al ser rescatado porque Jesucristo pagó el precio con Su sangre. Romanos 6:22 dice: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Finalmente, mediante la justificación, el pecador está delante de Dios acusado y culpable de ser un pecador; pero Dios lo declara libre de culpa porque Jesucristo pagó el precio por nuestros pecados con Su propia sangre. Todo se resume en que Jesucristo murió por tus pecados y los míos y somos justificados por la fe en Él. No sigas permitiendo que el enemigo ciegue tu mente, abre tus ojos espirituales y mira la cruz que te ha salvado. Dios te bendiga.

 

Justificados por Fe

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Romanos 3:28

Somos justificados por gracia, de acuerdo a Romanos 3:24: siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Y aunque la justificación sea gratuita, eso no quiere decir que sea automática. Si nos quedamos sentados a la espera de ser justificados sin que hagamos nada, llegaríamos ver el fin de nuestros días y luego de eso, lamentar que nuestra alma se perdió. ¿Qué debemos hacer? La respuesta la da Romanos 3:28: el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Voy a compartir lo que ha dicho el pastor norteamericano Terry L. Johnson: “La fe reformada hace una diferencia práctica significativa en cuanto al tema de la santificación. Su pesimismo con respecto a la naturaleza humana produce un fuerte énfasis en nuestra dependencia del Espíritu Santo. Sin embargo, lo hace sin dejar de ser realista acerca de lo que se requiere de nosotros.”

Continúa diciendo Johnson: “Aun en el caso del corazón redimido, el pecado no será vencido a no ser con un esfuerzo extenuante. No existen fórmulas mágicas. No hay secretos ocultos. No hay ‘claves’ especiales. Dios está obrando. Todo tiene que hacerlo o no habrá esperanza para nosotros. Pero nosotros debemos ‘ocuparnos de nuestra salvación.’ Si hay una clave es ésta: Ocúpate, lucha, pelea, porque Dios está obrando en nosotros.”

Con respecto a lo que dice Johnson de ocuparnos de nuestra salvación, es nuestra tarea dar el paso de fe para alcanzar la gracia. Si la gracia es el vehículo que nos conduce hacia nuestra justificación, la fe es la gasolina que lo mueve. Seremos salvados cuando somos justificados. 1 Pedro 1:9 lo dice muy claramente: obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

Pablo también habla sobre la justificación por medio de la fe en Gálatas 2:16: sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. Aquí queda claro en quién debemos poner nuestra fe a fin de ser justificados.

Teniendo muy en cuenta que las obras de la Ley, en lugar de justificarnos, nos condenan, la fe en Jesucristo es nuestra única fuente de salvación. ¿Cómo ponemos nuestra fe en Cristo? Lo primero que debemos hacer es arrepentirnos de todos nuestros pecados y dejar atrás la vida que llevábamos. Al abandonar nuestra vieja vida, nos convertimos a Cristo y dejamos nuestra vida en Sus manos, confiando en que solo Él nos conducirá hasta el Padre.

La gracia que nos salva es gratuita; pero no es una autorización para continuar pecando impunemente. No la tomemos literalmente como una amnistía, sino más bien como una probatoria. El pastor norteamericano John Piper (1946- ) dijo: “Quien ve en la cruz una licencia para seguir pecando no tiene la fe que salva. La marca de la fe es la lucha contra el pecado.”

Pongamos la fe en Jesucristo para ser justificados por Su gracia. Pero demostremos que hemos nacido de nuevo renunciando definitivamente a la vida pecaminosa. Que las cosas del mundo queden atrás y en lo adelante vivamos por Él y para Él. Ya Jesús hizo bastante al ocupar el lugar que nos correspondía estar por culpa de nuestros pecados. Dios te bendiga.

 

Justificados por Gracia

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Romanos 3:24-26

Todos hemos pecado según Romanos 3:23, por lo tanto, nadie puede declararse inocente ante el juicio de Dios. Hay demasiadas evidencias en contra nuestra, lo cual garantiza una condena segura. Y la condena queda debidamente establecida en Romanos 6:23: Porque la paga del pecado es muerte. Por lo tanto, solo algo que provenga fuera de nosotros nos salvaría de la pena de muerte. Ahí es donde entra la gracia que Pablo nos muestra en Romanos 3:24-26. La gracia es lo que nos justifica, no existe otra vía para lograrlo.

Lo primero que dice Romanos 3:24-26 es: Siendo justificados gratuitamente por su gracia. Lo que es gratuito es un regalo. El predicador inglés del siglo XVII William Secker dijo: “Aquel que no toma el cielo como regalo; tendrá el infierno como deuda.” Otro predicador inglés del mismo siglo, William Jenkyn (1613-1685) dijo: “La gracia no es algo nativo sino un donativo.” Ambos coinciden en que la gracia es un regalo, un donativo, una dádiva de parte de Dios.

Luego Romanos 3:24-26 dice: mediante la redención que es en Cristo Jesús. La gracia solo fue posible porque Jesucristo fue puesto en el lugar que le correspondía estar a cada pecador. El predicador inglés Thomas Brooks (1608-1680) dijo lo siguiente: “La gracia verdadera capacitará a un hombre a pasar por encima a la corona del mundo para tomar la cruz de Cristo; a preferir la cruz de Cristo por encima de la gloria de este mundo.”

Veamos cómo podemos expresar lo que significa la gracia en términos sencillos. Cada hombre y cada mujer ha pecado lo suficiente como para merecer la pena máxima como castigo en el juicio de Dios. Vamos a imaginarnos que llegó el día de nuestro juicio y estamos en el banquillo de los acusados en el tribunal de Dios. Ya nos han leído todas y cada una de nuestras transgresiones a la Ley de Dios. De acuerdo a Romanos 6:23, nuestra condena es la muerte y el juez justo, Dios, debe dictar la sentencia condenatoria.

Al aplicar la justicia, la pena de muerte es la sentencia adecuada para nuestros pecados. Cuando el ángel secretario del tribunal va a leer la sentencia de muerte contra nosotros, entra Jesús y dice que Él va a ocupar nuestro lugar. El Señor manifiesta que Él está dispuesto a morir en lugar de cada uno de los pecadores de este mundo. Él dice que entiende que la paga del pecado es muerte y que, para que ninguno muera por sus pecados, Él va a morir en nombre de todos.

Al escuchar de labios del Señor su disposición de morir por cada uno de nosotros, nuestra mente debe de ir hacia el momento en que fue crucificado. Todo lo que Jesús padeció en esa cruz fue con el único propósito de evitar que cualquier pecador arrepentido fuera ejecutado para pagar por sus pecados. ¡Esa es la gracia! Para nosotros resulta gratuita; pero el precio de nuestra salvación fue muy alto: ¡toda la sangre de Jesús!

El pastor norteamericano Jerry Cross ha dicho: “Mientras más aprendamos a ver lo profundo de nuestro pecado, más vemos la profundidad de la gracia de Dios.” Nuestra justificación por gracia es inmerecida, solo el amor de Dios ha sido capaz de diseñar un plan de salvación así. Entregar tu corazón a Cristo no es nada, comparado a lo que ya Él hizo por ti. Dios te bendiga.

Somos Hechura Suya

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:10

El viejo dilema de quién fue primero entre el huevo y la gallina. Muchas personas argumentan sobre las referencias a las buenas obras en la Biblia diciendo que las mismas son necesarias para salvarnos. Pero volviendo al huevo y la gallina, Efesios 2:10 viene justo después de Efesios 2:8-9: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Por lo tanto, las buenas obras son consecuencias de ser salvo no la causa de la salvación.

Los cristianos no deben hacer buenas obras para ser salvos, sino porque son salvos hacen buenas obras. La mejor obra la hizo Jesucristo en propiciación por los pecados de toda la humanidad. Quien ha recibido el regalo de la vida eterna ha nacido de nuevo, es una nueva criatura. Por lo tanto, tiene la capacidad de obrar para bien en honor al que nos salvó.

Un árbol de mango no puede producir manzanas. Tampoco es posible cortar el césped con una navaja de afeitar. De la misma manera, las buenas obras solo pueden salir de alguien que sea bueno. Marcos 10:18 dice: Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Si Dios es el único bueno que existe, entonces nadie puede ufanarse de que puede hacer buenas obras porque carece de suficiente bondad para llevarlas a cabo.

Es por eso que para cualquier ser humano resulta completamente imposible salvarse por lo que hace. Y las obras buenas que hacemos una vez somos salvos, no provienen de nosotros mismos sino del único bueno, Dios. Es por eso que dice Efesios 2:10 que somos hechura suya. Habiendo sido hechos de nuevo mediante un don de Dios, quedamos entonces en la capacidad de llevar a cabo buenas obras; pero cada una de ellas no ha salido de nosotros sino que también han sido preparadas de antemano por el mismo Dios.

Todo parece un juego de palabras y algo muy confuso para algunos, un círculo vicioso como el del huevo y la gallina. Pero todo empieza y termina en lo mismo: la obra es y será siempre de Dios, no de nosotros. Dios nos hace salvos, y Dios nos capacita para hacer las buenas obras que Él mismo ha preparado. Porque solo Él es bueno, nadie tiene por sí mismo el poder para llevar a cabo esas buenas obras.

¿Para qué Dios ha establecido que sea de este modo? La respuesta es para que nadie le robe Su gloria. Y es que solamente Él es digno de recibirla. Como está escrito en Apocalipsis 4:11: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. Apocalipsis 4:11 es una confirmación de que somos hechura suya ya que Él creó todas las cosas.

Celebremos que hemos sido hechos nuevos por Dios para caminar ejecutando las buenas obras que ya Él había preparado para nosotros. Es un privilegio ser colaboradores del Rey de reyes y Señor de señores y morar con Él por siempre. Dios te bendiga.

Dios Exalta al Humilde

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo

1 Pedro 5:6

La humildad parece ser una virtud en peligro de extinción en estos tiempos. El mundo nos insta a no dejarnos humillar por nadie. Los medios de comunicación nos dicen que tenemos derechos que nadie debe pisotear. Se hacen paradas para mostrar el orgullo; pero no se hace ningún desfile para mostrar la humildad. Si Dios exalta al humilde, pero aborrece el orgullo, no hay que ser un científico para darse cuenta el por qué las cosas andan mal en el mundo. Es obvio que la relación entre Dios y la humanidad no pasa por su mejor momento.

Recuerdo algo que me pasó mientras yo hacía mis estudios doctorales en química en la Universidad de Puerto Rico. Una vez estaba conversando con varios profesores y llamé doctor a un funcionario de la universidad que me había atendido cuando llegué por primera vez a la misma en 1986. Uno de los profesores me corrigió de una manera tajante diciendo que ese señor no era doctor. Me di cuenta del orgullo de sus palabras y la ostentación de quienes adquieren un doctorado en ciencia.

La carencia de humildad no se limita a la gente del mundo. Es penoso ver a personas que se suponen que sirven a Dios, pero cuyo orgullo le brota por los poros. Son muy notables los casos de religiosos que se ofenden si no lo llaman pastor, apóstol, reverendo, profeta o evangelista. Si llamamos pastor a un siervo “no ordenado”, la queja sale de inmediato. Lo mismo sucede si uno llama pastor a quien se siente con la potestad de ser llamado apóstol o profeta. Esa persona se molesta de la misma manera que si dijeran que su madre practica la profesión más vieja del mundo.

¿Qué dice Jesús al respecto? Veamos Mateo 23:8-12: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido.

En el Reino de Dios no es mayor quien tiene los títulos más sonoros, sino aquel que sirve a todos los demás. Y nuestro estándar y modelo es el propio Jesucristo, como dice Filipenses 2:5-11: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Dios te bendiga.

La Paz de Dios, el Antídoto del Afán

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

La vida moderna nos lleva a un ritmo muy acelerado. La búsqueda por alcanzar metas y resultados nos obliga a andar la mayor parte del tiempo con la lengua por fuera. El afán se ha convertido en el pan de cada día. Como consecuencia, se han incrementado el riesgo a contraer ciertas enfermedades relacionadas con el estrés. Para la gente que carece de una relación con Dios, andar afanoso ante la presión social y laboral podría ser la única opción. Sin embargo, los hijos de Dios tienen una esperanza para combatir el afán.

Un motivo adicional que impulsa a la gente a vivir en el afán es guardar las apariencias. De este modo, muchos laboran en más de un empleo con tal de alcanzar ingresos que les permitan mostrar un estatus elevado. Así tienen que andar corriendo de un lado para el otro y no les queda tiempo para nada. Otros no tienen la suerte de contar con ingresos que les garanticen el estatus deseado; pero tratan de salvar su imagen negando que están pasando por dificultades.

Para mí, más importante que guardar mi propia imagen es exaltar y dar la gloria a Dios, quien me guía y sostiene en medio de las pruebas. Por tal motivo, voy a compartir mi testimonio. Hasta abril de 2010 yo tuve un empleo muy bien remunerado en una empresa farmacéutica. Luego de perder mi empleo, no he tenido otro y muchas de mis iniciativas de negocios han dado solamente pérdidas. Por otro lado, a partir de 2007, los precios de las viviendas en los Estados Unidos cayeron estrepitosamente y mi propia casa bajó a la mitad de lo que me costó cuando la compré en 2005. Como consecuencia, yo también he estado bajo la amenaza de un embargo hipotecario.

Además de mis dificultades económicas, en los últimos años he padecido de problemas relacionados con mi salud y mis hijos han sido también afectados por diferentes males. No puedo negar que adicionalmente he tenido problemas en mis relaciones familiares y personales, lo cual podría ser una consecuencia de los demás problemas. Ahora bien, si me preguntaras si estoy preocupado o afanoso por todo lo he tenido que enfrentar, mi respuesta sería un No. He aprendido a presentar mis peticiones en oración al Señor y Él me ha respondido con Su paz.

Sé que hay personas que piensan que si no se afanan y luchan no conseguirán nada y creen que si no lo hacen estarían actuando negligentemente. También hay quienes creen falsamente que en la Biblia hay un versículo diciendo: Dios dijo ayúdate que yo te ayudaré. Lo cierto es que en varios pasajes bíblicos se habla en contra del afán, entre ellos está Mateo 6:27: ¿Y quién de vosotros podrá,  por mucho que se afane,  añadir a su estatura un codo?

Así pues, si tú que escuchas o lees este mensaje andas afanoso por tus problemas, haz un alto en tu camino, ora a tu Padre Celestial presentando tus peticiones, confía en Él y espera Su respuesta, la cual te dará una paz que el mundo no puede entender. Así tu corazón y tus pensamientos quedarán sujetos a Cristo Jesús. Dios te bendiga.

Arrepentimiento y Conversión

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio

Hechos 3:19

Lo que nos dice Hechos 3:19 es la esencia misma del Evangelio de Jesucristo. Sí, Jesús, le dijo a Nicodemo en Juan 3:3: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nacer de nuevo implica dejar toda la vida anterior atrás y convertirse en algo muy distinto. Para dejar lo viejo atrás, el arrepentimiento es una condición necesaria y para transformarse en algo nuevo, es necesaria la conversión.

Recuerdo que cuando yo era un niño, en mi país natal llamaban “convertidos” peyorativamente a los cristianos nacidos de nuevo. Y resulta que la esposa de mi tío Pedro, el hermano favorito de mi madre, era una de ellos. Mi tío solo tenía un hijo, quien era contemporáneo conmigo por lo que era el primo con quien más me relacionaba. Pero mi madre siempre nos advertía a mi hermano y a mí cuando nos iban a visitar que tuviéramos cuidado con la tía Conga porque ella era una evangélica convertida.

Como mi historia familiar existen muchas otras en cualquier lugar del mundo donde las tradiciones religiosas tienen mayor influencia que la búsqueda de una verdadera relación con Dios. Las tradiciones llevan a la gente a ponerse una etiqueta religiosa porque así ha ocurrido en la familia de generación a generación. Lamentablemente, ninguna de esas costumbres ancestrales que hemos practicado nos da garantía de salvación porque, tal como Nicodemo escuchó de labios del Señor, es necesario nacer de nuevo.

Veamos un poco más en detalle el arrepentimiento. Hay un paso necesario antes del arrepentimiento: reconocer que no estamos bien. De la misma manera que un adicto no puede ser ayudado si no reconoce su condición, es imposible el arrepentimiento si no reconocemos que somos pecadores. Lamentablemente nosotros mismos somos incapaces de convencernos de que somos pecadores, ya que la mayoría de la gente se cree buena y los que saben que son malos tienen la mente tan retorcida que ven el pecado y la maldad como algo natural. Solo Dios, a través de Su Espíritu Santo nos puede convencer de nuestro error: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8).

Una vez el Espíritu de Dios ha obrado en nosotros dándonos convicción de pecado, nos daremos cuenta de lo sucios que estamos. La reacción de una persona al sentirse sucia es buscar la forma de limpiarse. Pero, antes de que ocurra la limpieza, lo normal es sentir vergüenza por nuestra condición. El arrepentimiento implica sentir tristeza, dolor y vergüenza por haber pecado. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte (2 Corintios 7:10).

Una vez arrepentidos, el siguiente paso es cambiar completamente nuestra forma de vivir, lo cual implica convertirnos a Dios, quien nos dice en Joel 2:13: Rasgad vuestro corazón,  y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. Dios te bendiga.

La Mejor Demostración del Amor de Dios

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:9-10

Mucho se ha escrito sobre el amor. La literatura y el cine están repletos de historias de amor desinteresado, desde Romeo y Julieta hasta los personajes ficticios de Jack y Rose en la película Titanic dirigida por James Cameron en 1997. Sin embargo, ninguna de esas hermosas historias de amor se puede comparar con la historia de amor de Dios hacia nosotros.

Mi país natal ha dado excelentes compositores. En la actualidad, sin duda que Juan Luis Guerra es el más conocido internacionalmente por la gran calidad de su trabajo musical. Sin embargo, la mejor canción de todos los tiempos escrita por un dominicano es sin duda “Por amor” de Rafael Solano, la cual se estrenó en noviembre de 1968. Numerosos afamados cantantes, entre ellos Plácido Domingo, Marco Antonio Muñiz, Vicky Carr, Gloria Estefan y Jon Secada han grabado esta canción, la que también ha sido traducida a varios idiomas.

Hay varios versos de esta canción popular que hablan del amor de Dios. El primero de ellos dice: “Por amor se han creado los hombres en la faz de la Tierra.” Otra parte de la canción dice: “Por amor fue una vez al calvario con una cruz a cuesta aquel que también por amor entregó el alma entera.” Al respecto, Juan 3:16 nos dice: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El amor de Dios es incondicional y su principal característica es la entrega. No existe un amor mayor que éste, tal como le dijo el propio Jesús a Sus discípulos en Juan 15:13: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Si nos sobrecogimos cuando vimos en la pantalla a Jack sacrificar su vida para que Rose se salvara en Titanic, ese gesto es nada comparado con lo que hizo Jesucristo, el Hijo de Dios en la cruz del calvario por ti y por mí.

Habrá quien diga que ama a Dios, que se esfuerza por ser una buena persona y cumplir con lo que piensa es la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos. Sin embargo, nuestra propia naturaleza pecaminosa nos lleva constantemente a fallarle al Dios que pretendemos amar. Cada pecado es una traición al Dios amado, al cual estamos siendo infieles con nuestros actos. Entonces, nadie puede sentirse seguro de que ama a Dios cuando nuestro adulterio espiritual dice lo contrario.

Dios ciertamente nos ama, de tal manera que ha sacrificado Su Hijo por cada uno de nosotros. Jesús fue entregado a sufrir la peor de las muertes para darnos oportunidad de ser perdonados por todos nuestros pecados y todo eso fue, por Su gran amor. Lo único que podemos hacer para agradar esa gran demostración de amor es arrepentirnos de nuestros pecados y hacer de Jesús nuestro Señor. Dios te bendiga.

Un Corazón Agradecido

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:18

En estos tiempos, mucha gente pasa por alto agradecer. Existen personas quienes estiman que las cosas buenas que reciben son merecidas y, por lo tanto, no se sienten obligados a agradecerle a nadie. Otros son tan egoístas que solo quieren su bienestar sin importar a quien se llevan por delante. De acuerdo a lo que nos dice el apóstol Pablo en su Primera Carta a los Tesalonicenses, quienes hacen semejante cosa están violando la voluntad de Dios.

Cuando me mudé a los Estados Unidos, quedé sumamente impactado con la celebración del Día de Acción de Gracias, el cual se celebra cada año el cuarto jueves de noviembre. Me impresionaba ver la solemnidad de ese día y como la gente se reunía en los hogares para compartir una cena y darle gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas durante el año que pronto terminaría.

Me he sentido muy involucrado con esta fiesta nacional de mi país adoptivo. En el año 2006, por primera vez desde que me mudé a los Estados Unidos, pasé ese día fuera del país. Mi esposa y yo viajamos a su país natal, Perú, y allí celebramos el Día de Acción de Gracias con sus parientes de la misma manera que se celebra en Norteamérica. En ese día compartimos con los presentes el motivo de celebrar un día especial para dar gracias a Dios y los motivamos para que continuaran haciéndolo.

Sin embargo, en los últimos años, he visto como, lamentablemente, se ha ido perdiendo el espíritu de la celebración del Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos. Con el surgimiento del Viernes Negro, justo al día siguiente, mucha gente está más pendiente de aprovechar los especiales para hacer sus compras que de detenerse a agradecerle a Dios por todo el bien recibido.

¿Qué está pasando en el mundo que ya no se agradece? En el capítulo 24 del evangelio de Mateo, el Señor da las señales de los tiempos finales. Mateo 24:12 dice: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Quien ama agradece, pero la falta de amor se manifiesta con la carencia de un corazón agradecido. Los hijos no agradecen a sus padres por haberles dado la vida, más bien creen que sus progenitores solo tienen obligaciones para con ellos. Los cónyuges no se agradecen mutuamente por los actos de servicio que se manifiestan. Y lo peor de todo es que no damos gracias a Dios por nada, ya que nos creemos que Él está a nuestro servicio para todo lo que se nos antoja.

Cuando repetimos la oración del Padrenuestro decimos a Dios que se haga Su voluntad. Sin embargo, nosotros nos negamos a hacer esa voluntad de Dios de que demos gracias en todo. Miles de personas mueren cada día. Los que nos despertamos sanos tenemos un buen motivo para agradecerle a Dios por ello. Mucha gente en muchos lugares del mundo carece de un techo o no tiene comida, los que poseemos eso, debemos agradecer a Dios cada día por el alimento, la vivienda y la salud, entre muchas cosas que damos por otorgadas. Vivamos pues con un corazón agradecido. Dios te bendiga.

Las Promesas de Jesús para Quien lo Deja Todo por Él

Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

Marcos 10:29-30

Esta es la promesa de Jesús al que se niega a sí mismo, toma su cruz y le sigue. Si dejamos casa, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierra por causa de Cristo y del evangelio, Él nos promete: para este tiempo cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras; pero además tendremos persecuciones; la otra gran promesa es la vida eterna.

Mucha gente, cuando se convierte en cristiano, escucha estos dos versículos de Marcos a medias. A ese tipo de personas les suena bien que van a recibir ahora en este tiempo cien veces más que lo dejado atrás. Les gusta esa promesa porque lo ven como una buena inversión. Para ellos resulta provechoso dejar una casa y obtener cien. Sin embargo, cuando viene la segunda parte de la promesa en este tiempo, es decir, las persecuciones, muchos de los que se han acercado a Jesucristo con la intención equivocada salen corriendo y vuelven a su antiguo camino.

Voy a dar un breve testimonio de cómo se ha aplicado Marcos 10:29-30 a mi propia vida. En mayo del año 2002 tuve un encuentro personal con Jesucristo. Hasta esa etapa de mi vida yo vivía en una ceguera espiritual creyendo que era buena gente. Sin embargo, el Espíritu Santo me dio convicción de todos mis pecados y pude darme cuenta que sin Jesús estaba perdido. Mi primera reacción al conocer que absolutamente nadie puede salvarse por sus propios méritos fue compartir las buenas nuevas del evangelio con mi familia; pero todos mis parientes me rechazaron tajantemente instándome a volver al camino tradicional.

Ante esa encrucijada yo tenía que elegir entre seguir a Cristo y al evangelio o hacerle caso a mi familia. Yo decidí lo primero y tocó dejar a mi madre, mis hijos, mi casa, la tierra donde me sentía a gusto, mujer, hermano y amigos. Desde el punto de vista humano, lo peor de todo eso no fue haberlo dejado todo, sino que todos se pusieron en mi contra por causa de Jesús y el evangelio. Como consecuencia, yo padecí en carne propia la persecución por parte de mi propia familia y mis amigos más cercanos.

Sin embargo, las promesas que Dios nos da en la Biblia siempre se cumplirán. Hoy te puedo decir que he recibido muchas veces más lo que dejé atrás. De una casa que dejé atrás, he sido recibido en muchas casas en varios países, he encontrado muchas madres, hermanas, hermanos, hijos e hijas en muchas tierras. Pero lo mejor de todo eso, no es lo que he alcanzado en este tiempo, sino la certeza de tener vida eterna.

Tú que estás escuchando o leyendo este mensaje, no te sientas apenado o apenada por dejarlo todo por Cristo y el evangelio. Tu recompensa en esta vida y en la venidera están garantizadas porque tu Padre Celestial no miente. Dios te bendiga.