Nadie es Justo

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Romanos 3:10-12

En Marcos 10:17-18, el Señor afirma que nadie es bueno. En Romanos 3:10-12, Pablo cita la Escritura que afirma que nadie es justo. Es imposible ser justo si no se es bueno. Pero la Escritura citada por el apóstol Pablo dice algo más que simplemente nadie es justo. Entre esas otras cosas, está escrito que no hay quien entiende, que no hay quien busque a Dios, que todos nos desviamos, que nos hicimos inútiles y que no hay quien haga lo bueno. Creo que todas esas palabras son un duro golpe para los que todavía se consideran buenas personas.

La palabra justo se aplica a la persona que actúa con objetividad y justicia; se aplica a la persona que vive según la Ley de Dios; que respeta la ley o se ajusta a ella; que obra según justicia y razón; que no puede ser reprochado. Por la misma Biblia sabemos que nadie es capaz de vivir completamente según la Ley de Dios. Por lo tanto, no existe un solo ser humano sobre la Tierra a quien se pueda aplicar esa parte de la definición de justo.

El predicador inglés George Whitefield (1714-1770) dijo: “Hay que predicar la Ley a pecadores que piensan ser justos. Debemos tener cuidado de sanar antes de ver los pecadores heridos, no sea que digamos, ‘Paz, paz,’ y no hay paz.” Es necesario que entendamos que nuestra propia justicia es vana para salvarnos. Conocer la Ley de Dios nos permite darnos cuenta de nuestra condición pecaminosa. Personalmente, debo admitir que hasta que no estuve plenamente consciente de mi propia incapacidad, no vi la necesidad del Salvador.

Job 4:17 dice: ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo? Ambas preguntas se responden con un rotundo no. Jamás podríamos acercarnos ni en justicia, ni santidad ni bondad al Dios Todopoderoso que creó los cielos y la tierra. Salmo 7:11 dice: Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. El único verdaderamente justo es Él. Todos nosotros estamos sucios por el pecado y merecemos la ira de Dios.

El pastor norteamericano Robert Charles Sproul (1939- ) ha dicho: “La necesidad de la expiación de Cristo tiene su origen, en primera instancia, en el carácter de Dios. Debido a que Él es santo y justo no puede excusar el pecado. Antes bien, debe pasar juicio sobre éste. El juez de toda la tierra debe hacer lo correcto. Por lo tanto, debe castigar a los pecadores o proveer una manera de expiación por su pecado.”

Y ciertamente, tal como dice Sproul, las alternativas de Dios, como juez justo, son castigar el pecado o usar un chivo expiatorio. De la segunda alternativa nos dice 1 Pedro 3:18: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu. Jesucristo fue el chivo expiatorio que utilizó Dios para pagar la pena de toda la humanidad injusta.

Ahora que conoces que Dios como juez justo va a castigar el pecado de todos modos, te pregunto ¿qué prefieres hacer? ¿Seguirás igual como hasta hoy a la espera de una condena segura? ¿O prefieres aceptar la expiación? Si decides aceptar la segunda opción, tendrás la vida eterna. Pero primero debes de arrepentirte de tus pecados, entregar tu vida a Jesucristo y convertirte a Él, dejando atrás todo tu pasado de oscuridad. Hazlo ya. Te aseguro que será la mejor decisión de tu vida. ¡Tenlo por seguro! Dios te bendiga.

 

Cantando un Cántico Nuevo

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Apocalipsis 19:1-2

Las Escrituras nos afirman que en la eternidad alabaremos a Dios continuamente y el cántico nuevo será parte importante de nuestra alabanza. Es tiempo de que la iglesia comience a practicar lo que será parte de nuestro trabajo eterno y nos gozaremos todos de la manifestación poderosa de la gloria de Dios en las diferentes congregaciones. Cada miembro del cuerpo de Cristo es llamado a cantar al Señor un cántico nuevo que salga de nuestro corazón todos los días.

De nuevo voy a compartir una de mis vivencias en mi búsqueda de la presencia de Dios. Esta vez voy a compartir una visión que experimenté hace ya varios años. Vi el cielo muy negro, pero totalmente cubierto de estrellas. Parecía como si yo estuviera observando desde cierta altura. Vi bajar del cielo una luz muy poderosa, como jamás había visto antes en mi vida. Lo que en la primera visión era oscuro, se llenó por completo de esa luz brillante y muy blanca, la cual me dejaba ciego, por lo que tuve que cerrar mis ojos en la visión. Escuché truenos muy fuertes y entendí que estaba presenciando la manifestación de la gloria de Dios.

En medio de la potente luz, escuché primero como el estruendo de muchas aguas, como una inmensa catarata. Luego la luz se tornó menos intensa y vi descender del cielo a millones de ángeles en medio del ruido de trompetas y de las muchas aguas. Todos los ángeles cantaban un cántico nuevo al Dios Todopoderoso. Había mucho ruido, pero todo era armónico y musical. Me sentí en medio de la alabanza celestial descrita en el libro de Apocalipsis.

Un cántico nuevo es uno de reciente y original composición que prorrumpe en alabanza y adoración a Dios y a Jesucristo a causa de la gloria de Su salvación; y que solo es pronunciada en los labios de los redimidos por Cristo. Es un canto que se renueva para la ocasión presente, que no haya sido entonado en otras ocasiones. Todo lo que hagamos para el Señor debe ser ejecutado con excelencia, por lo tanto, nuestro nuevo cántico no puede ser algo mediocre. Salmo 33:3 dice: Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo.

Muchas personas podrían decir: “no tengo talento musical”, “no soy compositor ni escritor”, “la música no es mi fuerte”, o algo parecido. Otras personas podrían sentirse temerosas de abrir sus bocas para cantar algo diferente y desconocido, sobre todo si, como dice el Salmo 33:3, estamos obligados a hacerlo bien. Pero debemos de entender que quien pondrá en nosotros la inspiración del cántico nuevo es el propio Espíritu de Dios, así que no hay nada que temer, solo abrir nuestras bocas para dejar salir la melodía y las letras perfectas que el propio Espíritu Santo nos ha dado. Dios te bendiga.