Asegúrate de Heredar el Reino de Dios

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

1 Corintios 6:9-10

En 1 Corintios 6:9-10, el apóstol Pablo presenta una lista de quienes no heredarán el Reino de Dios. La lista incluye a los injustos, los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados, los que se echan con varones, los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes y los estafadores. Son once categorías de excluidos de la herencia del Reino de Dios. Y Pablo enfatiza con la palabra No erréis, lo cual es una advertencia para que no nos equivoquemos negando lo que nos está diciendo. Ese énfasis de Pablo nos deja muy claro que él está hablando muy en serio.

La lista de 1 Corintios 6:9-10 comienza con los injustos. En Romanos 3:10-12 leemos: Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Eso quiere decir que ningún ser humano es justo en sí mismo, lo cual nos convierte a todos en injustos, excluyéndonos de la herencia celestial. La justicia nos llega por gracia mediante la fe.

El adulterio es el contacto sexual íntimo entre una persona casada y otra persona que no es su esposa o esposo. La fornicación es cuando ocurre un intercambio sexual íntimo entre dos personas que no están casadas. En otras palabras, fornicación es sexo fuera del matrimonio. La idolatría es la adoración indebida a los ídolos, lo cual constituye una franca violación al segundo mandamiento que está escrito en Éxodo 20:4-6. La idolatría no es solo adoración de imágenes sino colocar algo o alguien antes que a Dios, incluyendo a nuestros hijos o padres.

Afeminado es aquel que pierde las características que tradicionalmente se consideran propias de hombres para adoptar las asociadas generalmente a las mujeres. Uno de los tantos sinónimos de afeminado es homosexual. Los que se echan con varones son aquellos hombres que sostienen una relación sexual con otro varón. No importa si presidentes, congresos o jueces legalicen estas prácticas, el Rey de reyes, el Juez Supremo no está de acuerdo con las mismas y quienes las llevan a cabo no son bienvenidos en Su Reino.

Los otros excluidos de la herencia celestial incluyen a quienes se apoderan de lo que no es suyo, los ladrones. No importa la cuantía del robo o si fue producto de desfalcar las arcas estatales o atracar a un conductor en un semáforo. La avaricia es el afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes u objetos de valor con la intención de atesorarlos para uno mismo, mucho más allá de las cantidades requeridas para la supervivencia básica y la comodidad personal. También los avaros carecerán de herencia en los cielos.

Los borrachos son los que se han pasado en el consumo de alcohol; pero aunque Pablo no los mencione, no creo que los que embrutecen sus mentes con drogas distintas al alcohol pasen por inocentes. Los maldicientes son aquellos cuyo vocabulario es prolífero en maldiciones. En todos los idiomas del mundo, el común hombre de pueblo es un maldiciente. Estafar es pedir o sacar dinero o cosa de valor con engaño; dar a alguien menos o cobrarle más de lo justo; defraudar, no ofrecer lo que se espera de algo. Revisemos bien el catálogo de aquellas prácticas que impiden ser heredero del Reino de Dios y, si encontramos que alguna de ellas es parte de nuestra vida, paremos de hacerlo a fin de no perder la herencia. Dios te bendiga.

 

Nacer de Nuevo

Respondió Jesús y le dijo: De cierto,  de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Juan 3:3-7

Las cosas de Dios pueden parecer ilógicas cuando se razonan desde el punto de vista humano. Cuando Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios, inmediatamente Nicodemo se imaginó a un adulto entrando al vientre de su madre para nacer. En verdad, Jesús no se estaba refiriendo a un nacimiento en la carne sino a un nacimiento totalmente distinto proveniente del Espíritu. Ese es el real y verdadero segundo nacimiento, el cual necesitamos a fin de entrar en el Reino de Dios.

¿Por qué es necesario nacer de nuevo en el Espíritu? Cuando nacemos del vientre de nuestra madre somos nacidos en la carne. Sin embargo, tener aliento de vida no quiere decir que todo nuestro ser esté vivo. Hay una parte de nosotros que está muerta aunque disfrutemos de una excelente salud. Esa parte es el espíritu, el cual está muerto por culpa del pecado. En este caso, la muerte espiritual significa estar separado de Dios, cuya santidad es totalmente incompatible con el pecado. Al nacer de nuevo en el Espíritu, entonces nuestro propio espíritu recibe vida, la cual, contrario a la vida carnal que conocemos, no tendrá fin porque es vida eterna.

¿Cómo nacemos de nuevo? Nacer de nuevo implica el restablecimiento de la relación entre Dios y el hombre. Esa relación fue rota por el pecado y como dice Romanos 6:23: Porque la paga del pecado es muerte. Por lo tanto, alguien debió morir para pagar el precio de nuestro pecado. Ese alguien fue nuestro Señor Jesucristo, quien tomó tu lugar y el mío en la cruz del Calvario muriendo en expiación por nuestros pecados. Pero el Señor Jesús no quedó muerto sino que resucitó al tercer día venciendo al pecado y a la muerte. Y gracias a Él, nosotros tenemos la oportunidad de nacer de nuevo del agua y del Espíritu y, con ello, tener acceso a ver el Reino de Dios.

Continúa diciendo Romanos 6:23: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. El nuevo nacimiento no es algo que podemos comprar ni ganar, es un hermoso regalo que viene de parte de Dios. La vida eterna no se adquiere por derecho propio. Es imposible ser salvo por medio de nuestras propias obras. Tampoco hay una garantía de tener vida eterna por pertenecer a una iglesia particular o por seguir ciertos ritos. Solamente a través de Jesucristo y de nadie más, se adquiere la ciudadanía celestial.

Nacer de nuevo es lo que dice 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Estemos pues en Cristo a fin de que ocurra el nuevo nacimiento que necesitamos para ver el Reino de Dios y disfrutar de vida eterna junto a nuestro Padre Celestial. Dios te bendiga.