Lo que Significa No Matarás

Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio,  a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Mateo 5:21-22

He escuchado a mucha gente decir que se sienten buenas personas porque nunca han matado a nadie. En Mateo 5:21-22, el Señor Jesús amplía la cobertura del sexto mandamiento escrito en Éxodo 20:13: No matarás. De acuerdo al Señor, no matarás no significa solamente quitarle la vida a alguien. Estamos matando a nuestro prójimo cuando lo insultamos, cuando nos enojamos con él o cuando lo maldecimos. Yo me pregunto, ¿habrá alguien que pueda decir que nunca ha matado a nadie tomando en cuenta lo que dice Mateo 5:21-22?

No creo que exista ningún ser humano que pueda decir sin mentir que jamás se ha enojado con alguien. Cuando hay dos o más personas reunidas, los conflictos son inevitables. Un refrán dice que cada cabeza es un mundo. Por lo tanto, habrá diferencias de criterios. De una simple discusión por tener opiniones distintas, puede surgir el enojo. El Señor dice: que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio. Es decir, tiene el mismo castigo que aquel que ha matado a alguien.

La palabra necio se aplica a la persona que es tonta o torpe o hace cosas que carecen de lógica o de razón. Un necio no sabe lo que podía o debía saber, es ignorante y obstinado. La palabra necio también se aplica a quien ejecuta las cosas con ignorancia, imprudencia y presunción. Los sinónimos de necio son: incapaz, tonto, sandio, simple, estúpido, imbécil, ignorante, esturdo, mentecato, cretino, torpe, berzotas, besugo, imprudente, porfiado, obstinado, terco y danzante.

De acuerdo a Mateo 5:21-22: cualquiera que diga: Necio,  a su hermano, será culpable ante el concilio. Muchos podrán decir que nunca en su vida han llamado necio a alguien ya que no acostumbran utilizar esa palabra. Y probablemente tengan razón en eso. Pero también es probable que le hayan dicho necio a muchas personas en su vida con otras palabras como incapaz, tonto, simple, estúpido, imbécil, ignorante, mentecato, cretino, torpe, imprudente o terco. Para el caso, es lo mismo si lo ha dicho con un sinónimo.

La palabra fatuo se aplica a la persona que es engreída o se comporta convencida de su superioridad con respecto a los demás. Bíblicamente, la palabra necio se relaciona con lo intelectual, mientras que la palabra fatuo se usa para denotar un estigma moral. En este caso, fatuo podría significar también canalla o sinvergüenza. Al respecto, Mateo 5:21-22 dice: cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

La pregunta que alguien se puede hacer es: ¿entonces no me puedo enojar con nadie ni decirle necio o fatuo a quienes realmente lo son? Está claro que ciertamente en el mundo hay ignorantes y sinvergüenzas. Pero fijémonos que el Señor habló de no enojarse ni decirle necio o fatuo al hermano. Y cuando Él habla de hermano, no es solo el de sangre, sino también al hermano en la fe. Seamos pues amables unos con otros. Dios te bendiga.

 

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¿Cuál es el Balance de tu Cuenta en los Cielos?

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mateo 6:19-21

La Palabra de Dios es como una cebolla de la cual se pueden sacar múltiples capas. Creo que esta es la tercera vez que comento algo referente a Mateo 6:19-21. Y en cada uno de los mensajes, hay algo nuevo. No se trata de que yo tenga una imaginación privilegiada sino que la Palabra de Dios es totalmente viva, lo cual le permite darnos revelación fresca cada vez que leemos el mismo pasaje bíblico.

Esta vez voy a compartir otra de las visiones que el Señor me ha dado. Vi una escena parecida al viejo oeste norteamericano: un desierto con montañas rocosas al fondo; cactus y espinas; y, en el suelo, esqueletos de reses muertas hacía ya mucho tiempo. Todo era muy seco y desolado. Escuché una voz decirme: “Camina y cruza este desierto que está ante tus ojos.” Yo obedecí a la voz que me hablaba y eché a andar. En mi camino me encontré muchos peligros: serpientes venenosas, buitres que volaban sobre mí a la espera de mi muerte, calor, mucha sed, escorpiones, coyotes y las espinas de los arbustos y los cactus.

Caminando en medio del desierto, no pude resistir más el cansancio, la sed y el hambre. Entonces caí al suelo desmayado, rodeado por todo el peligro que ya había visto. Mientras yacía en el suelo, probablemente esperando mi fin, fui elevado en mi espíritu y me vi en un lugar celestial. Frente a mí había una gran mesa repleta de ricos manjares. El Señor estaba sentado a la cabeza de la gran mesa y había un lugar vacío en el extremo de la mesa frente a Él, en donde me invitó a sentarme para que compartiera con Él y los demás comensales. Durante la comida, el Señor hablaba y nos recordaba a los presentes lo que estaba escrito en Mateo 6:19-21: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Al finalizar de comer, el Señor me invitó a conocer mis tesoros en el cielo; me mostró el balance de mi cuenta celestial y toda la riqueza que yo había acumulado en el Banco del Cielo. Me dijo: “Ante el mundo podrás sentirte que careces de muchas cosas, que estás solo y derrotado en medio de un desierto, rodeado de muchos enemigos, quienes quieren destruirte y quitarte todo lo que tienes. Pero no te preocupes porque tus mayores tesoros están ya seguros en los cielos porque es en Mí en donde has puesto tu corazón y Yo honro siempre Mi Palabra.”

Todas las cosas terrenales permanecerán aquí cuando abandonemos este mundo. No importa cuán ricos hayamos sido, aquí se quedará todo. Procuremos acumular el mayor tesoro en los cielos para que nuestro balance allá sea grande. No olvidemos que el tiempo que pasaremos fuera de este mundo es eterno. Dios te bendiga.

El Señor es Nuestro Ayudador

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

Hebreos 13:5-6

En el mundo actual, la mayoría de la gente suele estar más preocupada por tener más cada día. La sociedad de consumo en la cual vivimos nos tienta a luchar por adquirir lo que está de moda, lo último en la tecnología y procurar conservar cierto estatus. Muy pocos parecen sentirse motivados a lo que dice Hebreos 13:5: Sean vuestras costumbres sin avaricia. Sino que cada día se afianza más la tendencia de estar apegados a las cosa materiales y al dinero.

Creo que la máxima expresión de avaricia de nuestra sociedad del siglo XXI es el llamado Viernes Negro. El cuarto viernes del mes de noviembre, justo al día siguiente a la celebración del Día de Acción de Gracias, las tiendas de los grandes centros comerciales anuncian grandes descuentos en sus ventas que atraen a millones de personas. Al principio, las tiendas abrían temprano el viernes; pero mucha gente estaba haciendo filas durante toda la noche. Actualmente, algunas tiendas abren a partir de las primeras horas de la noche del jueves, lo cual hace que la gente se olvide de agradecer a Dios y compartir con su familia la cena de Acción de Gracias para irse de compras.

¡Qué pocos están contentos con lo que tienen ahora! Más bien muchos están pendientes de la salida al mercado del nuevo modelo de iPhone con el fin de ser el primero en adquirirlo. Todo, incluso las relaciones se han convertido en objetos descartables. Es una verdadera pena que veamos el vaso medio vacío en lugar de medio lleno. La peor tendencia actual es la de ignorar a quienes tenemos al lado prefiriendo introducirnos en nuestro teléfono inteligente o tableta para enterarnos de lo que pasa a miles de kilómetros de nosotros.

Toda la avaricia y el descontento que nos arropa hoy día es producto de querer hacerlo todo contando tan solo con nuestras propias fuerzas. Rechazamos la ayuda que Dios quiere darnos porque lo excluimos de nuestras decisiones. Entonces, cuando las cosas no salen como habíamos pensado, tenemos la desfachatez de enojarnos con Dios porque no nos ayudó a complacer nuestros deseos, sin tomar en cuenta que no le pedimos opinión previamente.

Dios no quiere desampararnos ni dejarnos solos. Él quiere ser nuestro ayudador y nuestro principal defensor tanto de lo que pasa en el mundo visible como de las maquinaciones del príncipe de las tinieblas. Cuando depositamos toda nuestra confianza en nuestro Padre Celestial, siempre iremos por el camino correcto, independientemente de que no lo parezca.

Dejemos de prestarle mayor atención a las cosas del mundo que hoy están y mañana desaparecen. Permitamos que Dios sea nuestro norte, nuestro soporte, nuestro ayudador, lo cual va conforme a los planes y propósitos que Él tiene para nuestras vidas. Solo de esa manera podremos vivir confiados. Dios te bendiga.