Una Esperanza Viva

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

1 Pedro 1:3-5

Todo lo que dice 1 Pedro 1:3-5 merece la mayor atención por parte del creyente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Meditemos profundamente sobre esa esperanza viva que nos aguarda.

Pedro dice primero lo siguiente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. La esperanza viva que nos aguarda no es algo que hayamos ganado por nosotros mismos. Ni tampoco viene porque la merecemos. Ha sido la gran misericordia de Dios, quien nos hizo renacer para esta esperanza. Si Él nos hizo renacer, es decir, nacer de nuevo, es porque nuestro primer nacimiento nos impedía tener acceso a esta esperanza. Juan 3:3 nos dice: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

La esperanza viva viene por lo que dice a continuación el apóstol Pedro: por la resurrección de Jesucristo de los muertos. La gran diferencia entre el cristianismo y las religiones humanas es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los líderes de las diferentes religiones mundiales murieron y se quedaron en sus tumbas; pero Jesucristo se levantó de los muertos y hoy está sentado a la diestra del Padre y prometió volver con gloria y poder para reinar con los que han creído en Él. Y porque Cristo resucitó, quien verdaderamente cree tiene esa misma esperanza viva.

Juan 11:25-26 dice: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo nos da la garantía de resucitar para vivir eternamente junto con Él. Y esa vida eterna es la herencia de la que habla Pedro: para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Ese tiempo postrero está cada vez más próximo: el día glorioso de la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y no importa si estamos vivos o no para entonces, porque para todo creyente existe la esperanza viva que nos narra 1 Tesalonicenses 4:16-17: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Dios te bendiga.

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Soportando las Pruebas

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

Santiago 1:12

Soportar las pruebas, conforme a lo que dice Santiago1:12 trae su recompensa. El galardón de aquellos que han soportado las pruebas es la corona de vida, la cual Dios ha prometido para los que le aman. La mejor demostración de amor que le podemos dar a Dios es soportar la tentación y resistir la prueba. Para ello, es necesario permanecer firmes, sin renunciar ni desanimarse. La tarea no es fácil; pero debemos recordar que Dios es bueno y no nos dará una carga superior a nuestra capacidad de soportar.

Hay tentaciones que son muy obvias y de eso se ha hablado mucho. Creo que cuando muchos escuchan las palabras iniciales de Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación, lo primero que se imaginan es a un hombre tentado a desear una hermosa mujer que no es la suya. Cierto que esa es una de las carnadas que nos pone el enemigo para alborotar las hormonas y hacernos caer; pero existen otras formas más sutiles y peligrosas que esa, las cuales nos conducen a la pérdida total de nuestro galardón.

Cuando sucumbimos a la tentación de seguir el falso evangelio de la prosperidad, estamos reprobando la prueba. De ninguna manera estamos mostrando amor a Dios, sino amor a las riquezas que Dios supuestamente nos dará. Quien tal cosa haga no está buscando a Dios por quien es Él sino por lo que le pueda dar para aumentar su ego y su deseo enfermizo de hacerse rico y poderoso. Usando fuera de contexto la propia Palabra de Dios, este varón cae en la red del enemigo tan sutilmente que cree en la mentira que quien anda mal es aquel que predica la sana doctrina.

Pero todavía hasta esta tentación resulta obvia para muchos, quienes han abiertos sus ojos y se han alejado de tal doctrina dañina. Ahora vienen otras pruebas más fuertes aún para todos. El mundo está moviéndose hacia caminos muy peligrosos que podrían llevar a la humanidad hacia serios conflictos. No sería nada extraño que acontezca una guerra global de terrible destrucción. Ante la guerra, el anhelo de las grandes mayorías es alcanzar la paz. Y ahí viene la tentación, la gran prueba para los creyentes en cuanto a aceptar las condiciones de una paz mundana.

Claudicar en el fundamento de nuestra fe para armonizar con el mundo y obtener la paz no es soportar la tentación y resistir la prueba. Llegar a un consenso ecuménico donde coexiste el Dios verdadero junto a los ídolos no es mostrar amor por el único y sabio Dios. De ninguna manera quien tal cosa haga recibirá la corona de vida. Estamos ya mirando lo que dice Mateo 24:6: Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Si ya nos tiemblan las piernas con los rumores de guerra, ¿seremos capaces de soportar la prueba siguiente? Mateo 24:9 dice cuál es esa prueba: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de Mi nombre. Soportar el odio del mundo por ser cristiano es la mejor demostración de amor a Cristo y es nuestra segura garantía de recibir la corona de vida a Su regreso triunfal. Perseveremos hasta el final y seremos llamados bienaventurados porque estaremos eternamente con el Rey de reyes. Dios te bendiga.

La Esperanza Bienaventurada

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Tito 2:11-14

A pesar de no ser uno de los pasajes bíblicos más conocidos, Tito 2:11-14 es un certero resumen del Evangelio. Pablo nos habla de la gracia para salvación, pero también nos habla del requisito para tener acceso a la gracia, el arrepentimiento, el cual aquí lo expresa como renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. Además nos habla de esta manera sobre la conversión: vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente. En el verso 13 habla sobre lo que da título a este mensaje: La esperanza bienaventurada. Esa esperanza la tendremos cuando ocurra la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

Por otro lado, Tito 2:11-14 es también una llamada de atención para todos los que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Cristo. Él pagó un alto precio por nuestra salvación, así que, una vez salvo, debemos dejar de vivir según los parámetros que dicta el mundo, para caminar de ahí en adelante y hasta el fin conforme a Su santa voluntad. Recordemos siempre esto sobre el Señor: quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Así que, mientras esperamos Su gloriosa venida, hagamos lo que Él nos dice en Mateo 24:44-47: Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. La esperanza bienaventurada de los que aman al Señor implica una gran recompensa.

Esa recompensa es la que Santiago llama la corona de vida. Dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. La Biblia no promete que nuestra espera habrá de ser fácil, tendremos pruebas, persecuciones, tribulaciones, tentaciones y aflicciones; pero, si resistimos todo eso, las promesas de Dios se cumplirán en cada uno de nosotros. La esperanza bienaventurada no ha sido echada en saco roto por nuestro Padre Celestial.

A algunos de nosotros la vida pudiera ser un poco más difícil de lo normal. Si eres uno de ellos, te podrías preguntar, ¿hasta cuándo debo esperar? Apocalipsis 1:3 te dice: Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. Y Apocalipsis 22:7 lo reafirma: ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

El día de la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo está cada vez más cerca, guardémonos en santidad para Él y seremos llamados como dice Apocalipsis 20:6: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años. Dios te bendiga.

La Esperanza de Gloria

El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.

Colosenses 1:26-27

Alcanzar la gloria es el anhelo de muchos. En lo terrenal, los que se dedican a las artes o los deportes luchan vehementemente por alcanzar la gloria o el estrellato. Los artistas de la música tienen puesta su esperanza en ser premiados con un Grammy; los artistas de cine sueñan con el Óscar; los deportistas con una medalla de oro o que su equipo gane el campeonato. Los cristianos tenemos como esperanza de gloria que Cristo está en nosotros.

Para traer un poco más de luz a lo que dice Colosenses 1:26-27, veamos lo que dice Romanos 8:9-11: Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Tanto la carta a los Romanos como la carta a los Colosenses fueron escritas por Pablo dirigidas a auditorios gentiles, es decir, a pueblos ajenos a Israel. Vemos en ambos textos bíblicos el uso de los pronombres por parte de Pablo: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. En ambos usa el pronombre vosotros, en el cual, él mismo no se está incluyendo.

¿Quiere decir entonces que los judíos están excluidos de esta esperanza de gloria? No perdamos la perspectiva de lo que dice la totalidad de la Escritura. En Juan 4:22 estableció algo muy claro: Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Y vemos que otra vez el mismo Señor usa el pronombre vosotros, hablando, igual que Pablo, a una audiencia gentil. El problema no es si los judíos están o no excluidos de la esperanza de gloria, somos nosotros, los gentiles, los que, sin Cristo, estamos excluidos.

Afortunadamente, Dios es inclusivo y nos ha abierto las puertas para que tengamos todos los seres humanos la oportunidad de ser parte de Su familia. Nuestro Señor Jesucristo pronto habrá de volver con gloria y Él quiere compartirla con quienes han creído en Él. Juan 17:22 dice: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Estando Cristo en nosotros, somos partícipes de Su gloria.

Mientras esperamos por Su venida, podemos pasar por tiempos difíciles; pero lo mejor para nosotros está por venir. Romanos 8:18-19 dice: Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Y 2 Corintios 3:18 dice: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. Cristo en nosotros es la esperanza de participar de Su gloria. Dios te bendiga.

Esperanza en los Cielos

Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad.

Colosenses 1:4-6

Para muchos, la espera es una actividad muy tediosa. He visto como hay tantas personas que les cuesta tanto hacer una fila, esperar su turno sentado o que la luz roja del semáforo cambie. A este tipo de personas les puede parecer un insulto que les mencionen las palabras paciencia y esperanza. Los que hemos creído en Jesucristo sabemos que nuestra mayor esperanza no se encuentra a la vuelta de la esquina sino en los cielos. Si somos como las personas que se cansan de esperar, nuestro caminar por la vida sería terrible.

Veo con pesar como mucha gente piensa que la función de Dios es la de resolvernos problemas terrenales. Muchos de nuestros problemas vienen por culpa de nosotros mismos, algunos de ellos, por nuestras malas decisiones y otros por desobediencia al propio Dios. Ciertamente que Dios, como nuestro Padre, toma cuidado de nosotros; pero no debemos pasar por alto que además estamos viviendo en territorio enemigo y que el príncipe de este mundo nos hace la guerra cada día. Eso nos añade dificultades adicionales.

Nuestro Señor siempre advirtió que en este mundo tendríamos dificultades. Incluso nunca prometió que los cristianos del fin de los tiempos iban a estar protegidos en una burbuja de cristal, sino que estaríamos en medio de la gran tribulación, expuestos al peligro. Basta con leer Mateo 24 para darnos cuenta de eso. En los versos 9 y 10 leemos: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Además de la advertencia, el Señor nos dice lo que debemos hacer. En Mateo 24:13 indica cuál debe ser nuestra actitud ante la adversidad que se avecina: Mas el que persevere hasta el fin,  éste será salvo. No queda duda de que seremos sometidos a prueba hasta el fin. Por lo tanto, debemos perseverar en la fe sin renegar de ella. El verso 14 nos dice el motivo de nuestra prueba hasta el fin: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

Me hago una pregunta, ¿quién va a predicar el evangelio en todo el mundo? Mateo 24:14 es muy claro, antes de que venga el fin, el evangelio será predicado en todo el mundo. Romanos 10:14 dice: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Es obvio que quien ha conocido de Cristo previamente va a estar predicando el evangelio hasta el fin. Ese papel no es de ángeles que bajen del cielo sino de nosotros los cristianos.

Si tu esperanza al hacerte cristiano es ser feliz y próspero y que tus problemas terrenales sean todos resueltos, te tengo una mala noticia: no hay garantía de que eso suceda. Las cosas podrían empeorar de aquí en adelante. Pero hay una noticia mejor, la verdadera esperanza está en los cielos y se llama Jesucristo, ahora sentado a la diestra del Padre; pero quien vendrá con gloria como Rey y entonces, los que hemos creído reinaremos con Él. Dios te bendiga.

La Gran Esperanza del Creyente

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.

2 Corintios 4:13-14

La gran esperanza de creer en Jesucristo no es que todos nuestros problemas serán resueltos. Tampoco es que seremos prósperos, ricos y felices. Si fuera así, no habría una gran diferencia entre ser cristiano, ateo o practicante de las religiones orientales. Existen métodos fuera de Jesús para intentar ser feliz, alcanzar riquezas o intentar minimizar los problemas. Pero nuestra gran esperanza la explica 2 Corintios 4:14: sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.

Resulta impactante ver la forma en que los apóstoles y los primeros cristianos no tuvieron temor alguno de recibir el martirio en nombre de Jesús. Me imagino que sus verdugos los verían como loquitos que preferían perder la vida antes que renegar de su fe en Jesucristo. Pero esa actitud de ser martirizados antes que negar a Cristo ha continuado por dos mil años entre los verdaderos cristianos. La razón de esta aparente locura es una sola: quien ha creído y conocido al Cristo resucitado tiene la misma esperanza de resucitar.

Esa gran esperanza del creyente en Jesucristo, la cual lo distingue de los que creen en otras cosas la resumió el propio Señor en Su promesa dada en Juan 11:25-26: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo es sinónimo de tener vida después de la muerte y no cualquier tipo de vida. La vida que Él promete para quienes le creen, es eterna, sin fin y no en un cuerpo de muerte como el actual, sino en uno glorificado.

Quizás esperaba que yo te trajera hoy un mensaje de esperanza de que las cosas en el mundo fueran a mejorar en el futuro. Lamento desilusionarte con eso, pero debo decirte que eso no sucederá. Somos testigos de la sucesión de terremotos en diferentes lugares del mundo casi uno tras otros. Los propios científicos auguran que cada vez está más próximo que ocurran varios terremotos catastróficos con intensidad superior a 8.0 en la escala Richter. Y, como consecuencia del cambio climático, se habla de más tormentas, sequías, nevadas y tornados.

Por su parte, los analistas económicos no vaticinan nada positivo en el mundo financiero, sino todo lo contrario. El sistema bursátil mundial podría colapsar en cualquier momento y mucha gente corre el riesgo de pasar de la abundancia a la indigencia en un abrir y cerrar de ojos. Como si fuera poco, la amenaza de guerras en las cuales se utilicen armas de destrucción masiva es cada vez más creíble a medida que crece el número de miembros del club nuclear y que gente con mentes retorcidas pretenda sembrar el terror.

¿Te asombran y te aterran esas cosas? No deberían asombrarte porque todas y cada una de ellas han sido profetizadas en la Biblia. Y no estoy hablando de los libros del Antiguo Testamento, ve a Mateo 24 y al libro de Apocalipsis y lo verás. Pero si te aterran esas cosas, que Mateo 24:6 dice que es necesario que sucedan, es porque no estás consciente de la gran esperanza del creyente en Jesucristo. Y esta gran esperanza es que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús. Con Cristo, tendremos resurrección y vida eterna. Dios te bendiga.

La Esperanza no Avergüenza

Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Romanos 5:5

Pablo comienza diciendo en Romanos 5:5: Y la esperanza no avergüenza. La palabra esperanza parece no estar en el vocabulario de mucha gente en esta época, quienes buscan tener resultados inmediatos. Por otro lado, la palabra vergüenza significa bochorno o quedar en ridículo. Pero si la esperanza no avergüenza es que no quedaremos en ridículo o seremos abochornados por esperar algo de Dios. La esperanza es la fe puesta a prueba. Si hemos confiado plenamente en un Dios Todopoderoso que nos ama porque somos Sus hijos, esperar por Su respuesta no es motivo de vergüenza.

La mayoría de las cosas en la vida tienen un tiempo de espera antes de que se obtenga resultado. Si alguien desea ser un profesional en cualquier área del saber humano, debe dedicar varios años de su vida a estudiar antes de graduarse y obtener el título. Pero eso no quiere decir que ya lo alcanzó todo, sino que debe continuar especializándose y tomando cursos cortos periódicamente para no quedarse atrás en el desarrollo de su carrera. Creer que va a alcanzar la meta de ser doctor o ingeniero equivale a tener fe; pero la esperanza es estudiar con paciencia y pasar todas las pruebas hasta lograrlo.

Cuando nuestra fe está puesta en Dios, sabemos que Él es fiel a Su Palabra y, en Su tiempo se cumplirá la promesa. Por lo tanto, como nuestra esperanza también está puesta en Él, no hay lugar para dudar de que suceda. En Romanos 10:11 está escrito: Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Cada persona que ha creído en lo que Dios ha prometido en Su Palabra puede tener la seguridad de que lo que espera lo tendrá y no pasará por el bochorno de quedarse con la mano extendida.

La Palabra de Dios es totalmente garantizada. Hebreos 6:17-18 dice: Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. Por lo tanto, la esperanza que tenemos se habrá de convertir en una realidad.

La Biblia nos dice que lo que pidamos al Padre, en el nombre de Jesús, creyendo, Él lo hará. Eso no quiere decir que la respuesta de Dios sea inmediata. Es muy probable que, al principio, no estemos preparados para recibir lo que hemos pedido. Dios, quien conoce todas las cosas, sabe cuándo es el tiempo preciso para responder nuestra petición. Mientras ese tiempo llega, vivimos en la esperanza de recibir la promesa. Y la misma Palabra de Dios nos afirma que no pasaremos vergüenza por esperar.

1 Pedro 1:21 dice con respecto a la fe y la esperanza: y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Nuestra fe y nuestra esperanza están puestas en Dios, quien es Todopoderoso y resucitó de los muertos a Jesús. Él nunca miente y Su Palabra es verdad. Así que no temas continuar aferrado a la esperanza de ver cumplir tus promesas. ¡No quedarás en vergüenza! Dios te bendiga.