Partícipes de la Naturaleza Divina

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

2 Pedro 1:3-8

Como hijos de Dios somos partícipes de Su naturaleza divina. Eso es parte de las preciosas y grandísimas promesas que menciona el apóstol Pedro. Pero si vamos a participar de la naturaleza divina, debemos huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Debemos actuar diligentemente en tal sentido. En lugar de participar de las cosas del mundo, nuestro deber es participar de las cosas de Dios. Pedro menciona las cosas que debemos añadir a nuestra fe: virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor.

La Biblia reitera varias veces la incompatibilidad entre las cosas de Dios y las del mundo. Los que han sido tocados por la gracia y hechos hijos de Dios no pueden continuar participando de las cosas mundanas. No es posible ser partícipe simultáneamente de las naturalezas divina y mundana. Escrito está que el mundo entero está bajo el maligno, como hijos de luz, somos llamados a ser partícipes de la luz, no a ser cómplices de las tinieblas. Así que, el cristiano debe mantenerse firme frente a las actuales tendencias mundiales que se oponen a la Palabra de Dios.

Para poder participar de la naturaleza divina, es necesario vivir en el Espíritu y no en la carne. Cuando vivimos en el Espíritu, el resultado será el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 nos dice en qué consiste el fruto del Espíritu: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,  benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Tan solo con vivir en el Espíritu, tenemos varias de las cosas que debemos agregar para participar de la naturaleza divina. Recordemos que templanza y dominio propio son sinónimos.

En cuanto a la virtud, la benignidad, la bondad y la mansedumbre son virtudes que vienen dentro del paquete del fruto del Espíritu. Así que llevamos varios pasos adelantados cuando vivimos en el Espíritu para participar de la naturaleza divina. ¿Y qué pasa con los demás? ¿Cómo añadimos el conocimiento, la piedad y el afecto fraternal? El propio Espíritu nos lleva al conocimiento de Dios y de Su Hijo Jesucristo. Juan 14:26 dice: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho.

Y entre las cosas que dijo el Señor Jesucristo y que el Espíritu Santo nos recordará está lo que dice en Juan 13:34-35: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. He ahí el afecto fraternal. También nos recordará las palabras de Mateo 25:34-40 para que aprendamos sobre compasión y piedad. Dios es Espíritu, vivamos en el Espíritu y seremos partícipes de la naturaleza divina. Dios te bendiga.

 

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La Carne y el Espíritu son Incompatibles

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Gálatas 5:16-18

He escuchado a mucha gente decir que esta vida se hizo para gozarla. Según quienes así piensan, la vida es muy corta y lo único que nos llevamos cuando morimos es lo que hemos gozado. Por eso, este tipo de persona prefiere vivir cada día como si fuera su último, se dan a los placeres y no les importan las cosas espirituales porque piensan que les impiden gozar como es su deseo. Pero el gozar las cosas carnales es todo lo opuesto a lo espiritual. En la carne se vive la vida loca, mientras en el Espíritu vamos a disfrutar de vida eterna.

Andar en el Espíritu no es algo sencillo ni tampoco es algo que podemos hacer en nuestro estado natural. La naturaleza de todo ser humano sin excepción tiende a inclinarse hacia el pecado, no hacia la santidad. Cada día la vida nos presenta múltiples tentaciones que nos sacan del enfoque sobre las cosas de Dios. Los medios de comunicación, las redes sociales y nuestros propios amigos, nos pueden arrastrar a hacer cosas que muchas veces nos llevan por caminos equivocados. Satisfacer los deseos de la carne nos puede conducir a nuestra propia destrucción.

Cuando yo era estudiante de primer año de ingeniería química viví en una pensión junto con otros dos estudiantes más. Yo era el más joven de los tres y el mayor de todos era Carlos, un estudiante de término de economía y quien contaba con 23 años. Su padre era un comerciante español y su madre era una alemana de origen judío. Carlos tenía todo lo que se podía anhelar: dinero, buena presencia y terminando su carrera.

Sin embargo, Carlos prefería vivir su vida al máximo que prestarle atención a sus estudios. Faltaba repetidamente a clases porque dormía durante el día ya que las noches las usaba para los placeres: alcohol, drogas y mujeres. Un fin de semana en el cual solo Carlos estaba en la pensión fue un amigo suyo, compañero de juergas a buscarlo. Ese día, Carlos no tenía ánimo de salir; pero su amigo lo convenció diciendo que le tenía una chica para él.

La noche de fiesta de Carlos y sus amigos terminó en desgracia. Andaban en una camioneta que manejaba su amigo quien, en medio de la borrachera y las drogas no vio que la carretera estaba en construcción y subió la camioneta por un terraplén hasta hacerla volcar sobre sí misma. En las vueltas, Carlos salió disparado fuera del vehículo y su cabeza impactó contra un muro muriendo instantáneamente. La suerte de su amigo y la chica que los acompañaba no fue diferente, él murió dos días después y ella a los cuatro días.

Procuremos pedirle a Dios que nos conduzca a vivir en el Espíritu en lugar de vivir en la carne. No siempre hacer lo que queremos nos conviene, pero la sabiduría del Espíritu de Dios siempre nos llevará por el camino correcto. Dios te bendiga.

Deber para con Dios

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

1 Juan 2:3-6

El apóstol Juan nos trae un tema muy interesante para reflexionar. La pregunta para hacernos es ¿si estamos bajo la gracia, tenemos también que cumplir con la ley? ¿Por qué Juan habla de guardar los mandamientos como un requisito para demostrar que conocemos a Dios? Estas preguntas pueden traer mucha discusión teológica. Pero como siempre, la mejor manera de encontrar respuestas verdaderas es permitiendo que el propio Espíritu de Dios nos dé la revelación.

Una vez una amiga cristiana discutía conmigo diciendo que en ningún lugar de la Biblia nos ordenan cumplir los mandamientos sino simplemente guardarlos. Si buscamos la definición de guardar en el diccionario tenemos lo siguiente: cuidar, vigilar, custodiar; colocar algo en el lugar apropiado; conservar, no gastar; cumplir, observar una regla; mantener, observar; precaverse, recelar de un riesgo; evitar. Por lo tanto, guardar no solo significa tener algo en custodia sino implica cumplimiento u observación de la regla.

El asunto no se trata de seguir al pie de la letra los mandamientos de Dios porque con ello nos ganamos el cielo. En primer lugar, los seres humanos somos totalmente incapaces de satisfacer el estándar de Dios. Nadie puede ufanarse de que guarda o cumple a cabalidad los mandamientos. En segundo lugar, precisamente por nuestra incapacidad de pasar la prueba satisfactoriamente, es imposible que nos ganemos el cielo por nuestros propios méritos.

Observar los mandamientos de Dios debe ser una consecuencia de haberlo conocido. Una vez que nos relacionamos con Él, es inevitable que nuestra vida cambie. Cuando Moisés se reunía con Dios en el desierto del Sinaí, era notable la gloria de Dios en su cara, a tal punto que el resplandor era tan fuerte como para dañar la vista de quienes lo miraban. Así pues, que nuestra mejor demostración de que Dios mora en nosotros es evitando hacer todas aquellas cosas que Él rechaza, las cuales ha dejado claramente escritas en Su Santa Palabra.

Demostremos el amor de Dios para con nosotros guardando lo que dice Su Palabra. No convirtamos la libertad que Él nos ha dado al librarnos de las cadenas del pecado es una licencia para quebrantar sus mandamientos. Aunque la salvación sea gratuita para nosotros, no debemos olvidar que su precio es valiosísimo. El costo de la sangre de Jesús derramada en la cruz del calvario es incalculable. Justamente tanto pagó Dios para rescatar a cada pecador que se arrepiente. Nuestra obediencia a Sus mandatos es solo un leve reconocimiento de Su inmenso amor, de Su entrega y la mejor demostración de gratitud  que podemos brindarle. Consideremos como nuestro deber ineludible guardar la Palabra de nuestro amado Padre Celestial. Dios te bendiga.