El Fruto del Espíritu

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Gálatas 5:22-23

Cuando andamos en el Espíritu, su fruto es visible para todos. El caso contrario ocurre cuando andamos en la carne. No en vano el Señor dijo que por sus frutos los conoceréis. En el caso del fruto del Espíritu, todos conocerán que andamos en el Espíritu cuando sean visibles en nosotros el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza. Ciertamente que, teniendo en cuenta las presiones del mundo, solo andando en el Espíritu se puede ver tal fruto.

Es conveniente que miremos, en todo su contexto, lo que Pablo escribió en Gálatas referente al fruto del Espíritu. Pablo destacaba las diferencias abismales entre andar en el Espíritu y ser guiado por la carne. Gálatas 5:16-18 dice: Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

A continuación, Pablo enumera las obras, es decir, los frutos de la carne. Gálatas 5:19-21 da un listado de las obras de la carne: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Cuando Pablo dice que también hay cosas semejantes a estas que son obras de la carne, quiere decir que la lista continúa. Lo más notable del contraste entre ambas listas es lo siguiente, Pablo dice en el verso 19: Y manifiestas son las obras de la carne, que son; mientras que en el verso 22 dice: Mas el fruto del Espíritu es. Nada en la Biblia está escrito al azar ni por casualidad y todo es importante. Son dos listas que presentan varias cosas cada una; pero una de ellas tiene el verbo en plural y la otra en singular. Hay obras o frutos de la carne, pero solo un fruto del Espíritu.

¿Qué quiere decir todo esto? Quien anda en la carne, no necesariamente practica todas y cada una de las obras de la carne. Basta con llevar a cabo una sola de ellas para andar en la carne. Es probable que alguien diga, no ando en la carne porque no soy homicida, ni borracho, soy muy fiel a mi pareja y no soporto las desviaciones sexuales. Pero si tus creencias religiosas se apegan más a tradiciones de hombres que a la Biblia, andas en herejías, las cuales son obras de la carne y no del Espíritu.

En contraste, el fruto del Espíritu, siendo uno solo, todos sus componentes deben de estar presentes para que podamos decir que andamos conforme al Espíritu y no según la carne. Eso quiere decir que no debe faltar uno solo de la lista: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Son nueve elementos, todos son importantes y ninguno debe faltar. ¡Qué difícil es lograrlo! Por supuesto que lo es cuando lo hacemos en nuestras fuerzas. Pero recordemos que ese es el fruto del Espíritu, por lo tanto, solo es posible lograrlo cuando somos guiados de verdad por el Espíritu y no por nuestro propio ser. Dios te bendiga.

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Perfeccionando la Buena Obra

Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

Filipenses 1:6

Recibir a Jesucristo y nacer de nuevo no nos convierte automáticamente en un producto terminado. Más bien se puede decir que somos material en proceso. Hasta la venida de nuestro Señor, estaremos en etapa de perfeccionamiento constante. Lo que manifiesta Pablo en Filipenses 1:6 es que quien comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. ¿Quién comenzó la buena obra en nosotros? Fue el Espíritu Santo quien comenzó en nosotros la buena obra de sacarnos de las tinieblas y llevarnos a la luz.

Como manifesté anteriormente, no somos un producto terminado sino un material en proceso mientras permanecemos en este cuerpo. Todo proceso de transformación industrial empieza por la introducción de la materia prima y el suministro de energía para llevarlo a cabo. La materia prima de nuestra transformación espiritual somos nosotros mismo y el Espíritu Santo funciona similar a la energía, Él ya está en nosotros, como dice 2 Timoteo 1:14: Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.

Somos, pues, templo del Espíritu Santo, como dice 1 Corintios 6:19: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Y hemos sido sellados en Él, conforme a Efesios 1:13: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.

El Espíritu Santo, al morar dentro de nosotros irá revelándonos los misterios de Dios. La Biblia dice en 1 Corintios 2:10-11: Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Podríamos tener nuestras propias ideas acerca de Dios; pero solo el Espíritu del mismo Dios nos revela la verdad acerca de Él.

La buena obra en nosotros la irá perfeccionando el Espíritu Santo, quien nos irá capacitando a través de Sus dones. 1 Corintios 12:7-11 nos habla de los dones del Espíritu: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

El producto final de nuestro perfeccionamiento se verá a través de resultados. Esos resultados son lo que la Palabra de Dios llama el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 dice: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. A esto le agrega Efesios 5:9: porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad. Llegar a mostrar plenamente el fruto del Espíritu es un proceso que durará hasta que nuestro Señor regrese con gloria y poder. Dios te bendiga.

Ríos de Agua Viva

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Juan 7:38-39

Creer en Jesús trae consigo muchos beneficios. Sin embargo, esos beneficios  no necesariamente implican una vida terrenal de abundancias materiales y sin problemas. Las grandes promesas de Jesús a los que creen en Él están enfocadas hacia la eternidad, aunque también hay otras que recibiremos en este mundo. Una de ellas es la promesa contenida en Juan 7:38: de su interior correrán ríos de agua viva. La explicación de Juan 7:38 se encuentra en el siguiente versículo, es decir, Juan 7:39: Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Jesús prometió que Sus discípulos recibirían el Espíritu Santo. En Hechos 1:8 les dijo: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Tal promesa se cumplió en los discípulos el día de Pentecostés, pero el Espíritu Santo continuó siendo recibido por los creyentes hasta hoy. En Hechos 2:4 se narra la primera vez que creyentes en Jesús recibieron el Espíritu Santo: Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Los ríos de agua viva corrieron del interior de los discípulos reunidos en el aposento alto de Jerusalén el día de Pentecostés. La primera manifestación exterior de esos ríos de agua viva fueron las lenguas que hablaron ante numerosos testigos. Otra manifestación de los ríos de agua de vida la encontramos en Hechos 4:31: Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Bajo el poder del Espíritu Santo, los discípulos fueron capaces de predicar el evangelio sin temor sino llenos de valentía.

Y es que el Espíritu Santo nos fortalece para predicar, tal como nos dice 1 Pedro 1:12: A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. Conocer esta verdad debe ser motivo suficiente para predicar el evangelio a toda criatura como nos ha sido comisionado. El Espíritu Santo nos da el poder para testificar y es quien da convicción de pecado al que nos escucha predicar.

Otra manifestación tangible de los ríos de agua de vida es la profecía. En Hechos 19:6 dice: Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. En 2 Pedro 1:21 otra vez se enfatiza la intervención del Espíritu Santo en la profecía: porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

Los dones del Espíritu son esos ríos de agua de vida que correrán del interior de los que han creído en Jesús. 1 Corintios 12:4-11 los enumera: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas e interpretación de lenguas. Si has creído, ya esos ríos deberían brotar de ti. Dios te bendiga.

El Espíritu Santo Da Convicción de Pecado

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

Juan 16:7-8

La tendencia natural del ser humano es la de justificar su conducta. Es poco probable que alguien reconozca sus faltas al ser confrontado. Lo que la mayoría de la gente hace es presentar una explicación a su favor en la cual deja de reconocer su culpabilidad. Es por eso que no somos capaces de reconocer y confesar nuestros pecados. Solo la intervención del Espíritu Santo nos da convicción de que somos pecadores que necesitamos ser redimidos.

Tratemos de entender cómo opera el Espíritu Santo a fin de darnos convicción de pecado. De acuerdo al obispo inglés Edward Reynolds (1599-1676): “Este es el método del Espíritu Santo: convencer primero de pecado, y luego revelar la justicia y el refugio en Cristo. La Ley es el precursor que prepara lugar y da bienvenida en el alma a Cristo.” La convicción de pecado es posible gracias a la revelación de lo que significa pecar, la cual se alcanza solo a través de la Ley.

Es obvio que el Espíritu de Dios va a utilizar la Ley para darnos la convicción de pecado. Por eso, eludir mencionarla en la predicación no va conforme al deseo del Espíritu. En tal sentido, el predicador inglés Charles Spurgeon dijo: “Tratar de ganar un alma a Cristo por medio de mantener esa alma en ignorancia de cualquier verdad, es contrario a la mente del Espíritu.” Las verdades bíblicas hay que pregonarlas, difundirlas, compartirlas, no dejarlas descansar en un libro colocado abierto sobre una mesa y el cual nadie lee.

Revelar las verdades bíblicas podría no ser una tarea fácil. Los inconvenientes pueden surgir en el camino; pero el Espíritu se encargará de superarlos. El teólogo inglés John Owen (1616-1683) dijo: “Cuando el Espíritu Santo tiene la intención de regenerar a una persona, Él quita todos los obstáculos, vence toda resistencia y oposición, e infaliblemente produce el resultado propuesto.” Si el Espíritu nos mueve a compartir pasajes bíblicos que confrontan al pecador, no debemos temer porque Él nos respalda.

Sé muy bien que mis mensajes no son del agrado de todo el mundo. Habrá personas que se molestarán por ellos. Incluso, ya he recibido peticiones de que no los envíe más. Lo que hago ante tal petición es excluir al solicitante de la lista de quienes reciben los mensajes. No voy a parar de escribirlos solo porque alguien se disguste por ellos. El anhelo del corazón de Dios es que ningún ser humano se pierda, sino que todos lleguemos al arrepentimiento de pecados y nos convirtamos a Él. Por lo tanto, estos mensajes no son para promoverme a mí mismo, sino para darle protagonismo a Él.

Siguiendo con la misma línea de pensamiento, el evangelista norteamericano Dwight L Moody dijo en una ocasión: “Cuando el Espíritu Santo redarguye de pecado, o la gente se convierte, o se enoja.” Si estos mensajes son inspirados por el Espíritu Santo, la convicción de pecado habrá de ser su fuerza motriz. Los que van a ser tocados de inmediato por tal convicción, indudablemente se convertirán a Jesucristo porque no encontrarán ninguna otra opción para salvarse. Los demás, podrán sentirse enojados, pero Dios seguirá siendo Dios y Su Palabra permanecerá para siempre. Dios te bendiga.

 

El Consolador

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Juan 14:16-17

Cuando Jesucristo iba a regresar al Padre, le dio una hermosa promesa a Sus discípulos: un Consolador. El amor de Jesús hacia ellos fue tan grande que no quiso dejarlos solos. Ese mismo Consolador que los seguidores más cercanos del Señor recibieron esta hoy disponible para todo aquel quien ha creído en Él. El Hijo de Dios está a la diestra de Su Padre, sentado en Su trono hasta Su regreso triunfal. Sin embargo, aquí en la Tierra, cada hijo y cada hija de Dios llevan morando dentro de sí al Espíritu de verdad.

La palabra consolar significa dar consuelo o ánimo a una persona para que resista una situación triste o adversa; aliviar la pena o angustia de una persona; ayudar a alguien mediante buenas palabras o caricias a soportar una angustia. En tal sentido, un consolador nos anima, nos da coraje para resistir las pruebas, nos alivia, de penas y angustias, nos ayuda y nos da palabras de aliento. Ese es justo la clase de Consolador que Jesús le rogó al Padre que nos diera.

El mundo moderno distorsiona las cosas y le ha dado un sentido distinto a lo que son las cosas conformes al plan de Dios. De la misma manera que llaman “hacer el amor” a tener sexo, hoy usan la palabra consolador para referirse a un objeto sexual utilizado para la masturbación femenina. Aclaro esto para que, quien no está muy familiarizado con la Biblia, al escuchar hablar del Consolador no se confunda con las distorsiones modernas en el uso de esa palabra.

El Consolador bíblico no es otro que el Espíritu Santo, exactamente como lo describe la Palabra de Dios. En Juan 14:26 leemos: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. Nuestro Consolador no solo nos anima, nos da coraje para resistir las pruebas, nos alivia las penas, nos ayuda y da palabras de aliento, sino que además nos enseña todas las cosas y nos recuerda todo lo que el Señor ha dicho.

El Consolador da testimonio acerca de Jesús, como dice Juan 15:26: Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Muy interesante versículo bíblico para aclararle a aquellos que niegan la divinidad del Espíritu Santo. Si nuestro Consolador procede del Padre, tiene los mismos atributos que Él y los del Hijo, quien también procede del Padre.

Jesús da a sus discípulos una explicación acerca de la conveniencia de que venga el Consolador. Dice Juan 16:7-11: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Celebremos pues que nuestro Señor nos ha enviado al Consolador. Dios te bendiga.

Recibiendo Poder de lo Alto

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hechos 1:8

Antes de ascender al cielo, el Señor Jesús dio unas instrucciones a Sus discípulos: quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto (Lucas 24:49). La expansión del Reino de Dios es la Tierra requiere de la manifestación de Su poder. Y solamente de lo alto, del mismo cielo, puede provenir poder suficiente para testificar acerca de Jesucristo con milagros, maravillas y señales. No basta con predicar la Palabra de Dios, sino que se hace necesario ser ungido por el Espíritu Santo, quien es el responsable de darnos el poder de lo alto.

Durante Su ministerio en la Tierra, Jesucristo hizo una demostración de poder. Cuando los discípulos de Juan el Bautista fueron a indagar sobre Jesús, su respuesta fue mostrar ejemplos de poder. Lucas 7:22-23 dice: Y respondiendo Jesús,  les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

De esa misma manera es que Él espera que se predique el evangelio. No estamos para hacer menos que eso. Jesús profetizó que sus seguidores harían obras incluso mayores que las Suyas. Dice Juan 14:12: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Jesús no iba a permanecer todo el tiempo en la Tierra; pero las necesidades continuarían existiendo. Por lo tanto, después de Él, los cristianos debían estar facultados para curar enfermos, echar demonio y resucitar muertos.

El evangelio de poder no viene de nuestras habilidades o porque hayamos adquiridos un par de doctorados en teología. Los discípulos recibieron ese poder el día de Pentecostés a través del Espíritu Santo. De esta manera, un simple pescador como Pedro fue capaz de predicar un mensaje tan contundente que convirtió a miles de persona, con decir una palabra hizo caminar a un cojo y sanaba a los enfermos con su sombra. Era imposible que el mismo Pedro que negó tres veces al Señor o se acobardara al caminar sobre las aguas hiciera tantos prodigios, maravillas y señales de haber carecido del poder de lo alto.

Del mismo modo, Pablo expandió el evangelio entre los gentiles gracias a ese mismo poder. Él mismo lo afirma en Romanos 15:18-19: Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

Hoy día se hace necesario que el evangelio sea llevado a las naciones con poder. Los corazones de mucha gente se han endurecido de tal manera que hay quienes se sienten más poderosos que Dios. De otro lado, muchos cristianos se han conformado solo a ir a un templo a escuchar un sermón. Busquemos el poder de lo alto. Dios te bendiga.

La Gran Comisión

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 28:18-20

Antes de partir a sentarse en Su trono, a la diestra de Su Padre, Jesús dejó unas claras instrucciones para Sus discípulos. La iglesia ha llamado a las instrucciones finales del Señor la Gran Comisión. Esas instrucciones estaban basadas en el poder y la autoridad que posee nuestro Señor. Esas ordenanzas no están limitadas a los discípulos originales sino que se extienden a todos los que hemos creído en Cristo. Pero además de las instrucciones, hay una gran promesa, la de estar con nosotros hasta el fin del mundo.

Cuando comenzamos nuestra labor en un nuevo empleo, una de las primeras cosas que recibimos es una lista de las tareas que nos corresponde hacer. Algunos empleadores incluyen también los criterios bajos los cuales se medirá nuestro desempeño, así como las metas y objetivos que nos proponemos alcanzar. Pero más importante que todo es también ponernos al corriente de cuales son la visión y la misión de la empresa para la cual trabajaremos.

Como cristianos es nuestro deber saber claramente cuáles son las tareas que debemos cumplir. En Mateo 28:18-20, el Señor nos envía (id) con una misión específica: hacer discípulos de todas las naciones. Con esto nos está diciendo que las expectativas que espera de nosotros es que no nos quedemos en nuestra zona de comodidad sino que salgamos de ella. La expansión del Reino de Dios no se limita a las fronteras del país en el cual vivimos. Por eso nos toca ir a cualquier lugar al cual seamos enviados por nuestro Señor.

Hacer discípulos significa entrenar a otros de la misma manera que hemos sido entrenados. Es reproducirnos en otros de la misma manera que la división celular produce nuevas células las cuales formarán tejidos que a su vez constituirán los órganos de cada ser viviente. Si dejamos de formar discípulos, se estancaría la expansión del Reino de Dios en la tierra. Si los apóstoles no hubiesen cumplido con la Gran Comisión, la iglesia de Cristo se hubiera extinguido en el primer siglo de nuestra era.

El bautismo de los nuevos creyentes es la demostración consciente de que hemos creído en Jesucristo y nos identificamos con Él. Queda claro por Mateo 28:18-20 que ser un discípulo es un paso previo a ser bautizado. Y para ser un discípulo, el mentor debe de enseñarle al alumno todas las cosas que el Maestro ordenó, las cuales están escritas en la Biblia. Llevar a cabo la Gran Comisión podría no ser una tarea fácil. Con toda seguridad que vamos a encontrar dificultades y no todo el mundo va a recibir la Palabra de la misma manera. Ya la explicación de la parábola del sembrador (Mateo 13:18-23) lo deja muy claro. Pero la buena noticia es que nuestro Señor prometió estar con nosotros hasta el fin lo cual nos afirma que no estaremos trabajando solos. Dios te bendiga.