La Semilla entre las Piedras

Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la Palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la Palabra, luego tropiezan.

Marcos 4:16-17

La parábola del sembrador es una pieza fundamental para entender el evangelio. Su importancia es tal que es presentada en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) acompañada de su explicación por parte del Señor. La semilla, es  decir, la Palabra de Dios, cayó sobre cuatro tipos de terrenos. Esta vez vamos a estudiar esa parte de la semilla que cayó en pedregales y de la cual dice Marcos 4:16-17 que son: los que cuando han oído la Palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la Palabra, luego tropiezan.

Veamos primero lo que dice Mateo 13:5-6 con respecto a esta parte de la parábola sobre la semilla que cayó entre pedregales: Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Mientras que Lucas 8:6 dice al respecto lo siguiente: Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.

Vemos que entre las piedras no hay mucha tierra, la profundidad no existe y la humedad no está presente. La poca tierra superficial que hay encima de las piedras hace que la semilla brote en forma rápida. Sin embargo, la raíz no tiene hacia donde crecer y la falta de humedad va a secar la planta una vez salga el sol. De ahí la explicación de la cual Lucas 8:13 dice: Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la Palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.

Me atrevería a decir que hoy día el terreno entre pedregales abunda bastante. Mucha gente al escuchar la Palabra de Dios, especialmente cuando se la endulzan más de la cuenta, la reciben con gran entusiasmo. Si estas personas solo miran promesas y bendiciones para sus vidas, cuando las cosas empiecen a salir de otra manera, es decir, al ser sometidos a pruebas, saldrán corriendo e irán de nuevo al mundo. Algunos de ellos se sentirán tan frustrados del cristianismo que jamás volverían a la iglesia.

La semilla caerá entre las piedras cuando predicamos la Palabra sin decirle claramente a la persona que su necesidad urgente por Jesucristo es porque sin Él su destino es el fuego eterno. Si les decimos a las personas que cuando reciben a Jesucristo serán inmensamente felices, dejarán de tener problemas y la prosperidad llegará a sus vidas, es casi seguro de que ellos recibirán esa palabra con gran entusiasmo. Pero una predicación de este tipo es bíblicamente falsa y dañina para esa alma.

Si las personas no son alertadas sobre las verdades bíblicas, llegarán a los pies de Cristo con falsas expectativas, las cuales se esfumarán al presentarse las pruebas. Si llegaste a Cristo creyendo que de aquí en adelante carecería de problemas, lamento decirte que eso no es cierto. Lo real es que vendrán tribulaciones y persecuciones por causa de la Palabra y del nombre de Jesús. Pero te digo que todas estas pruebas valen más la pena que una vida sin problemas porque sin Cristo, lo único que nos espera al morir es el infierno. Dios te bendiga.

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Cristo Nos Redimió de la Maldición de la Ley

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero).

Gálatas 3:13

La Ley de Dios, los Diez Mandamientos, nos da conocimiento de que hemos pecado y somos merecedores de la muerte. Nadie puede ser justificado por medio de las obras de la Ley. En lugar de alcanzar salvación por medio de la Ley, lo que obtenemos es maldición. Solo Jesús nos redime de la maldición de la Ley. Él se ofreció a sí mismo como garante de nuestra salvación al convertirse en maldición conforme a lo que está escrito.

La Escritura citada en Gálatas 3:13 es Deuteronomio 21:22-23, la cual dice: Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad. Todos hemos cometido crímenes de muerte merecedores de ser colgados y hechos maldición; pero Jesús tomó nuestro lugar y se hizo a sí mismo maldición por nosotros.

Contrario a lo que algunos puedan decir, la Ley se hizo para cumplirse no para violarla. En Jesús se cumplió la Ley completamente. Gálatas 4:4-5 dice: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Cuando estamos bajo la Ley, toda violación, por pequeña que parezca nos condena. Jesucristo vino a ocupar el lugar de cada ser humano para que el peso de la Ley cayera sobre Él y brindarnos la oportunidad de ser exonerados de nuestra culpa.

Pablo reafirma ese concepto en Romanos 8:3-4 cuando dice: Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. La Ley hace imposible que podamos salvarnos a nosotros mismos a causa de nuestra debilidad carnal. La justicia de la Ley solo puede cumplirse en nosotros a través del totalmente justo Hijo de Dios.

Cuando meditamos profundamente lo que dice la Biblia, podemos darnos cuenta de que no existe un solo ser humano capaz de decir que reúne méritos suficientes que le garanticen un lugar en el Reino de Dios. La verdad es que el pecado nos excluye de la presencia de un Dios santo y todos, sin excepción, hemos pecado. Dios, en su perfecta justicia no va a dejar ningún pecado sin su debido castigo y la paga del pecado es la muerte como está escrito. Entonces, quien quiera ser salvo por su propia justicia tiene prácticamente asegurada su exclusión de la presencia de Dios.

La verdadera redención viene del mismo Dios, quien envió a un ser perfecto, Su Hijo Jesucristo, para pagar por los pecados de toda la humanidad. En 2 Corintios 5:21 leemos: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. La salvación no se trata de lo que podamos hacer sino de lo que ya Jesucristo hizo por nosotros en la cruz del calvario. Nuestra parte es arrepentirnos de nuestros pecados y dar un giro de 180 grados convirtiéndonos a Él. La salvación es un regalo, extiende tu mano y alcanza ese don maravilloso que te dará la vida eterna. Dios te bendiga.

La Condenación

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

Juan 3:19-20

La condenación no es producto únicamente de haber pecado. Si así fuera, todos estaríamos condenados porque todos hemos pecado. De hecho, por causa del pecado, todos estamos destituidos de la gloria de Dios. La única salida para escapar de la condenación la suministra el mismo Dios al enviar a Su Hijo Jesús, la luz, para sacarnos del poder de las tinieblas. Si aceptamos a Jesús vamos a escapar del castigo correspondiente por culpa de nuestros pecados. Pero cuando rechazamos a Jesús, estamos rechazando el perdón y aceptando la condenación.

El apóstol Pablo da una explicación detallada acerca de la condenación y la justificación en Romanos 5:16-19: Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

El primer pecado trajo como consecuencia automática la condenación de la raza humana. Pero esta condenación no solo significó nuestra separación de Dios, sino que nos llevó a la esclavitud del pecado. Así, todos los hombres y mujeres hemos cometido múltiples transgresiones contra Dios. Por ese motivo, nadie puede ser justificado por sus propios méritos, sino que tal justificación es un don de Dios que se obtiene solo por gracia a través de la fe en Jesucristo.

Nuestro Señor Jesucristo nos muestra la única vía de escape de la condenación en Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Cuando Jesús habla de pasar de muerte a vida, lo que quiere decir es que la condición natural del hombre es de muerte, no de vida. Como la paga del pecado es muerte y nuestra naturaleza es pecadora, no vivimos, sino que estamos  muertos, a menos que escapemos de nuestra condenación.

Hay que tener muy presente de nuestra verdadera condición. La salvación no es parte de nuestra naturaleza ni es algo que podemos ganar por cuenta propia. El pecado es parte de la herencia que nos transmite nuestra humanidad. Por lo tanto, lo único que tenemos garantizado desde nuestro nacimiento es la condenación. La única manera de obtener la salvación es aceptando a Jesucristo quien echó sobre sus hombros nuestra culpa para darnos las oportunidad de ser salvos.

Cuando rechazamos a Jesucristo estamos reafirmando nuestra condición de condenados. Es como si rechazáramos la clemencia que nos otorga un juez ante un delito que hemos cometido. Si no aceptamos la gracia salvadora y nos empeñamos en continuar haciendo las cosas a nuestro modo, estamos prefiriendo continuar en las tinieblas. ¡Cambiemos eso ya! Dios te bendiga.

Buscando a Dios con Todo el Corazón

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

Jeremías 29:12-13

Cuando nos acercamos a Dios con la intención correcta, siempre nuestra oración será contestada favorablemente. La propia palabra de Dios en Jeremías 29:12-13 lo confirma, Dios nos escucha cuando lo buscamos con todo nuestro corazón. Es la garantía de encontrar a Dios cuando le invocamos y le oramos con toda sinceridad y sin una agenda oculta. Es imposible engañar a un Dios omnisciente. Antes de abrir nuestros labios para pedirle, ya Dios ha leído nuestro corazón descubriendo nuestras más profundas intenciones.

Santiago 4:2-3 explica la razón por la cual las oraciones no son contestadas: Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Esa es la clave, cuando nos acercamos a Dios con un corazón egoísta, pidiendo solo para satisfacer nuestra carne o nuestra vanidad, evidentemente que Él no va a conceder tal tipo de petición.

La gran mayoría de las personas buscan a Dios solamente para que les resuelva sus problemas. Esos problemas no siempre son necesidades urgentes de las personas, sino que, en ocasiones, son meros caprichos u obsesiones egoístas. En tales casos, la búsqueda de Dios no es sincera y lo menos que pretenden es darle honra y honor al Creador. Es una búsqueda del Dios bombero, el Dios enfermero, el Dios banquero, el Dios buscador de empleos o el Dios que le trae la pareja ideal.

Buscar a Dios con todo el corazón implica ir tras Él por quien es Él no por lo que pueda darnos. La naturaleza, el carácter y los atributos de Dios deben ser la causa principal para buscarle con todo el corazón. Dios es un ser espiritual, que existe por sí mismo desde siempre y hasta la eternidad. Infinitivamente perfecto, creador de los cielos y la tierra, y soberano Señor de todas la cosas. Una de las revelaciones más importantes que podemos recibir de la Biblia es el carácter de Dios. La Biblia nos dice como es Dios: sus atributos, sus formas de relacionarse con la humanidad y su corazón.

Dios es Padre, como dice Mateo 6:9: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Un verdadero padre es protector, sanador y proveedor de no solo lo necesario para vivir sino también de identidad para sus hijos. Dios provee un lugar de seguridad para su familia. Dios es todas estas cosas para los que reciben a su Hijo Jesús como Señor y Salvador. Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Podemos estar seguros de que Dios tiene muchos pensamientos de amor hacia nosotros. Busquemos a Dios con todo el corazón de la misma manera que el niño busca a sus padres. Él, como nuestro Padre bueno, tiene lo mejor de sí para darnos cuando nuestro corazón es limpio y no está contaminado con la codicia o el egoísmo. Mateo 7:11 dice: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Dios te bendiga.

El Verdadero Dios y la Vida Eterna

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Gran parte de la humanidad habla de Dios, pero la pregunta es si todos hablan del verdadero Dios. ¿Es el Dios de Israel el mismo dios de los árabes? ¿Adoran los budistas e hinduistas al mismo Dios que los cristianos? ¿Adoran al Dios verdadero todos los grupos religiosos que mencionan el nombre de Cristo? 1 Juan 5:20 da la explicación que puede contestar todas estas preguntas: estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

No cabe duda de que 1 Juan 5:20 es una afirmación bíblica acerca de la divinidad de Jesucristo. Mucha gente no tiene una idea clara acerca de Jesús. Se imagina que fue un hombre virtuoso, un maestro; pero, a fin de cuentas, un hombre más. Ciertamente que Jesús fue hombre; pero Él no es solamente eso. Una parte de Su naturaleza no es humana sino divina y la Biblia tiene mucha evidencia sobre eso. Isaías 9:6 lo profetiza de esta manera: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

La profecía de Isaías acerca del nacimiento del Mesías, Jesús, establece como uno de Sus nombres Dios Fuerte, para que no quepa duda de Su divinidad. El principio del evangelio de Juan lo afirma mucho más claramente. Dice Juan 1:1-3: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. El Verbo, Jesucristo, conforme a este evangelio, era con Dios, era Dios y creó todas las cosas.

Hay otros pasajes bíblicos que demuestran la divinidad de Jesucristo y Su existencia eterna. Por lo tanto, no estamos hablando de un simple hombre virtuoso que ha tenido una gran influencia en la historia humana. Estamos hablando del Creador mismo de la humanidad, el universo y todo lo que existe. Y en cuanto a Su divinidad, no estamos hablando de un diosito, sino de quien Isaías llama Dios Fuerte. No estamos hablando de un Jehová junior, sino de quien Juan dice: y el Verbo era Dios.

Solo entendiendo plenamente que Jesucristo es Dios encarnado, podemos comprender que solo Él puede llevar a cabo la misión por la cual vino a esta Tierra. Ningún simple ser humano, sea hombre o mujer, es capaz de reunir los requisitos para exonerar de la culpa del pecado a cada persona que, por la fe, acepta la gracia, el favor inmerecido. Solo el ofendido por el pecado, es decir, el propio Dios, tiene la facultad de otorgar clemencia y perdón, nadie más podría hacerlo.

Te exhorto a meditar sobre la persona de Jesucristo tomando en cuenta Su real naturaleza. Hablar de Él en forma ligera es no solamente faltarle el respeto a Dios mismo, sino menospreciar a quien, por amor, ofreció voluntariamente Su vida para darte salvación. Nunca olvides que Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna y que no existe salvación fuera de Él. Arrepintiéndote de tus pecados y convirtiéndote a Él, te convertirás en hijo de Dios, escribirás tu nombre en el Libro de la Vida y asegurarás la vida eterna. Dios te bendiga.

La Vida Eterna Es Conocer a Dios

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

Cuando la Biblia habla de conocer no se refiere solamente a saber de alguien sino tener una relación íntima con ese alguien. En Juan 17:3, el Señor dice que la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo. Por lo tanto, la vida eterna es tener una relación íntima con Dios, la cual solo se logra a través de la persona de Su Hijo Jesucristo. Sin una intimidad con Dios es imposible conocerle. El anhelo del Padre es que cada ser humano pueda relacionarse con Él. En esta relación, nos convertimos en Sus hijos y Él pasa a ser nuestro Padre.

Ya desde los tiempos del Antiguo Testamento Dios había expresado Su deseo de ser conocido por la humanidad. Jeremías 9:23-24 dice: Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. Conocer y entender a Dios es mucho más importante que la sabiduría o las riquezas.

Jesús es el único que da a conocer a Dios. Juan 1:18 dice: A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Solamente a través de Jesús, por los ojos de la fe, podemos ver al Padre. En Juan 14:7 leemos: Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Conociendo a Jesucristo, podemos ver y conocer a Dios, porque como dice Colosenses 1:15: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

En todas las épocas de la historia humana ha habido gente religiosa, incluso en la nuestra, la cual es aparentemente apática a las cosas espirituales. Las religiones pretenden buscar a Dios, sin embargo, la forma en la cual las distintas religiones intentan alcanzar la divinidad es fallida. Cada religión inventa sus propios ritos y fórmulas que les permitan llegar hasta a Dios. Lo que ningún religioso se ha detenido a pensar es si sus tradiciones lo acercan a Dios. La Biblia dice varias veces que nadie busca a Dios, por lo tanto, las religiones jamás alcanzarán su objetivo.

En lugar de religión, Dios ha buscado, desde la creación del hombre, tener una relación con la humanidad. Lamentablemente hemos sido nosotros mismos los culpables de romper todo vínculo con nuestro Creador. Una humanidad pecadora no puede relacionarse con un Dios santo. No hay religión alguna que ofrezca un mecanismo adecuado para restablecer la perdida relación con Dios. La solución proviene de la iniciativa del propio Dios, quien envió a Su Hijo Jesucristo con el fin de darse a conocer y romper las barreras que nos separaban de Él.

Juan 3:17 nos dice el motivo que tuvo Dios para enviar a Su Hijo: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Jesús vino para salvar al mundo, para darnos a conocer al Padre, del cual Él es Su imagen visible. Cuando conocemos a Dios a través de Su Hijo, alcanzamos la verdadera vida eterna. Recibamos pues con agrado al que vino a rescatarnos de la muerte y del pecado, a Jesucristo, nuestra única garantía de vida eterna, nuestro único camino hacia el Padre, porque fuera de Él, no hay nada. El paso es muy simple: arrepentirse y convertirse a Él. ¡Hazlo ahora mismo! Dios te bendiga.

La Ciencia Humana es Engañosa

Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo, y nadie más.

Isaías 47:10

Muchas personas se ufanan de decir que vivimos en la mejor época de la humanidad sobre la Tierra gracias a los enormes avances de la ciencia. Para estas personas, la calidad de nuestra vida es muy superior a lo que fue la de nuestros antepasados. Se dice que la medicina ha logrado mantenernos sanos y ha prolongado nuestra esperanza de vida; que las edificaciones que hoy construimos son mejores y que gracias a los avances en la agricultura moderna tenemos más y mejores alimentos. En Isaías 47:10, la Biblia nos advierte que la ciencia humana es engañosa.

Quizás las personas puedan aceptar como válidos los argumentos del gran avance científico de hoy y su superioridad sobre la sociedad de las antiguas generaciones. Después de todo, muchos hombres de ciencia avalan tales afirmaciones, lo cual aparenta darle mayor credibilidad. No pienso competir con mis colegas científicos al respecto; pero yo, como hombre de ciencia avalo lo que dice Isaías 47:10 de que nuestra ciencia es engañosa y lo es en grado sumo.

Los avances de la medicina moderna no son tan buenos como lo pintan. De hecho, la industria farmacéutica moderna es incapaz de producir una sola pastilla que cure alguna enfermedad. Lo único que hacen los fármacos actuales son reducir los síntomas sin atacar la raíz de la dolencia y, de esa manera, nos mantienen vivos; pero enfermos. Lo que la misma ciencia moderna oculta es que entre 75-80% de la población mundial sigue utilizando las hierbas como medio terapéutico y sus resultados no son inferiores a los de la medicina convencional.

La ciencia moderna también oculta que los componentes químicos presentes en las hierbas son parte de las funciones fisiológicas de la flora viviente y, por lo tanto tienen mejor compatibilidad con el cuerpo humano. También se oculta lo que dicen las estadísticas, que la posibilidad de muerte por causa de las hierbas es de 1 en 1 millón, mientras que la posibilidad de muerte debido a drogas recetadas adecuadamente es de 1 en 333, por mala práctica médica es de 1 en 250 y por infección hospitalaria 1 en 80.

En cuanto a las ventajas de los modernos materiales de construcción, también la ciencia engaña. Para muestra un botón, las dos torres gemelas del World Trade Center en New York colapsaron en cuestión de minutos luego del impacto de los dos aviones el 11 de septiembre de 2001. Por su parte, las pirámides de Egipto, la ciudad de Petra en Jordania y el Macchu Pichu en Perú han permanecido en pie por siglos y sus técnicas de construcción aún siguen asombrando a los ingenieros civiles de hoy.

Yo podría seguir enumerando los engaños que nos han vendido con respecto a la ciencia moderna; pero creo que basta con lo que he dicho hasta aquí. Isaías 47:10 es un texto bíblico acertado con respecto a despertar la conciencia humana de que nuestra sabiduría jamás se compararía con la de Dios. Si quieres tener acceso a la ciencia verdadera, a la sabiduría genuina, en lugar de buscar el Internet o leer los libros de ciencia más famosos, lee la Biblia. No te creas sabio según tu propia opinión ni confíes en la opinión de sabios humanos. Dios, quien creó todo lo que existe, como el divino diseñador sabe mucho más que todos los sabios del mundo juntos. Sigue al pie de la letra Sus instrucciones y vivirás eternamente. Dios te bendiga.