Los Últimos Serán Primeros

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

Mateo 20:16

La lógica de Dios no coincide con la humana. Para nosotros, la tendencia natural es a preferir el orden del primero hasta el último. Ciertamente que muchos se molestarían si alguien salta por encima de su turno y todos aprueban que el último se vaya al final de la cola. Pero el Señor nos dice los primeros serán postreros, y los postreros, primeros, contradiciendo por completo la preferencia humana. Ante Dios, un cristiano que lleva 50 años de convertido no le lleva ventaja a quien recibe a Jesucristo en su corazón en este día.

Creo que un ejemplo bíblico de lo que dice el Señor en Mateo 20:16 es el apóstol Pablo. Pedro, Juan y los demás apóstoles anduvieron durante tres años y medio con Jesucristo. Le siguieron paso a paso durante Su ministerio terrenal y fueron Sus primeros discípulos. En cambio, Saulo de Tarso, originalmente fue un perseguidor acérrimo de los cristianos hasta que tuvo un encuentro sobrenatural con el Señor. Pablo es un apóstol postrero; pero es primero entre todos ellos en cuanto a los frutos que dio en su ministerio. La mitad del Nuevo Testamento salió de su pluma.

¿Por qué Dios coloca primero a los que llegaron de último? La respuesta la da la segunda parte de Mateo 20:16: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. El llamado del Señor a arrepentirnos y seguirlo es universal, pero no todos responden a ese llamado. Muchos deciden ignorar el llamado y continuar por el camino de perdición que les marca el mundo. Por otra parte, hay quienes responden al llamado a la salvación, pero no responden el llamado al servicio y prefieren seguir engordando espiritualmente, pero sin hacer nada más.

Me podrías decir que llevas 30, 40 ó 50 años en el cristianismo y asistes religiosamente a cada servicio en la misma iglesia que te convertiste. Y si te preguntara si le has dado el mensaje del evangelio a alguien durante todos esos años y me dijeras que no, ¿te sentirías avergonzado de ser colocado en un lugar postrero y no estar entre los escogidos? ¿Te enojaría si ves que un hombre lleno de numerosos pecados que se convirtió el mes pasado ya hasta lo ves predicándole a la gente en las calles y está pensando dedicarse a pastor?

Si te molesta ver que antiguos narcotraficantes, sicarios, prostitutas, homosexuales, adúlteros y violadores hoy son ministros de la Palabra, mira lo que dice 1 Corintios 1:26-28: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia.

Serán primeros los que le respondan a Dios: “Heme aquí, envíame a mí,” no los que piensen que les toca ese turno por antigüedad. Es imposible que Dios escoja para servirle a quien no tenga un corazón dispuesto a negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle. Llegar postrero y ser llamado primero por el Señor no tiene que ver con nuestros méritos ni con nuestro pasado. De quien vamos a predicar es de Jesucristo, es Él el verdadero protagonista, no es nuestra fama sino la suya. No se trata de nosotros, se trata solamente de Él y nada más. Dios te bendiga.

Confianza en Dios

Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.

1 Juan 3:21-22

En esta vida no existe un ser más confiable que nuestro Padre Celestial. Dios no nos fallará nunca y todas Sus promesas son fieles y verdaderas. Cuando le oramos con fe, Él ha prometido conceder nuestras peticiones. Pero además de la fe, hay otro requisito para alcanzar ver hechas realidad tales peticiones, nuestra obediencia. De la misma manera que un padre o una madre no se sentirán motivados a complacer las peticiones de un hijo desobediente, no pensemos que Dios, nuestro Padre, haría lo contrario.

Estos dos versículos de la primera carta del apóstol Juan tienen mucha tela por donde cortar. Lo primero es meditar en este condicional: si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. ¿Cómo nos reprendería nuestro corazón? Aquí Juan no se está refiriendo con la palabra corazón al órgano que bombea la sangre sino a nuestra conciencia. En tal sentido, si nuestra conciencia nos reprende es porque nos está haciendo ver que no actuamos en la forma correcta. Tratándose de nuestra relación con Dios, nuestra conciencia nos dice que le estamos fallando.

Fallarle a Dios, entrar en desobediencia contra Él, disminuye nuestra confianza en Él. Y no es porque Dios va a incumplir Sus promesas, sino porque estamos conscientes de que nuestros actos no les son agradables y, por lo tanto, nos pudieran incapacitar de recibir lo que pedimos. ¿Va a cambiar el carácter de Dios por nuestra infidelidad? De ninguna manera, el carácter de Dios es inmutable y Él será siempre fiel. Nuestra actitud no es la de huir de Dios por darnos cuenta de que le fallamos, sino reconciliarnos con Él confesando nuestros pecados.

Dios jamás va a traicionar la confianza que depositamos en Él. Y, como nuestro Padre amoroso, Su deseo no es vernos tristes ni en necesidad, sino suplirnos todo lo que nos haga falta. Pero debemos entender que si no recibimos lo que esperamos, antes de enojarnos con Dios, es mejor que revisemos nuestra conducta frente a Él y comparar sinceramente si estamos como nos dice Juan: porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y de nuevo, si estamos mal, no nos justifiquemos, sino reconozcamos nuestra culpa.

Ahora bien, es posible que nuestra conciencia nos diga que andamos en el camino correcto y aun así no estamos recibiendo lo que le pedimos a Dios en oración. Eso tampoco debe minar nuestra confianza en Él. El predicador inglés Matthew Henry (1662-1714) dijo: “Las aflicciones extraordinarias no son siempre el castigo de los pecados extraordinarios, sino a veces la prueba de gracias extraordinarias. Las aflicciones santificadas son promociones espirituales. El silencio de Dios puede ser motivado porque estamos siendo sometidos a pruebas.

Nuestra confianza en Dios debe permanecer inalterable, de la misma manera que es inalterable Su fidelidad. No importa si se retarda en ser concedida nuestra petición por nuestro pecado o por causa de la prueba. En cada caso, hagamos lo correcto. Si hemos sido desobedientes, es tiempo de humillarnos arrepentidos delante de Dios y pedir perdón por nuestros pecados. Si estamos bajo la prueba, sigamos orando en fe, confiando en Él, alabándole, adorándole y dando gracias en todo tiempo. Él el fiel y bueno todo el tiempo. Jamás fallará a Sus promesas. Dios te bendiga.

La Simiente de Dios

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

1 Juan 3:9

Muchos cristianos se sienten orgullosos de ser llamados hijos de Dios. Y he escuchado a algunos manifestar ese orgullo al sentirse príncipes por ser hijos del Rey de reyes. También se sienten con derecho a ser ricos por ser herederos del dueño del oro, la plata y todo lo que existe. Pero Dios también es Santo y Su santidad es incompatible con el pecado. No en vano dice 1 Juan 3:9: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Si la simiente de Dios permanece en nosotros, debemos de demostrarlo con nuestra dedicación a lo que representa a nuestro Padre y no a lo que representa al mundo. Hoy día, muchas iglesias han dejado de tratar el tema del pecado. Algunas veces esa omisión se debe a que la sociedad actual ha redefinido al pecado para excluir ciertas prácticas que han sido legalizadas en casi todo el mundo. Dado que ahora es legal pecar, predicar en contra del pecado es una acción ilegal, lo cual, en ciertos casos incluye la cárcel para el predicador.

¿Existe alguna diferencia con el pasado? Claro que no, los apóstoles y muchos otros siervos a lo largo de la historia han sido encarcelados y hasta ejecutados por predicar contra las prácticas pecaminosas, llamar al arrepentimiento y la conversión a Jesucristo. Nada de eso debe llegar a sorprendernos porque eso es algo que el propio Señor nos había advertido en Mateo 24:9: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Como cristianos debemos de tener en cuenta de que el pecado que antes nos dominó debe de cederle el paso ahora a la santidad. El gran predicador inglés Charles H. Spurgeon (1834-1892) dijo: El nuevo nacimiento nos ha descalificado para el contentamiento con el mundo.” Tener contentamiento con el mundo es lo mismo que ser partícipes de las cosas que el mundo ama, muchas de las cuales, aunque las leyes humanas las autoricen, Dios continúa llamándole es Su Santa Palabra con el calificativo de pecados.

Lamentablemente, lo que dijo el predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) es una cruda realidad: “Una generación entera de nuevos cristianos se ha levantado creyendo que es posible ‘aceptar’ a Cristo sin dejar el mundo.” Y de nuevo, si no dejan al mundo, es obvio que continuarán practicando las cosas del mundo, y por supuesto, el pecado es una de ellas. La actitud correcta debe ser lo que dice John R. Stott (1921-2011): “El pecado y el hijo de Dios son incompatibles. Ocasionalmente pueden encontrarse; pero no pueden vivir juntos en armonía.”

Es hora de que se levanten predicadores que les recuerden a los cristianos que son la simiente de Dios para vivir en santidad, no para continuar conviviendo con y consintiendo el pecado. Es muy cierto lo que dice el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Un verdadero cristiano será sensible al pecado en su vida lo que les llevará a la ruptura y la confesión genuina, pero las personas que dicen que son cristianos y no son sensibles al pecado, esto no les llevará a la confesión, una persona que es de esa manera no es cristiana. Demostremos que somos simiente de Dios permaneciendo en Él y renunciando por completo al pecado. Dios te bendiga.

Esperando Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

2 Pedro 3:13-14

El día del regreso triunfal de nuestro Señor Jesucristo debería ser el anhelo más ferviente de todo cristiano. En lugar de pedirle a Dios que arregle las cosas en este mundo corrupto, el creyente debiera orar para que la segunda venida del Señor se materialice pronto. Tenemos la promesa de cielos nuevos y tierra nueva, entonces, ¿por qué nos aferramos tanto a lo viejo? Así que nuestra actitud debe enfocarse en prepararnos para recibirle a Él como dice Pedro: sin mancha e irreprensibles, en paz.

En la actualidad, el mundo sufre convulsiones. Cada día, las noticias nos hablan de conflictos, desastres naturales y enfermedades. Casi en todos los continentes existe algún tipo de violencia, sea guerra, pandillas, narcotráfico, terrorismo o delincuencia común. Casi a diario ocurren sismos de magnitud apreciable en diferentes lugares del mundo. En otros lugares, las tormentas o las sequías ponen en vilo a la población. La aparición de potenciales brotes epidémicos como el ébola o el zika, también causan alarma entre la población del mundo.

Se suman a todo eso las desigualdades sociales que existen entre países pobres y ricos o entre los diferentes grupos étnicos de un mismo país. Y muchos reclaman frenar la injusticia en el mundo. En tal sentido, hacen esfuerzo por mejorar o exigir que se mejoren las condiciones del planeta en el cual vivimos. Quien no ha depositado su confianza en Dios, probablemente ignora que existe algo distinto y mejor. Entonces se puede entender la preocupación de este tipo de personas al respecto porque su única esperanza es lo que conocen.

Incluso los incrédulos acuden a los creyentes para que oren a Dios en los momentos de crisis. Lo que me parece poco congruente es la posición de muchos cristianos de seguir el juego de quien es responsable de que las cosas anden mal. ¿Por qué orar para que se arreglen las cosas en un mundo que está dominado por el maligno? ¿Por qué establecer amistad con el mundo cuando eso significa ser enemigo de Dios? Escrito está que todas esas cosas pasarían. La gente del mundo puede estar asustada; pero los cristianos ya habíamos sido advertidos al respecto.

No sigamos cayendo en la trampa del enemigo, el tiempo se termina, velemos y oremos en la forma correcta, la que va conforme a la voluntad de Dios. Oremos, primero que nada, porque los que no conocen las buenas nuevas del evangelio se arrepientan de sus pecados y reciban en sus corazones a Jesucristo. Oremos para que Dios nos permita mantenernos alejados de las cosas del mundo y viviendo en santidad para prepararnos para la gloriosa venida de nuestro Salvador y Rey. Oremos para que regrese pronto y velemos mientras lo esperamos.

Las injusticias de este mundo no acabarán mientras el maligno sea quien lo domine. La única forma de detener su dominio es cuando venga el Rey de reyes y Señor de señores. Entendamos eso de una vez por toda. Recordemos esta gran promesa: cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Y en los cielos nuevos y la tierra nueva reinará la justicia porque el Rey justo, el Rey de gloria gobernará con Sus santos. Que ese sea nuestro enfoque de ahora en adelante y hasta que Él regrese triunfante y victorioso. Dios te bendiga.

Partícipes de la Naturaleza Divina

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

2 Pedro 1:3-8

Como hijos de Dios somos partícipes de Su naturaleza divina. Eso es parte de las preciosas y grandísimas promesas que menciona el apóstol Pedro. Pero si vamos a participar de la naturaleza divina, debemos huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Debemos actuar diligentemente en tal sentido. En lugar de participar de las cosas del mundo, nuestro deber es participar de las cosas de Dios. Pedro menciona las cosas que debemos añadir a nuestra fe: virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor.

La Biblia reitera varias veces la incompatibilidad entre las cosas de Dios y las del mundo. Los que han sido tocados por la gracia y hechos hijos de Dios no pueden continuar participando de las cosas mundanas. No es posible ser partícipe simultáneamente de las naturalezas divina y mundana. Escrito está que el mundo entero está bajo el maligno, como hijos de luz, somos llamados a ser partícipes de la luz, no a ser cómplices de las tinieblas. Así que, el cristiano debe mantenerse firme frente a las actuales tendencias mundiales que se oponen a la Palabra de Dios.

Para poder participar de la naturaleza divina, es necesario vivir en el Espíritu y no en la carne. Cuando vivimos en el Espíritu, el resultado será el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 nos dice en qué consiste el fruto del Espíritu: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia,  benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Tan solo con vivir en el Espíritu, tenemos varias de las cosas que debemos agregar para participar de la naturaleza divina. Recordemos que templanza y dominio propio son sinónimos.

En cuanto a la virtud, la benignidad, la bondad y la mansedumbre son virtudes que vienen dentro del paquete del fruto del Espíritu. Así que llevamos varios pasos adelantados cuando vivimos en el Espíritu para participar de la naturaleza divina. ¿Y qué pasa con los demás? ¿Cómo añadimos el conocimiento, la piedad y el afecto fraternal? El propio Espíritu nos lleva al conocimiento de Dios y de Su Hijo Jesucristo. Juan 14:26 dice: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho.

Y entre las cosas que dijo el Señor Jesucristo y que el Espíritu Santo nos recordará está lo que dice en Juan 13:34-35: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. He ahí el afecto fraternal. También nos recordará las palabras de Mateo 25:34-40 para que aprendamos sobre compasión y piedad. Dios es Espíritu, vivamos en el Espíritu y seremos partícipes de la naturaleza divina. Dios te bendiga.

 

La Corona Incorruptible de Gloria

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:4

Cuando solo leemos lo que dice 1 Pedro 5:4, podríamos estar muy felices de ver que un glorioso galardón nos espera cuando regrese el Señor. Es una hermosa promesa escuchar esto: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Ahora bien, ¿quiénes recibirán esta corona? La Biblia dice que Dios dará la corona incorruptible de gloria a quienes lleven Su Palabra a otros. Eso podría llevarnos a pensar que entonces los pastores ya la tienen garantizada. Sin tomarlo tan a la ligera, es preciso meditar en detalle todo el contexto de 1 Pedro 5:4.

Para ello, veamos lo que dicen los versículos anteriores, es decir, 1 Pedro 5:1-3: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Las ovejas son del Señor, no nuestras. Él las pone bajo nuestro cuidado, no para que saquemos provecho de ellas. Voy a contar cómo Dios me hizo comprender esa gran verdad. A finales de 2005, yo había vendido mi casa y comprado otra, la cual quedaba el doble de lejos de la iglesia a donde me congregaba. En mi antigua casa, yo era líder de un grupo celular bastante exitoso. Por dos años se había levantado en ese grupo una nueva generación de discípulos con capacidad de liderazgo. Mi mayor preocupación era que mi nueva casa les quedaría muy lejos a todos.

Fue entonces cuando salió de mi boca la pregunta ¿qué voy a hacer con mi grupo? La respuesta de Dios no se hizo esperar. Sentí una voz dentro de mí que me decía: “¿Tu grupo? No es tu grupo, las ovejas son mías, no tuyas.” En ese momento me di cuenta de la terrible imprudencia de mis palabras. Entendí que ese grupo celular no era mi posesión sino que Dios había puesto esas personas bajo mi cuidado por un tiempo y que ya ese tiempo se había terminado. Mi casa había sido comprada por otro líder de la iglesia y le entregué el grupo a él.

En mi nueva casa, me di a la tarea de iniciar un nuevo grupo celular desde cero. Haber obedecido a Dios trajo la bendición de que en muy poco tiempo, el nuevo grupo superó en tamaño y calidad al primero. Estuve con ellos hasta el momento en que Dios me movió de la iglesia donde estaba hacia nuevas responsabilidades. Como ya había aprendido la lección la primera vez. En ningún momento pensé llevarme conmigo a las ovejas. Simplemente me despedí de todos los miembros del grupo y los dejé en manos de su nuevo líder.

Pedro es muy claro en el requisito que debemos cumplir para alcanzar la corona incorruptible de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Recordemos que nuestra misión es la de servir, no que nos sirvan a nosotros. Nuestro mayor galardón no es material sino la corona incorruptible de gloria que nos dará el Príncipe de los pastores. Dios te bendiga.

Buenos Administradores de la Gracia de Dios

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

1 Pedro 4:7-10

El apóstol Pedro empieza diciendo en 1 Pedro 4:7-10 que el fin de todas las cosas se acerca. Y en verdad que la segunda venida de nuestro Señor y el juicio a las naciones se aproximan cada día más. Pero también los creyentes estaremos ante el tribunal de Cristo donde seremos evaluados como administradores de la gracia de Dios. Debemos tener presente que vamos a rendir cuenta de lo que hicimos con el don recibido, si hemos compartido la gracia, el regalo de salvación con otros y nos hemos mantenido obedientes a Sus palabras.

Lo segundo que nos advierte Pedro es: sed, pues, sobrios, y velad en oración. Actualmente, pasamos mucho más tiempo usando nuestros teléfonos inteligentes que de rodillas ante el Señor. Generalmente solo nos acordamos que Dios existe cuando alguna catástrofe nos toca de cerca. Muchos se preocupan más por estar conectados a las redes sociales o jugar Pokémon Go que estar en sintonía continua con los cielos. Y si se le menciona que el fin está cerca, entonces su mayor preocupación para orar es para que Dios nos otorgue tiempo extra.

Lo siguiente que dice Pedro se está volviendo cada vez menos común: Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Ya lo había dicho el Señor que pasaría en los postreros tiempos. De acuerdo a Mateo 24:12: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Hoy el amor de muchos se ha enfriado y muy pocos son hospitalarios o intentan ayudar a los hermanos en necesidad. Es más común escuchar de cristianos decir; “Voy a orar por ti.” Teniendo en sus manos la forma de ayudar, se escudan en la hipocresía religiosa.

La parte final de 1 Pedro 4:7-10 nos dice: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. No todos hemos recibido el mismo don, ni tampoco Dios les ha dado la misma revelación de Su verdad a todos Sus siervos. Pretender que la gracia que Dios haya puesto individualmente en nosotros es lo único importante para Él es, al mismo tiempo, minimizar al tamaño humano a un Dios infinito y elevar a lo sumo nuestro propio valor.

El apóstol Pablo lo dice muy claramente en 1 Corintios 12:4-7: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Hay diversidad de dones, ministerios y operaciones dentro del cuerpo de Cristo. Todos ellos vienen de Dios y todos ellos son igualmente importantes y han sido dados para provecho de la iglesia.

Somos buenos administradores de la gracia multiforme de Dios cuando usamos nuestros dones para ministrar a nuestros hermanos en la fe. De igual manera, debemos mostrar mansedumbre y humildad, dejándonos ministrar por nuestros consiervos que tienen dones distintos al nuestro. De no hacerlo así, nos perderíamos gran parte de la gracia multiforme. Dios te bendiga.

Quitando el Estorbo a Nuestra Oración

Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

1 Pedro 3:7

El tema de hoy es uno que confronta a cada hombre, incluyéndome a mí mismo. Y es que 1 Pedro 3:7 dice lo siguiente: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Habrá quien se llene la boca diciendo que siempre ha llevado al pie de la letra todo lo que dice 1 Pedro 3:7. Para ser honesto, yo no puedo hacer esta afirmación sino, por el contrario, admitir que la he fallado muchas veces.

Como dije al principio, este mensaje nos confronta a todos los hombres. Y, en lugar de buscar de justificar nuestra conducta, es tiempo de asumir nuestra responsabilidad, admitir nuestros errores y enmendar el camino. Si hoy en día, en todo el mundo, se implantan leyes que establecen fuertes obligaciones a los hombres mientras minan sus derechos, es porque nosotros mismos no hemos sabido ejercer nuestras funciones varoniles o hemos abusado por generaciones de nuestra posición. El resultado es la distorsión radical del plan de Dios para la humanidad.

Hagamos lo que nos toca primero. Cierto que no existe garantía de que nos respondan de la misma manera; pero nuestra prioridad debe ser obedecer lo que Dios establece y Él se encargará del resto. Vivir sabiamente con la mujer y tratarla como vaso más frágil implica no ser un oso gruñón. Escrito está en Colosenses 3:19 lo siguiente: Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Y si nos faltare sabiduría para lidiar con la situación, pidámosla a Dios en oración y Él responderá favorablemente.

Seguro de que Dios nos dirigirá hacia Su Palabra y nos dirá algo semejante a lo que está escrito en Efesios 5:25-28: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a Sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Ciertamente que la Palabra de Dios da también el mandamiento a las mujeres de lo que deben hacer y cómo comportarse con sus maridos. Y sería pecar de tonto afirmar que la mayoría de ellas cumplen su parte. Pero que eso no te detenga, hombre, a cumplir la tuya. Recuerda que el mandamiento lo ha dado Dios, no tu esposa. Así que ante quien vas a responder por violarlo es ante Dios. Si ella cumple o no lo que le toca, eso no te da derecho a que hagas lo mismo. Sé, pues, responsable por lo que es tu parte y deja en manos de Dios lo demás.

Mira bien la comparación que hace Pablo en Efesios 5:25-28, te compara a ti, hombre, con Cristo y a tu mujer la compara con la iglesia. Mira bien que Jesucristo no esperó a que todos nos arrepintiéramos de nuestros pecados para morir en la cruz. Él dio el primer paso, Él se entregó antes que la primera persona diera muestra de arrepentimiento. Ese es nuestro ejemplo, varones, el primer paso nos toca a nosotros. Luego de eso, doblemos rodillas y, sin ninguna duda, nuestras oraciones carecerán de estorbo y serán respondidas favorablemente. Dios te bendiga.

El Pueblo de Dios

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

1 Pedro 2:9-10

Quien ha entregado su vida a Jesucristo, aunque el mundo piense lo contrario, se ha convertido en una persona muy importante delante de Dios. Ante el mundo, especialmente en la actualidad, podemos carecer de valor; pero para Dios somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Solamente estas cuatro características del creyente son suficientes para no sentirnos menos ante el mundo y poder caminar cumpliendo con nuestro propósito: anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

El pueblo de Dios sufre hoy, en casi todas las naciones de la tierra, una persecución velada que se hace ver como si fuera para facilitar el libre pensamiento y la igualdad de derechos. El temor de Dios se ha perdido por completo y hay quienes se atreven a desafiar a Dios mismo y a Su Ley. Es notable ver como se limitan y coartan las expresiones de adoración a nuestro Padre Celestial o mencionar el nombre de Jesús, mientras se toleran y fomentan conductas que son contrarias a lo que dice la Biblia.

Y aunque el mundo vea a los hijos de Dios como ciudadanos de segunda clase, para Él seguimos siendo linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Como linaje escogido, es una honrosa distinción saber que Dios ha puesto Sus ojos sobre nosotros entre tantos otros habitantes de esta tierra. Ser un escogido significa haber sobresalido sobre los candidatos probables. Y esa elección no tuvo que ver por nuestros méritos ya que, en eso, somos iguales a los demás, sino que a Dios le plació escogernos, así la gloria es solo Suya.

Y somos escogidos para llevar a cabo un real sacerdocio. Somos sacerdotes del Rey Altísimo y es nuestro deber anunciar las virtudes de nuestro Señor y Rey. Somos llamados a pregonar y propagar las buenas nuevas del evangelio a toda criatura hasta el último confín de la tierra. No importa que coarten nuestra predicación, no tenemos que cambiar el mensaje para complacer al mundo, somos real sacerdocio, sacerdotes de Dios, no del mundo, por lo cual nuestro mensaje debe ajustarse a lo que dice Dios no a lo que quiera escuchar el mundo.

Somos una nación santa y como tal, estamos apartados para Dios. No estamos supuestos a estar contaminados con las cosas del mundo. En el pasado, fuimos parte de las tinieblas; pero ahora hemos sido llevados a la luz. Entonces debemos caminar conforme a lo que dice la Santa Palabra de Dios no conforme a lo que quieran imponer las modas del momento. Somos llamados a darle luz al mundo y no a unirnos a sus tinieblas. Si complacemos al mundo en lugar de Dios, estamos negando nuestra propia esencia como pueblo de Dios.

Finalmente, somos pueblo adquirido por Dios, antes fuimos esclavos del pecado y sujeto al dios de este mundo; pero el Altísimo nos compró por un alto precio y pagó nuestro rescate con la sangre preciosa de Su Hijo. Si nos humillan o nos quieren obligar a aceptar las modas mundanas, pensemos primero en la cruz, en la preciosa vida que costó nuestro rescate y digamos no a las cosas del mundo. Vivamos agradecidos de Su infinita misericordia. Dios te bendiga.

Sacerdocio Santo

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

1 Pedro 2:5

El tema de la santidad ha sido puesto detrás de la cortina en la predicación moderna. Dado que la santidad implica la renuncia a las cosas del mundo y apartarnos para Dios, hay predicadores que temen tratar el tema para no ofender a sus feligreses. Por eso prefieren hablar de cosas que resulten más agradables a sus oídos. 1 Pedro 2:5 nos conmina a ser un sacerdocio santo que ofrece sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Un sacerdocio santo está opuesto a los valores del mundo porque éstos se oponen a los valores de Dios. Por lo tanto, como sacerdocio santo, no solamente debemos procurar nuestra propia santidad, sino que debemos convertirnos en voceros de la misma. Es imposible ser parte de un sacerdocio santo sin predicar acerca del pecado, el arrepentimiento y la santidad. Los tiempos finales se aproximan irremediablemente y los ministros y siervos de Jesucristo somos llamados a presentarles estos temas tanto a los incrédulos como a la iglesia dormida.

Como un sacerdocio santo, debemos predicar recordando a todos lo que dice Hebreos 12:14: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Esta es una predicación bíblica, la cual presentaron los apóstoles y todos los que se han ajustado a la Biblia en todas las épocas. Por ejemplo, el predicador inglés John Charles Ryle (1816-1900) dijo lo siguiente: “Debemos ser santos, porque esta es la única prueba sana de que tenemos una fe salvadora en nuestro Señor Jesucristo.”

Otros siervos de Jesucristo se han expresado en términos similares. El norteamericano Jerry Bridges dijo: “La santidad implica más que meras acciones. Nuestras motivaciones deben ser santas, o sea, deben brotar de un deseo de hacer algo sencillamente porque es la voluntad de Dios.” Por su parte, otro norteamericano, Paul D. Washer dijo: “La evidencia de la justificación por la fe es el trabajo en curso de la santificación a través del Espíritu Santo.” Ambos coinciden con lo que había dicho Ryle más de un siglo antes.

Muchos son atraídos hacia Cristo con la idea de que Dios tiene un “plan maravilloso” para ellos. Y se imaginan que ese plan de Dios implica hacerlos prósperos y felices. Ciertamente que el plan maravilloso de Dios nos va a dar tesoros incalculables en los cielos y el gozo de tener vida eterna junto a Él. El norteamericano Iain Duguid ha dicho al respecto: “El ‘maravilloso plan’ de Dios para nuestras vidas no se limita a llevarnos al cielo; también incluye en poner el cielo dentro de nosotros reformándonos en un pueblo santo.”

Y con respecto a lo que dijo Duguid, 1 Pedro 2:9 dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Somos un sacerdocio real y santo, somos un pueblo santo, una nación santa. Dios no nos rescató de la esclavitud del pecado, pagando tan alto precio como la sangre de Su Hijo, para que continuemos en el cautiverio de la inmundicia.

Somos llamados a ser santos. El predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) dijo una vez: “El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo.” No nos dejemos engañar con las mentiras del enemigo y ejerzamos dignamente nuestro sacerdocio santo. Dios te bendiga.