Buenos Administradores de la Gracia de Dios

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

1 Pedro 4:7-10

El apóstol Pedro empieza diciendo en 1 Pedro 4:7-10 que el fin de todas las cosas se acerca. Y en verdad que la segunda venida de nuestro Señor y el juicio a las naciones se aproximan cada día más. Pero también los creyentes estaremos ante el tribunal de Cristo donde seremos evaluados como administradores de la gracia de Dios. Debemos tener presente que vamos a rendir cuenta de lo que hicimos con el don recibido, si hemos compartido la gracia, el regalo de salvación con otros y nos hemos mantenido obedientes a Sus palabras.

Lo segundo que nos advierte Pedro es: sed, pues, sobrios, y velad en oración. Actualmente, pasamos mucho más tiempo usando nuestros teléfonos inteligentes que de rodillas ante el Señor. Generalmente solo nos acordamos que Dios existe cuando alguna catástrofe nos toca de cerca. Muchos se preocupan más por estar conectados a las redes sociales o jugar Pokémon Go que estar en sintonía continua con los cielos. Y si se le menciona que el fin está cerca, entonces su mayor preocupación para orar es para que Dios nos otorgue tiempo extra.

Lo siguiente que dice Pedro se está volviendo cada vez menos común: Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Ya lo había dicho el Señor que pasaría en los postreros tiempos. De acuerdo a Mateo 24:12: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Hoy el amor de muchos se ha enfriado y muy pocos son hospitalarios o intentan ayudar a los hermanos en necesidad. Es más común escuchar de cristianos decir; “Voy a orar por ti.” Teniendo en sus manos la forma de ayudar, se escudan en la hipocresía religiosa.

La parte final de 1 Pedro 4:7-10 nos dice: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. No todos hemos recibido el mismo don, ni tampoco Dios les ha dado la misma revelación de Su verdad a todos Sus siervos. Pretender que la gracia que Dios haya puesto individualmente en nosotros es lo único importante para Él es, al mismo tiempo, minimizar al tamaño humano a un Dios infinito y elevar a lo sumo nuestro propio valor.

El apóstol Pablo lo dice muy claramente en 1 Corintios 12:4-7: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Hay diversidad de dones, ministerios y operaciones dentro del cuerpo de Cristo. Todos ellos vienen de Dios y todos ellos son igualmente importantes y han sido dados para provecho de la iglesia.

Somos buenos administradores de la gracia multiforme de Dios cuando usamos nuestros dones para ministrar a nuestros hermanos en la fe. De igual manera, debemos mostrar mansedumbre y humildad, dejándonos ministrar por nuestros consiervos que tienen dones distintos al nuestro. De no hacerlo así, nos perderíamos gran parte de la gracia multiforme. Dios te bendiga.

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Dios Da Gracia a los Humildes

Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Santiago 4:6

Estamos viviendo tiempos muy difíciles. Cada día, las noticias no son nada agradables. En muchos lugares del mundo es cada vez más frecuente escuchar de actos terroristas, desastres naturales y conflictos político-sociales. Ante tales noticias mucha gente dice que Dios nos ha abandonado y por eso ocurren tales cosas. Lo cierto es que lo que ocurre en el mundo no es culpa de Dios sino de nosotros mismos. Y nuestra actitud ante estos trágicos eventos debe ser la de humillarnos delante de Dios y pedir perdón por nuestras culpas. Sin duda que Dios va a dar gracia a los humildes.

Hay dos características de la época en la cual vivimos, tanto el pecado como el orgullo se han incrementado en grado sumo. Hoy día, la humanidad considera aceptable conductas que están en franca contradicción con lo que Dios condena en Su Palabra. Incluso hay quienes pretenden que la Biblia sea “actualizada” a los tiempos modernos para que excluya de la lista de pecados todo lo que ahora es legal en el mundo. Y si algún predicador valiente trata de confrontar el pecado, lo consideran un ser anacrónico y desfasado, un legalista que no se ajusta al tiempo actual.

Por otro lado, cuando alguna catástrofe les toca de cerca, hay quienes se acuerdan vagamente de Dios y piden auxilio, oración para que Dios tenga misericordia; pero, en ningún momento se humillan y reconocen que le han fallado a Él. Al contrario, una vez superada la crisis, todo el mundo regresa a su antigua práctica y se olvida de que Dios existe. Y no estoy solamente hablando de impíos que no conocen de Dios, muchos que se autodenominan cristianos actúan de la misma manera.

¿Cuál es la respuesta que Dios espera de nosotros cuando nos confronta con nuestro pecado? La propia Palabra de Dios nos da la clave en 2 Crónica 7:14: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Aunque suene incómodo a muchos, hemos pecado, estamos en falta con Dios y las advertencias que Él nos manda no es para que oremos por misericordia sino por arrepentimiento.

¿Habrá alguien que no necesite agachar su cabeza delante de Dios? ¡Por supuesto que no! Ni siquiera nosotros, los que hemos sido hechos hijos de Dios lo podemos hacer. Al contrario, los propios cristianos debemos ser los primeros que oremos, buscando el rostro de Dios, dejando atrás el mal camino de las falsas doctrinas, rostro en tierra, humillados delante de Él. Y nuestra oración debe continuar intercediendo por el arrepentimiento de quienes no conocen a Dios, a fin de que el Espíritu Santo los convenza de sus propios pecados y se vuelvan a Él.

Llegar ante Dios con una oración llena de orgullo, decretando, declarando y ordenando como si fuéramos los jefes de Dios, no es la actitud correcta para alcanzar el favor de nuestro Padre. Así no es la oración bíblica. Ni Moisés, ni David, ni Pablo, ni siquiera Jesús oraron de esa manera. En Salmo 51:17 dice la Escritura: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Seamos humildes delante de Dios y no solamente alcanzaremos Su favor, Su perdón y Su misericordia, sino que Él pondrá gracia en nosotros ante quienes lo rechazan a fin de que intercedamos para su salvación. Dios te bendiga.

La Gracia Nos Fue Dada

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto,  llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.

Efesios 4:7-8

La palabra gracia significa favor inmerecido. Cuando Efesios 4:7-8 dice que la gracia nos fue dada, significa que hemos recibido un favor inmerecido de parte de Dios. Nuestros méritos no son suficientes para salir de la cautividad del pecado y alcanzar la salvación. Así que Dios nos ofrece un regalo, un don, a través de Cristo. Los regalos son recibidos gratuitamente y no dependen de lo que hacemos sino de la voluntad de quien lo ha dado. Así, la gracia que nos fue dada, sale de la voluntad de Dios.

¿De dónde o de quién procede la gracia que nos fue dada? La respuesta a esta pregunta se haya en Juan 1:14-17: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Contrario a lo que dicen las tradiciones religiosas, la única persona que la Biblia menciona que está llena de gracia es Jesucristo, el Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros, ese mismo Verbo que era en el principio con Dios y era Dios, de nadie más puede decirse que está lleno de gracia, solo de Él. Por lo tanto, tomamos la gracia de quien está lleno de gracia, de Jesucristo y la gracia que nos ha sido dada solo proviene de Él.

¿Qué hace la gracia por nosotros? Hechos 15:11 dice: Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Y para reafirmar que la gracia nos salva, Efesios 2:8-9 dice: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. La gracia abundante del Señor Jesucristo es lo que nos da la salvación. Nuestras obras son inútiles para alcanzarla.

Nuestra salvación tiene un sentido muy amplio. Romanos 3:24 dice: siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. La gracia que viene de nuestro Señor nos salva por medio de nuestra justificación. Ser justificados significa haber sido hecho justos y ser redimidos significa que el Señor pagó el precio para que resultásemos absueltos en el juicio de Dios. Por nuestros pecados, el veredicto del juicio es de culpabilidad; pero la gracia viene a nosotros y Jesucristo pagó con su sangre por nuestras culpas.

Haber recibido la gracia es un buen motivo para vivir agradecidos con quien nos ha hecho este favor inmerecido. Y si hemos sido salvos por gracia, no es para mantener la gracia atesorada en nosotros de forma egoísta sino para compartirla con los demás. Mateo 10:8 dice: Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. Compartamos las buenas nuevas de salvación y la llenura del Espíritu con otros.

Para recibir la gracia debemos dejar atrás nuestro pasado; pero sobre todo, dejar nuestro orgullo. Santiago 4:6 dice: Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillados delante de Él, tomemos la gracia. Dios te bendiga.

El Amor de Dios al Mundo

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

Me parece que en la época en la cual vivimos se hace más difícil entender el amor de Dios tal como lo expresa Juan 3:16. Y es que ahora cada quien anda en busca de sacar ventaja de las relaciones. Casi nadie es capaz de entregar lo que más aprecia por amor. Las conveniencias personales han sustituido al amor desinteresado. Más bien cada quien pregunta qué voy a obtener a cambio en lugar de aportar algo de sí mismo. Pero lo que dice Juan 3:16 es la expresión más nítida de la palabra amor.

Para entender la manera en que Dios ha amado al mundo, tenemos que buscarlo en la propia Escritura. En 1 Corintios 13:4-7 leemos: El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Tal como lo describe este pasaje bíblico es el amor de Dios hacia el mundo.

El amor de Dios al mundo es sufrido. La entrega de Su Hijo para que muriera en una cruz por los pecados de todo el mundo es un vivo ejemplo de sufrimiento para cualquier padre o madre. Imagina que tuvieras que entregar a tu hijo o tu hija a una muerte segura solo para poder salvar a otros. Esa muerte del fruto de tus entrañas te haría sufrir mucho. ¿No crees que Dios sufrió cuando Jesús fue crucificado? Y todo eso fue solamente por amor a ti, a mí y a toda la humanidad.

Como continúa diciendo 1 Corintios 13, el amor de Dios es benigno, sin envidia, sin jactancia y sin vanidad. Dios, el Todopoderoso, el Creador de todo lo que existe, nos ha amado sin presumir de ese gran amor. Como dueño de todo, Él no tiene nada que envidiarle a nadie. Pero tampoco hace alardes de ser Rey y Señor absoluto de la creación y ha puesto toda Su gran bondad para beneficio de todos nosotros.

El amor de Dios por el mundo ni hace nada indebido ni busca lo suyo. Todo lo que ha hecho Dios ha sido con el único propósito de buscar nuestro bienestar, no el suyo. Él pudo haber buscado castigar nuestra maldad, pero prefirió darnos la oportunidad de recibir perdón enviando a Su Hijo a recibir el castigo que nos merecíamos. De tal manera amó Dios al mundo que buscó primero lo nuestro antes de buscar lo suyo.

El amor de Dios por el mundo ni se irrita ni guarda rencor. La humanidad, desde Adán hasta ahora, ha estado ofendiendo a Dios con el pecado. Y Él, en lugar de irritarse o guardarnos rencor por todas nuestras culpas, ha enviado a Su Hijo a morir por ellas. Dios podría guardar rencor a cada ser pecador sobre la Tierra. Sin embargo, Su respuesta a cambio ha sido el darnos la oportunidad de ser alcanzado por Su misericordia a través de arrepentirnos por todos nuestros pecados.

El amor de Dios por el mundo todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Dios sufre cada vez que pecamos contra Él, pero Él cree más en nosotros que nosotros mismos. Por eso, Él espera pacientemente por nuestro arrepentimiento. Incluso, Dios soporta cada día nuestro rechazo a Su Palabra y al sacrificio expiatorio de Su Hijo. ¿No crees que ya es el tiempo de reciprocarle un poco Su gran amor? Reflexiona en el amor que Dios tiene por ti. Arrepiéntete de tus pecados y acepta a Su Hijo como tu Señor. Dios te bendiga.

 

Justificados por Gracia

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Romanos 3:24-26

Todos hemos pecado según Romanos 3:23, por lo tanto, nadie puede declararse inocente ante el juicio de Dios. Hay demasiadas evidencias en contra nuestra, lo cual garantiza una condena segura. Y la condena queda debidamente establecida en Romanos 6:23: Porque la paga del pecado es muerte. Por lo tanto, solo algo que provenga fuera de nosotros nos salvaría de la pena de muerte. Ahí es donde entra la gracia que Pablo nos muestra en Romanos 3:24-26. La gracia es lo que nos justifica, no existe otra vía para lograrlo.

Lo primero que dice Romanos 3:24-26 es: Siendo justificados gratuitamente por su gracia. Lo que es gratuito es un regalo. El predicador inglés del siglo XVII William Secker dijo: “Aquel que no toma el cielo como regalo; tendrá el infierno como deuda.” Otro predicador inglés del mismo siglo, William Jenkyn (1613-1685) dijo: “La gracia no es algo nativo sino un donativo.” Ambos coinciden en que la gracia es un regalo, un donativo, una dádiva de parte de Dios.

Luego Romanos 3:24-26 dice: mediante la redención que es en Cristo Jesús. La gracia solo fue posible porque Jesucristo fue puesto en el lugar que le correspondía estar a cada pecador. El predicador inglés Thomas Brooks (1608-1680) dijo lo siguiente: “La gracia verdadera capacitará a un hombre a pasar por encima a la corona del mundo para tomar la cruz de Cristo; a preferir la cruz de Cristo por encima de la gloria de este mundo.”

Veamos cómo podemos expresar lo que significa la gracia en términos sencillos. Cada hombre y cada mujer ha pecado lo suficiente como para merecer la pena máxima como castigo en el juicio de Dios. Vamos a imaginarnos que llegó el día de nuestro juicio y estamos en el banquillo de los acusados en el tribunal de Dios. Ya nos han leído todas y cada una de nuestras transgresiones a la Ley de Dios. De acuerdo a Romanos 6:23, nuestra condena es la muerte y el juez justo, Dios, debe dictar la sentencia condenatoria.

Al aplicar la justicia, la pena de muerte es la sentencia adecuada para nuestros pecados. Cuando el ángel secretario del tribunal va a leer la sentencia de muerte contra nosotros, entra Jesús y dice que Él va a ocupar nuestro lugar. El Señor manifiesta que Él está dispuesto a morir en lugar de cada uno de los pecadores de este mundo. Él dice que entiende que la paga del pecado es muerte y que, para que ninguno muera por sus pecados, Él va a morir en nombre de todos.

Al escuchar de labios del Señor su disposición de morir por cada uno de nosotros, nuestra mente debe de ir hacia el momento en que fue crucificado. Todo lo que Jesús padeció en esa cruz fue con el único propósito de evitar que cualquier pecador arrepentido fuera ejecutado para pagar por sus pecados. ¡Esa es la gracia! Para nosotros resulta gratuita; pero el precio de nuestra salvación fue muy alto: ¡toda la sangre de Jesús!

El pastor norteamericano Jerry Cross ha dicho: “Mientras más aprendamos a ver lo profundo de nuestro pecado, más vemos la profundidad de la gracia de Dios.” Nuestra justificación por gracia es inmerecida, solo el amor de Dios ha sido capaz de diseñar un plan de salvación así. Entregar tu corazón a Cristo no es nada, comparado a lo que ya Él hizo por ti. Dios te bendiga.