El que Cree Tiene Vida Eterna

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Juan 3:36

La vida eterna es adquirida al creer en Jesús luego de arrepentirnos de nuestra pecaminosa vida. Quien se rehúsa a creer en el Hijo de Dios, dejará de recibir el perdón y la misericordia del Padre. Rehusar creer en Jesús es equivalente a rechazar la gracia y cuando rechazamos la gracia caemos bajo la Ley que siempre nos encuentra culpables. Como culpables de pecar contra un Dios Santo y Justo, su justicia estará sobre nosotros aplicándonos la condena a muerte correspondiente conforme a nuestros pecados.

El predicador norteamericano Paul Washer (1961- ) ha dicho: “El evangelio no es salvación para todos, sino salvación para los que creen. Para los demás es una sentencia de muerte.” Las palabras de Washer pueden explicarse claramente a la luz de Juan 3:36. Quien cree en Jesucristo tiene salvación y vida eterna. Sin embargo, el resto de la humanidad que quiere permanecer sin creer en el Hijo, tal como dice Juan 3:36, no verán vida y serán alcanzados por la ira del juicio de Dios.

Hay que tener presente que creer en Jesús es el requisito para ser tocados por la gracia, ser perdonados y recibir la vida eterna. Y la gracia es la esencia misma del evangelio. Rechazar a Cristo es rechazar la gracia e ignorar el evangelio. Al desechar las buenas nuevas de salvación, vamos a depender de las obras de la Ley, lo cual no solo nos conduce a maldición como dice Gálatas 3:10, sino que siempre nos encontraría culpables y merecedores del castigo por el pecado, el cual es la pena de muerte.

Creo que debería ser algo trascendental ponerle atención a lo que va a pasar con nosotros una vez abandonemos este mundo. El predicador inglés Thomas Manton (1620-1677) dijo: “La mayor preocupación de un hombre debe ser por aquel lugar en el que habita por más tiempo; por tanto, la eternidad debe ser su preocupación.” No nacemos para perdurar sobre la Tierra, pero cuando nuestros días en este planeta concluyen, entonces es cuando comienza lo eterno y solo hay dos caminos disponibles: el de vida o el de muerte.

Si nos gustó vivir mientras habitábamos este mundo, creo que sería muy sensato preocuparnos por asegurar que tengamos vida por la eternidad. No en vano, el gran predicador inglés Charles Spurgeon decía: “El tiempo es corto. La eternidad es larga. Es razonable que vivamos esta breve vida a la luz de la eternidad.” La eternidad debiera ser nuestra mayor prioridad. El Señor lo dice muy claro en Marcos 8:36: Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

No vale la pena vivir esta vida enfocados en acumular riquezas o satisfacernos con placeres. Incluso ni siquiera es tan importante buscar disfrutar la vida y ser felices. No es cierto lo que dice mucha gente por ahí de que lo único que nos llevamos al morir es lo que gozamos. Ni nos llevamos las riquezas, ni los seres que amamos, ni los sentimientos, ni la satisfacción, ni los logros. Lo que verdaderamente nos llevaremos es la visa hacia el cielo o hacia el infierno. Todo lo demás se quedará aquí en otras manos distintas a las nuestras.

¿Qué escoges como tu destino final, el cielo o el infierno? El cielo significa vida eterna, el infierno es sinónimo de muerte perpetua. Tu decisión la debes tomar mientras respires, nadie la puede hacer por ti y, cuando mueras, ya habrás perdido la oportunidad de cambiar de idea. Creer en Jesucristo es la diferencia entre la vida y la muerte. ¡Decídete! Dios te bendiga.

 

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Jesús Pagó por Nuestras Culpas

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:5-6

El libro de Isaías es uno que demuestra la autenticidad de la Biblia como Palabra de Dios. Son tantas y tan precisas las profecías cumplidas contenidas en Isaías, que quien lo lee y medita debe quedar convencido de que la Biblia es inspirada por Dios. Desde hablar sobre la redondez de la Tierra (Isaías 40:22) hasta nombrar por su nombre a Ciro, rey de Persia (Isaías 44:28 y 45:1) cerca de un siglo antes de su existencia, Isaías es una muestra de lo que Dios adelanta por medio de sus siervos los profetas para el conocimiento de todos. Pero lo más impactante de Isaías es lo profetizado acerca de Jesús siete siglos antes de su primera venida a la Tierra, un ejemplo de lo cual es Isaías 53:5-6.

Reflexionando sobre lo que dice Isaías 53:5-6 hay que mirar en la justa perspectiva lo que hizo Jesús en la cruz. El pastor norteamericano Charles F. Stanley (1932- ) ha dicho: “La gravedad del pecado se revela por el inmenso costo de la expiación, la pena de muerte, y debe ser pagada por el culpable, o por un sustituto aceptable.” El único sustituto aceptable para la expiación es Jesucristo, fuera de Él nadie más podría morir por los pecados de todo el mundo.

Continúa diciendo Charles F. Stanley: “Solo por la muerte vicaria del perfecto Hijo de Dios, tiene el Padre una base legítima para poder perdonar a cualquiera que venga a Él con fe y arrepentimiento.” Nuestra conciencia debe indicarnos que somos pecadores, que violamos en forma sistemática la Ley de Dios. Como pecadores quedamos para siempre fuera de la presencia de un Dios Santo. La paga del pecado es la muerte, y eso realmente es lo único merecido por cada ser humano. Jesús murió en tu lugar y el mío y la única manera de obtener el perdón es arrepintiéndonos y teniendo fe en Jesucristo.

El escritor y predicador norteamericano Max Lucado (1955- ) dijo: “Si Cristo no nos hubiera cubierto con Su gracia, cada uno de nosotros estaría sobregirado en su cuenta.” Amigo que me escuchas o lees, Dios no nos debe nada a nosotros, somos tú y yo quienes estamos en deuda con Él. Y todos estamos en deuda con Dios, primeramente porque hemos violado Su Ley pecando. Cada pecado es una deuda. También nos endeudamos con Dios porque Él mismo pagó nuestra cuenta al dar a Su Hijo a cambio de saldarla.

El teólogo suizo Francis Turretin (1623-1687) dijo: “El evangelio enseña que aquello que no estaba en nosotros y que debía ser hallado en otro, puede ser encontrado únicamente en Cristo, el Dios-hombre, quien al tomar sobre Sí el oficio de garante satisfizo plenamente la justicia de Dios por medio de Su obediencia perfecta, concediéndonos la única justicia eterna por la que podemos ser justificados.”

Como dice Isaías 53:5-6: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino. Nadie puede proclamarse inocente porque todos somos culpables. Pecar ha sido el estilo de vida de cada ser humano. Por lo tanto, lo que merecemos, sin lugar a dudas, es la pena de muerte por nuestras culpas. Cuando veas la cruz de Cristo, piensa que quien debió estar allí fuiste tú. Sí, y también yo y cada hombre y mujer que ha nacido en este mundo. Con Su muerte, Jesús pagó por las culpas de cada uno de nosotros. Pero para ser partícipe de Su perdón, es necesario arrepentimiento y fe en Él. ¡Hazlo ya! Dios te bendiga.

 

Dios Nos Habla a Través de Su Hijo

En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Hebreos 1:2

La Biblia es un compendio de las palabras que Dios ha dado a la humanidad. En el Antiguo Testamento, Dios habló con voz audible a hombres y mujeres como Adán, Eva, Noé, Abraham o Moisés. Sin embargo, Dios habló mayormente al pueblo de Israel o a los pueblos gentiles por medio de Sus profetas. Así vemos a los profetas que le hablaron a los reinos de Judá e Israel, como Elías, Isaías o Jeremías; Jonás quien llevó el mensaje de Dios a los asirios en Nínive; o Daniel a los caldeos y persas.

En el Nuevo Testamento, un profeta, Juan el Bautista, anunció la inminente llegada del Mesías. Dice Lucas 3:16: respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Luego de Juan el Bautista, Dios envió Su poderoso mensaje a la humanidad a través de Su propio Hijo Jesucristo. Ese mensaje de parte de Dios es mayormente recopilado en los cuatro evangelios.

Uno de los discursos más notorios de Jesús es el sermón del monte el cual está en el capítulo 5 del evangelio de Mateo. La mayoría de las personas se han familiarizado con las llamadas bienaventuranzas que forman parte de este sermón, pero eso no fue lo único que dijo allí el Hijo de Dios. Veamos lo que dice Mateo 5:17-19: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

Esta parte de las enseñanzas de Jesucristo se predica muy poco en las iglesias. Es mucho más fácil llevarle a la gente un mensaje de que las cosas le saldrán muy bien si se hacen cristianos que enseñarles a cumplir lo que Dios ha ordenado. El cumplimiento de la Ley se llevó a cabo en el mismo Jesús, quien se hizo pecado sin haber pecado para pagar por los nuestros. Ningún ser humano es capaz de cumplir con la Ley de Dios, solo Cristo puede hacerlo. Por eso Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Dios también habló a través de Su Hijo en Juan 3:16-17: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Aquí está la clave de la salvación de cada ser humano sobre la Tierra.

Las palabras que Dios ha hablado al mundo en estos tiempos postreros a través de Su Hijo se pueden resumir en que el ser humano es incapaz de salvarse por sí mismo. Por lo tanto, solo un ser perfecto como Jesucristo es capaz de propiciar nuestra salvación. Se hace necesario creer en Él para tener vida eterna. Dios te bendiga.

¿Por Qué Vino el Hijo de Dios al Mundo?

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Juan 3:16-18

Sé que existen personas quienes ponen en duda la existencia de Jesucristo. Y existen algunos quienes, aunque admiten que existió, lo consideran como un hombre común y corriente, igual que todos nosotros. Sin embargo, no se trata de si creemos en Su existencia o no, la verdad es que Jesús ha existido siempre y es el Hijo de Dios, quien vino a este mundo con un propósito muy específico.

Ese propósito específico es nuestra salvación. Habrá quien pueda decir ¿salvarme de qué? Sé que hay quienes piensan que están bien, que ni están perdidos ni en peligro de muerte. Sin embargo, a pesar de lo que podamos pensar, ambas cosas les suceden a cada hombre y cada mujer sobre la Tierra. Sí estamos perdidos porque nuestros caminos no nos llevan por la ruta correcta. Además no es que estemos en peligro de muerte, sino que estamos precisamente muertos.

Dice la Escritura en Efesios 2:1: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Entonces no cabe la menor duda de que todos necesitamos ser salvados. Y el único que nos puede rescatar de la muerte es el Hijo de Dios. Para eso vino al mundo, por eso fue entregado, no para condenarnos, sino para que por Él seamos salvos.

Dios ha hecho todo esto por amor. Él entregó a Su Hijo para darnos oportunidad de ser rescatados de la muerte en la cual todos estábamos por nuestros delitos y pecados. No es porque somos merecedores del amor de Dios. Todo lo contrario, constantemente lo hemos ofendidos violando Sus Mandamientos, dándole la espalda e incluso negando Su existencia. Nuestro merecido era ser condenados. Sin embargo, Dios nos ha dado una oportunidad de ser rescatados del castigo que merecemos por nuestra propia culpa.

En Juan 3:16-18, la Escritura establece que todo aquel que cree en el Hijo de Dios no se perderá sino que tendrá vida eterna. Además dice que quien cree en Él no es condenado. Esto deja claro que creer en Jesucristo es un requisito para salvación, lo cual reafirma Hechos 16:31: Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Creer en Jesús es confiar y poner nuestra vida en Sus manos, es no pretender conducir el barco sino soltarle el timón a Él.

La parte final de Juan 3:16-18 dice que el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. De hecho, nuestros actos de por sí nos condenan y si rehusamos creer en Jesucristo el mensaje que le estamos enviando a Dios es que rechazamos el indulto que nos da. No permitas que el orgullo o continuar aferrándote a las tradiciones te condenen. Cree hoy en el Señor Jesucristo y sé salvo. Dale el control de tu vida a Él y tendrás asegurada la vida eterna. Dios te bendiga.

¿Cómo Obtenemos Vida Eterna?

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

1 Juan 5:11-13

La vida que pasamos en la Tierra es muy corta. La mayoría de la gente vive algunas décadas y solo unos pocos alcanzan el siglo de vida. Para algunos, esta es la única vida que existe y cuando morimos todo se acabó. Sin embargo, la Biblia deja establecido muy claramente que la mayor parte del tiempo lo pasaremos luego de nuestra desaparición física de este mundo. Y de nuevo se puede decir que las cosas que no se ven son más grandes que las que se ven.

Y como ciertamente hay algo más fuera de la vida física sobre la Tierra, debemos procurar que ese algo, en el cual pasaremos la mayor parte del tiempo sea lo mejor que nos pueda pasar. Tú puedes creer o no en lo que te digo, pero no creerlo no te exonera de las consecuencias de una decisión equivocada que tomes en esta vida. Sí, al morir nuestra alma continúa existiendo para vida o para tormento. Esta no es mi opinión ni mi punto de vista, es la verdad que Dios, nuestro Supremo Creador estableció.

Ahora, voy a suponer que has tomado en cuenta que sí existe algo después de la vida en la tierra. También voy a asumir que te interesa la mejor opción. A esa opción es que la Biblia llama vida eterna. Entonces puedes estar haciéndote la pregunta que da título al mensaje de hoy: ¿cómo obtenemos vida eterna? La respuesta la da muy claramente 1 Juan 5:11-13: El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

Si tener al Hijo de Dios te da la vida eterna, ¿qué esperas para lograr eso? La esencia misma del evangelio la establece Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Ha sido el amor de Dios por ti lo que ha hecho posible que puedas tener vida eterna. Y no es algo que puedas ganarlo con tus obras, sino que es un hermoso regalo de amor, costoso para Dios; pero gratuito para ti.

Cuando recibimos un regalo de parte de alguien, lo único que hacemos es extender nuestras manos para tomar el regalo. El regalo de vida eterna que Dios quiere darte lo puedes recibir hoy con solo creer en Su Hijo amado Jesucristo. Cree en Él y recíbelo en tu corazón y sabrás con certeza que tienes vida eterna. No hay otra opción que te garantice que al partir de este mundo vas a disfrutar de la presencia de Dios por toda la eternidad.

Si es la primera vez que escuchas un mensaje como éste podrías pensar que eso es demasiado bueno para ser verdad. Te entiendo, algunas veces la humanidad se encarga de complicar las cosas más de la cuenta. Las religiones han inventado mecanismos muy complejos para “ganarse” el cielo; pero ninguno de ellos te garantiza nada. No se trata de seguir tradiciones religiosas ni cumplir con una serie de reglas, la vida eterna se adquiere solamente tomando en vida la decisión de aceptar a Jesucristo. No dejes para mañana escoger tu destino eterno. Dios te bendiga.

Dios Guía el Camino

Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

Éxodo 13:21

Dios guió a su pueblo escogido de día y de noche durante su camino desde Egipto hasta la tierra prometida. De igual manera, Él nos guiará a todos aquellos que hoy formamos Su pueblo del nuevo pacto a través del desierto de la vida terrenal, alumbrando nuestro camino desde que salimos del Egipto de las tinieblas del pecado, hasta que alcancemos la tierra prometida de la morada celestial. Nuestro Salvador Jesucristo había dicho a sus discípulos en Juan 14:2-3: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

No hay que temer a la adversidad, la Biblia dice en el Salmo 23:1-3: Jehová es mi pastor;  nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Y también dice en Salmo 91:11: Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.

Dios es fiel a Su palabra y hará con aquellos que le aman lo mismo que hizo con el pueblo hebreo, lo cual reseña la Biblia en Deuteronomio 1:31: Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. En ningún momento Dios abandonó al pueblo de Israel en su trayecto desde Egipto hacia la tierra prometida. Y no fue porque los israelitas se portaran bien o hicieran cosas agradables delante de Dios. Todo lo contrario, el pueblo demostró su rebeldía muchas veces; pero Dios siempre demostró la fidelidad de Sus promesas.

Tú mismo puedes ser tratado por Dios como Su hijo si haces justamente lo que dice Su Palabra en Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,  les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Ahora mismo puedes alcanzar el privilegio de ser llamado hijo de Dios si decides recibir a Jesucristo y creer en Su nombre. Aunque te resulte increíble es así de sencillo, como está escrito en 1 Juan 5:5: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

No se trata de que seas buena gente o te preocupes por lo demás. Todo lo bueno que puedas hacer lo puedes derrumbar fácilmente con una simple duda. La Biblia es muy clara cuando dice que nadie es bueno. Es imposible que pasemos la prueba de bondad cuando el estándar es tan alto como el propio Hijo de Dios. Hagamos caso a lo que dice la Palabra de Dios, recibamos a Jesucristo, el Hijo de Dios en nuestro corazón. Creamos en Su nombre y confesemos con nuestra boca que Él es nuestro Señor. Él guiará nuestro camino hacia los prados de delicados pastos de la morada celestial. Dios te bendiga.

Salvados por Gracia

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Efesios 2:8-9

Lo que dice Efesios 2:8-9 es algo muy sencillo; pero que le resulta inconcebible a algunas personas. No se necesita ser un científico de la NASA para entender estos dos versículos bíblicos, los cuales se explican por sí mismos. La salvación no se adquiere por nuestras obras sino que es un regalo que viene de parte de Dios. Ese regalo lo aceptamos por medio de la fe y quien se lleva la gloria es el Señor, no nosotros.

Vamos a tratar de extraerle el jugo a este pasaje de la carta a los Efesios. Veamos lo que significa que nuestras obras son inútiles para salvarnos. El estándar de Dios son los Diez Mandamientos, los cuales están en Éxodo 20:3-17 y Deuteronomio 5:7-12. Si analizamos uno por uno los Mandamientos, nos daremos cuenta de absolutamente ningún ser humano es capaz de ajustarse a ellos a cabalidad.

Quien falla en un punto de la Ley de Dios la está violando por completo. Por lo tanto, no existe persona alguna libre de culpa. La misma Escritura dice que no hay uno bueno, que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios. En tal sentido, nuestras obras no nos sirven para salvarnos y si confiamos solamente en lo que hacemos, estaremos perdidos sin remedio.

La gracia salvadora es el plan perfecto ideado por Dios para librar de la perdición a la humanidad pecadora. Romanos 6:23 define muy claramente ese plan: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. La verdad es que nuestras obras nos condenan en lugar de salvarnos. Y como nuestros activos no son suficientes para pagar nuestra salvación, solo un regalo divino nos la da.

Quien recibe un regalo no tuvo que pagar por él; pero eso no quiere decir que salió gratis a quien lo da. Sea por nuestro cumpleaños, aniversario, navidad o cualquier otra fecha importante, quien nos da un regalo pagó un precio por él. Y no es solamente lo que pagó en la tienda donde lo compró. Además se tomó un tiempo para escoger lo que consideró era lo mejor para nosotros. Se esmeró en que lo envolvieran de una forma atractiva y se acercó a nosotros con mucho amor para entregarlo.

De la misma manera, el regalo de salvación que Dios nos da no le salió a Él de gratis. El precio de nuestra salvación fue extraordinariamente alto. Dios entregó a Su Hijo a cambio de la oportunidad de salvación de todo ser humano. Si quieres tener una idea de cuánto vale el Hijo de Dios, mira lo que dice Juan 1:1-3: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

La suma del valor de todo lo que existe es menor que el costo de nuestra salvación. Hoy que escuchas o lees este mensaje, Dios te quiere acercar hacia Él para que recibas el regalo de salvación por gracia. Pon toda tu fe en el Señor Jesucristo, entrégale tu vida a Él y deja de confiar en tus obras inútiles. Dios se llevará la gloria y tú tendrás la vida eterna. Dios te bendiga.