Dios no Comparte Su Alabanza con Esculturas

Yo Jehová; este es Mi nombre; y a otro no daré Mi gloria, ni Mi alabanza a esculturas.

Isaías 42:8

Dios es celoso y no comparte ni Su gloria ni Su alabanza con esculturas. La Biblia establece muy claramente el rechazo de Dios hacia todo culto a imágenes y esculturas. No es necesario ser un genio superdotado para entender esto porque todo está escrito en un lenguaje llano que no requiere de la interpretación de un erudito. La Escritura no deja duda de que Dios y las imágenes son incompatibles. Hay quienes se engañan a sí mismos diciendo que no adoran imágenes sino que las veneran. Por Isaías 42:8, queda establecido que un simple elogio a una escultura es ya rechazado por Dios.

La prohibición de todo tipo de culto, alabanza y adoración a imágenes y esculturas queda establecida en el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Dice Éxodo 20:4-6: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos.

Para Dios toda imagen y escultura es una abominación. Deuteronomio 7:25-26 dice al respecto: Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema. Anatema es maldito, eso quiere decir que incluso tener imágenes y esculturas en nuestra casa es maldición.

En Miqueas 5:13 otra vez se nos manda a no inclinarnos ante las imágenes: Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos. Las esculturas e imágenes no sirven para nada, tal como dice Habacuc 2:18: ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? Y si las esculturas y las imágenes no sirven, ¿para qué rendirle culto?

Las imágenes le producen enojo y celo a Dios. Salmo 78:58 dice: Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Si amamos de verdad a Dios, ¿para qué hacerlo enojar practicando lo que Él aborrece? Pero si eso no te importa, mira lo que dice Levítico 26:30 sobre lo que sucederá con los adoradores de imágenes: Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.

Servir a las imágenes es una vergüenza, tal como dice el Salmo 97:7: Avergüéncense todos los que sirven a las imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Póstrense a Él todos los dioses. Solo ante Dios debemos postrarnos y solo a Él alabaremos, Él que no comparte Su alabanza con esculturas. No seamos confundidos, conforme a lo que dice Isaías 42:17: Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. No perdamos tiempo guardando honor a objetos que no tienen absolutamente nada de sagrado según la Biblia. Dios te bendiga.

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¿A Quién Van los Sacrificios?

Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.

1 Corintios 10:20

Lo que dice 1 Corintios 10:20 puede verse desde diferentes ángulos. Si lo vemos en el tiempo, hay un mensaje directo a los cristianos de Corinto para advertirles de la práctica pagana de hacer sacrificios a dioses falsos. En la actualidad, aunque el culto a Zeus o Apolo está descontinuado, existen personas que aún ofrecen sacrificios y promesas a santos, lo cual, en cierto modo los convierte en ídolos. Por otro lado, siempre hay que ver el aspecto espiritual de la Escritura. Intentar hacer un sacrificio, aún sea al Dios verdadero, es restarle validez al sacrificio de Jesús en la cruz.

En la antigüedad era común ofrecer sacrificios de sangre a la deidad en la cual se creía. La misma Biblia reseña los sacrificios de animales demandado por el Dios verdadero al pueblo de Israel. En el mundo pagano antiguo, cada pueblo ofrecía sacrificios de sangre a sus dioses. En algunas culturas esos sacrificios incluían seres humanos. Lo que dice Pablo en 1 Corintios 10:20 de que los sacrificios de los gentiles iban dirigidos a los demonios prueba que el diablo siempre ha intentado imitar las cosas de Dios y los sacrificios de sangre a ídolos eran parte de su imitación a los sacrificios que Dios había dado a Su pueblo.

En los tiempos actuales, quienes adoran abiertamente a Satanás son los únicos que continúan practicando los sacrificios de sangre. Esa práctica es muy común entre santeros y seguidores del vudú y otras manifestaciones del culto demoníaco. Sin embargo, ya tales sacrificios no se practican dentro del judaísmo, principalmente porque no existe el templo desde hace casi dos mil años. Otras religiones de la actualidad tampoco los hacen.

A pesar de que dentro de quienes se autodenominan cristianos nunca se han llevado a cabo sacrificios de sangre, sí hay ciertas prácticas que muy bien caen dentro de lo que Pablo había amonestado a los corintios. Intentar repetir el sacrificio de Jesús en la cruz, sea mediante un rito autorizado por una iglesia o por la práctica común en lugares como Filipinas de colgarse en una cruz en Semana Santa, no son sacrificios dirigidos a Dios sino a demonios que buscan robarle la gloria a Dios y a Su Hijo Jesucristo.

Otros sacrificios comunes especialmente en algunos países latinoamericanos practicados por los seguidores de la religión tradicional son el ofrecer promesas a imágenes por supuestos milagros. Tales promesas incluyen, entre otras, vestirse de cierto color por cierto tiempo, dejar de comer algún tipo de alimento en una época específica, dar limosna especial a la imagen, llevarle velas, caminar descalzo o de rodillas hasta el templo de la imagen, etc. Todas estas prácticas de sacrificio nunca irán dirigidas a Dios sino al demonio detrás de cada imagen, el cual le roba Su gloria al Altísimo.

Finalmente, ciertas iglesias “cristianas” practican una especie de sacrificio francamente tan demoníaco como los anteriores. Son los llamados “pactos con Dios”, los cuales por lo general implican la aportación de una suma de dinero, la cual supuestamente Dios multiplicará al ciento por uno. En verdad que este tipo de sacrificio no va dirigido al Dios verdadero sino a un demonio llamado Mamón, el dios del dinero. El verdadero sacrificio ya lo hizo Jesús en la cruz del Calvario en expiación por los pecados de todos. Allí mismo selló con Su sangre el nuevo pacto mediante el cual recibimos perdón cuando reconocemos Su señorío en nuestras vidas. Hacer cualquier otra cosa no es más que una burla a Él. Dios te bendiga.

Amen