El Misterio de la Piedad

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.

1 Timoteo 3:16

¡Qué revelación nos da 1 Timoteo 3:16! Para aquellos que todavía piensan que Jesucristo fue solamente un hombre piadoso, prestemos atención a lo que la Escritura llama grande es el misterio de la piedad. No hay que ser un científico aeroespacial para comprender en qué consiste el misterio de la piedad. Está bastante claro en 1 Timoteo 3:16: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. No hay duda de que todo eso se refiere a la persona de Jesucristo.

La primera expresión del misterio de la piedad es: Dios fue manifestado en carne. Juan 1:1 dice: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y más adelante en Juan 1:14: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. El Verbo, el unigénito del Padre, es Jesucristo, sin lugar a duda, y estos versículos afirman dos cosas: que el Verbo es Dios y que el mismo Verbo se hizo carne, tal como la primera expresión del misterio de la piedad.

La segunda expresión del misterio de la piedad es: justificado en el Espíritu. Esto lo reseña la Escritura en el bautismo de Jesús por Juan en el río Jordán. Veamos lo siguiente en Mateo 3:16-17: Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. No hay mejor forma de justificar a Jesús en el Espíritu que esta.

La tercera expresión del misterio de la piedad es: visto de los ángeles. Mateo 4:10-11 lo narra así: Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. Los ángeles no solo vieron a Jesús en el desierto, sino que le sirvieron. Sobre la cuarta expresión del misterio de la piedad: predicado a los gentiles, el propio Pablo, quien escribió las cartas a Timoteo, fue el apóstol de los gentiles, quien les predicó el Evangelio de Jesucristo.

La quinta expresión del misterio de la piedad es: creído en el mundo. No hay versículo mejor conocido que Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Todo aquel que en el mundo ha creído en Jesucristo tiene vida eterna y se ha escapado de la perdición. La clave de ser partícipes del misterio de la piedad es creer en Jesucristo.

La última expresión del misterio de la piedad la vio Esteban antes de morir apedreado. Hechos 7:55-56 dice: Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. En resumen, el misterio de la piedad consiste en la encarnación de Dios mismo en la persona de Jesucristo, su justificación por el Espíritu y los ángeles sirviéndole en la tierra mostraron Su deidad, predicado a todo el mundo y creído para salvación, ahora está de vuelta en el cielo lleno de gloria. Y algún día regresará. Dios te bendiga.

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Manifestando la Gloria con Cristo

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Colosenses 3:3-4

Entender la esencia de ser cristiano no es tarea fácil cuando usamos la mentalidad del mundo. Tratar de interpretar nuestra relación con Dios a través de Su Hijo Jesucristo mediante emociones humanas tampoco nos ayuda a entenderlo. Es preciso poner a funcionar los sentidos espirituales para poder percibir el significado de recibir a Cristo. Haber nacido de nuevo nos da una naturaleza completamente distinta a la del viejo hombre y la gloria de Cristo, en su plenitud, habrá de manifestarse en nosotros cuando Él vuelva.

El anhelo ferviente de quienes aman a Cristo es verlo regresar a la tierra lleno de gloria. El mismo Señor anunció Su regreso en Mateo 16:27: Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. Y lo describió con más detalles en Marcos 13:26-27: Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Vemos por Marcos 13:27 que los creyentes, los escogidos de Cristo, van a participar de la gloriosa venida de nuestro Señor. Él enviará a Sus ángeles para juntar a todos los que han creído en Él. Eso nos da una gran esperanza de que seremos parte de Su gloria. Y esa gloria implica una transformación, como dice 1 Corintios 15:51-52: He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Apocalipsis 19:11-16 describe en detalle la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo: Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.   Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

También Apocalipsis 20:4 dice lo que pasará al regreso del Señor con aquellos que se han mantenido fieles a Jesucristo, aún a costa de su propia vida: Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Volviendo al principio de este mensaje, no podemos interpretar nuestra participación en la gloria de Cristo solamente en términos de lo que los humanos llamamos éxito. En el proceso de seguir a Cristo, podemos incluso perder la vida, ser perseguidos y atribulados; pero, si perseveramos, nos espera un trono junto a Él, un galardón, una corona y ser partícipes de Su gloria. Dios te bendiga.

Plenitud de Vida en Cristo

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Colosenses 2:11-15

Hay un versículo bastante conocido, Juan 10:10, en el cual se establece el contraste entre a qué ha venido Cristo y a qué vino el ladrón. La última parte de Juan 10:10 dice: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. A mucha gente le encanta escuchar esto y se imaginan esa vida abundante con poseer una mansión fabulosa, una colección de autos de lujo, millones de dólares en cuentas de bancos y disfrutando de la aceptación de todo el mundo. En Colosenses 2:11-15, Pablo describe la plenitud de vida en Cristo, la cual no necesariamente coincide con prosperidad material.

Abundando un poco más sobre la supuesta vida abundante con la que sueña mucha gente, creo prudente recordarles que muchos han poseído todo eso: mansiones, autos, dinero, popularidad y fama; pero cuyas vidas han sido tan vacías que lo único que tenían era dinero. En cambio, hay personas con recursos limitados que llevan vidas plenas. Los bienes materiales no son la clave de una vida abundante. Personas adineradas tienen muchas veces la preocupación de proteger sus bienes y terminan confinados en sus mansiones sin disfrutar la plenitud de la naturaleza.

Si Cristo vino para darnos una vida abundante, es decir, plenitud de vida, esa abundancia debe de estar asociada a algo mucho más valioso que las riquezas de este mundo. De Colosenses 2:11-15 podemos ver en qué consiste esa plenitud de vida. En primer lugar, Cristo echó de nosotros el cuerpo pecaminoso carnal. Al recibir a Jesucristo estamos naciendo de nuevo del agua y del Espíritu, somos nuevas criaturas y ya no somos dominados por la carne sino por el Espíritu. Él nos hizo libre del pecado.

Al bautizarnos, estamos haciendo un acto de fe simbolizando la muerte y resurrección de nuestro Señor. Nos estamos identificando con Él, quien es la resurrección y la vida. Así afirmamos la esperanza de ser resucitados para reinar con Él. Y cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Él nos dio vida junto a Él. En esa nueva vida en Cristo, compartiremos Su gloria cuando Él regrese triunfante. Pero sobre todo, al rescatarnos de la inmundicia, el Señor perdonó todos nuestros pecados y los arrojó al fondo del mar,

En la cruz quedó anulada el acta de los decretos que nos condenaba en pago por nuestros pecados. Esa sentencia de muerte que en justicia merecíamos por a haber pecado contra Dios fue cancelada en la cruz, en donde quedó clavada. Y el acusador y sus huestes espirituales fueron derrotados también en la cruz donde fueron despojados de su control y dominio sobre quienes hemos creído en Cristo. Por lo tanto, la nueva vida en Cristo es plena, abundante y completa. Ahora somos libres del pecado, de la muerte y del reino de las tinieblas. Dios te bendiga.

La Esperanza de Gloria

El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.

Colosenses 1:26-27

Alcanzar la gloria es el anhelo de muchos. En lo terrenal, los que se dedican a las artes o los deportes luchan vehementemente por alcanzar la gloria o el estrellato. Los artistas de la música tienen puesta su esperanza en ser premiados con un Grammy; los artistas de cine sueñan con el Óscar; los deportistas con una medalla de oro o que su equipo gane el campeonato. Los cristianos tenemos como esperanza de gloria que Cristo está en nosotros.

Para traer un poco más de luz a lo que dice Colosenses 1:26-27, veamos lo que dice Romanos 8:9-11: Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Tanto la carta a los Romanos como la carta a los Colosenses fueron escritas por Pablo dirigidas a auditorios gentiles, es decir, a pueblos ajenos a Israel. Vemos en ambos textos bíblicos el uso de los pronombres por parte de Pablo: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. En ambos usa el pronombre vosotros, en el cual, él mismo no se está incluyendo.

¿Quiere decir entonces que los judíos están excluidos de esta esperanza de gloria? No perdamos la perspectiva de lo que dice la totalidad de la Escritura. En Juan 4:22 estableció algo muy claro: Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Y vemos que otra vez el mismo Señor usa el pronombre vosotros, hablando, igual que Pablo, a una audiencia gentil. El problema no es si los judíos están o no excluidos de la esperanza de gloria, somos nosotros, los gentiles, los que, sin Cristo, estamos excluidos.

Afortunadamente, Dios es inclusivo y nos ha abierto las puertas para que tengamos todos los seres humanos la oportunidad de ser parte de Su familia. Nuestro Señor Jesucristo pronto habrá de volver con gloria y Él quiere compartirla con quienes han creído en Él. Juan 17:22 dice: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Estando Cristo en nosotros, somos partícipes de Su gloria.

Mientras esperamos por Su venida, podemos pasar por tiempos difíciles; pero lo mejor para nosotros está por venir. Romanos 8:18-19 dice: Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Y 2 Corintios 3:18 dice: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. Cristo en nosotros es la esperanza de participar de Su gloria. Dios te bendiga.

Vivir Es Cristo

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

Cuando Pablo escribió su carta a los Filipenses, él se encontraba en la cárcel. El motivo de la prisión de Pablo era haber predicado el evangelio. Su integridad física no estaba asegurada y lo mismo podía lograr su libertad que ser condenado a muerte. En medio de su aflicción por la gran prueba que sufría, Pablo dijo lo que está en Filipenses 1:21: Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. No cabe duda de que Pablo tenía muy claro que había entregado su vida a Cristo y sabía muy bien que la había puesto en las mejores manos.

Pablo no fue el único que pensaba de esa manera pues cada uno de los apóstoles y los primeros cristianos lo vivieron en carne propia. Todos ellos vivían para Cristo y no dudaron en poner sus vidas antes que renegar de su fe ya que sabían que morir era ganancia porque se reunirían con el Amado Jesús. Por dos mil años, millones de cristianos han vivido conforme a Filipenses 1:21, para ellos vivir era Cristo y morir era ganancia. Incluso, eso continúa sucediendo hoy día en muchos lugares del mundo.

¿Qué ha llevado a los cristianos a través de los siglos a ser capaces hasta de entregar sus vidas por el nombre de Jesús? Cuando se conoce realmente quién es Jesucristo y lo que es capaz de hacer, no hay temor en arriesgarlo todo por Él. En Juan 11:25-26 dice el Señor: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Esas palabras, como todas las que dijo el Señor, continuarán teniendo vigencia por los siglos de los siglos.

Estamos viviendo un tiempo en el cual una gran parte de los que dicen ser cristianos no están viviendo conforme a lo que dice Filipenses 1:21. Estas personas no viven para Cristo ni piensan que morir es ganancia sino que se aferran a esta vida y sus deleites como si estuvieran destinados a morar en este mundo eternamente. Son personas que saltan de sus asientos y gritan de júbilo cuando en las iglesias les hablan de bendiciones, prosperidad y felicidad; pero que se hacen los sordos cuando se les habla del precio que hay que pagar por seguir a Cristo.

Es una pena que tales personas se empeñen en posturas semejantes. Eso es todo lo contrario a lo que dice la Palabra. Recordemos lo que dice el Señor en Juan 12:25: El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Se acercan los tiempos más difíciles que la humanidad jamás haya vivido. En Mateo 24:9-10 se profetiza lo que pasará con los cristianos: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Muchos que se llaman cristianos se ufanan diciendo que antes de que vengan los tiempos de la gran tribulación, el Señor vendrá en secreto y nos librará de la misma. Lo siento, mi hermano; pero eso no es lo que dice Mateo 24:9-10. A menos que seas de los muchos que tropezarán y que entregarán a sus hermanos, corres el riesgo de perder tu vida física por causa del nombre de Jesús. Si amas tu vida hasta el punto de ser capaz de renegar de tu fe por salvar el pellejo, recuerda a Juan 12:25. Es mejor aborrecer nuestra vida en este mundo y guardarla para vida eterna. Que nuestra vida sea Cristo y si morimos por Él, no perdemos, ganamos. Dios te bendiga.

Una Nueva Creación

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.

Gálatas 6:15

Jesucristo tiene el poder de transformarnos cuando le entregamos nuestro corazón. No importa lo que hayamos sido antes de rendirnos al Señor, a partir de ese momento en adelante, pasamos a ser una nueva creación. Ya la circuncisión, es decir, la dependencia de la ley o la incircuncisión, la dependencia de las costumbres mundanas, dejan de ser importantes porque hemos pasado a ser nuevas criaturas, hemos nacido de nuevo.

Es interesante la conversación entre Jesús y Nicodemo que se encuentra en Juan 3:1-7: Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

Es imposible aplicar la lógica humana a las cosas de Dios. Si bien es cierto que nuestro Señor utilizó comparaciones terrenales conocidas para explicar en forma sencilla el Reino de Dios, eso no quiere decir que con nuestro propio razonamiento encontraremos el entendimiento correcto de las cosas divinas. Recordemos lo que dice Isaías 55:8-9: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Nacer de nuevo para ver el Reino de Dios no quiere decir que entraremos de nuevo al vientre de nuestra madre. El nuevo nacimiento es un paso de fe, es una renuncia a nuestro pecaminoso pasado para darle paso a la dirección del Espíritu de Dios sobre nuestras vidas. Eso solo se consigue cuando le rendimos nuestra vida a Jesucristo. Dice 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Quien anda en Cristo ha dejado atrás todas las cosas viejas, su pasado ha quedado atrás y ya Dios olvidó los pecados de esa persona y los echó a las profundidades del mar. Para Dios no existe una diferencia entre pecado grande o pequeño porque toda infracción a Su Ley es igual de grave. Un sicario, un violador, un terrorista o un brujo que se hayan arrepentido y confesados delante de Dios sus pecados no son menos dignos de perdón que alguien que solo decía mentiras piadosas.

Todo pecador arrepentido ha lavado sus transgresiones con la sangre preciosa del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Ya no es ese hombre o esa mujer que vivía de espaldas a Dios, ahora es una nueva creación. Sus obras le condenaban; pero el sacrificio de Jesús en la cruz le dio la oportunidad, por la fe, de nacer de nuevo del agua y del Espíritu. Dios te bendiga.

Somos Uno en Cristo

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Gálatas 3:28

A partir de la revolución francesa y la norteamericana, paulatinamente el mundo se ha ido moviendo hacia el principio de la igualdad entre todos los miembros de la raza humana. Hoy se presenta como un gran logro sociopolítico y tales revoluciones son consideradas como el origen de las libertades civiles que disfrutamos. La verdad es que la verdadera libertad ocurrió muchos siglos antes que franceses y norteamericanos llevaran a cabo sus revoluciones. Gálatas 3:28 dice claramente: Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

La revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos períodos de violencia, que convulsionó Francia a finales del siglo XVIII. Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799. La revolución marcó el final definitivo del feudalismo y del absolutismo en Francia, y dio a luz un nuevo régimen donde la burguesía se convirtió en la fuerza dominante del país.

Por su parte, la revolución de las trece colonias inglesas de Norteamérica fue, al mismo tiempo, un proceso revolucionario y de descolonización que llevo a cabo la primera independencia en el continente americano. De este proceso surgió una nueva nación, los Estados Unidos de América, que se estableció jurídicamente en textos de gran trascendencia, como la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776) y la Constitución (17 de septiembre de 1787). El ejemplo estadounidense fue decisivo para influir en la revolución francesa y la América española.

Y, aunque la revolución francesa partía del principio de que todos los hombres nacen libres e iguales en derecho, lo cierto es que ese principio no fue aplicado en la que fuera la colonia más rica de las Américas, Saint Domingue, es decir la parte occidental de la isla Española o de Santo Domingo. Francia obtenía grandes beneficios de esta colonia mediante la explotación extrema de esclavos procedentes de África, los cuales reclamaron su libertad tras el cambio de régimen en la metrópoli. La negación de ese derecho trajo como consecuencia la sangrienta revolución haitiana y la segunda nación libre de América, la República de Haití, el 1 de enero de 1804.

Mientras que la revolución en Norteamérica trajo un nuevo sistema político distinto al vigente en esa época, lo cierto es que, aún en ausencia de una monarquía, la esclavitud prevaleció por casi un siglo más. Las diferencias entre esclavistas y antiesclavistas por poco dividen definitivamente a la nación y tuvo que ocurrir una guerra civil entre ambos bandos, la cual fue ganada por los estados del norte que se oponían a la esclavitud. Y aunque los esclavos fueron liberados en Estados Unidos desde la década de 1860, debió pasar un siglo más para que sus descendientes alcanzaran plenas libertades.

Está claro que la verdadera igualdad en la raza humana no es posible bajo iniciativa de la propia humanidad. Ha sido la iniciativa de Dios, a través de Su Hijo Jesucristo, destruir las diferencias entre ser parte de Su pueblo escogido o de las naciones gentiles; haber nacido esclavo o libre; o ser de sexo masculino o femenino. Todos somos uno en Cristo Jesús. Dios te bendiga.