No Hay Excusa

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Romanos 1:18-20

Un viejo refrán dice que desde que se inventaron las excusas nadie queda mal. Eso podría funcionar entre los humanos y bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, en cuanto a nuestra relación con Dios, no tenemos ninguna excusa para nuestro pecado. Mucho antes de que Dios le entregara las tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí, Él mismo había manifestado a la humanidad Sus reglas desde la misma creación cuando dio instrucciones a nuestros primeros padres en el Edén. A partir de ahí, ya estábamos advertidos y sin excusa válida para nuestras faltas.

Voy a compartir una historia que leí hace un tiempo. Se dice que muchos años atrás el Virrey de Nápoles hizo una visita a Barcelona, España. En el puerto había un barco de remos, una galera, con prisioneros condenados a remar, castigo usual para la época. El Virrey se acercó a los prisioneros y les preguntó que había pasado, que los había llevado a estar ahora en esta situación. Así escuchó de primera voz terribles historias.

El primer hombre dijo que estaba allí porque un juez aceptó un soborno de sus enemigos y lo condenó injustamente. El segundo dijo que sus enemigos habían pagado a falsos testigos para que lo acusaran. El tercero dijo que había sido traicionado por su mejor amigo, quien escapó de la justicia dejándolo. Y así por el estilo. Finalmente el Virrey dio con un hombre que le dijo: “Mi señor, yo estoy aquí porque lo merezco. Necesitaba dinero y le robé a una persona. Estoy aquí porque merezco estarlo.”

El Virrey quedó absolutamente anonadado y volviendo sobre el capitán del navío de esclavos dijo: “Aquí tenemos a todos estos hombres que son inocentes, están aquí por injustas causas, y aquí este hombre malvado en medio de todos ellos. Que lo liberen inmediatamente, temo que pueda infectar a los demás.” De esta manera el hombre que se había confesado culpable fue liberado y perdonado, mientras aquellos que continuaban excusándose a sí mismos volvieron a los remos.

Esta es una historia verdadera, y la moraleja es bastante obvia. Hablamos de las excusas y su poder. De cómo nos encadenan y mantienen sujetos en un determinado orden de cosas. En lo espiritual sucede algo muy parecido. La mayoría de la las personas cuando son confrontadas por sus pecados van a presentar excusas. Podrían decir cosas como estas: “No tuve la culpa de haber fornicado, ella era tan bella que me provocó;” o “Le prendía velas a los santos porque mi abuelita me enseño, pero no fue mi culpa.” Y muchas otras más.

Pero el Señor lo dice muy claro en Juan 15:22: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. La Ley de Dios nos condena y Jesús nos habló la forma en la cual podríamos salvarnos y ser perdonados por nuestros pecados. El evangelio es claro, nuestras obras en lugar de salvarnos demuestran nuestra culpabilidad. Solo la gracia nos justifica; pero las excusas por nuestros pecados, en especial, el pecado de rechazar a Cristo, solo conllevan condena en el juicio de Dios. Dejemos pues de presentar excusas, es hora de arrepentirnos de todo pecado. Dios te bendiga.

Amen

Nadie es Justo

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Romanos 3:10-12

En Marcos 10:17-18, el Señor afirma que nadie es bueno. En Romanos 3:10-12, Pablo cita la Escritura que afirma que nadie es justo. Es imposible ser justo si no se es bueno. Pero la Escritura citada por el apóstol Pablo dice algo más que simplemente nadie es justo. Entre esas otras cosas, está escrito que no hay quien entiende, que no hay quien busque a Dios, que todos nos desviamos, que nos hicimos inútiles y que no hay quien haga lo bueno. Creo que todas esas palabras son un duro golpe para los que todavía se consideran buenas personas.

La palabra justo se aplica a la persona que actúa con objetividad y justicia; se aplica a la persona que vive según la Ley de Dios; que respeta la ley o se ajusta a ella; que obra según justicia y razón; que no puede ser reprochado. Por la misma Biblia sabemos que nadie es capaz de vivir completamente según la Ley de Dios. Por lo tanto, no existe un solo ser humano sobre la Tierra a quien se pueda aplicar esa parte de la definición de justo.

El predicador inglés George Whitefield (1714-1770) dijo: “Hay que predicar la Ley a pecadores que piensan ser justos. Debemos tener cuidado de sanar antes de ver los pecadores heridos, no sea que digamos, ‘Paz, paz,’ y no hay paz.” Es necesario que entendamos que nuestra propia justicia es vana para salvarnos. Conocer la Ley de Dios nos permite darnos cuenta de nuestra condición pecaminosa. Personalmente, debo admitir que hasta que no estuve plenamente consciente de mi propia incapacidad, no vi la necesidad del Salvador.

Job 4:17 dice: ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo? Ambas preguntas se responden con un rotundo no. Jamás podríamos acercarnos ni en justicia, ni santidad ni bondad al Dios Todopoderoso que creó los cielos y la tierra. Salmo 7:11 dice: Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. El único verdaderamente justo es Él. Todos nosotros estamos sucios por el pecado y merecemos la ira de Dios.

El pastor norteamericano Robert Charles Sproul (1939- ) ha dicho: “La necesidad de la expiación de Cristo tiene su origen, en primera instancia, en el carácter de Dios. Debido a que Él es santo y justo no puede excusar el pecado. Antes bien, debe pasar juicio sobre éste. El juez de toda la tierra debe hacer lo correcto. Por lo tanto, debe castigar a los pecadores o proveer una manera de expiación por su pecado.”

Y ciertamente, tal como dice Sproul, las alternativas de Dios, como juez justo, son castigar el pecado o usar un chivo expiatorio. De la segunda alternativa nos dice 1 Pedro 3:18: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu. Jesucristo fue el chivo expiatorio que utilizó Dios para pagar la pena de toda la humanidad injusta.

Ahora que conoces que Dios como juez justo va a castigar el pecado de todos modos, te pregunto ¿qué prefieres hacer? ¿Seguirás igual como hasta hoy a la espera de una condena segura? ¿O prefieres aceptar la expiación? Si decides aceptar la segunda opción, tendrás la vida eterna. Pero primero debes de arrepentirte de tus pecados, entregar tu vida a Jesucristo y convertirte a Él, dejando atrás todo tu pasado de oscuridad. Hazlo ya. Te aseguro que será la mejor decisión de tu vida. ¡Tenlo por seguro! Dios te bendiga.