¿Cuál es el Balance de tu Cuenta en los Cielos?

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Mateo 6:19-21

La Palabra de Dios es como una cebolla de la cual se pueden sacar múltiples capas. Creo que esta es la tercera vez que comento algo referente a Mateo 6:19-21. Y en cada uno de los mensajes, hay algo nuevo. No se trata de que yo tenga una imaginación privilegiada sino que la Palabra de Dios es totalmente viva, lo cual le permite darnos revelación fresca cada vez que leemos el mismo pasaje bíblico.

Esta vez voy a compartir otra de las visiones que el Señor me ha dado. Vi una escena parecida al viejo oeste norteamericano: un desierto con montañas rocosas al fondo; cactus y espinas; y, en el suelo, esqueletos de reses muertas hacía ya mucho tiempo. Todo era muy seco y desolado. Escuché una voz decirme: “Camina y cruza este desierto que está ante tus ojos.” Yo obedecí a la voz que me hablaba y eché a andar. En mi camino me encontré muchos peligros: serpientes venenosas, buitres que volaban sobre mí a la espera de mi muerte, calor, mucha sed, escorpiones, coyotes y las espinas de los arbustos y los cactus.

Caminando en medio del desierto, no pude resistir más el cansancio, la sed y el hambre. Entonces caí al suelo desmayado, rodeado por todo el peligro que ya había visto. Mientras yacía en el suelo, probablemente esperando mi fin, fui elevado en mi espíritu y me vi en un lugar celestial. Frente a mí había una gran mesa repleta de ricos manjares. El Señor estaba sentado a la cabeza de la gran mesa y había un lugar vacío en el extremo de la mesa frente a Él, en donde me invitó a sentarme para que compartiera con Él y los demás comensales. Durante la comida, el Señor hablaba y nos recordaba a los presentes lo que estaba escrito en Mateo 6:19-21: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Al finalizar de comer, el Señor me invitó a conocer mis tesoros en el cielo; me mostró el balance de mi cuenta celestial y toda la riqueza que yo había acumulado en el Banco del Cielo. Me dijo: “Ante el mundo podrás sentirte que careces de muchas cosas, que estás solo y derrotado en medio de un desierto, rodeado de muchos enemigos, quienes quieren destruirte y quitarte todo lo que tienes. Pero no te preocupes porque tus mayores tesoros están ya seguros en los cielos porque es en Mí en donde has puesto tu corazón y Yo honro siempre Mi Palabra.”

Todas las cosas terrenales permanecerán aquí cuando abandonemos este mundo. No importa cuán ricos hayamos sido, aquí se quedará todo. Procuremos acumular el mayor tesoro en los cielos para que nuestro balance allá sea grande. No olvidemos que el tiempo que pasaremos fuera de este mundo es eterno. Dios te bendiga.

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Poniendo Freno a Nuestra Lengua

Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.

Salmo 34:13

Los seres humanos nos ahorraríamos muchos problemas si tuviésemos mayor cuidado a la hora de hablar. Cuando se habla desenfrenadamente, se dicen cosas que pueden causar mucho daño a la persona a quien se dicen. Si la otra persona responde de la misma manera, el resultado podría ser catastrófico. La mayoría de los conflictos entre la gente son producidos por palabras dichas fuera de control. Siendo el manual por excelencia del ser humano, la Biblia nos instruye a frenar nuestra lengua.

Analicemos lo que dice la Palabra de Dios acerca de lo que hablamos. Proverbios 18:21 dice: La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos. Nuestra boca tiene al mismo tiempo el potencial de edificar o de destruir. Cuando pronunciamos palabras de afirmación o expresamos bendición sobre alguien, le estamos edificando. Pero cuando nuestras palabras son de maldición podemos destruir vidas.

En Salmo 52:2 leemos: Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño. La lengua de un mentiroso es como una navaja afilada según el salmista. Sabemos que una navaja es capaz de matar a alguien. De igual manera, unos labios mentirosos matan reputaciones y, en algunos casos podrían terminar con la vida de alguien. Existen casos de personas que han matado a alguien por una mentira dicha por un tercero. Por su parte, Salmo 64:3 dice: Que afilan como espada su lengua; lanzan cual saeta suya, palabra amarga. Conociendo que amargo es lo contrario de dulce, una palabra amarga hace el efecto contrario de una palabra dulce. Tanto una espada como una saeta son armas capaces de arrancar la vida. Entonces pronunciar palabras amargas contra alguien atenta contra su vida.

Otra forma de hacer daño con la lengua es el chisme. Dice Proverbios 20:19: El que anda en chismes descubre el secreto; no te entremetas, pues, con el suelto de lengua. Existen personas para las cuales el chisme es su deporte favorito. Este tipo de personas anda siempre a la caza de cualquier información sobre alguien con el único fin de divulgarlo a sus espaldas. La mayor parte de los chismes son burdas mentiras o verdades distorsionadas.

El Señor Jesús redefinió el mandamiento de no matar en Mateo 5:21-22: Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. En tal sentido, según el Señor, insultar a alguien es equivalente a matarle.

En esta breve meditación de la Palabra de Dios hemos aprendido que una lengua sin freno es capaz de causar estragos. Me he disfrutado de esta meditación porque, siendo honesto, soy el primero que debo aplicarla. No puedo negar hipócritamente de que jamás haya usado mi lengua para ofender a alguien, sí lo he hecho y ha estado muy mal de mi parte. Confesando mi propia culpa, te invito a analizarte tu mismo. Dios te bendiga.

La Palabra de Dios es Limpia

Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan.

Proverbios 30:5

Es muy bonito ver una fuente de agua limpia y cristalina. Y lo mejor de todo es poder disfrutar en nuestro paladar de esa agua natural y libre de contaminación. Lamentablemente en nuestra época cada día quedan menos fuentes de agua limpia porque el desarrollo y la modernidad se han encargado de introducir sustancias extrañas en los cuerpos de agua. La Palabra de Dios permanece como la única fuente de agua viva pura y limpia. Esa fuente de vida está disponible todo el tiempo para calmar nuestra sed de justicia, amor y perdón.

Recuerdo cuando era niño y estudiaba en el colegio que mis compañeros y yo solíamos ir a un río que quedaba a unos diez kilómetros al sureste de nuestra ciudad. A pesar de que había un balneario público muy cerca de la carretera, mis amigos y yo nos adentrábamos por una carretera no pavimentada hasta una finca de los padres de uno de ellos. El paisaje era espectacular porque el río corría entre dos montañas y formaba una cascada a la cual le decíamos el chorro.

Una vez que disfrutábamos de un pasadía en el río, cayó un aguacero bastante fuerte y todos salimos del agua y nos refugiamos en una cabaña cercana. El agua se tornó muy sucia ya que de las laderas de las montañas bajaban torrentes enlodados que caían en el cauce del río. Nosotros nos sentimos muy tristes porque se nos había malogrado el paseo. Uno de los empleados de la finca nos dijo: “Esperen que pase el aguacero y ya verán.” Dejó de llover y diez minutos más tarde, el agua del río estaba totalmente cristalina.

Unos 15 años después de eso, dos de esos amigos, quienes eran hermanos, y yo tuvimos la idea de instalar una planta para embotellar agua. Yo ya me había graduado de ingeniero químico y uno de los hermanos era administrador de empresas. Nos reunimos y decidimos tomar muestras de varias fuentes de agua alrededor de la ciudad y enviarlas a un laboratorio para su análisis. Cuando recogí los resultados, el director del laboratorio me dijo que una de las aguas le había llamado mucho la atención por su pureza y alta calidad, era justamente el agua proveniente del río del chorro.

La Palabra de Dios es de altísima calidad y de gran pureza. Es tan pura como no existe agua limpia sobre la tierra o debajo de ella. Dice el Salmo 119:9: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. La Palabra de Dios es capaz de limpiar nuestro camino. Escudriñemos la Escritura y encontraremos en ella dirección para nuestra vida. Sigamos al pie de la letra las sabias instrucciones que nuestro Padre Celestial ha dejado escritas en la Biblia.

Dice el Salmo 119:140: Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo. Y la Palabra de Dios que es dulce, limpia y sumamente pura nos sirve como lámpara que alumbra nuestro camino, nos sustenta y nos da entendimiento. Porque como dice Salmo 119:160: La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia. Que cada día saquemos tiempo para disfrutar de la Palabra de Dios. Apaguemos nuestra sed espiritual bebiendo de esa fuente limpia, dulce y pura Dios te bendiga.

Un Terreno Lleno de Espinos

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Mateo 13:22

De nada nos sirve escuchar la Palabra si continuamos en el afán propio del mundo y nuestro enfoque está en hacernos ricos y nada más. La Palabra de Dios tiene cientos de promesas de bendición para quienes deciden ceñirse a ella; pero esa Palabra de verdad no dará frutos a menos que abandonemos totalmente el afán y no nos dejemos engañar por las riquezas. La Palabra dará su fruto cuando dejemos de rendirle culto a Mamón y adoremos al único y eterno Dios.

Conocí un hombre de negocios que por muchos años, antes de que yo lo conociera, tuvo varios socios cristianos quienes les compartían la Palabra de Dios. A pesar de estar expuesto casi diariamente a escuchar hablando sobre Dios, este hombre tenía sus oídos cerrados para escuchar. Varios meses después de haberlo conocido, lo invité a él y a su esposa a un servicio en una iglesia. Ese día, ambos escucharon la Palabra de Dios y fueron impactados de tal modo que abrieron sus corazones a Jesucristo.

A partir de ese momento, esta pareja comenzó a congregarse en iglesias cristianas, incluso en la nuestra. Cada vez más escuchaban y eran expuestos a las Escrituras a través de diferentes siervos de Dios. Sin embargo, el hombre continuaba afanándose por hacer riquezas y a eso dedicaba la mayor parte de su tiempo. Estuve involucrado con algunos negocios con él los cuales solo dejaron pérdidas. Nada de lo que este hombre se ha propuesto ha prosperado y la Palabra que fue sembrada en él tampoco ha dado fruto. Hoy, él continúa en su afán infructuoso y cada día se ve más atrapado en el mismo.

Dios utiliza las pruebas para forjar nuestro carácter y también para probar nuestro corazón. Él quiere saber hacia dónde se inclina nuestra lealtad. Cuando nos enfocamos en las cosas materiales, estamos siendo infieles a Dios porque nuestro corazón anda en busca de las riquezas en lugar de anhelar al Dios vivo. En tales circunstancias, es imposible que la Palabra de Dios que ha sido sembrada en nosotros produzca fruto alguno.

El versículo de la reflexión de hoy es parte de la famosa parábola del sembrador. La semilla de la Palabra de Dios en esta parábola cae en cuatro tipos de suelos: junto al camino, entre pedregales, entre espinos y en buena tierra. Y cada terreno tiene su propia explicación: el que oye y no la entiende; el que tropieza ante las pruebas; el que ahoga la Palabra por el afán de perseguir las riquezas y el que la oye, la entiende y da fruto. A lo largo de nuestra vida, es posible que en algún momento hayamos sido cada uno de esos terrenos.

Si hoy que escuchas o lees este mensaje, al analizarte a ti mismo encuentras que eres el terreno entre espinos, todavía estás a tiempo de convertirte en buena tierra. El afán no necesariamente te ayuda a alcanzar tus metas y las riquezas son pasajeras. Lo único eterno es lo que sucederá cuando esta corta vida terrenal se acabe y de la cual nos iremos con las manos vacías, procura pasar la eternidad en los cielos y no en el lugar de tormento. Dios te bendiga.