Dios Exalta al Humilde

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo

1 Pedro 5:6

La humildad parece ser una virtud en peligro de extinción en estos tiempos. El mundo nos insta a no dejarnos humillar por nadie. Los medios de comunicación nos dicen que tenemos derechos que nadie debe pisotear. Se hacen paradas para mostrar el orgullo; pero no se hace ningún desfile para mostrar la humildad. Si Dios exalta al humilde, pero aborrece el orgullo, no hay que ser un científico para darse cuenta el por qué las cosas andan mal en el mundo. Es obvio que la relación entre Dios y la humanidad no pasa por su mejor momento.

Recuerdo algo que me pasó mientras yo hacía mis estudios doctorales en química en la Universidad de Puerto Rico. Una vez estaba conversando con varios profesores y llamé doctor a un funcionario de la universidad que me había atendido cuando llegué por primera vez a la misma en 1986. Uno de los profesores me corrigió de una manera tajante diciendo que ese señor no era doctor. Me di cuenta del orgullo de sus palabras y la ostentación de quienes adquieren un doctorado en ciencia.

La carencia de humildad no se limita a la gente del mundo. Es penoso ver a personas que se suponen que sirven a Dios, pero cuyo orgullo le brota por los poros. Son muy notables los casos de religiosos que se ofenden si no lo llaman pastor, apóstol, reverendo, profeta o evangelista. Si llamamos pastor a un siervo “no ordenado”, la queja sale de inmediato. Lo mismo sucede si uno llama pastor a quien se siente con la potestad de ser llamado apóstol o profeta. Esa persona se molesta de la misma manera que si dijeran que su madre practica la profesión más vieja del mundo.

¿Qué dice Jesús al respecto? Veamos Mateo 23:8-12: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros;  porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido.

En el Reino de Dios no es mayor quien tiene los títulos más sonoros, sino aquel que sirve a todos los demás. Y nuestro estándar y modelo es el propio Jesucristo, como dice Filipenses 2:5-11: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Dios te bendiga.

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Dejando la Ansiedad y la Preocupación

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:6-7

Los problemas y tropiezos de la vida son inevitables. Es imposible que todos los días solo nos sucedan cosas buenas. Tendremos momentos difíciles y situaciones que se escapan de nuestras manos. Para mucha gente, los problemas se convierten en fuente de ansiedad y preocupación. Pero para los que confiamos en Dios, estos momentos amargos deben de servirnos para comprobar la fidelidad de nuestro Padre Celestial.

Las Sagradas Escrituras nos dan ejemplos de cómo los hombres y mujeres de Dios enfrentaron la adversidad. En el Antiguo Testamento vemos como David pasó por duras pruebas y, en medio de todas ellas, escribió los más hermosos salmos de alabanza al Supremo Creador. Por el Nuevo Testamento conocemos los numerosos tormentos que sufrió Pablo y de la manera que se mantuvo firme en la fe, creyendo en el Dios que lo llamó y comisionó para predicar el evangelio a los gentiles.

Cuando se señalan ejemplos edificantes de la Biblia, hay quienes podrían decir que los titanes bíblicos eran seres especiales. También podrían decir que en estos tiempos no es posible encontrar ese tipo de experiencia. Como Dios es el mismo hoy como ayer, siempre habrá buenos ejemplos que se apliquen a cada lección de nuestro caminar con Dios.

Una noche en el año 2014, me desperté de madrugada. Cuando me sucede eso, he aprendido que Dios quiere decirme algo o me hace levantar para interceder en oración por alguien. Esa vez, el motivo no fue para orar sino para advertirme que el enemigo urdía un plan demoledor contra mí. Al principio no entendía qué más podría hacer el diablo en mi contra luego de aniquilar mis finanzas y deteriorar mi salud. La respuesta vino unos días después cuando me enteré de la delicada condición de salud de mi hija.

Pero el testimonio de hoy no lo daré sobre mi persona, hablaré de lo que ha hecho mi hija para enfrentar su condición. Luego de estar por varios meses siendo examinada por varios médicos especialistas quienes le recomiendan una operación sumamente complicada y riesgosa, mi hija ha decidido poner toda su ansiedad y preocupación en las manos de Dios. Ella me dijo que no va a someterse a una cirugía cuya efectividad es cuestionable y que prefiere que el Señor haga con ella conforme a sus planes.

Como su padre, en lo humano me puede pasar como a cualquier otro, me temblarían las piernas. Mi hija apenas roza las tres décadas cuando comparto este mensaje a principios del 2015 y tiene una niña de apenas 3 años que necesita de su cuidado. Pero como hombre de fe, me siento admirado de su confianza en nuestro Dios y Padre.

Probablemente tú que escuchas o lees este mensaje estés pasando por una situación difícil y sientes ansiedad y preocupación. En lugar de desesperarte, acude a tu Padre que está en los cielos y deja a Sus pies tu ansiedad. Recuerda que Él tiene gran cuidado de ti porque eres Su hijo o Su hija. Confía en quien te ama con amor eterno. Dios te bendiga.